lunes, 14 de mayo de 2007

El símbolo de la pantalla apagada

“Si es cierto que corre sangre por nuestras venas, afrontaremos pruebas vitales, graves. Servirán para medir el grado de sanidad social de la Venezuela de esta hora”

Considero una tímida estupidez la cuña de televisión que, a escasas horas del cierre de RCTV, presenta a una mujer de humilde apariencia, dirigiéndose al amo del poder en términos llorosos, implorantes casi: “Señor Presidente, usted nos abrió los ojos…”, “señor Presidente, usted es un hombre que da…”, ponen a decir a la señora, en frase que mejor calzaría en los serviles y delicados labios del ministro Willian Lara. Tan cursilón, turbio, quebradizo y refinadito él.
¿Cabe esa tierna formalidad frente a semejante abuso, y, además, frente a todas las arbitrariedades y riesgos en cadena que ahora presenciamos y padecemos? “Señor Presidente, yo rechazo su mordaza y me rebelo ante su abominable pretensión de acallarnos e imponer el pensamiento único”, habría sonado más genuino, sincero y ajustado a una coyuntura ciertamente dramática, concluyente, en la cual no resultan admisibles las vacilaciones, los aderezos engomados, ni las medias tintas.
Lo peor del caso es que el citado mensaje suplicante no es fruto de una desorientación aislada. Es obra de un reflejo fatalmente enraizado en el subconsciente colectivo. Estamos aquí sentados, con las piernas cruzadas, aguardando la materialización de un extravagante milagro: que Hugo Chávez entienda lo que no entenderá jamás, y que, una noche de estas, por fin, para nuestra más inmanejable sorpresa, se arrepienta y se disponga a rectificar. Que de pronto se vuelva un apasionado demócrata, un converso al estilo de Pablo de Tarso, un paladín de la legalidad y un colosal ejemplo de tolerancia y humildad. Que sus volcánicas obsesiones y ruinosos delirios cedan paso a una oculta personalidad plena de respeto, buenas intenciones y pulcritudes ciudadanas.
¿Alguien, en su sano juicio, lo cree posible? Soñar no cuesta nada, es cierto, pero esta pesadilla ya está demasiado larga y se ha elevado en exceso el monto de sus desgracias, materiales y espirituales, en el seno de una nación partida en dos toletes enemistados por causa de la cizaña fanática y del copioso veneno oficialista. El patético cuadro que nos rodea, plagado de tiempo perdido, desolación, esperanzas malogradas, corrupción insolente, inversión de valores y muertes, clama a los cielos por no alargar ingenuidades ni reposos miserables, en nombre de una colegiala compostura que es respondida con insultos, perversidad y plomo del grueso, desde la oscurecida e impúdica fuerza militar gobernante.
A estas alturas de los nueve años de una inmoralidad impropiamente llamada revolución, con sus depravados motores, buena parte del liderazgo del país (partidos, gremios, universidades, empresarios) luce distraído, soporífero, soso. La hora de las definiciones llegó hace rato, y tronó con estrépito, pero el cinismo oficial sigue recibiendo por respuesta las vagas muestras de las desvariadas impotencias que de tanto en tanto, en horario de oficina y descontando los días feriados, brotan de una oposición errática, espasmódica, inconsistente, poseída por el miedo de ser mayoría alguna vez, y que va por allí, arrastrando con torpeza un insuperable complejo de culpa.
Si el Tribunal Supremo de Justicia no le saca las patas del barro al gobierno, conforme podría sugerir la sala situacional de Miraflores, el cierre de RCTV este 28 de mayo, justamente el Día de Lara, producirá el parto forzado de un poderoso símbolo en la lucha por las libertades públicas, capaz de insertarse en los estratos de la percepción y la memoria del venezolano común. Habrá surgido una nueva bandera, con ribetes definitorios. ¿Acaso no insistía Aristóteles en que no se piensa sin imágenes? Cualquier aprendiz de los símbolos sabe que su principal fuerza radica en que hacen innecesaria la explicación. Los símbolos quedan lacrados con facilidad en algún lugar de la razón, al alcance de toda comprensión humana.
La pantalla apagada de la planta televisiva con mayor penetración y arraigo cultural será un emblema que en poco tiempo el recuerdo elevará, hasta sublimizarlo, borrándole toda aspereza. Cada vez que la realidad y las angustias populares no aparezcan fielmente reflejadas en la señal de los canales sometidos, o plegados, y cuando el entretenimiento habitual de las familias haga sentir la severidad de su vacío, la evocación de la tribuna despojada sacará a relucir el atropello de quien ha hecho uso de la fuerza desmedida, injustificada, inconsulta. Entonces el símbolo adquirirá la secreta fuerza de lo prohibido, la irresistible atracción que se graba en todo lo que es perseguido o proscrito. ¿Le conviene al régimen engendrar semejante mártir, vinculado nada menos que a la sacrosanta libertad de expresión?
Si la gente tiene en el primer lugar de las preferencias precisamente a RCTV, en señal abierta, y a Globovisión, por cable, canales privados ambos adversos al gobierno, es dable deducir que pocos se fían de la prédica oficial. O, al menos, que a una inmensa mayoría de habitantes de esta nación, las peroratas insolentes del mandamás y sus incondicionales no les hacen más amable la existencia. Queda claro que si se tiene la oportunidad de escoger, y sintiéndose los ciudadanos fuera del alcance de la coacción directa del régimen, en sus hogares, la cabida del discurso oficial se reduce en forma comprensible para todos, pero alarmante e insoportable para quien pretende ser visto y acatado ajuro. Anote, señor: el público sólo está presente y aplaude cuando pasan lista.
Encima, el malestar y la frustración sin posibilidades de ser drenados socialmente darán origen a una presión de consecuencias insospechadas. Esta vez el poder se habrá metido con los venezolanos más queridos y admirados: los artistas, esos seres idealizados y acogidos en cada vivienda, no importa su condición, y con quienes millones de hombres y mujeres están habituados a reír y llorar, a sentir y soñar, día a día, como extensión afectiva y cercana de sus particulares aventuras y aflicciones.
Un dios rencoroso habrá expulsado del paraíso a aquellas figuras modélicas, fascinantes, en quienes ven proyectados sus dramas y anhelos cotidianos más intensos, en insondable complicidad. Tal conquista, así lograda, degenerará en una tragedia para el régimen, porque será una victoria insostenible, desastrosa, con inmensas bajas en el bando de las libertades públicas, y de los derechos humanos, por supuesto, pero también entre las columnas y los lujosos pertrechos del poderoso, que tanto temor habrá de revelar ese día sin gloria ante el fuego cruzado de la opinión distinta y el debate abierto de las ideas, ¡de todas las ideas!
El amo exhibirá la indispuesta debilidad de quien, impedido ya de razonar y de convencer, habiéndose creído el dueño de la palabra, y de la verdad absoluta, a falta de argumentos nobles y presentables ha optado por aplastar, con crueldad y grosera ventaja.
“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos”, coloca Cervantes en boca del Quijote. “Por la libertad, así como por la honra, se puede aventurar la vida y por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres”, agregaría luminoso, desde el lomo de su jumento, el caballero de la triste figura.
Sin duda la colectividad venezolana revelaría la más lastimosa de las cualidades, si deja pasar en silencio y con resignada inmovilidad este salvajismo a punto de ser perpetrado. Si es cierto que corre sangre por nuestras venas, afrontaremos pruebas vitales, graves. Servirán para medir el grado de sanidad social de la Venezuela de esta hora. Al optar cada quien por su posición, nadie puede llamarse a engaños porque las señales han sido colocadas con toda claridad. Los terrenos de la deshonra y del abordaje delator y alevoso son presididos por la ignominiosa Venevisión de Gustavo Cisneros. Un viejo y prestigiado líder del gremio de periodistas, Eleazar Díaz Rangel, decidió sepultar a cambio de privilegios todo un historial de representación y luchas reivindicativas, al soltar esta bestialidad: “No se trata de revocar una licencia o concesión, sino simplemente de no renovarla”.
Piensan que un resentimiento mal disimulado les da licencia para arrasarlo todo, ahora, con la valentía que proporciona desplazarse en manada, dentro de esta improvisada selva. No importa quien caiga, ni los valores que se derrumben, si la tardía venganza pactada se consuma. Son los extraviados coletazos de una ideología que repite los crímenes y los mismos desvaríos obsesivos de Stalin, Mao, Pol Pot. Un morbo que se alimenta de una romántica y pintoresca impunidad cuando al calor del realismo mágico de estos pueblos caribes se propaga con mano zurda y bajo el pretexto de la lucha contra el imperio y el capitalismo. Desde la culta Europa, unos ilustres cagatintas bien pagados aplauden y ríen de los absurdos que nunca serían admitidos allá. Ningún obstáculo moral, ninguna luz de progreso y entendimiento, pueden anteponerse a ese fin. Por tanto, todo quien se atraviese en el camino es un traidor y debe ser aniquilado. El Ché Guevara, cuya efigie es colocada sin pudor alguno en las calles junto a la de Bolívar, proclamó que el guerrillero debe ser “una fría e implacable máquina de matar”.
Salvador Allende declaró que “la objetividad no debería existir en el periodismo”, puesto que “el deber supremo del periodista de izquierdas no es servir a la verdad, sino a la revolución”.
Y una aliada de esta nefasta correría revolucionaria, Hebe de Bofani, integrante de las Madres de la Plaza de Mayo, en Argentina, confesó que cuando se produjo el atentado del 11 de septiembre en Nueva York y Washington, por haberse dado en territorio estadounidense, ella sintió alegría. “No voy a ser hipócrita, no me dolió para nada”, dijo.
No somos testigos, pues, de una catástrofe inconexa, separada de un tronco madre. Pensar que el cierre de RCTV es un mero capricho, o un accidente más, comporta el error más peligroso que podemos cometer como sociedad. El fuego de esta tragedia nos quemará caras y conciencias.
Tendríamos que ser clausurados como remedo de país, y como falseada copia de ciudadanos, si no reaccionamos ante los pasmos y urgencias de conducta tan vomitiva.

