lunes 11 de febrero de 2008

Música de presentación

Hace tiempo estaba buscando una música, y una canción, y una atmósfera, que sirvieran de presentación para este blog.
Creo que he conseguido lo que anhelaba:
Los Sonidos del Silencio, en versión gregoriana.
Espero la disfruten, tanto como lo he hecho yo.



En Colombia ya lo sabían

Un alerta recogido por EL IMPULSO hace nueve años

Mientras aquí en 1998 todo resumía un pastoso delirio, una ruidosa feria populista, con sabor a contenidas ansias de retaliación, en Bogotá se percibía, por aquella época, un temor latente, una prevención a flor de piel. “Ya está avisado el hermano país venezolano, de lo que le espera”, nos dijeron en Bogotá, acerca de los inocultados nexos, ya sabidos allá, de Hugo Chávez con la guerrilla


Los venezolanos tardamos nueve años en conocer a Hugo Chávez. En medirlo, de cuerpo entero. En sospechar de sus equívocas buenas intenciones. En penetrar sus propósitos, más allá de las palabras que suelta a borbotones, y de sus descosidos gestos de comediante, de charlatán, de encantador de serpientes.
Ha sido necesario agotar todo este tiempo, y un lacerante cúmulo de acontecimientos, para que la gente llegara a tener una idea más real, y acabada, del hombre que gobierna al país, con una confesada pretensión de perpetuidad.
Los colombianos, en cambio, jamás se llamaron a engaños.
Estaban mejor informados. Sabían con qué tipo de vecino se la estaban viendo, y tenían bien claro, desde un principio, que no era ese el ejemplo que deseaban copiar, el modelo a seguir.
Si los venezolanos entendiéramos acerca de Chávez y sus debilidades ideológicas, siquiera una cuarta parte de cuanto saben los colombianos, sin lugar a dudas otro gallo cantaría.
Por eso no es nada casual que la opinión pública colombiana tenga, ahora, la consistencia de un muro infranqueable contra el cual se ha estrellado, una y otra vez, el mensaje disociador de quien, en un ataque de diabólica audacia, pugnó por asumir el papel de mediador en el conflicto que desde hace más de medio siglo libran, del otro lado de la frontera, el Estado y la guerrilla.
Una andanada de sus más feroces insultos sólo sirvió para catapultar la popularidad del presidente Álvaro Uribe, a un astronómico 80 por ciento, en enero de este año. Si algún milagro obró Chávez fue el de elevar a Uribe al mismo nivel de aceptación con el cual había llegado el neogranadino al gobierno, tras su primera elección, en 2002.
Es que, en 1998, cuando en esta nación densos sectores –ricos y pobres- se babeaban ante la imagen de aquel Mesías paracaidista que prometía freír cabezas de adecos, ya Gabriel García Márquez se paseaba por la duda de si se trataba, o no, de “un ilusionista, que podía pasar a la historia como un déspota más”.
Oto escritor prestigioso, el cubano Carlos Alberto Montaner, había advertido ese mismo año, que Chávez se serviría de los procedimientos democráticos para gobernar a su antojo, por decreto. “Naturalmente, hundirá al país en el horror y la violencia, pero eso es algo que la mayor parte de los venezolanos hoy son totalmente incapaces de percibir”, analizó.
En Bogotá, en octubre de 1998, el general (r) Harold Bedoya Pizarro, ex comandante del Ejército colombiano, nos dijo, al entrevistarlo, una frase que resuena, intacta, como un aldabonazo, y adquiere plena vigencia justo en estos días, frente a la propuesta de reconocer como “beligerantes”, como partes de una contienda política, a ejércitos que tienen en el narcotráfico su fuente de financiamiento, y hacen del secuestro y la siembra del terror un instrumento de lucha:
“Cuando se piensa en la convivencia y se llama líder a un terrorista, eso es una satrapía. Cualquier convivencia con el crimen, sencillamente lo que trae es la descomposición de la estructura del Estado. Terminan como en Colombia, que es el ejemplo palpable de lo que no se debe hacer”.
Mientras aquí todo resumía un pastoso delirio, una ruidosa feria populista, con sabor a contenidas ansias de retaliación, en Bogotá se percibía, por aquella época, un temor latente, una prevención a flor de piel.
El primero que me lo hizo saber fue el veterano periodista Gonzalo Guillén, editor de El País, de Cali, para la época (hoy amenazado de muerte, por trabajos suyos como corresponsal en Colombia de El Nuevo Herald y The Miami Herald).
Asistíamos, del 11 al 16 de octubre de ese año, a escasos días de las elecciones, a un seminario sobre nuevas alternativas para la redacción, dictado por la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), en la ciudad de Reston, Virginia.
Apenas me reconoció como venezolano, en un intervalo del curso, Guillén se acercó una tarde para referirse, con palabras que traslucían respeto y admiración, acerca de las indagaciones de un periodista y escritor bogotano. Su nombre: Manuel Vicente Peña.
Tenía varios libros escritos. Incluso, uno de ellos inédito. Se había visto envuelto en varios peligrosos episodios, por su denuncia frontal respecto a los criminales métodos de la guerrilla. Uno de sus hijos fue secuestrado, y torturado. Pero la temeraria verticalidad de ese gladiador de la prensa no estaba hecha para la rendición. Él seguía adelante, a todo riesgo, consciente del minado terreno que pisaba.
Al regreso de Virginia, con la maleta aún sin rehacer, informé detalladamente, por teléfono, al doctor Juan Manuel Carmona.
En el acto, el director de este periódico decidió que debía partir sin pérdida de tiempo a Bogotá, al encuentro con aquel escrupuloso desconocido.
Hablamos, el doctor Carmona y yo, del sentido de contracorriente que EL IMPULSO asumía al dar aquel paso. El país entero sólo estaba deseoso de encontrar nuevas virtudes y embelesos en los desplantes de un carapintada que prometía arreglar los seculares males de una sociedad empeñada en sentirse desfallecida, condenada.
“Es prudente recoger ese alerta. Vaya, Ocanto. Si usted va preso por eso, tenga la seguridad de que yo lo acompaño en su celda”, dijo sereno, letra a letra, el doctor Carmona desde el otro lado del hilo telefónico.
No puedo evitar que en este instante me asalte la idea de que ambos, Peña y el doctor Carmona, habrían querido conocerse.
Tenían el mismo porte de solemnes caballeros de otra época.
Pero el destino haría imposible semejante encuentro. Los dos se marcharon de este mundo, Peña de primero, en circunstancias no del todo claras.
Por un personal encargo del aludido colega de Cali, en la fecha y hora convenidas, Manuel Vicente Peña me aguardaba en el aeropuerto de El Dorado. Era un hombre alto, trigueño, de unos cincuenta años. Lucía un manojo de bigotes descuidados, un andar nervioso, escudriñador, y un imbatible espíritu, una tenacidad que era apreciable al primer golpe de vista.
A cuestas llevaba los rigores de tres atentados contra su vida, y la respuesta suya a la guerrilla fue el certero y estruendoso fogonazo de un libro aplastante, titulado: La paz de las FARC.
Al recibirme, ya tenía lista una agenda para tres intensos días de investigación periodística. El resultado fue una serie de cinco entrevistas y reportajes, que alcanzamos a publicar a escasas semanas de la ascensión de Hugo Chávez al poder. Específicamente los días 28, 29, 30 y 31 de octubre, y el 1º de noviembre de ese sombrío 1998.

Pisadas y disfraces

Peña no reparaba en ubicar a las guerrillas del ELN y las FARC, como “criminales de guerra”.
Aducía que “el estalinismo es la perversión del marxismo en la medida en que crea un régimen arbitrario, liberticida”.
-Esa es la ideología que, disfrazada de justicia social, de altruismo, están aplicando los movimientos y partidos totalitarios. Ahí encuentras tú las pisadas de Chávez -apuntaba.
Mostrando unas hojas engrapadas, Peña habló de algo desconocido entonces para una inmensa mayoría de venezolanos: el rostro oculto del “Plan Nacional” del MBR-200.
Eran unos papeles que formaban parte de la carpeta “Hugo Chávez”, en manos de los organismos de seguridad de Colombia.
“Aquí se deja constancia -asentaba Peña- de que en una entrevista que Chávez concedió a una revista argentina, el 6 de octubre del año pasado, felicitó por sus luchas al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Además está su célebre abrazo con Fidel Castro. Aquí se citan con fechas, horas y sitios precisos, los encuentros con Gabino y otros jefes del ELN colombiano, grupo subversivo que es directa inspiración de la ideología castrista. Chávez tiene varios disfraces”.
Los argumentos de Peña proseguían así:
“La historia dice que la llegada al poder de una dictadura lleva implícita la muerte de la libertad de prensa. Además, tenga presente que si Chávez está en componendas con el ELN, eso implica que indefectiblemente también lo está con el narcotráfico. Existe una documentación rigurosa, según la cual en el famoso acuerdo de Maguncia (Alemania), detrás de una fachada de paz con el ELN, lo que realmente se iba a negociar era un tratado de acuerdo con el cartel de Cali, auspiciado por el ELN. El Departamento de Estado de los Estados Unidos supo de esta estratagema, y lo denunció. Hay constancia de eso”.
Para contradecirlo, le referí al escritor y periodista, que el hecho de que Chávez admirara a Fidel Castro no significaba que copiaría su modelo. Juzgue usted si estuvo descaminada su respuesta:
“¿Es una casualidad, entonces, que el proyecto de Chávez hable de crear milicias revolucionarias en los barrios, al estilo cubano? Ya en 1948, Castro escribió a Mirta Díaz Balart, quien luego sería su esposa: `Voy a iniciar una revolución en Bogotá’. El balance de este sueño de Fidel -una pesadilla para nosotros- es que, según cálculos no gubernamentales, de cada cinco familias colombianas una tiene entre sus seres queridos a una víctima de la guerrilla: asesinada, mutilada, minusválida, secuestrada, asaltada o extorsionada. Ese mismo sueño sobre Bogotá lo tuvo Fidel respecto a Venezuela en los años ‘60. Esa vez falló y ahora lo intentará de nuevo, a través de Chávez”.