jueves, 10 de mayo de 2007

Oda a los nombres de Venezuela



Pablo Neruda

Los llanos requemados de febrero,
ardiente es Venezuela
y el camino divide
su extensa llamarada,
la luz fecundadora
despojó el poderío
de la sombra,
cruzó por el camino,
mientras crece
el planeta a cada lado,
desde Barquisimeto hasta Acarigua.
Como un martillo
el Sol pega en las ramas,
clava clavos celestes
a la tierra,
y como un gallo
encrespa su plumaje
sobre las tejas verdes de Barinas,
sobre los párpados de Suruguapo.

Tus nombres, Venezuela,
los ritos enterrados,
el agua, la batalla,
el sombrío enlace
de jaguar y cordilleras,
los plumajes
de las desconocidas aves
condecoradas
por la selva,
la palabra apenas entreabierta
como de pluma o de polen,
o los duros nombres
de lanza o de piedra:
Aparuren, Guasipati,
Canaima, Casiquiare,
Mavaca, o más lejos, Maroa,
donde los ríos bajo las tinieblas
combaten como espadas,
arrastran tu existencia,
madera, espacio, sangre,
hacia la espuma férrea del Atlántico.

Nombres de Venezuela
fragantes y seguros
corriendo como el agua
sobre la tierra seca,
iluminando el resto
de la tierra
como el araguaney
cuando levanta
su pabellón de besos amarillos.

Ocumare, eres ojo, espuma y perla,
Tocuyo, hijo de harina,
Siquisique, resbalas
como un jabón mojado y oloroso
y, si escogiera,
el Sol nacería en el nombre
de Carora,
el agua nacería en Cabudare,
la noche dormiría en Sabaneta,
en Chiguare, en Guay, en Urucure,
en Coro, en Bucaray,
en Moroturo. En todas
las regiones de Venezuela
desgranadas
no recogí sino
este tesoro:
las semillas ardientes
de esos nombres,
que sembraré en la tierra mía,
lejos.

"Chávez es un paranoico"

Cardenal S.D.B., Rosalio José Castillo Lara:

  • Juan Pablo II me llamaba siempre cariñosamente “el hombre del derecho”
  • En las discusiones sobre el Código de Derecho Canónico, muchas veces tuve que contradecir al Papa. “Después le pedía perdón”
  • Actualmente en Venezuela no hay democracia, y no podemos quedarnos dormidos. Estamos en una pendiente y vamos cayendo hacia un sistema completamente dictatorial
  • A veces me equivoco y llamo “señor” a Chávez. Yo lo nombro individuo, porque no merece ser llamado señor

Ha presenciado la proclamación de cuatro Papas: Juan XXIII (1959-1963), Pablo VI (1963-1978), Juan Pablo I (1978), quien reinó apenas 33 días, murió de un infarto y se le llamó el Papa de la sonrisa; y, por último, Juan Pablo II (1978)
Es el cuarto Cardenal que ha tenido Venezuela (los tres anteriores han muerto: José Humberto Quintero, José Alí Lebrún e Ignacio Velasco), y uno de los 174 nombrados por el actual Pontífice, quien depositó sobre sus hombros responsabilidades y distinciones abrumadoras.
Penetrante, efusivo en el trato y riguroso en sus abordajes –no esquiva jamás una confrontación, sea de asuntos de fe o atribuibles a las mortales obstinaciones–, vivaz hasta el asombro. Así nos recibe en su casa de San Casimiro de Güiripa, un extraviado poblado fundado por el Obispo Mariano Martí, al sur del estado Aragua.
Rosalio José Castillo Lara. Como Cardenal (del latín cardo, quicio, "bisagra de las puertas antiguas"), es Prelado elector y consejero del Romano Pontífice. Es decir, de Wojtyla, como suele llamar al “peregrino”.
–Yo llegué a Roma, digamos así, establemente, a comienzos de 1957. Estaba como profesor en la Facultad de Derecho Canónico de la Universidad Salesiana, que primero estaba en Turín. Permanecí hasta 1965 como profesor, cargo que requería mucha dedicación al trabajo científico. Luego me vine a Venezuela como superior de los salesianos, pero estuve sólo año y medio, porque me llevaron a formar parte del Consejo General de los Salesianos. Yo era el encargado de visitar las casas salesianas en el cono sur, o sea: Perú, Chile, Bolivia, Uruguay, Paraguay y Argentina. A los tres años me nombraron encargado de la pastoral juvenil en todo el mundo. En 1973 el Papa me hizo Obispo coadjutor de Trujillo. Yo le confieso que mi deseo, siempre, era regresar a Venezuela.
–¿Por qué, Eminencia?
–Yo me sentía, un poco, como desterrado, no por el gobierno pero sí por las circunstancias; puesto que yo salí de Venezuela en 1940, con 18 años, para ir a Colombia, a estudiar como salesiano y hacer el noviciado. Desde 1940 hasta noviembre de 1997, cuando regresé, yo no estuve en Venezuela sino escasamente unos seis años, en períodos diversos que nunca totalizaron dos años seguidos. Sin embargo, al Papa nunca se le puede decir que no. Me nombraron para Trujillo, tomé posesión en 1973 y en enero de 1975 me llamaron a la Nunciatura para decirme que el Papa Pablo VI me llevaba a Roma, para encargarme de la secretaría ejecutiva de la Comisión Pontificia para la reforma del Código de Derecho Canónico.
–¡Le asignaron un compromiso extremadamente delicado!
–Reformar el Código era una tarea gigantesca. Fíjese usted: la reforma del Código fue anunciada, junto con el Concilio Vaticano, por el Papa Juan XXIII, en 1959. Se hizo primero el Concilio Vaticano II y después, en 1965, comenzó ese trabajo, el cual era muy complejo, porque no era simplemente, como pueden hacer aquí, que uno o dos preparan un esquema, no. Allá había una comisión como de 20 ó 30 cardenales, que era la última instancia. Después estaba el presidente de la Comisión Pontificia, que era un Cardenal; el secretario, que era un Obispo. Había otros sacerdotes y técnicos, que formaban el personal de la Comisión. Pero luego, el trabajo principal se hacía con los consultores, más de un centenar de profesores de distintas universidades eclesiásticas del mundo. Las insinuaciones y observaciones para el Código venían de todos los Obispos del orbe, quienes fueron consultados cinco veces. ¡Todo en latín!
–Stickler escribió que el nuevo Código no era una mera actualización del anterior Código de 1917, sino que planteaba una honda "renovación de la disciplina". ¿Qué rasgo resaltaría usted?
–En primer lugar, la gran claridad, la actualización, lo más completa, con el Concilio Vaticano II, y luego, el sentido muy cercano, pastoral. Yo dirigía los debates y hacía las redacciones. Estaba en contacto personal con los mejores canonistas, profesores de derecho canónico de todo el mundo. Yo estuve trabajando en eso ocho años, ¡de lleno! El Código se promulgó el 25 de enero de 1983, justo a los 25 años del anuncio del Papa acerca de la reforma. No hay ninguna otra legislación en el mundo que se haya hecho con tanto cuidado. Por eso yo me río de las legislaciones que se preparan aquí.