El Carnicero de Chucurí

-¿Cuándo y dónde se han reunido Chávez y Gabino, el jefe del ELN? –inquirimos.
-De acuerdo a los informes de inteligencia del Ejército, una de esas reuniones se efectuó en Tame (Arauca). Chávez entró a Colombia por la ruta Caracas-Santa Marta, entre el 15 y el 18 de diciembre de 1994, para reunirse con Nicolás Rodríguez Bautista, alias Gabino, a fin de coordinar actividades de sabotaje y hostigamiento contra autoridades de ambos países, incluyendo el sangriento asalto a la base fronteriza de Cararabo, en febrero de 1995. Ese informe fue remitido al presidente Caldera. La investigación revela que “uno de los puntales de la negra alianza es el trueque de armas por coca”. Un guerrillero apodado El Flaco confesó que el ELN tomaría la población de Tame con armas que formaron parte del arsenal desaparecido durante el golpe contra Carlos Andrés Pérez. Esos informes especifican fechas exactas, sitios de reunión y asistentes (nombres y apodos), con toda precisión. En el asalto a la base militar de Cararabo, en la margen venezolana del río Meta, sufrieron torturas ocho guardias, antes de ser masacrados y sus cadáveres cercenados. El ELN, en complicidad con venezolanos, practicó actos ‘macabros y enfermizos’. Los restos mortales de esos militares caídos en defensa de la soberanía de su país, fueron degollados. Además, a cada uno de los cadáveres les extrajeron los ojos y la lengua.
-Háblenos de ese tal Gabino. ¿Cómo es él? –quisimos averiguar.
-Es un campesino muy primario, de San Vicente de Chucurí, en el Departamento de Santander del Sur –dijo Peña-. Cuentan que su familia tenía una carnicería en el lugar y que Gabino era especialmente cruel, desde muy joven, al momento de participar en el sacrificio del ganado. Por eso antes de ser llamado Gabino, que es el nombre de guerra, le apodaban El Carnicero de Chucurí. Él es lo que llaman, en el lenguaje de la guerrilla, un comandante histórico, es decir, un fundador que conserva el mando.
Tampoco tenía vacilaciones este combativo intelectual colombiano, acerca del papel que corresponde asumir a un periodista en tiempos de libertades menguadas.
“Cuando existe el peligro cierto de que se instaure un gobierno de corte totalitario, los periodistas no podemos permanecer neutrales” –sentenció.
A renglón seguido:
“Estamos globalizados, y si el comandante Hugo Chávez viene a mi país y se entrevista clandestinamente con criminales de guerra (eso son los terroristas, según el derecho internacional), me parece más lícito, más legítimo, que periodistas de ambos lados de la frontera, que creen en la libertad, se reúnan para investigar a estos personajes. Lo primero que hace una dictadura cuando usurpa el poder es cerrar los medios de comunicación no subordinados al régimen, e imponer la censura de prensa. Fíjese, lo de usted mismo no deja de ser una berraquera. Usted ha venido a Colombia para hacer la denuncia antes de que se produzca el desastre. Las denuncias se hacen antes, ¡no después!”

Instinto máximo

Cuando por intermedio de Peña entrevistamos al general Bedoya Pizarro, ex comandante del Ejército, soltó esta aseveración rotunda:
“La democracia es la primera que se afecta. Donde hay narcotráfico, secuestro, terror, violencia, no hay democracia. El instinto máximo que tiene todo ser humano es el de la supervivencia. La gente se pliega ante cualquier delincuente si le garantiza que no lo mata, o que no lo secuestra. Ahí la democracia pasa a un segundo o a un quinto plano”.
Por todo eso, otro de nuestros entrevistados, el abogado Fernando Antonio Vargas, presidente, a la sazón, del Comité de Víctimas de la Guerrilla, se permitió advertirnos:
“Es que está avisado el hermano país venezolano, de lo que le espera. Me parece que es de ciegos pensar en obtener, tal vez, un mendrugo, un pedazo de pan, en un gobierno de Chávez, a cambio de la libertad. ¡Me parece de ciegos!”


Una historia peligrosa


La penetración de la guerrilla, del narcotráfico…

Conjeturas aparte, al país se le plantea un panorama tenebroso. La tragedia colombiana está siendo desplazada hacia nuestro territorio. El gobierno, en nombre de una afinidad ideológica, está abriendo sus brazos a fuerzas incorregiblemente criminales

La revolución venezolana ha tendido salvavidas que han volteado el curso de la historia. Toca ver si para bien o para mal, y por cuánto tiempo. Además, a qué costo.
En 1999, cuando Hugo Chávez arribó al poder, era obvia, e irreversible, la declinación en el Caribe de la figura de Fidel Castro, condenado a añorar la dulce era del protectorado soviético. “El viejo”, que tuvo tiempo para ungir al sucesor, encontró un inesperado respiro y se dispone a morir, tranquilamente, en su lecho de enfermo, a causa de los misteriosos males que lo han vuelto impresentable.
También la guerrilla colombiana estaba de capa caída diez años atrás. Justamente en 1999 había sido anunciado el Plan Colombia, concebido por las administraciones de Andrés Pastrana y Bill Clinton, con miras a acabar con el conflicto armado, esto es, aplastar a los irregulares, y generar una estrategia de combate a la droga, principal fuente de financiamiento de la subversión.
No era cualquier cosa, ciertamente, lo que estaba en juego. Un Contralor General de la Nación había estimado, en 1984, que, sólo ese año, la cocaína, la heroína, el basuco, los secuestros, la vacuna y el boleteo, le habían representado a las FARC, las cuales se hacen llamar “bolivarianas”, un ingreso estimado en los 2.800 millones de dólares. ¡Qué duro es ser revolucionario, allá como acá!
Para entonces, la infernal maquinaria que en un momento dado llegó a poseer un potencial suficiente como para provocar acciones de guerra en un 78 por ciento del territorio colombiano, y trasladaba la droga en aviones Cessna y hasta en los Boeing 727, se había tornado, como lo reconocería el propio texto del Plan Colombia, en “una estructura más dispersa, más internacional y más oculta”. En fin, en un cuerpo más difícil de combatir y atrapar.
Pero la desmoralización cundía en las filas de los ejércitos irregulares. La esencia ideológica que les dio vida, había degenerado en el crimen y en el terror como herramienta de “lucha”, ajena a la política. Internamente era preciso combatir a diario los brotes de indisciplina, para mantenerla a raya. En ese ambiente, el liderazgo tenía que ser impuesto, y revalidado, constantemente, a sangre y fuego. A los jefes los atormenta oler, cada día, cada noche, las acuciantes emanaciones de la conspiración.
Los Estados Unidos, en la ejecución del Plan, habían puesto un frenético énfasis en el fortalecimiento de las fuerzas militares. Tanto que se llegó a denunciar su carácter “militarista”. Eso motivó a Amnistía Internacional a quejarse, en junio del año 2000, puesto que, a su juicio, “los programas de desarrollo social y humanitario no alcanzan a disfrazar la naturaleza esencialmente militar del plan”. Encima, el estilo del presidente Álvaro Uribe era mucho más frontal e implacable que el del propio creador del Plan Colombia. Y a nadie podría sorprender que en la Casa Blanca, George W. Bush tomara la decisión de expandirlo. Así, en octubre del
2004 el número de asesores estadounidenses que podía operar en Colombia, subió de 400 a 800.
En suma, la guerrilla se sabía en una situación comprometida. Estaba acorralada. Incomunicada. Para el sistema interamericano, los Estados Unidos y la Unión Europea, no eran más que vulgares terroristas. La opinión pública mundial les daba la espalda, como acaba de quedar patentizado con las concentraciones del 4 de febrero (¡cruel ironía, comandante, la misma fecha de su golpe!) Sólo el uso de los rehenes como escudos imposibilitaba la estrategia de barrerlos de la faz colombiana.
Joaquín Villalobos, quien como dirigente del Frente Farabundo Martí participó en los acuerdos de paz que pusieran punto final a la guerra civil en El Salvador, hizo esta observación: “Las FARC están debilitadas militar y políticamente como nunca en su historia”. Adicionó: “En 2007 no pudieron realizar una sola toma u hostigamiento a los poblados que controla el Estado. Sus combatientes se desmovilizan masiva y voluntariamente, 2.400 sólo el año pasado, y hay evidencia pública de que algunos jefes guerrilleros han recuperado las comodidades perdidas en el territorio venezolano”.
Las FARC sabían que les urgía reacomodarse, oxigenarse, como siempre, ganar tiempo. Su única posibilidad de supervivencia estaba en escabullirse tras los artificios de un acuerdo “humanitario”. Y justo en esa decisiva escena de la película hace su estruendosa aparición la revolución bolivariana. Lo primero que hace es alterar el libreto, para introducir un nuevo léxico, una nueva terminología oficial. Nada se llamará igual, en adelante. Así como el “gran hermano” dispuso que los pistoleros de Llaguno pasaran a ser “héroes” y los comisarios que trataron de contenerlos, “criminales de lesa humanidad”, todos en la granja recordaban cómo un buen día sorprendió al propio ministro de Educación, al declarar exterminado el analfabetismo. En estos instantes precisos resuelve que, en el futuro, no se hablará de secuestrados, sino de “retenidos”, o, mejor aún, de “prisioneros de guerra”. Los guerrilleros no son más terroristas, sino “fuerzas insurgentes, un proyecto bolivariano que aquí es respetado”, en fin, “ejércitos que ocupan un espacio”. El secuestro también cambia. Pasa a ser “un formato operacional”.
Nadie pudo haberlo dicho más claro que el ministro del Interior y Justicia, Ramón Rodríguez Chacín, en el momento del rescate de Clara Rojas y Consuelo González, del otro lado de la frontera, frente a las cámaras, y al despedirse de una célula guerrillera: "Estamos muy pendientes de su lucha (...) Mantengan ese esfuerzo y cuenten con nosotros". ¡Felicidades!, le respondieron, entre cordiales apretones de mano. Esa imagen era el mejor testamento. ¿Hace falta puntualizar más, descifrar más? Todo esto lo que quiere decir, con claridad meridiana, es que cuando en Venezuela se discute si a la guerrilla colombiana debe acreditarse, o no, el estatus de fuerza beligerante, respecto al Estado colombiano, es decir, promover que se sienten en una misma mesa el gobierno y los irregulares a hablar de gran política, de igual a igual, la realidad dice que las FARC y el ELN tienen, ya, una presencia reconocida en Venezuela. Aquí opera una beligerancia de facto. En el quiebre de la relación con Colombia mucho tiene que ver el peso específico que el gobierno de Venezuela otorga a los capos de la guerrilla.
Vamos a los hechos. Colombia tiene la cuarta población de desplazados internos del mundo. La atrocidad de la violencia rural obliga a un desplazamiento forzoso. Se calcula que unas 300.00 personas, en su mayoría mujeres y niños, debieron abandonar sus hogares por esta causa en 1998. Para Venezuela era ineludible analizar, conjuntamente con Colombia, una estrategia común, una política de Estado, en lo concerniente a ese drama, en previsión de que las regiones ubicadas a lo largo de la franja fronteriza sintieran los terribles efectos sociales de ese éxodo. No sólo no se hizo eso, sino que los dirigentes de las dos principales organizaciones guerrilleras prácticamente se han mudado a Venezuela. Aquí tienen su centro de operaciones, sus oficinas.