“El hombre del derecho”

–Esa labor suya con el Código de Derecho Canónico le granjeó una inmensa confianza por parte de Juan Pablo II.
–El Papa Juan Pablo II me llamaba siempre cariñosamente “el hombre del derecho”. Al Papa se le presentó un esquema del Código que se llamó el esquema novísimo, el ultimísimo. Junto con un grupo de seis expertos, él lo examinó todo, con la presencia mía. El Papa le dedicaba a eso hasta tres horas. Llegábamos a las 12:30, estaba ya el Papa, y trabajábamos hasta la 1:30 ó 2:00. Después se seguía trabajando en el comedor. Comíamos, y se seguía con el trabajo hasta las 3:00. A mí me tocaba todo el peso, porque tenía que responder las objeciones de los seis expertos, y… bueno, hasta tenía que contradecir al Papa en muchas cosas.
–¡Contradecir al Papa! ¿No lo sentía como un atrevimiento suyo?
–Sí. Recuerdo que llegué a decirle, respecto a algún asunto: “Eso es absurdo, no se puede hacer”. –¿Sí? ¿Qué respondía el Papa?
–El decía: “Bueno, si es absurdo no lo haremos”.
–Cardenal, ¡resulta que un Papa se equivoca!
–En cosas que no son de fe se equivoca, muchas veces. Ahora, cuando terminó todo, que ya estaba el Código aprobado, yo sentí el deber de ofrecerle excusas al Papa, por las veces que lo había contradicho. Le pedí perdón porque en el ardor de las discusiones le contradije muchas veces. El me dijo: “No, a mí me gusta que sea así porque eso es lo que me ayuda. Yo no necesito gente que me diga sí a todo, sino gente que me diga la verdad”. ¡Eso habría que aplicárselo al señor de Miraflores!

“Se Castillo Vuole”

–A estas alturas usted había acumulado un poder impresionante en la Santa Sede.
–Después de eso yo presidí por cinco años la comisión para la interpretación de las leyes. En 1988 el Papa me nombró presidente de la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica, que era la administración de los bienes de la Santa Sede.
–También estuvo al frente de la Banca del Vaticano.
–Sí, fui por un tiempo presidente de la comisión de cinco Cardenales que supervigilaba lo de la Banca Vaticana. Nos tocaba administrar los bienes de la Santa Sede.
–En 1990 usted pasa a ser el presidente de la Comisión Pontificia para el Estado de la Ciudad del Vaticano. En otras palabras, el Gobernador del Vaticano.
–En diciembre de 1989, al día siguiente de la visita de Mijaíl Gorbachov, el Papa me mandó a llamar. Cuando él tiene que dar una noticia, la da en el almuerzo. Quería que yo le aceptara… ¡también!, o sea, además de la Administración, lo que sería el cargo de gobernador o presidente del Estado Vaticano. Pues, ¿yo qué le iba a decir? Le dije que como salesiano eso para mí era una orden.
–Hay una anécdota que habla del enorme poder que usted tenía. Resulta que los romanos llegaron a decir que la sigla SCV (“Santa Città del Vaticano”) en las placas de los carros, lo que en verdad quería decir era: “Se Castillo Vuole” (si Castillo quiere). ¿Es cierto eso?
–La sigla SCV significa Stato Città del Vaticano. Ahora, esa expresión se la acuñaron unos 40 años antes a un Cardenal que tenía ese cargo y era muy poderoso. Su apellido también comenzaba por la letra “c”. Cuando yo llegué, como por coincidencia me llamaba Castillo, y realmente tenía poder, lo decían por broma: “Se Castillo vuole”.
–Usted decide renunciar a todo eso al cumplir los 75 años, para dar cumplimiento a lo dispuesto en el Código de Derecho Canónico, que usted mismo había redactado. El Papa le escribió una carta personal en la cual le hizo un reconocimiento cargado de frases muy laudatorias, que reflejan una alta estima, un gran respeto hacia usted. Dice que acepta su renuncia “no obstante el vivo aprecio por el trabajo que desarrolla con gran dedicación y competencia”.
–Ciertamente. A mí me admiró mucho. Una de las características del Papa, y no sólo conmigo sino con todos –y también Pablo VI–, es el gran respeto a la persona, a cualquier persona que se le acercase a él. Juan Pablo II, por ejemplo, cuando uno le hacía alguna deferencia…
–¿…cómo la de besarle la mano, por ejemplo?
–Besar la mano es una costumbre allá para todos los Obispos. Pero cualquier otra deferencia, él la aceptaba como pidiendo disculpas por tener que aceptarla. Permítame volver a lo de la carta del Papa. Además de esa que usted menciona, él escribió otra, porque en Roma los periodistas no entendían cómo una persona que tenía tanto poder, se marchaba. ¿Por qué?, se preguntaban. Entonces comenzaron a inventar…
–Hubo muchas especulaciones. Hasta se dudó del carácter voluntario de su renuncia.
–En Roma, en Francia, comenzaron a inventar las razones más… tontas. Por ejemplo, uno dijo: es que tuvo un choque con el Secretario de Estado, y como los dos tienen un carácter fuerte, Castillo se fue. Una revista francesa, fíjese usted, dijo que era que yo había tenido un tremendo desfalco económico, porque las inversiones que teníamos en los Estados Unidos habían caído. Otros dijeron más cosas. El Papa, al ver eso, escribió una carta, cosa que no ha hecho con ninguno, explicando.

Una señal muy mala

–Seguramente nunca lo imaginó, pero ahora le toca enfrentar una misión quizás más dura, en Venezuela. Es usted, en estos momentos, el único Cardenal del país, justo cuando la iglesia Católica pasa a ser una de las instituciones más ferozmente atacadas por el gobierno actual.
–Sí, sí.
–Usted vio personalmente cómo las ofensas al Cardenal Ignacio Velasco no cesaron ni siquiera durante sus funerales.
–Sí, sí. Mire, yo regresé a Venezuela con mucho entusiasmo, porque quería darle a Venezuela, y a éste terruño, los últimos años de mi vida. Y me tocó esta situación tan triste. Yo considero que la situación actual es gravísima. Lamentablemente, diera la impresión de que la gente, pasado el fervor del referendo, se ha olvidado de esto, y cerrado ya el capítulo piensan que no hay nada qué hacer y entonces sólo tratan de sobrevivir. Es una señal muy mala cuando la gente pierde el espíritu de lucha, que es tan necesario.
–La fe está ahora en bancarrota.
–Ciertamente. Mire, ¿por qué me parece tan grave esto? Porque aquí no se trata simplemente de que haya un populista, de que sea un dictador, un gobernante autoritario. No, no se trata solamente de eso. No se trata sólo de que la corrupción ha aumentado muchísimo, han robado muchísimo. Para mí lo más grave es que Venezuela está en una pendiente, y va cayendo paulatina pero muy seguramente hacia un sistema completamente dictatorial, colectivista, como el que tiene Fidel Castro en Cuba. Es la libertad lo que está en peligro. La libertad es uno de los bienes más sagrados e importantes de la persona humana. Este gobierno ha querido siempre cubrirse con un manto de democracia, pero ese es un manto falso.
–¿Es una fachada?
–Una fachada completamente hipócrita. Porque aquí no hay democracia. Ellos, con ese atropello de la Asamblea Nacional, llegan a hacer… ¡leyes! Por ejemplo la Ley Orgánica del Tribunal Supremo. Aunque exista la ley, eso desde el punto de vista democrático es letra muerta. Esa ley nació espuria. Lo que ha hecho es con el único objetivo de asegurarse del control absoluto del Poder Judicial. Ahora, si nosotros nos dormimos y no reaccionamos como se debería, llegaremos entonces al momento en que no hay vuelta atrás. Entonces habrá que irse de Venezuela o resignarse, como los cubanos.
–¿Dijo usted dijo en un sermón, aquí en Güiripa, que era preciso “aplastar al psicópata que tenemos por Presidente”?
–¡Nunca lo dije! En la Radio Nacional aseguraron que yo lo afirmé en el día de María Auxiliadora. Eso es completamente falso. Yo nunca, en un sermón, he nombrado a Chávez. ¡Nunca! Lo que hago es pedir que recen por Venezuela, por que se recupere la paz, cese la violencia, por que no haya odio. Fíjese que este señor, desde el principio… Este, señor, quiero decir Chávez. A veces me equivoco y digo señor. Yo normalmente lo nombro individuo, porque no merece ser llamado señor. Este individuo ha sembrado el odio, que es lo peor que puede hacer el Presidente de una república.
–Normalmente un Presidente ejerce un magisterio.
–Pero su magisterio es el del odio, en el sentido de que él ha enfrentado a unos contra otros. Eso es absurdo. Yo digo que cese el odio, pero nunca lo he nombrado, ni lo nombraré, porque no quiero profanar la cátedra sagrada con esas cosas.
–Desde el punto de vista de la Iglesia, de la fe y del propio derecho que usted ejerce, ¿cómo califica los esporádicos arrepentimientos de Chávez?
–Yo definí a Chávez… no es que lo definí. Observándolo, escuchándolo, dije: Chávez es un paranoico. Una persona que concibe un propósito, lo tiene muy claro y lo persigue con mucha astucia y perseverancia, ¿no? Pero que pierde el sentido de la realidad.
–Trastoca imágenes, ideas, interpretaciones históricas.
–Él pierde el sentido de la realidad, completamente.
–¿Puede arrepentirse quien no está consciente de sus errores?
–Cuando él pide perdón es un acto de hipocresía. Hace eso como algo que considera necesario, en ese momento, para captar voluntades. Chávez es lo que le conviene en el momento. Si está con Muammar Gadafy, exclama: ¡Alá es grande!, estamos en la misma barca. Si está con un musulmán, también él es musulmán, el más grande adorador de Mahoma. Si está con un protestante, él también es ferviente protestante evangélico. Por eso, en principio, no creo ninguna de las cosas que dice Chávez en la línea de un arrepentimiento. ¡En absoluto hay que creer en eso!
–¿Ese tipo de arrepentimiento no tiene perdón de Dios?
–Es que no hay ningún arrepentimiento. ¡Eso no es arrepentimiento! ¿Qué va a perdonar Dios una cosa que no existe? Yo le pido que se convierta, pero antes él debería adquirir la salud mental para hacerlo.
–“La tiranía es un gobierno despótico, arbitrario”. ¿Esa frase sí la reconoce usted como suya?
–Sí, sí, ésa sí. Porque, ¿qué es lo que hay? Aquí el único que manda en todas las cosas es Chávez. Se ha pretendido imponer con la fuerza, el engaño y la mentira, un proyecto político anacrónico y absurdo que ha cosechado sólo ruinas, destrucción y esclavitud.

Al gobierno hay que desconocerlo

–Usted ha llamado al país a no resignarse. Aquí la vía pacífica del voto está liquidada. No hay instancia a la cual apelar ante ninguna injusticia o ilegalidad. ¿Qué camino nos queda: acaso la rebelión?
–No, no. Yo no quiero invitar a ninguna cosa en concreto. Primero, porque no tengo la capacidad de hacerlo. No sé ni siquiera cuál sería. Pero la Constitución en su artículo 350 dice que el pueblo venezolano “desconocerá”. Desconocer a un gobierno es no tenerlo como gobierno. Entonces, en lo que se pueda, desobedecerlo, no hacerle caso. No habrá prisiones suficientes para cinco millones de venezolanos.
–¿Podríamos llegar, incluso, a desobedecer las leyes?
–¡Claro!
–¿Cuáles?
–No las leyes de tránsito, por supuesto. Eso sería ridículo.
–Todo lo que conlleve injusticia, despotismo.
–¡Todo el mundo! Ese desconocimiento se debe manifestar además en protestas legítimas.
–La reforma del Código Penal, en discusión, penalizará las protestas. Quien suene una cacerola irá preso.
–Si 500.000 personas se mueven para hacer una protesta, una cacerola, ¿dígame usted cómo los van a castigar?
–Pero descabezan a los dirigentes. Fíjese lo que ha pasado con los ex trabajadores petroleros, con la gente de Súmate, con el general Usón.
–No hay cárcel para todos. Lo importante es que el pueblo tenga conciencia de que este gobierno hizo trampa, hubo el fraude, que no es un fraude supuesto. Ese es un gigantesco fraude real, ¡que se hizo! Se adulteró el Registro Electoral, y no lo han depurado a menos de 20 días de las elecciones regionales.
–Usted declaró que la abstención electoral no era viable.
–Creo que no se debe ir a votar si no hay garantías.
–Mucho cuidado, Cardenal, porque Jorge Rodríguez ha amenazado con cárcel a todo quien hable de fraude sin pruebas.
–Esa es una estupidez de él. Esas son jactancias de ese señor. Lo que me duele es que en esto haya habido tanta complicidad. Mire, hay gente que ha echado por el suelo y llenado de estiércol su apellido y su trayectoria. Gente como Iván Rincón, y el otro también, el Lucas. ¡Y Carrasquero! ¿Cómo puede presentarse esa gente ante la historia? Han adulterado el derecho en la forma más monstruosa para complacer la voluntad del príncipe. Comenzando por el período presidencial, que se lo alargaron. Esa es una marramuncia. No tiene justificación jurídica. ¡Chávez debió haber terminado ya!
–Cardenal, muchos creyentes se preguntan si es que Dios nos ha abandonado.
–Es importante que me haya hecho esa pregunta. Yo he pensado, y digo, que Dios ha querido darnos una lección a todos. Una lección que debemos aprender. Un país tan rico, con tantas posibilidades, en lo que ha caído. El venezolano era –no digo que lo sea hoy, porque no estoy tan seguro–, pero el venezolano era persona generosa, honrada, abierta, amistosa, antes de que llegara ese señor. Esas dotes enormes que Dios nos dio, no las supimos aprovechar. ¡Se creó un tremendo egoísmo en las clases pudientes, que las encerró en sí mismas! No es que Dios nos ha olvidado. Es que no ha llegado su hora.
–¿Qué quiso decir usted cuando declaró que la patria no se defiende sólo con los labios?
–Es que como lo dice el refrán: a Dios rogando y con el mazo dando. No se está llamando a una rebelión armada, sino a quitar de un puesto a quien no quiere dejarlo. Debemos pedirle a Dios, pero también debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para defender la libertad, la democracia. Aquí están en peligro las libertades.
–No sólo libertad para pensar y opinar, sino también para decidir.
–Sí, sí. Ciertamente.
–Si no podemos decidir, Chávez se eternizará en el poder.
–Sí, si, sí. Eso es lo más grave.