Lo de Los Monjes quedó atrás

Antes el motivo de las fricciones entre Colombia y Venezuela era el litigio territorial, por el Archipiélago de Los Monjes. Eso quedó para la historia. El peor incidente diplomático entre Colombia y Venezuela, bajo los gobiernos de Álvaro Uribe y Hugo Chávez, se desencadenó a principios del 2005, hasta producir incluso la ruptura temporal de las relaciones comerciales y el retiro de ambos embajadores. ¿La causa?: la detención en Caracas de
l “canciller” de las FARC, Rodrigo Granda, capturado por agentes venezolanos, y quizá también colombianos, siendo llevado a Cúcuta, donde fue formalmente arrestado.
La averiguación abierta por el ministerio del Interior no fue para determinar qué hacía Granda en Venezuela, sino si era cierto que los funcionarios policiales que lo apresaron habían sido sobornados. Los expulsaron. La soberanía había sido violada no por el jefe guerrillero, sino por los agentes encubiertos que les echaron el guante. El vicepresidente, José Vicente Rangel, no tardó en declarar que Granda había sido “secuestrado”.
Hace unos días fue abatido en una posada turística del estado Mérida, Wilber Varela, alias “Jabón”, jefe del cartel del Valle del Norte. Estados Unidos ofrecía cinco millones de dólares por su captura. No se trataba, esta vez, de un dirigente guerrillero, sino de un narcotraficante, pero la relación en uno y otro caso guarda asombrosas semejanzas. En esta hora absurda, ser jefe guerrillero o narcotraficante asegura la misma distinción. Mildred Camero, ex presidenta de la Oficina Nacional Antidrogas (ONA) de Venezuela, aludió informes confidenciales de la DEA para referir que Varela recibía protección de autoridades venezolanas y actuaba “con absoluta libertad”.
Una fuente policial lo explicó así al diario colombiano El País:
“Se instalan en magníficas casas, compran fincas grandes y negocios en quiebra, y se convierten en personajes valiosos para las economías locales venezolanas". Añadió: "Venezuela es para estos criminales un seguro de vida”. Es por eso, aducen, que cuando la policía colombiana pregunta a los funcionarios venezolanos por el paradero de los capos, la respuesta es siempre la misma: “No tenemos nada”.
El asunto es que “Jabón” dirigía sus negocios desde aquí. Poseía propiedades en Lara (aquí vivió un tiempo, con protección policial) y en Barinas. No quería volver a las selvas. Tenía pasaporte venezolano. También cédula de identidad, como José María Ballestas, sobre quien pesaba una orden de captura por el secuestro de un avión Fokker 50 de Avianca, en 1999, y al ser arrestado por efectivos de la PTJ y del servicio secreto colombiano, en Caracas, mostró una docena de documentos de identificación venezolanos, todos originales.
Serían apenas botones que sirven de muestra de todo un complejo y turbio andamiaje, que flota en torrentes de dineros sucios. Lo organismos de inteligencia en Bogotá trabajan en datos que apuntan hacia los nexos de altos personeros militares venezolanos, con la guerrilla colombiana. En todo esto, más que afinidad ideológica, habría un sustrato de corrupción en grandes dimensiones. La revista Semana ha reseñado que el Director de la Dirección de Inteligencia Militar (DIM), el general Hugo Armando Carvajal Barrios, “está señalado por agencias antinarcóticos y servicios de inteligencia de varios países, de ser la ficha clave en Venezuela para narcos y guerrilleros colombianos”. Lo llaman “el Montesinos de Venezuela”.
Lo cierto es que la guerrilla y el narcotráfico encuentran en Venezuela un campo fértil para sus operaciones. Las palabras recientes de Hugo Chávez oficializan esa antipatriótica postura oficial. “Venezuela –ha dicho- limita al suroeste, al noroeste, no con el Estado colombiano sino con las fuerzas insurgentes de Colombia, que tienen otro Estado, que tienen leyes propias, que las aplican y las hacen cumplir”.
La vigilancia de la agencia antinarcóticos estadounidense, la DEA, ha sido entorpecida. Las incendiarias peleas de todos los días con el imperialismo sirvieron de pretexto para que el régimen resolviera suspender la alianza con la DEA, el 7 de agosto de 2005, tras denunciar que sus funcionarios espiaban al gobierno y violaban leyes locales. Ahora sólo el narcotráfico podrá violarlas.
Conjeturas aparte, al país se le plantea un panorama tenebroso, frente al cual el gobierno asume una postura insensata, encubridora. La tragedia colombiana está siendo desplazada hacia nuestro territorio, a grandes zancadas. La integridad territorial, y moral, están en juego. El narcotráfico penetra y pervierte, con su inmenso poder de compra de conciencias, estamentos claves: el ámbito militar, el judicial, el político. ¿Ocurrirá lo mismo con los medios de comunicación? ¿Pasará mucho tiempo para que financien concejales, diputados, o hasta un candidato a la Presidencia? ¿Cuánto tiempo le llevará al país revertir este nefasto estado de cosas? Particularmente el Presidente, en nombre de una afinidad ideológica, y de sus rencores, está abriendo sus brazos a fuerzas incorregiblemente criminales. Ayer la guerrilla lo intentó con el uso de la fuerza y un gobierno democrático lo impidió. Ahora hacen triunfal entrada a este suelo, aferrándose a un lujoso salvavidas, tejido con el destino de todos.
En tanto, tristes historias que se volvieron rutina en Colombia, comienzan a contarse aquí, lástima, sin mucha impacto. Hoy mismo, cuando escribo estas líneas, el correo electrónico me estremece con una triste información que me ha espantado el sueño: no están claras las circunstancias en que ocurriera la muerte del periodista y escritor Manuel Vicente Peña, enfrentado en Bogotá a las FARC a punta de sus libros, y de su coraje, y sobre quien escribimos ayer. Gonzalo Guillén, el colega que me lo presentó, asimismo enfrenta serias amenazas, a causa de trabajos suyos publicados como corresponsal de El Nuevo Herald y The Miami Herald.
“Debo andar en un carro blindado, con un chaleco antibalas y dos escoltas. Algo fastidioso que a la hora de la verdad no sirve para nada”, me dice.
Y, ¿saben qué? En la ciudad de Maturín, aquí, en el Oriente venezolano, un periodista de nombre Mauro Marcano investigó hasta dejar al desnudo, con toda su fealdad, las macabras andanzas del “Cartel del Sol”. La red abarcaba a narcotraficantes, así como a militares activos y retirados de alto rango, jueces, políticos, fiscales y policías. El diario El Oriental reprodujo sus valientes escritos. Mencionó a los involucrados con sus nombres y apellidos. Pasó lo de siempre: lo amenazaron de muerte, una y otra vez, entre otros, un coronel. Pero nuestro héroe no cedió.
La última crónica la alcanzó a escribir el martes 31 de agosto de 2004. En esas líneas daba cuenta de la desaparición de parte de un lote de mil kilos de cocaína de alta pureza, después de ser incautada por la policía local.
Lo mataron de tres disparos, el día siguiente, cuando salía de su casa, dos sujetos que lo habían seguido de cerca durante tres semanas. Su familia denunció que el autor intelectual eran el narcotraficante Ceferino García y su hijo Carlos Andrés García, quienes habrían cancelado 100 millones de bolívares a unos sicarios.
Es, sin duda, una historia peligrosa. Peligrosa de vivirla. Y hasta peligrosa de contarla. Pero es historia y debe ser divulgada.

martes 15 de enero de 2008

Los 37 años del MAS


Discurso
pronunciado por José Ángel Ocanto
en ocasión del 37º aniversario del partido
Movimiento al Socialismo (MAS).
Plaza Bolívar de Barquisimeto, 19 de enero de 2008