Dios mío, ¡qué metida de pata!

–Chávez propuso que a monseñor Baltasar Porras, presidente de la Conferencia Episcopal; Roberto Lückert, arzobispo de Coro; y usted, los sometieran a un exorcismo, porque el diablo se les había metido bajo la sotana.
–Mire, cuando él dijo en noviembre o diciembre del ’99, que los tres estábamos endemoniados, me preguntaron si me sentía ofendido. Yo respondí que no, porque las cosas se toman según de quien viene; y yo estoy convencido de que ese señor no está sano de la mente. A eso le aplico un axioma filosófico que dice: ninguno da lo que no tiene. Y si éste distribuye el demonio, saque usted la conclusión, ¿no?
–El Cardenal Velasco tuvo, por cierto, una participación muy activa en los sucesos del 11 de abril, que sacaron momentáneamente a Chávez del poder. Si usted hubiese estado en su lugar, ¿cree que habría procedido igual?
–Primero, yo nunca iba a asumir ese rol. No me correspondía.
–Pero si a usted le hubiera tocado…
–Ah, una cosa es si me hubiera tocado. Yo no podría decir qué habría hecho. Una cosa que no habría hecho nunca era firmar el decreto. Esa era una cosa absurda. Yo estaba aquí cuando me llamaron para que viera la televisión. Cuando oí el texto del decreto me llevé las manos a la cabeza y dije: ¡Dios mío, qué metida de pata! ¡Qué barbaridad, ese señor lo ha echado a perder todo! ¡Esa es una brutalidad!, dije. Él lo único que tenía que hacer era anunciarle al país: Nos hemos visto en la necesidad de asumir el poder porque el Presidente renunció, llamar a la calma, a la paz, y todas las demás disposiciones se daban poco a poco, conforme se dieran las circunstancias. ¡Eso era todo!
–Lo irónico del caso es que Chávez ha hecho lo mismo que Carmona Estanga, pero con otros métodos. Liquidó el TSJ, las Fuerzas Armadas, la Asamblea, la Fiscalía, los partidos… Y aún peor: persigue a la Iglesia, amordaza a los medios.
–Sí, sí, claro. Lo ha hecho con sus compinches, con la complicidad de sus camarillas. Por eso digo yo que esto es una tiranía. Aquí hay una dictadura, un gobierno completamente despótico que depende de una sola persona.
–Cardenal, ¿cómo queda toda esta dura prédica suya, frente al Sacramento de la Redención, mediante el cual el Vaticano ordena a los sacerdotes de todas las jerarquías abstenerse de participar en política?
–Veo que está usted muy documentado. Mire, el sacerdote como tal, es decir, la Iglesia, no debe meterse en la política directa. En ocasiones lo ha hecho, pero no debe. Ahora, la Iglesia no puede desentenderse de la nación. Está obliga a denunciar las violaciones de normas fundamentales, de los asuntos de la moral, de los derechos humanos. Cuando yo hablo, hablo con toda la seguridad de que estoy haciendo una obra de Iglesia. Denunciar la injusticia y la pérdida de la libertad, no es cuestión de política. Es un asunto de humanidad, y la Iglesia, experta en humanidad, debe defender estos valores esenciales para el hombre.
José Ángel Ocanto



Una compasión mal entendida

–Cardenal, está muy adelantado en el país el proyecto para despenalizar el aborto y la eutanasia.
–Mire, esas dos cosas son sumamente graves. Las quieren introducir siguiendo la línea de naciones o parlamentos supuestamente más adelantados donde no tienen absolutamente en cuenta la fe. Un diputado no puede aducir al aprobarlo que prescinde de su fe religiosa, no. En ese momento está apostatando de su fe. La fe es algo que llevamos y no podemos prescindir de ella.
–La tesis es la de que hay casos en los que el aborto se justifica.
–Con el aborto se comete un asesinato, es decir, se autoriza un asesinato. Esa misma gente es la que se rasga las vestiduras, cuando van a discutir la pena de muerte y a ejecutar a un bandido que tiene quince homicidios encima. Esos son los que con la conciencia aparentemente muy tranquila, van a autorizar que se asesine a millares o millones de gentes. Es un asesinato porque se trata de una persona humana.
–El magistrado ponente alega que la vida cerebral del feto comienza a las doce semanas y que compararlo antes de ese período con un ser humano, es como comparar una semilla con un árbol.
–Eso es falso. No hay vida cerebral, bueno, ¡pero hay vida! Es como decir también que como la mayoría de edad es a los 18 años, quien tiene menos edad no es hombre con todos los derechos de los demás, y podemos liquidarlo. Bueno, no está formado el cerebro, no están formados los miembros, pero está allí todo el germen para que eso se forme. Ya hay la vida en sí, porque si no hay vida se daría el aborto natural. Si es a los tres meses cuando hay vida cerebral, ¿va a decirme usted que faltando un día para los tres meses es válido hacer el aborto, y un día después no? Para mí esas son estupideces.
–¿Y en los casos de personas que, desahuciadas por la ciencia, consientan morir?
–Eso es poner en la mano de una persona la vida de otra. Nadie tiene derecho a matar. La vida pertenece a Dios. Si se aprueba la eutanasia es abrir una brecha muy honda en el derecho a la vida. Eso es darles la guillotina a unos familiares que podrían estar pensando más en la herencia.
–¿No se inscriben estas medidas en la ideología del régimen? ¿No es colocar al país, a toda la sociedad, a pensar y obrar como piensan quienes mandan?
–Eso lo hacen en nombre de la libertad, traicionando la libertad. Es una libertad mal entendida, o quizás, una compasión mal entendida. Entonces dicen que la mujer que ha sido violada tiene derecho a librarse de este estorbo que lleva en el vientre. Pero ese estorbo es vida suya. Es vida humana, y no puede eliminarla así.
JAO


¿La última elección?