Sirvan las primeras líneas de esta intervención para una necesaria aclaratoria.
En tiempos en que la palabra “injerencia” asume un sentido y una carga tan perversa, cuando “mediar” se convierte, por fuerza de la más felona complicidad, en una intrusión agraviante, que busca dotar de aureolas y estatus a milicias que secuestran, torturan, enmudecen y exterminan, a cientos, del otro lado de la frontera, y sobre este suelo mismo; en tiempos tan adulterinos como estos, digo, muy lejos de mi propósito la intención de tomar la excusa de esta invitación a hablar, en el aniversario del Movimiento al Socialismo (MAS), como una licencia para entrometerme en sus asuntos, en su historia, en su vida, así como tampoco en los asuntos, en la historia y en la vida de quienes en este partido conviven.
Se trata, lo confieso de entrada, de una aclaratoria, al punto, retórica. Un palabreo, nomás, excúsenme. Porque ni soy yo, Dios me guarde, el “mediador” aquél, capaz de trastornar cuanto manosea, y de alentar los más impensados demonios en cuanto ámbito penetra, ni ustedes, amigos todos, están aquí, ni podrían estar jamás, bajo las órdenes de Pedro Antonio Marín Marín, siniestro personaje que suele llevar una toalla al hombro, el guerrillero más viejo del mundo. Ése criminal espantajo quien se hace llamar Marulanda, y pugna por filtrarse, por sobre alfombra roja, entre las figuras de Zamora y el Che Guevara, en esta enmarañada iconografía patria, ya a punto de ser explotada por Hollywood, en la cual cohabitan lo mismo “derechos que traidores”, como dice el tango, héroes y medrosos, invictos y menguados, quijotes y serviles, genios y fanfarrones, semidioses y mañosos. Ahora, ¿qué otro elenco pudiera esperarse, siendo como es obra, semejante muestra, de tan turbio curador?
Segunda aclaratoria, ésta, sí, fundamental, enlazada, quizá, a una infidencia. No transgrediré, o, me cuidaré, al menos, de no transgredir la amable insinuación-orden impartida por Macario. Vencido, siempre, por su proverbial cordialidad, el jefe sempiterno del MAS local me sugirió, primero, que esperaba leer mi discurso con prudente antelación. Luego, sin duda consciente de que este campanero buscaría las maneras de burlar su prescripción censora, tuvo la gentileza de cambiar la pauta por un textual: “Métete todo lo que quieras con los partidos, pero al menos déjalos con vida”.
Creo, ciertamente, en los partidos, puestos a compartir espacios, cada vez más, con movimientos sociales de innegable penetración e influencia, y, cómo ignorarlo, con los medios de comunicación social, constreñidos por vacíos, y emergencias históricas, o, más bien, ahistóricas, a derivar en protagonismos inoportunos, postizos.
En democracia los partidos son elementales, como expresión del cuerpo social, como recipientes de una cultura. Los partidos son indispensables en lo concerniente a la propia legitimación de la democracia. Un líder de partido al asumir responsabilidades públicas tendrá más valores que cuidar y más fiadores a honrar, que un falso Mesías dado a sonar las trompetas para anunciar el dudoso milagro de desaparecer los panes y los peces, y postrar al país en una sucesión de Lázaros y de leprosos, segregados a la cárcel, al exilio o a la persecución judicial, en razón de su inadaptación al régimen, a los designios de la voz única y tornadiza del amo.
La calidad, vigencia y arraigo de los partidos, es el mejor instrumento, al menos el más visible, a la hora de calibrar la salud del sistema de gobierno imperante. La promoción de las virtudes democráticas encuentra terreno fértil en las organizaciones partidistas, so pena de trocarse en cuerpos fosilizados, en cascarones vacíos plagados de corredores fantasmales; en suma, como tanto se ha criticado, en meras máquinas para ganar elecciones. (Y a veces, ni para eso).
El fermento de las ideas es tarea de partidos, así como la improrrogable incubación de los liderazgos generacionales, cuya mora ha amenazado con dejarnos sin aliento en las últimas décadas. Un partido tendrá validez en la misma medida en que encarne con autenticidad los más sentidos intereses sociales, cuando el común de la gente lo identifique con sus dramas, con sus esperanzas, con sus temores y fortalezas.
Tiene mucho que decir en todo esto el hecho de que los primeros partidos de masas tuvieran un perfil obrero. Y, además, que, en lo tocante a Venezuela, reputados historiadores hayan ubicado el surgimiento del maniobrar partidista en la irrupción de la Sociedad Patriótica, la organización revolucionaria que presionó al Congreso Constituyente de 1811, a los fines de que procediera a declarar, sin más dilación, la Independencia. Quedó registrado que fue justamente en el seno de aquella Sociedad Patriótica donde Simón Bolívar habría de pronunciar su primer discurso político, la noche del 3 de julio de ese año germinal.
Se especulaba que en la práctica operaban en Caracas dos Congresos y que la Sociedad Patriótica pugnaba por suplantar al institucional. Las palabras del futuro Libertador buscaban desmentirlo, posiblemente para salvar las formas que pudieran estropear el fondo de un objetivo superior. Desde entonces hay un término, un concepto, que aparecerá, una y otra vez, en el firmamento político venezolano, con mayor ímpetu ahora, más apaciguado y sordo después, pero invariable en su intención, demoledora o creadora de nuevos espacios, según la óptica del observador.
Ese concepto, ese valor político al cual hago referencia, es el de la ruptura. Creo que si excluyéramos esta palabra del léxico político, sería absolutamente imposible analizar a cabalidad a la Venezuela que desde 1811 se debatía ya en insondables facciones y personalismos, hasta decretar una áspera división entre godos y patriotas. La Guerra de Independencia no es sino una guerra civil, que nos desangra y empobrece. Un movimiento separatista, La Cosiata, dio al traste con la Gran Colombia. La patria rompía así con el padre, y, por cierto, en aras de conjurar el peligro latente de que avanzara el desgarramiento social, una de las resoluciones de Bolívar, en 1826, fue la de ratificar a Páez, el artífice de aquella grave agitación, como jefe Civil y Militar, y, además, otorgar una amnistía general, esparcida sin los rencores que retratan al espíritu mezquino; al embaucador que, aún aclamándose bolivariano, ha decidido salir en campaña, hacia otras naciones, con dineros malversados como espada, y sólo para pactar, en las sombras y clandestinidades de la selva, con quien sojuzga y aplasta la libertad y demás sagrados derechos de sus víctimas, reducidas a la inhumana condición de piezas para un canje.
Las rupturas prosiguen, en intacta línea y gradación. Partidarios de los dos hermanos Monagas, José Tadeo y José Gregorio, se enfrentaron con abrupta hostilidad. Cuando Juan Vicente Gómez desbanca del poder a Cipriano Castro, a principios del tardío siglo XX venezolano, rompe un símbolo sacramental de lealtad: el compadrazgo que los unía.
Ruptura, incluso, se llamó un partido efímero. De un rompimiento con el Partido Comunista de Venezuela, brotaría el Movimiento al Socialismo, hace hoy exactamente 37 años.
Alfredo Maneiro, que rompe con el PCV para irse tras la huella de los fundadores del MAS, y al poco tiempo rompe con el MAS para fundar la Causa R, se quejaba, allá por los años ‘70, de que mientras Acción Democrática, en su decir, exhibía una enorme habilidad para “ablandar” y “asimilar” adversarios, las organizaciones de origen comunista no sabían sino “triturar” al disidente.
De tal suerte que de aquel rojo vientre germinarían partidos con una innata tendencia a la fragmentación, al verticalismo. Pedro Duno llegaría a advertir, en su intuitivo análisis sobre este proceso, que si bien en el MAS se da una renovación teórica, hay, asimismo, “una tendencia al teoricismo”, es más, “un exceso de teoricismo”.
Muchos partidos surcarían los cielos como estrellas fugaces. Las divisiones y subdivisiones, serán siempre expediente al alcance de la mano, como vía de escape ante los ahogos del sectarismo, del dogma, del desgaste y los dilemas históricos. No hay, por tanto, empresa más cuesta arriba que la de clarificar el linaje de los partidos, y el ADN de sus huestes. Contadas veces el factor ideológico determinará una escisión. La constante será una febril dinámica de entrecruzamiento, marcada por un pragmatismo alucinante. Allí está, a nuestro juicio, la razón desnuda de la condición desértica de nuestros actuales partidos, entretenidos, muchos de ellos, en la contemplación del ombligo de sus propias naderías. Está en esa atmósfera de clubes que se respira en más de una sede partidista. El juego de dominó, que aborta toda discusión, todo análisis, pese a las acuciantes tragedias de hoy. Cero debate, interrupción de la formación de los cuadros de relevo, desvinculación pasmosa respecto a las angustias populares. Quiebra libertina del principio de democracia interna. La incongruencia de partidos que luchan por la democracia en la calle, pero la niegan dentro. Imposiciones groseras, esterilizantes. Eclipse del sentido de grandeza, del compromiso histórico.
El PCV, retomamos, estaba llamado a ser la fuente de casi todas las organizaciones políticas contemporáneas. De las entrañas del PCV surgió, en 1937, el Partido Democrático Nacional (PDN), agrupación de inspiración izquierdista, precursora de Acción Democrática. Cismas, dentro de AD, darían vida al Movimiento Electoral del Pueblo (MEP), y al Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). A su vez, de una división del MIR emergió la Liga Socialista. También eran disidentes del MIR quienes irían a crear tienda aparte, en Bandera Roja. Proyecto Venezuela afloró del tronco socialcristiano. Primero Justicia también. Ayer apenas, en el 2002, otra ruptura del MAS induce el parto, por fórceps, de Podemos y de Vamos.
Flujos y contraflujos incesantes, hasta consentir lo promiscuo. Toldas juntadas con primos hermanos. Y, además, partidos que se creían irreconciliables, por sus doctrinas originales, puestos a sentarse a la mesa de la coyuntura electoral. Así, a Convergencia, aquella coalición chiripera que apoyó la candidatura de Rafael Caldera, en 1993, la conformaban, además de antiguas piezas de COPEI, el MAS, el MEP, el PCV.
¿Quién niega, ahora, que nuestra historia política es una abigarrada sucesión de rupturas y revisiones? No es casual que la acusación de revisionistas haya aflorado en las circunstancias en que unos y otros desean proferir el peor de los insultos políticos. Unas veces sin razón. Otras con razón de sobra. Teodoro Petkoff y Pompeyo Márquez, fundadores del MAS, un día como hoy del año 1971, en el Club de Solaz, calle real de Monte Piedad, venían de abandonar la lucha armada, y de romper, según palabras del propio Petkoff, “con toda esa constelación político-ideológica, cuyo centro era la Unión Soviética”.
La causa de las brasas de esta procesión encontraría plena justificación histórica, casi dos décadas más tarde. El deslinde (así se llamó, adrede, el primer órgano de expresión masista) había fecundado en un acontecimiento premonitorio de todo el pesado desmoronamiento que pondría fin al modelo soviético, junto a la caída del Muro de Berlín, en noviembre de 1989. El “socialismo con rostro humano”, de Alexander Dubcek, había sido aplastado por las tropas soviéticas. La tenue democratización de la Primavera de Praga, aún cuando no preveía la legalización de los partidos, fue asolada mediante una ominosa invasión, con el uso de 5.000 carros blindados del Pacto de Varsovia y unos 200.000 efectivos de tropa.
De manera que en esta ocasión la ruptura obedeció a un serio razonamiento formal, ideológico. Toda la inobjetable argumentación la había vertido Petkoff en las páginas de su libro “Checoslovaquia, el socialismo como problema”. Tuvo, él, más suerte, valga la digresión, que nuestro muy admirado poeta caroreño Alí Lameda, el viajero enlutado, quien quiso viajar a Corea del Norte para disfrutar las mieles de un paraíso comunista, sólo para que sus dignos huesos fueran reducidos a una oscura mazmorra, de dos metros por dos, durante siete inacabables años, acusado en forma alternativa, comunista él, de ser espía de Moscú o de Washington.
Queda visto, pues, que tampoco esta historia del MAS y sus mentores está ausente de serios baches y tropiezos. Y se repiten, también aquí, algunas incidencias pendulares de estas memorias recientes, cuyo fuego aún nos alcanza. Al final de sus días, Rómulo Betancourt estuvo alejado de su creación, Acción Democrática. Caldera fue expulsado, oficialmente, de COPEI. Una resolución partidista, leída por Hilarión Cardozo, decía: “Se le excluye del comité nacional y se ordena borrar su nombre de los libros del partido”. Por estos días se oye hablar con insistencia, dentro del mundo oficialista, de un iluso chavismo sin Chávez. Y, pregunto yo, impertinencia incluida, ¿dónde están, ahora, Petkoff, y Pompeyo Márquez? ¿No es acaso ésta, una brillante ocasión para convocarlos, a juntar ardores y razones, en estos instantes precisos, cuando la suerte del país exige altura de miras, y la disposición plena a apostarlo todo al desmantelamiento de esta esquizofrenia chavista, y, encima, marulandista?
Nos haríamos merecedores de esta desgracia, con todas sus graves secuelas, si cedemos terreno a la dejación, al hacer política en horarios de oficina, y si, en adelante, se sigue condenando al desamparo, al líder natural que, hundido en las miserias de su barrio, y en la apartada comunidad rural, asume una fatigada representación en solitario. Ya basta de jugar a los personalismos inútiles, y de alimentar esta feria de vanidades en la cual nadie hace nada si esa acción no le garantiza un provecho en lo particular, si no halaga sus intereses. Partamos de un principio real, objetivo. En esta acera nadie es dueño de nada. Es llegado el turno, eso sí, de construir una opción, sobre bases actualmente endebles, imprecisas. Eso es posible. Es inaplazable. La fortaleza estará en la capacidad de acoplar un anhelo, de fundar una confianza. Vea usted que nadie por esas calles está esperando ser mandado. Es un guía por el que aguardan. Será más útil en estas jornadas quien en lugar de ordenar, y disponer, pregunte qué puedo hacer. El himno de libertad que habrán de entonar las masas aún no ha sido escrito. Lo sensato no será competir con el encantador de serpientes, sino decir una verdad creíble, y defenderla no mediante un vendaval de pasiones sino con un haz de honradez. Eso no se logrará, está verificado, desde los estudios de la televisión. La hora actual no es la de los espectadores concentrados, inertes, sino la de un actor diligente, en cada esquina.
En Lara, la pasividad aterra. Si algo se está haciendo es secreto bien guardado. Reclámenme ustedes, que estoy hablando, en vez de actuar. El gobierno produce escándalos a granel, y, ¿cómo reaccionamos, día tras día, aparte de encoger los hombros? Aclaremos de una vez cuándo haremos algo concreto para impedir las vulgaridades de una dinastía ramplona que pretende, y, peor, lo está logrando, pagar y darse el vuelto, con chorros de dinero que a ninguna comunidad favorecen. Indecencia transmitida. Padre e hijo ungidos de un espíritu nada santo.
Ortega y Gasset admite que lo acontecido en Rusia repitió el lugar común de las revoluciones, con la deplorable confirmación del aserto según el cual la revolución, toda revolución, devora a sus propios hijos, y nunca durará más de quince años, “período que coincide con la vigencia de una generación”.
Eso, tratándose de una revolución, de un proceso que merezca llamarse tal. ¿Qué puede decirse de un remedo, tardío e inconexo, de una colcha mal enhebrada de teorías hace buen rato superadas?
Es de agradecer que el MAS sea un aliado. Es de agradecer que en los tiempos del bipartidismo, junto a la Causa R, haya procurado el equilibrio. Es de agradecer que el MAS, rehén por un extenso período, en cada elección, del llamado seis por ciento histórico, no haya llegado al poder con José Vicente Rangel, el Fouché venezolano, como abanderado, en dos consultas consecutivas, las de 1973 y 1978. Es de agradecer el aporte de la tolda naranja a la robustez del debate, que urgía de sólidas confrontaciones. Ello ya había quedado palmariamente probado en el trienio adeco del 45-48, caracterizado por un sectarismo voraz, patibulario. Admítase con humildad, para el registro histórico, que así como Teodoro Petkoff y Pompeyo Márquez tuvieron razón en romper con el comunismo, hace 37 años, también estuvo del lado de ellos el acierto, la verdad sea dicha, cuando se abstuvieron de hacerle comparsa al comandante obstinado en perpetuarse.
Por mucho tiempo se recitó que el primer error del MAS radicaba en su propio nombre. Porque lo anunciaba como un movimiento hacia algo que no existía, o acusaba universal decadencia. Ahora la situación es más incómoda aún. El socialismo del siglo XII, con patente venezolana, no sólo redunda en un mundial descrédito de esta corriente ideológica, sino que desprestigia a la izquierda toda.
El MAS, ese MAS de los tormentos, para Cabrujas, ha avisado que en lo sucesivo su rótulo será el de Movimiento Democrático. El puño cerrado que algún día tomara prestado de la Internacional Socialista, desaparece. El propósito, se ha advertido, es “modernizar la izquierda”.
Amanecerá y veremos. Sin duda hará falta mucho más. Ahora, lo cierto es que la utopía no debe morir.
José Gil Fortoul, quizá el intelectual más sobresaliente de la era gomecista, ya nos hablaba en su Sinfonía Inacabada, de 1931, que por temperamento, y como resultado de los estudios realizados por él en pueblos con razas y culturas diferentes, su corazón y su espíritu estaban siempre con los que padecen y sufren. Para subrayar: “Y con los que sufren y padecen creo en una próxima organización social, menos imperfecta y más humanitaria, con luchas menos brutales y leyes más equitativas. En suma, creo en el advenimiento de otra civilización que será, a un tiempo, más intensa, más amplia y más alta”.
Muchas gracias.