–¿Estamos pisando la raya amarilla de lo que el país aguanta?
–Yo creo que sí.
–¿No es criminal la indiferencia en estos momentos?
–La única cosa que podría excusar es la ignorancia. Usted toca un tema importante, que es profundo. Lamentablemente en Venezuela las adhesiones políticas no se hacen con la cabeza. Yo diría que, más bien, con los pies, a veces con algún otro órgano, y muchas veces con el corazón.
–¿Hasta dónde cree usted que podemos llegar?
–Yo creo que nosotros estamos llegando ya al llegadero.
–Y el país, ¿hasta dónde debe llegar para defender las libertades?
–Hay medidas para eso.
–¿Incluye acaso la violencia?
–La violencia aquí sería sumamente cruenta. Mucha sangre sería inútilmente derramada. Yo quisiera, eso sí, hacerle un llamado a todas las personas que están apoyando a este gobierno. Que, serenamente, poniéndose la mano en el corazón y haciendo abstracción de los males que pudieran haber recibido de otros, piensen en el juicio de Dios, que un día les va a pedir cuenta de esto. Piensen por qué lo apoyan. Si es justo apoyar a un régimen que suprime todas las libertades. Si es honesto apoyar a un régimen que ha aumentado la corrupción hasta límites inconcebibles. Si es honesto, delante de Dios, apoyar a un régimen que ha aumentado el hambre, tremendamente; que ha cerrado los ojos ante la delincuencia, la inseguridad, todo. Un régimen que no permitirá en el futuro ninguna otra manifestación de elecciones, porque ésta sería la última. O quizás sólo la del 2006, enteramente fraudulenta. No permitan que todos estos peligros se escondan detrás de un barniz de falsedad. Ya he dicho que quizás no ha llegado el momento de Dios, pero es hora de pedirle a Dios, y no una oración simplemente de labios, sino pedirle con toda el alma, y tratar de ponernos en las manos de Dios en este momento dilemático; hacer lo que a Él le agrada, pedirle que tenga misericordia y compasión por Venezuela, que está al borde de un abismo, y hay quien está dispuesto, ya, a dar la orden de un paso al frente.
–Cardenal, ¿el Papa está enterado del drama venezolano?
–Completamente. Yo mismo lo he enterado.
JAO


Hoja de vida

Rosalio José Castillo Lara nació el 4 de septiembre de 1922, en San Casimiro, diócesis de Maracay. Es hijo de Rosalio Castillo y Guillermina Lara de Castillo (quien era hermana del Dr. Pedro José Lara Peña). Es sobrino de Lucas Guillermo Castillo, arzobispo de Caracas. Uno de sus hermanos, José Antonio, vive en Barquisimeto.
Entró en la Sociedad Salesiana de San Juan Bosco, Bogotá, Colombia. Estudió en las casas de estudio salesianas, en Colombia. También en el Ateneo de Salesiano, en Turín, donde obtuvo el doctorado en derecho canónico. Finalmente, estudió en la Universidad de Bonn, Alemania
Se ordenó sacerdote el 4 de septiembre de 1949, en Caracas.
Consagrado el 24 de mayo de 1973, en Caracas, por el cardenal José Humberto Quintero.
Secretario de la Pontificia Comisión para la Revisión del Código de Derecho Canónico, el 12 de febrero de 1975.
Promovido a arzobispo, el 26 de mayo de 1982.
Creado cardenal diácono, el 25 de mayo de 1985; recibió la birreta roja y la diaconía de Nostra Signora de Coromoto en S. Giovanni Dio, el 25 de mayo de 1985.
Presidente de la Pontificia Comisión para la Interpretación Auténtica del Código de Derecho Canónico, el 27 de mayo de 1985.
Presidente de Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica, el 6 de diciembre de 1989.
Presidente de la Pontificia Comisión para el Estado de la Ciudad del Vaticano, el 31 de octubre de 1990.
Renunció a la presidencia de la Administración, el 24 de junio de 1995. Optó por el orden de los cardenales presbíteros y su diaconía fue elevada, pro hac vice, a título el 29 de enero de 1996.
Con permiso del papa, pasó a residir a Venezuela, en 1997

"Esta revolución hay que pararla"

Padre Pedro Freites Romero:

  • Es el momento de reaccionar. Aquí tiene que pasar algo
  • No he sido, ni soy, ni nunca seré bien visto por este gobierno
  • Debemos salvar la democracia y no hay que tener miedo. ¡Es preciso alzar la voz!

Benevolencia no quiere decir
tolerancia de lo ruin,
o conformidad con lo inepto,
sino voluntad de bien


Antonio Machado


(Al Dr. Joel Rodríguez Ramos,
imagen señera
de la probidad, dedico).

Su imagen transmite una bondad entusiasta, estremecida. Su palabra brota fácil, gotea y se escurre por los caminos de sus juicios, sin diques a la vista, por más que se la alargue. Posee el don impenetrable pero fácilmente perceptible del carisma. Y hay en sus gestos una vehemencia traslúcida que pese a lanzar chispazos de cuando en cuando, nunca habrá de desembocar en la cólera, en las nieblas de la ofuscación. Así, del gesto más enérgico y fibroso que guarda en su archivo o granero de emociones, en un pestañear logra abrir paso sin percance a las lumbres de una sonrisa ancha y amable que es tibia llamarada de agudeza.
El Rev. P. Pedro Freites Romero está en Caracas. Vino de Roma por breve tiempo, para atender asuntos de orden familiar. Pero la densa agenda de sus afanes, celestes o del corriente, no sabe de las pausas mundanas.
–Usted es uno de los blancos de la ira del régimen. En una ocasión fanáticos hasta le desgarraron la sotana en la plaza Bolívar.
–Una de las cosas por las que uno tiene que darle gracias a Dios es la fuerza que podemos sentir y que nos viene dada por su misma promesa. Es precisamente en medio de las dificultades, de las tormentas, cuando esa presencia de Dios se manifiesta para poder ejercer y cumplir nuestra misión. He sido sometido a muchos ataques, amenazas, ofensas y agresiones, pero eso es parte del proyecto revolucionario.
–¿Qué ha sentido usted?
–Sentimos pena ajena. Nos da tristeza. Lo que queremos es mantener firme nuestra misión.
–Durante el referendo le impidieron ejercer el papel de observador.
–Quien no se pone de rodillas ante el régimen, y no dice lo que ellos quieran, entonces no es bien visto. En mi caso no he sido, ni soy, ni nunca seré bien visto. La palabra de Dios no está encadenada y la dimensión, la esencia del hombre, es su libertad. La idea de acabar con esa libertad no es algo improvisado. Precisamente se está discutiendo en estos días la Ley de Contenidos. Aquí se está corriendo un gran riesgo, un gran peligro.
–¿Qué fue lo que usted pudo observar en el referendo?
–Yo tengo la convicción de que aquí hubo un gigantesco fraude. Lo que se hace con estas elecciones regionales es revalidar a un CNE que ha quedado muy mal parado. Pareciera que la intención es desmoronar y destruir todas las instituciones para reorganizar el proyecto político de un régimen con una clara tendencia hegemónica, dictatorial, totalitaria. Tenemos que salvar la democracia y no hay que tener miedo. Es preciso alzar la voz.

Corrupción espantosa

–Usted ha dicho no sólo verdades filosóficas, conceptuales. También ha asumido posturas prácticas. Usted llegó a afirmar públicamente poco antes del revocatorio: “Lo vamos a ganar”.
–Es que yo estoy convencido de que al pueblo venezolano se le conculcaron o se le secuestraron sus derechos, se le pisoteó su dignidad. Le robaron sus votos. Por eso yo cuestiono a este régimen y sé bien los riesgos que eso implica. Hay un terrorismo de Estado desatado a través de las instancias judiciales. La idea de ellos es concentrar el mayor poder durante el mayor tiempo posible. Estamos frente a una inmoralidad política que traspasa todos los niveles históricos. ¡La corrupción es espantosa! No hay Estado de derecho. La economía la están destrozando. Todas las revoluciones son especialistas en incrementar y distribuir la mayor pobreza posible, para ellos tener a los pobres como instrumentos de poder, y ponerlos allí a esperar migajas de lo que merecen recibir con dignidad.
–Le confieso, padre, que si eso hace la revolución, tampoco la oposición ha sido santa.
–El pueblo ha sido engañado, y lamentablemente ha faltado una oportuna conducción política, una coherencia en el discurso opositor. Ha habido negociaciones. Por eso hoy tenemos lo que tenemos. Aquí está en peligro la paz de los venezolanos, y por lo tanto yo comparto, cien por ciento, las declaraciones de Su Eminencia el Cardenal Rosalio Castillo Lara, dadas a este prestigioso diario, en cuanto a la necesidad de desconocer a este gobierno. No se puede obedecer leyes amañadas y fundamentadas en la injusticia. Así no se puede construir un país.
–Aquí se habló de un colosal fraude en el revocatorio, pero hoy mismo se irá a unas elecciones regionales en las mismas condiciones.
–Se debió hacer un esfuerzo mayor para impedir la realización de estas elecciones regionales. No están dadas las condiciones técnicas y de transparencia. No están claras las reglas del juego. Yo le digo a la gente: Te van a engañar otra vez. Abre los ojos. No seas ingenuo. No hipoteques tu dignidad. Es el momento. Levántate y reacciona. Fuimos al revocatorio como ovejas en medio de manadas de lobos. Factores de la oposición llegaron a negociaciones en la inocencia, porque creen que están jugando democráticamente. Éste no es un juego democrático. Tienen que abrir los ojos. Usted no está frente a un demócrata. ¡Usted está frente a un déspota! Cada día que pase será más difícil. Todavía estamos a tiempo.
–Lo que a gritos el oficialismo anuncia es que la revolución llegó para quedarse. Este lunes, dicen, el mapa nacional amanecerá teñido de rojo.
–Yo espero que no sea de otro rojo.
–¿Habla de sangre que pudiera ser derramada?
–No es lo que queremos, no es lo que se desea. El horizonte que se le plantea al pueblo venezolano es bastante incierto. No podemos perder tiempo en la tarea de recuperar la democracia, hacer una reingeniería, restablecer el orden, aplicar la Constitución y las leyes. Aquí sólo van presos los que han levantado su voz contra el régimen. Hay una ingobernabilidad profunda. ¿Cuándo puede gobernar un Presidente que le dedica tantas horas a hablar, para amenazar, atropellar? Hay que decir: No le tengas más miedo a Chávez. Él habla tantas pistoladas. Es un teatrero. Hay que parársele de frente.
–¿No ha recibido usted también su ración de censura? Cuando usted, como subsecretario de la Conferencia Episcopal, dijo meses atrás algunas de estas cosas, debió abandonar el país.
–Mira, eh, yo no puedo hablar por toda la Iglesia. Esto sí quisiera subrayarlo. Son opiniones personales de Pedro Freites, sacerdote venezolano, quien quiere compartir las angustias, los desvelos y las tristezas de los venezolanos. En la Iglesia hay una posición institucional, debe estar abierta y escuchar al chavista, al no chavista, a todos. Nuestro compromiso es especialmente por la defensa de los más débiles, a quienes se les manipula y engaña. Este es un régimen tramposo, cargado de mentiras. Mentiras tras mentiras. ¡Es una montaña de mentiras!
–¿Qué sugiere?
–Ahí está el artículo 350 de la Constitución. Creo que esta es una lucha por la cual vale la pena gastarse y desgastarse.

Ofrendaré mi vida

–¿Hasta dónde habrá de llegarse en la desobediencia civil?
–Hasta que se escuche la voz del pueblo, y se restablezca y se respete la Constitución. Tenemos que vencer los miedos.
–Pero, ¿qué es lo que debemos hacer?
–Bueno, primero, la gente tiene que organizarse para participar en una democracia viva, en una democracia libre. Debemos ir fortaleciendo los liderazgos comunitarios.
–Ahí está la principal falla. Luce claro que el liderazgo no ha estado a la altura.
–No hay liderazgo. Tenemos que crear los perfiles de los nuevos liderazgos y de los sistemas de organización y reconstrucción del país. En eso estamos trabajando. Yo anhelo profundamente estar en mi país, y ofrendar mi vida por dar un aporte, por decir que he hecho algo por salvar lo que nos toca, la libertad. La otra fase la tienen que cumplir las instancias a las que les compete restablecer el orden, la legalidad, la seguridad de Estado.
–¿Se refiere a la Fuerza Armada?
–Yo confío profundamente en que tarde o temprano la Fuerza Armada Nacional tendrá que restablecer o recuperar su misión esencial, cual es la de garantizar el cumplimiento de la Constitución, y el resguardo de la soberanía y la paz. No podemos permitir que se instaure este reino de odios, de divisiones, de ofensas, de atropellos, de destrucción de la patria. Yo no puedo callar frente a eso, aunque quisiera. Los venezolanos deben alzar su voz.
–¿Alzar la voz lo remediará todo, padre? ¿Solamente con andar por ahí, gritando en las calles?
–Ya el pueblo venezolano ha dado inmensas demostraciones de que quiere la paz, la democracia. El pueblo se siente abandonado, replegado, traicionado. ¡Hemos dejado al pueblo solo!
–En el país sobra quien diga lo que debe hacerse. Lo que falta es quién lo haga.
–Aunque no parezca, hay muchas iniciativas privadas, individuales o colectivas, que se están organizando para dar soluciones a la crisis.
–Lo que se observa es que Chávez sigue adelante, cada vez profundiza su proyecto, y día a día gana más terreno.
–El poder lo obnubila. No le permite abrirse a otros horizontes de comprensión. Eso provoca un desorden psíquico que lleva al desequilibrio, al desastre. Yo no creo que el Presidente esté más fortalecido. ¡Lo que está es más desacreditado!
–Es un Presidente obnubilado que sin embargo neutraliza a todos sus opositores. Ha sabido mover los hilos, y los negocios, para poner a Europa y a los Estados Unidos a bendecir su perpetuación en el poder.
–Yo no creo eso. Yo me muevo en Europa y allá lo que hay es una gran preocupación por saber qué nos ha pasado a los venezolanos. Chávez tiene la posibilidad de encadenar al país y de comprar conciencias y de arrodillar a mucha gente y dividir y quebrar instituciones que se creían pilares en una democracia. Eso da la sensación o crea un impacto psicológico de fortaleza.

El cáncer de las revoluciones

–El jesuita y sociólogo Mikel de Viana urgió a “salir” de un gobierno que convierte a los ciudadanos en lacayos.
–¡Lo comparto! Mikel de Viana es un sacerdote amigo. No es un irresponsable, y tiene razón. Nosotros no podemos seguir aceptando que nos manejen como peones o lacayos, que pisoteen nuestra dignidad. Es el momento de reaccionar.
–De Viana concluye que las revoluciones no se van por la vía electoral.
–Ninguna dictadura se va por la vía electoral. El cáncer de todas las revoluciones es la concentración del poder, la conculcación de la libertad y de los derechos ciudadanos. Entonces, no es por la vía democrática... Es allí donde le toca actuar a las instituciones correspondientes. No es que los esté llamando…
–Ay, padre, a los militares los execran, los mandan a sus casas, o los atiborran de prebendas y privilegios.
–No creo que sean tan ciegos, que sean miopes. No creo que todos sean bandidos y estén podridos. Creo profundamente en la reserva moral, creo que aún hay un sector muy fuerte dentro del campo institucional de nuestra Fuerza Armada, comprometido en ser custodios de la soberanía, garantes de la libertad, de la justicia. Que algunos hayan sido vulnerables y sean ultramillonarios hoy… Porque esta es gente nueva con hambre vieja. Estos están raspando la olla. Vemos nuevos ricos de la manera más escandalosa, más ofensiva. ¡Esto es un bochorno!
–Hay, también, una historia de claudicaciones. Están cediendo empresarios, medios. Monseñor Baltasar Porras, uno de los líderes de la Iglesia más enconadamente perseguidos y vilipendiados, acaba de acceder a un encuentro con José Vicente Rangel, quien salió de allí diciendo que habían quedado limadas las asperezas.
–Todos sabemos la inmensa capacidad de mentir del Vicepresidente.
–Monseñor Porras hizo enseguida un sorpresivo llamado a votar en las elecciones regionales.
–Monseñor Porras, como presidente de la Conferencia Episcopal, ha hecho una invitación institucional a votar. Pero para ello pedimos transparencia y que se respete el juego democrático. Conozco el pensamiento y la posición de monseñor Baltasar Porras. Lo hemos conversado. El suyo fue un comunicado sencillo, que nosotros acogemos y respetamos. El gobierno lo ha querido utilizar a su favor.
–Abundan por allí sacerdotes predicando la revolución. En Barquisimeto hay un cura que le lleva serenatas a Chávez.
–Ellos tienen que dar cuenta a Dios y a su propia conciencia. No es mi papel el de juzgarlos.
–En un mensaje desde Roma, usted dijo el 6 de septiembre de este año: “La fe no es cruzar los brazos ni esperar que todo venga de lo alto”. También advirtió que “el demonio es un espíritu muy inteligente”.
–La injusticia se disfraza de justicia. Es una constante en todo proyecto totalitario. Hitler era un espíritu demoníaco, destructivo. Milosevic desarrolló en Bosnia-Herzegovina una política de limpieza étnica. Aquí se pretende acabar con los que no están con el régimen. La fe no es cruzarse de brazos, sino una búsqueda constante de la justicia. No es que Dios nos ha abandonado, sino que nos permite que aprendamos de estas lecciones para que no volvamos a dejarnos engañar por espíritus inmundos, sucios, que no tienen límites para comprar conciencias. Su ídolo es el estiércol del dinero.
–¡Qué comparaciones hace usted! Hitler, Milosevic…
–Aquí ha habido delitos muy graves que aún están esperando una respuesta. Se está pisoteando la dignidad y la soberanía nacional. ¿Hasta cuándo vamos a dejar que nos invadan? Aquí tenemos un ejército de ocupación, lleno de cubanos. Tenemos las FARC, el ELN, el FBL. Son movimientos subversivos que van contra la Constitución. Entonces, ¿no va a pasar nada? ¡Aquí tiene que pasar algo! Tarde o temprano.