jueves 20 de diciembre de 2007

Chávez no rectificará

Entrevista al Dr. Joel Rodríguez Ramos


Nos arrastran hacia un terrible despeñadero

Ningún punto de la reforma se puede volver a plantear

Lo que el país necesita es una revolución de la verdad


Abogado, profesor universitario, hombre escrupuloso, culto, de una reconocida conducta rectilínea, sin pretenderlo Joel Rodríguez Ramos se ha erigido en una importante referencia dentro del ámbito de la disidencia a este gobierno.
Es de esos a quienes no da miedo llamar intachable.
-¿Visualizaba usted un inicio de año como el que hemos tenido?
-No, yo visualizaba un inicio de año más tranquilo; pero, conociendo al personaje como lo conocemos, tampoco me extraña lo que está ocurriendo. Genio y figura hasta la sepultura.
-¿No ha sido demasiado ingenuo el país? Con cada episodio se cree que el Presidente rectificará.
-Así es. La misma noche del referendo, dijo que él no iba a retirar su propuesta. A mí me llamó la atención aquello, porque esa propuesta había quedado definitivamente decidida. Sin embargo, pensé que reflexionaría. Caí también en esa ingenuidad. El Presidente no va cambiar, ni sus acólitos van a cambiar.
-Tras el triunfo del NO, los venezolanos clamaron por reconciliación.
-Todos los sectores. Recuerdo una mancheta de EL IMPULSO, por esos días, que decía, palabras más, palabras menos: nunca antes una victoria fue celebrada con tanta humildad. Pedro Carreño dijo que la reconciliación sólo habría sido posible con la reforma a la Constitución. La reconciliación no es contradictoria con la tolerancia, con las ideas distintas. La Constitución de 1961 fue aprobada con un gran consenso. La Comisión Redactora estuvo compuesta por personalidades que pensaban, todas, muy distinto. La presidieron Raúl Leoni, que era presidente del Congreso, y Rafael Caldera, que era el vicepresidente. Además la integraron: Arturo Uslar Pietri, Luis Beltrán Prieto Figueroa, Jesús Farías, Gustavo Machado, Guillermo García Ponce, José Guillermo Andueza, Orlando Tovar Tamayo, Ramón Escovar Salom. En aras de la paz y el desarrollo del país, aquellos hombres con pensamientos disímiles lograron ponerse de acuerdo y redactaron una Constitución que, quizá por eso, es la que más tiempo ha permanecido en vigencia.
-Ahora mismo, Chávez insiste en la reelección indefinida.
-Está visto que el propósito fundamental de la reforma no era la reducción de la jornada laboral, ni eran los derechos sociales, sino la reelección indefinida del Presidente. El pueblo ya decidió y eso no se puede volver a plantear durante este período.
-¿Ni siquiera por la vía de una enmienda constitucional?
-No, porque es una de las materias que fue rechazada en la reforma constitucional. Sería una burla a la decisión soberana del pueblo.
-Si no hay rectificación, lo único que se puede presagiar es más confrontación, más violencia.
-Así es. Yo creo que la insistencia del Presidente, en su Mensaje Anual, al plantear la reelección indefinida, aleja totalmente la posibilidad de una reconciliación. Nos acerca a unos estados de violencia que nadie desea.
-Iniciativas sin duda plausibles, como la amnistía, se han visto frustradas. Es un perdón cargado de espinas, que preserva odios y divide.
-Si algo está en la esencia de la amnistía, es que es un perdón general. La figura de la amnistía siempre ha estado dentro de la reserva legal, es decir, sólo puede decidirse a través de una ley. Una de las cosas malas de la Constitución del ’99 es que le otorgó demasiadas facultades al Presidente, quien puede dictar leyes habilitantes. En la Constitución del ’61 solamente era posible la habilitante para las materias económicas o financieras. Ahora al Presidente se le habilita para cualquier cosa. Puede reformar la Ley de Patronato Eclesiástico, o la Ley de Menores, si quiere. Él dictó una Ley de Amnistía discriminatoria, chucuta. Cuando hay una amnistía es para todos aquellos que supuestamente han cometido un delito con un mismo hecho generador. Si son los hechos del 11 de abril, todos los que están incursos en los posibles delitos perpetrados en esa ocasión.
-Porque se despenaliza el hecho en cuestión.
-Por supuesto, se está diciendo: ahí no hubo delito. Ese hecho no generó delito.
-La Fiscalía acentuó la discriminación, al asumir el papel de filtro para la concesión del beneficio. Y dicta sentencia anticipada, cuando dice que el perdón presidencial no aplica en el caso de los ex comisarios.
-Pero es que eso no le corresponde a la Fiscalía. Eso es materia exclusiva de la función jurisdiccional del juez. Los ex comisarios no cometieron delitos de lesa humanidad, que es una agresión generalizada y sistemática contra los derechos humanos. Por cierto, el 11 de abril murieron diecinueve partidarios de la oposición, y creo que no serían más de tres o cuatro los afectos al oficialismo. Por supuesto, toda muerte es lamentable.
-Es aberrante que en el país estemos sacando este tipo de cuentas.
-Así es. Pero valdría la pena preguntarse también quiénes son los responsables de los diecinueve muertos de la oposición.
-No hay igualdad ante la ley. ¿Qué tribunal se atrevería a darle la razón a Nixon Moreno, cuando el Presidente desde la Asamblea Nacional lo llamó delincuente y fustigó a la Iglesia por darle asilo?
-Eso es muy grave. Una de las disposiciones más importantes contenidas en la Constitución es que se presume la inocencia mientras no se pruebe lo contrario.
-Ese principio desapareció.
-Desapareció ayer, cuando el Presidente, en el Hemiciclo de la Asamblea Nacional, delante de toda la representación nacional, delante de todo el cuerpo diplomático, en cadena nacional, dice que Nixon Moreno es un delincuente. El Presidente violó la Constitución, se convirtió en juez.
-Hace rato se convirtió en juez.
-Bueno, sí, pero es que ahora lo hizo de una manera insólita, descarada. Además, calificó el asilo que otorga la Nunciatura Apostólica como una complicidad. El que califica el asilo es el estado asilante. Yo sentí vergüenza nacional cuando el Presidente se dirigió en esos términos al Nuncio Apostólico.
-¿El Presidente ha hablado de revisión y rectificación? ¿Se puede rectificar sin revisar una conducta?
-Yo creo que no habrá revisión ni rectificación. Para rectificar en primer lugar tengo que revisar, para admitir que me he equivocado.
-Pareciera que Chávez sólo desiste por instantes.
-El Presidente no rectificará nunca. La rectificación significaría el reconocimiento del adversario, y él tiene un proyecto hegemónico.

La culpa al elegir

-Mientras esta diatriba se mantiene encendida, los problemas fundamentales del país siguen intactos, y con tendencia a agravarse. La inseguridad, el desabastecimiento. Los servicios públicos dan dolor. La construcción de viviendas está casi en cero. La corrupción alcanza niveles pasmosos.
-Gobernar es una función muy difícil, que requiere dedicación, estudio, análisis, reunirse con mucha gente, ver experiencias en otras latitudes. Requiere además saber escoger y seleccionar a quienes van a estar alrededor. No pasa de cincuenta el número de personas con las cuales el Presidente ha enrocado su gabinete. El único propósito es el de perpetuar un régimen hegemónico, personalista, autoritario, militarista, socialista, marxistoide.
-El Presidente produce esos cambios para reforzar la idea de que la responsabilidad del mal gobierno es de sus colaboradores, no de él. Ha logrado que el pueblo lo exonere de culpas.
-Hay una figura jurídica bien interesante. Es la culpa in eligendo, o al elegir. Cuando yo elijo a alguien para una actividad y no la desempeña bien, no sólo es culpable esa persona sino también quien la escogió.
-Si algo no se le puede dejar de reconocer a este gobierno es su audacia. El año pasado pronosticó una inflación de 12 por ciento y fue del 22.5 por ciento. Después de tal descalabro, el nuevo ministro de las Finanzas anuncia para este año, aún con una incertidumbre mayor, una inflación del 11 por ciento.
-Yo no sé si llamar eso audacia. Eso pareciera más bien una especie de reincidencia en el deseo de engañar a la población. Yo he pensado en estos días que Venezuela necesita una revolución de la verdad. Que digamos siempre la verdad. El gobierno está inmerso en una revolución de pacotilla, desperdiciando el talento, el esfuerzo, el estudio, la investigación de tantos venezolanos que pudieran aportar mucho para la solución de los grandes problemas.

¿Frente a quién estamos?