Nada de ambigüedades

–Por fin, ¿qué es ese “algo” del que usted habla en este sermón?
–Mira, éste no es un sermón. Es una reflexión en voz alta. Al hacer estas afirmaciones no me mueve ningún interés personalista, materialista. Mi único gran interés es la felicidad de la mayoría de los venezolanos. Y si por la felicidad y la paz de los venezolanos yo tengo que sacrificar muchas cosas, incluso mi propia vida, estoy dispuesto a hacerlo. En este momento no podemos andar con ambigüedades. Nosotros tenemos que ser testigos de la verdad, y la verdad implica alzar la voz proféticamente y denunciar todas las estructuras de poder, de pecado, de corrupción. Este es un régimen inmensamente corrupto.
–Mientras usted habla, Chávez sigue allí. Hoy tendrá más poder que ayer.
–Tiene que haber un sacudón en la conciencia de los venezolanos. Esta revolución hay que frenarla, hay que pararla.
–¿Cómo, padre?
–Sería una imprudencia decirlo en estos momentos.
–Pero, ¿usted sabe cómo?
–Yo sí estoy convencido del cómo. El cuándo no lo sé, pero si uno tiene cáncer, u otra enfermedad, uno debe buscar la medicina. Aquí estamos enfermos, estamos padeciendo muchísimo, y otros están gozando de nuestro sufrimiento, de nuestro dolor. El nivel de maldad de ellos no tiene límites.
–La propaganda del régimen los expone a ustedes como Obispos al servicio de la burguesía. Dice que ustedes se han olvidado de los pobres.
–Mira, ese es un discurso panfletero. Ellos hablan de los pobres y cada vez hacen más pobres a los pobres. Es una forma de descalificar, de destruir moralmente, intimidar, arrinconar, vejar. Te aseguro que no faltará mañana quien me mandará a quitar la sotana o me inventará cualquier calumnia. No podemos silenciarnos ni apagar la luz de nuestras conciencias. Hay que encenderlas. Y mantenerlas encendidas. Por eso le digo a los venezolanos: ¡Estén vigilantes! ¡No se duerman!
–Chávez exclamó en México en mayo de este año: “¡Qué falta le hace a Venezuela un monseñor Arnulfo Romero, aquel San Romero de América!”
–Al hablar de monseñor Romero no olvidemos cuál régimen estaba gobernando en El Salvador cuando él es asesinado y de dónde vienen las órdenes para liquidar a un santo hombre que estaba al servicio de los pobres. Nosotros creemos que hay un camino para la paz, que es el camino del perdón y de la reconciliación. Pero no puede haber reconciliación si no hay penitencia, si no hay arrepentimiento. La reconciliación es una situación a la cual se llega cuando hay una conversión profunda. Cuando uno reconoce su pecado, su culpa, y endereza.
–¿Entonces no se puede poner la otra mejilla, padre?
–No, no, no. No podemos ser tan pendejos, tampoco. Ese papel de bolsas ya no lo podemos seguir haciendo. Si no lo que vamos a hacer es reforzar la conducta del malvado, del pecador. Hoy me pegan a mí, mañana al otro. Aquí no se trata de poner la otra mejilla. Es un asunto de dignidad. Se trata de poner la vida para defenderla. Es que, ¿para dónde vamos, cuando la vida no vale nada?

José Ángel Ocanto


Hoja de vida

El Rev. P. Pedro Freites Romero nació en Maturín el 12 de abril de 1958
Fue subsecretario general de la Conferencia Episcopal Venezolana, por un breve período, pues fue llamado a Roma.
Es rector del Colegio Venezolano de Roma.
Ejerció la dirección de la Radio Vaticana para América Latina y el Caribe.
Consultor, nombrado por el Papa, del Pontificio Consejo de las Comunicaciones Sociales del Vaticano.
Fue director del Departamento de Comunicación Social y de Prensa del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM).
Con posgrado en México, en comunicación.
Master en comunicación social, en la Pontificia Universidad Haveriana de Bogotá.
Egresado de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, con especialización en teología y comunicación.
Varios años de profesor de posgrado en varias universidades de América Latina: Chile, Universidad Autónoma Popular de Puebla, México. Universidad Haveriana de Bogotá.
Abrió y dirigió el posgrado de la Universidad del Valle de Unisinos, Porto Alegre, Brasil.
Director de prensa de la IV Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Santo Domingo, en 1992, durante la celebración de los 500 años de la evangelización

Sinatra, Strangers in the night

Paul Anka y Frank Sinatra, My Way

Frank Sinatra, My Way

miércoles, 2 de mayo de 2007

Miren esto

Me encontré con este video de youtube y me impactó.
He querido compartirlo con ustedes.
Se trata del Gran Cañón del Colorado (Grand Canyon Skywalk, en inglés), en Arizona, Estados Unidos.
Una blogger ha explicado que es una idea que surgió para animar el decaído turismo.
Allí han construido una pasarela mirador con forma de "U", o de herradura. El diseño pertenece a MRJ Architects.
He leído que líderes indígenas y hasta un ex astronauta dieron sus primeros pasos el 28 de marzo de este mismo año, 2007, sobre una lámina de vidrio colocada a 1.200 metros sobre el Gran Cañón del Colorado.
El pasillo de cristal está a 1,2 kilómetros sobre el nivel del río Colorado. Estar allí debe ser como posarse, en el aire, en aquella inmensidad. La estructura, dicen, es capaz de resistir terremotos y vientos huracanados, cosa que, por supuesto, tomamos por cierta, sin aceptar comprobarlo. ¿Se imaginan el vértigo?
Pero, para qué contarles más. Vean el video. Es realmente impresionante:

Bienvenidos

Les abro las puertas a mi blog. Agradezco sus comentarios, aportes, críticas. Por favor, evite el anonimato.

Acerca de mí

Periodista. Jefe de Redacción del diario El Impulso, de la ciudad de Barquisimeto, Venezuela