-Chávez ha dicho en estos días su verdad respecto a las FARC. Ha dejado al descubierto su simpatía, su afinidad con la guerrilla.
-Ya teníamos ese temor, no había necesidad de que lo dijera. Bastaba ver al ministro Rodríguez Chacín, despidiéndose de los guerrilleros, cuando recogió a las secuestradas. Ya sabemos frente a quién estamos.
-Ahora resulta que ni las FARC ni el ELN son terroristas.
-Para el Presidente es un ejército insurgente.
-Y no habla de secuestrados sino de retenidos.
-Imagínate tú. Es evidentísimo que esas gentes son terroristas. Hace poco mataron a once diputados. Los mataron a sangre fría. ¿Recuerdas aquel asalto a la Corte Suprema de Justicia de Bogotá, cuando murió un buen número de magistrados? El pueblo colombiano se ha desangrado por esa lucha tan triste y tan lamentable. Ahora, Chávez le pide a Uribe que dialogue con las FARC, pero él no es capaz de dialogar aquí con sus adversarios. No sólo con sus adversarios políticos. ¡Con nadie!
-Parece que Uribe estaba muy bien informado, para actuar como actuó.
-Cuando Uribe dijo que el niño que tenían era Emmanuel, entendí que él estudia muy bien las cosas, va sobre seguro. Él debe tener una información que le permite saber exactamente la vinculación de Chávez con la guerrilla, y el propósito de cada uno de sus pasos.
-En el momento del rescate de Clara Rojas y Consuelo González, el ministro Rodríguez Chacín le dijo a los guerrilleros: "Estamos muy pendientes de su lucha (...) Mantengan ese esfuerzo y cuenten con nosotros".
-Más claro, el agua. Ahí está todo. ¿Qué significa “cuente con nosotros”? ¿Habla de respaldo logístico, económico, militar? Eso nos abre una interrogante terrible. ¿Es Venezuela, efectivamente, el territorio de expansión de la guerrilla colombiana?
-¿Qué visión del mundo tiene Chávez? Mientras aquí todos somos fascistas, delincuentes, lacayos del Imperio, Gouveia, aquel pistolero de la plaza Francia, es un señor. El chacal, un amigo. Las FARC, unos soñadores. El presidente de Irán, un paladín de la paz.
-Los venezolanos tenemos un gran reto, el de no permitir que este gobierno nos lleve por ese terrible despeñadero. Tenemos que hacer un esfuerzo muy grande. Chávez nos arrastra hacia situaciones impredecibles, desastrosas.

El rayón de un hombre honorable

-¿Recuerda haber sido profesor del gobernador Reyes Reyes?
-El gobernador fue mi alumno, efectivamente.
-¿Dónde?
-En el Decanato de Administración de la UCLA. Yo a todos mis alumnos los recuerdo con mucho aprecio. Él, por cierto, llegaba con su vestimenta de aviador. Él me decía que en diez minutos iba del aeropuerto de Barquisimeto al Golfo de Venezuela y que en ocho minutos llegaba a Palo Negro. A mí me parecían emocionantes todas esas cosas.
-Él, al parecer, no le guarda el mismo cariño.
-He opinado que el nombramiento del hijo del gobernador en el cargo de presidente del Consejo Legislativo es contrario a la ética. Te voy a dar un ejemplo que quizá haga entender mejor el asunto. En la universidad, en varias ocasiones, algunos profesores que impartían la misma materia que a mí me correspondía, me pidieron que les diera clases a sus hijos. Incluso uno me pidió que le diera clases a su esposa. Les proponían que cambiaran de sección, para no tener que evaluarlos, por esas razones subjetivas, afectivas. En el fondo, era por razones éticas. Esa es la misma razón por la cual el hijo del gobernador no puede ser presidente del parlamento. La moral son esas normas no escritas que están en la conciencia y en el corazón de las personas.
-El gobernador llama “tarados” a quienes critican el nombramiento de su hijo. Diagnosticó que usted sufre del mal de Alzheimer.
-Lamentablemente el régimen no responde las ideas con ideas, sino con agravios. Yo creo que no le interesa a nadie, ni al país ni a la sociedad, por ejemplo, que Joel Rodríguez pueda tener Alzheimer. Pero sí tiene interés para todos que el Estado se conduzca correctamente. Los que conducen una sociedad son quienes más ejemplo deben dar. Te contaré otra anécdota ilustrativa. Una vez el doctor Argenis Román rayó con su carro el mío, en el estacionamiento de la universidad, que es muy estrecho. Y aunque nadie lo había visto, no se movió de allí, hasta que yo llegué y me informó del incidente. Eso hace una persona honorable. Esa es una conducta ética. A mí sólo se me ocurrió decirle que era un honor que un hombre como él me hubiese rayado el carro. Eso es lo que los venezolanos le exigimos a quienes nos quieren conducir.

¡Tantos candidatos!

-¿Qué pasará, a su juicio, en las elecciones de noviembre?
-Si nos cohesionamos, si nos unificamos, podemos ganar muchas gobernaciones y alcaldías.
-¿Nos podríamos dar el lujo de verlo a usted como candidato?
-Entiendo que lo dices de buena fe, pero a mí me preocupa la proliferación de candidatos. Eso confunde a mucha gente. Agregar otro nombre, es sembrar más confusión. Yo no quiero complicar con ni nombre el panorama, pero sí quiero ayudar. Yo exigiría que nos pusiéramos de acuerdo, en un solo nombre.
-¿Cuál sugiere usted?
-En estos momentos no tengo ninguno. He visto varios nombres. A mí me parece muy respetable, muy serio, el profesor Pedro Pablo Alcántara. Es un hombre con una gran experiencia política, con una gran cultura. Creo que podría ser un excelente gobernador del estado.
-Y, ¿para alcalde?
-No quisiera mencionar nombres, pero he visto, por ejemplo, en Palavecino, que han surgido candidatos muy buenos. A ver, los voy a mencionar en orden alfabético: Henry Alviárez. Sería un excelente alcalde. Manuel Cols. Sería un excelente alcalde. Ambos son profesionales, trabajadores, serios. También se menciona a un personaje que me parece de mucha envergadura: Rafael Rodríguez Parra, quien fue juez. Por cualquiera de ellos tres votaría con el más grande de los gustos.
-¿Qué va a hacer la oposición con Henry Falcón?
-Henry Falcón no es de la oposición. Me ha llamado mucho la atención, observando a Henry Falcón, que el chavismo le ha dado muy duro, pero él se aferra al chavismo. Este señor, que no goza de las simpatías de Chávez, persiste en poner su figura al lado del Presidente. A mí eso no me gusta.
José Angel Ocanto



¿Qué pasó el 2-D?

-Yo todavía no sé cuál fue el resultado del dos de diciembre. Pero tampoco sé cuál fue el resultado electoral definitivo de hace dos años, cuando se eligió la Asamblea Nacional.
-¿Usted duda de las cifras oficiales?
-Yo sí dudo. Yo quisiera tener la información, mesa por mesa, para ver cuál fue el resultado verdadero. Yo he preguntado y en la oposición me han respondido siempre con evasivas. Me dicen que por ahí está lo que dice el CNE. Un momentico, eso tiene que ser publicado, tenemos que verlo. Hace poco decía Ezequiel Zamora que dos mil mesas no fueron escrutadas.
-Todavía cuesta creer que el CNE haya proclamado la derrota de Chávez.
-Es que yo creo que el volumen de votos a favor del NO fue abrumador. Yo no creo que haya sido esa pírrica victoria que señaló el CNE. Súmate dijo que la diferencia fue entre seis y ocho puntos. Cuando un gobierno tan difícil como este reconoce una derrota, es porque la diferencia fue mayor.
JAO


lunes 17 de diciembre de 2007

Entrevista a José Ángel Ocanto

"Me preocuparía que los lectores
me persiguieran y el poder me aplaudiera"


(Entrevista publicada en la revista Gala, el 9 de diciembre de 2007)

José Ángel Ocanto es un periodista que no muestra a primera vista la capacidad demoledora de su pluma. Sin embargo, cuando escribe en plan crítico sobre los problemas del país, JAO es implacable y pone el acento donde debe ponerlo, sin otra concesión que la que dicta su conciencia y su responsabilidad como ciudadano.
Alguien dijo una vez que José Ángel Ocanto y su Campanas en el Desierto son los guardianes, los centinelas de la democracia en Venezuela. Una vez le gritaron: ¡Valiente, valiente! y JAO ni se inmutó. Le parecía demasiado para un periodista que sólo cumple con su deber.
-¿Qué sonido tienen las Campanas en el Desierto?
-No hay nada más multifacético que una campana. Unos poetas resaltan su acento umbrío. Otros lo asocian con la atmósfera de diciembre. Hemingway, quien acabó suicidándose, nos recordó que las campanas doblan por uno. Baralt escribió que una buena crónica periodística es como una campana en enero. Para mí la campana es un grito que asocia al hombre con sus dioses.
-¿Siente que la respuesta de sus lectores es positiva?
-La campana me ha dado de todo. Alegrías, sustos. Gracias a la campana me han dicho cosas muy bellas los lectores, mientras el poder me ha amenazado. Creo que está bien así. Lo inaceptable para mí hubiese sido que los lectores me persiguieran y el poder me aplaudiera.
-¿Cómo convencer a un chavista para que escuche bien el alerta de sus campanas?
-Un chavista no es un ser distinto, un fenómeno. Sólo que ha estado encandilado por un mensaje populista, delirante, por el carisma de un demagogo sin escrúpulos.
-¿Le gusta la política como oficio?
-Me gusta orbitar la política. Es decir, sentir sus vibraciones. Me gusta de la política que sirve para tomar decisiones. Esa es la parte mágica y estimulante del asunto. No me gusta de la política su necesidad implícita de mentir. La política es para mí exactamente como un volcán. Un formidable espectáculo sólo para ver desde lejos.
-¿Es verdad que todos los políticos despiertan sospechas?
-Por lo general, sí. He conocido dos o tres dirigentes políticos realmente nobles, con ideas bien formadas, y dispuestos a darlo todo por el bienestar de los demás. Muy pocos políticos sienten necesidad de cultivarse. Muy pocos leen. Nunca se les ve en una sala de teatro. Otra cosa que me incomoda de ellos es cómo cambian y se tornan inaccesibles cuando están en el poder.
-¿En política vale todo?
-No debería, pero es así. Fíjate que son escasos los líderes que se atreven a llevarle la contraria a la opinión pública. ¿Será porque aquí tampoco hay opinión pública?
-¿Cuál ha sido el político más interesante para usted, hablando periodísticamente?
-Churchill, quien planteó que el problema de nuestra época consiste en que sus hombres no quieren ser útiles sino importantes. En Venezuela, José María Vargas.
-¿Y el menos atractivo para una entrevista?
-Freddy Bernal.
-¿El periodismo le quitó a JAO la oportunidad de consolidarse como escritor?
-Esa es la generosa tesis del paisano Juan Páez Ávila. Quizá el periodismo me salvó de escribir malos libros.
-¿Su mejor campanada?
-“Con nuestros hijos no se metan”.
-¿Le gusta tomarse un trago para reducir tensiones?
-Me gusta tomar cuando estoy alegre. Me gusta tomar para festejar, no como escape.
-¿Lo campanea o simplemente se lo toma y ya?
-Campaneo. Nunca tomo un trago solo. Una buena compañía es fundamental.
-¿El amor está reñido con la política en este país?
-El político traiciona a todos porque sólo se casa con el poder.
-¿Y el periodismo?
-El periodismo es una forma de amar y de dejar una descendencia en el papel.
-A usted no lo atrae ni el fútbol ni el béisbol, ¿en qué se entretiene cuando no escribe?
-Me da pena decirlo, pero el béisbol me aburre. El fútbol me atrae sólo en los mundiales. Me gusta más el atletismo. Cuando no escribo, leo, oigo música.
-Dígame el nombre de un Presidente que se haya merecido el cargo en Venezuela.
-Rómulo Betancourt.
-¿Qué cosa hubiera dicho Bolívar si resucita mañana?
-Habría pedido que lo bajaran de las estatuas, porque lo vuelven rígido, inexpresivo. Habría reclamado con amargura la deformación que entraña el término “bolivariano”.
-¿Que entiende como socialismo del siglo XXI?
-Una lastimosa mezcla de payaserías y de lecturas inconexas, fuera de contexto y sin rigor histórico.
-¿Cómo llamaría lo que estamos viviendo los venezolanos en este momento?
-Es una lección que estamos obligados a asimilar, para no repetir jamás los vicios del pasado que nos trajeron hasta aquí.
-¿Cree en Dios y en la Divina Pastora?
-Siento la infinita y devota necesidad de creer.
LRM


Discurso


Discurso de José Ángel Ocanto
En Solemne Acto Académico
de la XII promoción de Bachilleres en Ciencias Año 2007
Unidad Educativa Francisco Tamayo.
Cabudare, 26 de junio de 2007


En primer término, debo agradecer profundamente el alto honor que me ha sido inmerecidamente concedido, al tener la oportunidad de dirigirme a ustedes, nuevos bachilleres de la república, en este, no definitivo, pero sí trascendente, y fundamental escalón que dan en su formación académica y en sus vidas.
Llegan hasta aquí gracias a la suma de varios factores esenciales, que deben ser destacados, en nombre de la justicia. Primero, el amor de sus padres, comprometidos como nadie en los giros que habrá de dar la existencia que recién comienzan, en los pasos que emprenden ahora hacia los candiles insomnes de la realización, en búsqueda del objetivo supremo de la excelencia, de la aptitud, en fin, del ser útiles. Además, celebran hoy este temprano galardón, en virtud de la orientación cercana, experta y humana, de sus profesores. Igualmente, por la materialización del deber que resulta ineludible para un Estado, y para una sociedad, consustanciados en cualquier circunstancia histórica con la ilustración de cada uno de sus ciudadanos, en la tarea de brindarles, a todos, en la medida de sus talentos y vocaciones, las herramientas esenciales que les permitirán afrontar los desafíos de un futuro siempre incierto, siempre nebuloso, siempre por descubrir, siempre por construir.
Porque es falso que exista un destino ya prefigurado, del que no nos podemos zafar. Es falso que no tengamos más remedio que resignarnos a ser simples briznas en los vientos de una predestinación frente a la cual no nos queda opción sino la de cumplir lo ya dispuesto por fuerzas e intereses superiores y extraños.
Sería esa una triste suerte para el hombre de cualquier época. Para el de las edades pretéritas, así como para el de hoy, pleno de progresos tecnológicos y de hallazgos científicos hasta hace apenas unas horas desconocidos, impensados.
Nadie, por ejemplo, predijo los drásticos cambios que en la segunda mitad del siglo pasado y en los albores del presente, se derivarían de la prodigiosa red informática que nos convirtió, de pasajeros de carruajes, trenes o aviones, en internautas capaces de profanar todas las fronteras, y de sorber a punta de teclados y de chips, todas las culturas, con sus luces y sombras. Preparados o no, de repente somos los ocupantes de la una vez profetizada aldea global.
La historia nos enseña que la extraordinaria fuerza de un pensamiento, de una lucha, de una causa abrazada con denuedo, ha sido capaz repetidamente de modificar los rumbos y sentidos del planeta, y de las culturas, unas veces para bien, como en el caso de Mahatma Gandhi, el de la no-violencia, otras para mal, como en el terrorífico ejemplo del genocida füher Adolfo Hitler.
Han escogido ustedes para esta XII promoción de Ciencias de la Unidad Educativa Francisco Tamayo, un nombre que, más allá de las consignas o banderas políticas, entraña un valor substancial: el de la moral que, junto a las luces, en el ideario robinsoniano, deberían irradiar “todos los espacios, en todos los momentos”.
Hace años una “Carta abierta a la juventud de hoy”, de André Maurois, me inculcó una certidumbre que en este momento deseo transmitir a ustedes, en instante tan solemne, imborrable, como fuente de un precioso saber. Rebatía el filósofo, a sus ochenta años, la esparcida idea de que “los viejos valores morales han ido a reunirse con las viejas lunas”.
“¿Un alma nueva en un cuerpo nuevo?”, se preguntaba Maurois. “No creo tal cosa”, advertía de seguidas. “¿No tenemos nosotros un corazón, un hígado, arterias, nervios, como los hombres de Cro-Magnon? En cuanto al alma, los valores morales no han sido inventados por seniles moralistas. Son valores, porque sin ellos no podrían sobrevivir ni la sociedad ni la dicha”.
Y planteaba el maestro una serie de reglas, tan antiguas como la civilización, decía. La tercera es una en la cual pretendo detenerme, a propósito. Se trata de “creer en el poder de la voluntad”. Porque, adicionaba el citado autor, “cualquiera que tenga el valor de quererlo, puede modificar su propio destino (…) La libertad vive en la frontera entre lo posible y la voluntad”.
No se trata, claro, decimos nosotros, ahora, de una voluntad ciega, improvisada. No todos los voluntarismos son garantía de un mañana mejor, de una vida más digna y edificante. No todas las iniciativas, por apasionadas o bien intencionadas, conducen al fortalecimiento de la paz, de la justicia, del brillo del respeto a las ideas, las semejantes igual que las ajenas. Ni, tampoco, por cierto, es la sumisión colectiva la actitud que evitará los excesos o deformaciones.
Corresponde, por tanto, a los jóvenes, convenir en que más que esperanzas para un mañana que, postergado una y otra vez fatalmente nunca habrá de ser alcanzado, son, ya, los convocados a asumir, en el presente, sin más dilación, las premuras, las encomiendas, de una patria en la que tanto hay por hacer, en la que tanto hay por corregir, en la que tanto hay por soñar.
Creer en el poder de la voluntad comporta no dejarse arrastrar, un segundo más, por la indiferencia, por el alegre desdén. Traduce entender el crimen que se comete al dilapidar los ardores que estremecen al alma joven. Sin el ánimo de desconocer que cada etapa de la vida depara sus disfrutes propios, y lícitos, sal y jugo de la existencia, ¿cómo desperdiciar tan caro combustible en el arrebato infecundo, en el delirio yermo, en los días descontados sin novedad? Los signos del corazón palpitante de una nación no son cosa sólo de viejos. La experiencia de unos, al lado del ímpetu de otros, calzan, sin duda, la combinación exacta para avanzar con más fuerza y menos sobresaltos, en los derroteros que nos aguardan, o mejor, muchachos, que ya transitamos.
Derroteros que claman por participación, por acceso ancho a la posibilidad de influir en la toma de las decisiones públicas. ¿Acaso no nos afectan a todos? ¿Acaso no influirán en la calidad de vida de la actual generación, como de las venideras? ¿Acaso alguien, en particular, puede arrogarse la potestad de disponer con qué ojos debemos mirar al mundo, y con qué ideas o prejuicios debemos concebirlo, y entendernos nosotros mismos?
Formar los republicanos, una vez alcanzada la Independencia, como clamaba lúcidamente don Simón Rodríguez, es una tarea aún pendiente, y cuánto. Y si dentro de un cuarto de siglo habremos de estar lejos, o un poco más cerca, de coronar ese propósito, dependerá en buena medida, sépanlo, de ustedes. Las ópticas y doctrinas diametralmente contrapuestas que pugnan en el país actual, dibujan en el horizonte cercano una incógnita severa que sólo puede ser acometida con una prudente pasión. Pasión para echar a andar, siempre, prudencia para no dar saltos en el vacío, jamás.
Rían, vivan, disfruten. Y, estudien, fórmense. Sean capaces de recrearse y también de pensar. Entiendan que cada época que vivimos es más exigente que la anterior. No dejen de gozar la juventud, delicia pasajera, pero entiendan que la vida no es una eterna fiesta, atiborrada de zumbidos que nada les dicen al oído, de simplezas que nada les dicen al corazón. Triunfos y sinsabores, riesgos y amables sorpresas se alternarán en sus pasantías por estos suelos de Dios. El mismo Maurois les diría, si estuviera aquí, que estén prestos a vérselas con la traición de personas a quienes consideraban amigas, pero, asimismo, a encontrar “en medio de las tribulaciones, la abnegación más incomparada, el amor más delicado, la constancia en los seres que creían más indiferentes o frívolos”.
No esperen que nada les sea dado sin sacrificio. No aguarden que un día de estos descienda un prodigioso maná del cielo. No pretendan que nadie les prepare o reglamente el futuro. Gánenselo ustedes mismos. ¿De qué puede ser sinónimo la palabra joven, sino de rebeldía, de insatisfacción? Proporciónenle una causa, eso sí, a la rebeldía, para que tenga sentido, para que se vuelva razonable.
El mañana será de ustedes, sólo si ustedes quieren.
Muchas gracias.

Esto va a terminar cerrado

Marisabel Rodríguez



Pierda o gane, el Presidente, pierde. Pierda o gana, pierde. Si él llega a ganar, está perdiendo

Yo siempre he creído que Dios toca a un hombre malvado y lo vuelve bueno

Cuando estaba embarazada de Rosinés, me hicieron dos atentados

A mi padre le compraron la conciencia

En abril de 200 me dije: esto es el fin de algo y el comienzo de una historia que no va a terminar bien



Uno llega a la casa de Marisabel Rodríguez, la ex del presidente Hugo Chávez, en la urbanización Valparaíso, vía a El Cercado, buscando una mansión, una fortaleza rodeada de militares. (Hay tantas leyendas tejidas alrededor de ella).
El nombre de dos pequeñas viviendas unidas, bautizadas Bethania, es sólo el anuncio de una sala saturada de figuras religiosas. Un Cristo con sus manos abiertas, nos muestra la huella de los clavos, en el Gólgota. Cerca de un rincón, una fotografía mediana con marco dorado la muestra esplendorosa, envuelta en ese extraño glamour que asegura el poder. Y si afuera ni un solo policía la resguarda, aquí, adentro, por ninguna parte aparece un solo rastro del hombre que marcó su historia, y volteó su vida.
-Esta casa, y la de la granja, se llaman Bethania, porque yo en una oportunidad tuve una experiencia mística, allá en Bethania, en el estado Miranda, con una persona maravillosa, quien sólo se nos fue físicamente; porque ella continúa siendo una luz para mucha gente que la conoció. Hablo de María Esperanza de Bianchini, a quien le agradezco sus palabras de aliento en muchos momentos difíciles de mi vida. Fue en momentos en que estuve a punto de flaquear, de sucumbir.
-¿Qué momentos fueron esos?
-Antes del golpe de abril de 2002, bueno, no es que las cosas se pusieron mal ese día. Había muchísimas cosas con las que yo no estaba de acuerdo. Por ejemplo, en aquellos momentos, la conformación de los Círculos Bolivarianos. Pero no porque yo no crea en mis compatriotas que actúan de buena fe, sino porque no sabía para qué iban a ser utilizados en un futuro. Si eran redes con fines humanitarios no tenían por qué ser conformados bajo la arenga de la violencia. Cuando eso comenzó a forjarse, y hubo ataques a El Nacional, a mí me aterraba aquello. Me preguntaba si actuaban a motus propio, y era una violencia espontánea. Cuando pregunté se me aseguró que no, que eran lineamientos que venían de adentro. Entonces empecé a sentir un remordimiento muy grande. Luego quise asumir que era una especie de mal necesario.
-Los sucesos de abril le asignaron un papel estelar.
-Después del golpe, del 11, del 12, yo regreso el 13 a Caracas. Estuve dos días en Miraflores, y dije: esto es el final de algo, pero es el comienzo de algo. Algo que no me gusta. Se estaba comenzando bajo la premisa de que: vamos a anotar bien qué pasó, quiénes lo hicieron, cómo pasó, para así pasar facturas. Y fíjate que las facturas las vienen a pasar ahorita, tantos años después.
-Hay quienes dicen que, en abril, momentos antes de abogar a través de CNN por la integridad del Presidente, usted, ya aquí en Barquisimeto, estuvo a punto de estallar y decir muchas verdades, algunas de las cuales ahora está revelando.
-No, José Ángel.
-No es así.
-No, no. Es que quien me conoce a mí, sabe que no actúo viendo las oportunidades. Porque no tenía por qué venirme de Caracas en ese momento. Ese día de lo que yo sí estuve a punto fue de salir del país, para salvaguardar la seguridad de mis dos hijos y la de mi madre. Había visto tanto, tantas caras escondidas…
-¿Qué pasó después?
-Cuando vengo a Barquisimeto, me vengo convencida de que el Presidente había renunciado. Luego, cuando veo las imágenes del general (Lucas Rincón, entonces Inspector General de la Fuerza Armada) diciendo que efectivamente había renunciado, obviamente pienso que es verdad, y me vengo, a refugiarme en mi casa. Sabemos que no fue un proceso legal, ni normal. Fue un momento inconstitucional en la historia del país.
-¿Acepta que hubo vacío de poder?
-Hubo un vacío de poder, porque en ningún momento salió el vicepresidente diciendo: aquí estoy yo, señores, para lo que tenga que pasar. De manera que, estando yo en Barquisimeto, el Presidente, cuando habían pasado varias horas, me llama y me dice: yo no he renunciado. Quiero que hables y que lo digas al mundo. Yo le dije: ¿cómo voy a decirle eso al mundo, si hay la voz de un general, diciendo que renunciaste? Además, yo estaba sola. Él me dijo: ¿vas a arrugar ahora?, ¿te vas a echar para atrás?, yo sabía que no contaba contigo. Yo lo que hice fue pedir que lo dejaran salir, ante versiones según las cuales lo iban a matar, o que ya lo habían matado. Fue un acto humanitario.
-¿Lo sigue creyendo así?
-Yo creía que, ante tantos errores, después de ese trancazo, iba a reflexionar. En sus primeras palabras dijo que había un sincero y profundo deseo de rectificar los errores. Lo dijo, besando crucifijos. Yo siempre he creído que Dios toca a un hombre malvado y lo vuelve bueno.
-Y entonces volvió presurosa al regazo del poderoso y amante arrepentido.
-Yo vuelvo a Miraflores y empiezo a observar que las preguntas no eran: ¿qué te pasó, cómo estás?, sino, ¿a quién viste?, ¿quién se volteó? Yo había visto por la televisión que muchos en ningún momento defendieron a Hugo. Sólo trataron de defenderse a sí mismos, y salvaban su pellejo. Pero él les preguntaba a sus ayudantes qué había hecho fulano, y el otro. Lo que se advertía era una sed de venganza. Fue entonces cuando me dije: esto es el fin de algo y el comienzo de una historia que no va a terminar bien.
-La gente suele criticarla porque usted se deslindó del Presidente, sólo a partir del momento en que él la destituyó como presidenta de la Fundación del Niño. Antes lo convalidó todo, al menos con su presencia.
-Hablé ese día, pero accioné antes. Una manera de accionar, que la gente no la quiere ver, y la tiene allí, pero no le parece tan tangible, es el hecho de haberme venido de Caracas.
-Disculpe, pero ¿usted se vino o la vinieron?
-No, yo me vine. La demanda de divorcio la proceso yo, y de hecho, había una comunicación tan reducida que el señor Presidente se enteró de que yo me había venido, a través de la prensa. Hablé con mi hijo grande, la nena estaba más pequeña, hablé con mi mamá. Obviamente, hubo un sector de mi familia que se oponía. Claro, yo entiendo, no es lo mismo que digan que eres de la familia de fulanita, o familia de Marisabel.
-Después de separada del Presidente, usted siguió en la Fundación del Niño. De repente la sacaron. ¿Por qué?
-Cuando me caso. ¿Por qué ese pase de factura? Yo no necesitaba ser la esposa del Presidente para estar allí. Sólo necesitaba su aprobación o autorización.
-¿No serían celos? ¿El Presidente sabía de ese noviazgo suyo?
-Yo me imagino que él lo sabía, en el sentido de que este año no tuvimos comunicación, pero como tiene la seguridad de la nena aquí… Para entonces yo tenía un mínimo reducto de seguridad. No me apena decirlo, José Ángel. Un mínimo reducto son dos policías que me acompañaban a donde yo iba. Yo no me avergüenzo de decirlo, porque en este estado cualquier chino tiene cinco policías a quienes les paga para eso. Entonces, que la mamá de la hija del Presidente, un señor con tantos amigos y tantísimos enemigos, tuviese dos policías para acompañarla, no está demás. Porque esa niña es sujeto de seguridad de Estado.
-¿No tiene, en verdad, ninguna seguridad?
-Nooo. Desde el día en que me casé. Yo siento miedo. Cuando yo estaba embarazada de Rosinés, a mí me hicieron dos atentados. A mi chevette le cortaron el tubo de la liga de frenos y por poco me mato en la Ribereña. Luego, con ocho meses de embarazo, tuve un choque muy misterioso. Ahora, yo paso la hoja. Tú mejor que nadie sabes que no soy una persona revanchista, de odios o rencores.
-¿Es cierto que, estando casados, el Presidente la golpeó?
-Nunca. Nunca. Lo pudiera decir ahora, para dañarle la imagen al Presidente. Nunca.
-¿Qué le quitó y qué le dejó esa experiencia de Primera Dama?
-Me dejó mucho, y me quitó mucho. Si hago un balance, tengo que ser clara, tengo que ser honesta, y decir, mira, me dejó algo importante: estar allá adentro, vivir y ver las cosas que vi, y poder estar ahora de este lado. Tuve la oportunidad de ser constituyente, y aprendí muchísimo. En esta coyuntura, porque el llamado a referendo era ilegal, yo le pedí a Dios que me enviara una señal. No me quería sentir como una campana en el desierto, con su clan, clan, clan, y que nadie me oiga. Cuando oí al general Baduel hablando, me dije: ¡este es el momento!

Los escenarios factibles

-¿Qué escenario vislumbra usted para este domingo? ¿Acaso el triunfo de uno de los bloques sin una mayoría determinante? El liderazgo de Chávez perdió el abrumador aliento popular de antes. ¿Qué le espera a una Constitución reformada con tan débil respaldo, si es que gana el Sí?
-Esto va a estar cerrado. Una cosa te voy a decir: pierda o gane, el Presidente, pierde. Pierda o gana, pierde. Si él llega a ganar, está perdiendo.
-¿Cree que él reflexionará?
-En algún momento tendrá que sentarse a hacerlo. Él está imbuido de poder. El poder es adictivo. Es como el dinero, que mientras más tienes, más quieres. La Constitución le está diciendo a él en estos momentos cuáles son sus parámetros, y como no cabe en esos parámetros, quiere cambiarla, necesita cambiarla. Uno oye discursos como el de que: necesito llegar al poder para cambiar ciertas cosas. ¡Pero es que tú estás en el poder! ¿No puedes cambiarlas con lo que tienes? ¿Por qué después de nueve años, aquí no hay un sistema hospitalario digno de los venezolanos, ni redes de alimentación decentes? Es indigno hacer una cola de horas para comprar un kilo de pollo, y después ser marcado en un brazo para que no puedas comprar otro.
-El 13 de abril el Presidente regresó a Miraflores por el accionar militar de Baduel, por un lado, y su desgarrado grito en CNN, por el otro. Es fácil imaginar qué puede esperar el resto del país si precisamente ustedes dos están hoy en desgracia, frente al régimen.
-Somos los mismos dos, fíjate tú. Yo no me había dado cuenta de eso. Creo que pueden pasar cosas conmovedoras, porque no creo que los propios chavistas se quedarán inmóviles, indiferentes, al ver el pase de factura que a uno le hacen. ¿Tú crees que a uno como hija no le da dolor ver cómo a tu padre le compran la conciencia?
-El se puso del lado del Presidente. Dijo, en rueda de prensa, que Chávez es un hombre bueno. ¿Le compraron la conciencia?
-No pienso que lo compraron como tal. Pienso que está tratando de resguardar los intereses de la familia, de sus hijos, su hija, su esposa.
-¿Se refiere a intereses económicos?
-Sí, bueno, no sé, supongo. Nunca he permitido que algún familiar mío chupe del poder. Yo en una oportunidad tuve problemas fuertes con él, porque le pedí que se retirara de mi entorno. No me gustaba. No estoy de acuerdo con eso. Ahora, él sigue siendo mi padre. Le guste o no le guste, me guste a mí o no lo que él ha dicho.
-Esa experiencia suya no es única en el país. Muchas familias se han visto desintegradas. Hermanos enemistados, amigos que rompen…
-Parejas que se han divorciado. ¿Sabes dónde se ve mucho eso? En el mundo militar. Muchas esposas de militares no han estado de acuerdo con que a ellos se les someta y presione de esa manera. Ese es uno de los saldos rojos de este proceso. ¿De qué te vale tratar de construir un país equis, si destruyes miles de familias?, ¿de qué te vale ser el ideólogo de un mundo nuevo, si cerca de ti se han desmoronado tantas familias y tantas ilusiones?
-¿Es verdad que ese trauma suyo no fue en vano, que usted, al menos, quedó muy rica?
-Guao. No estoy mal. No es más feliz quien más tiene, sino quien menos necesita. Tengo una granja donde consigo la paz que no se consigue en veinte palacios de Miraflores, en veinte casonas. Donde se respira tanta paz, que el señor venía a respirar paz allí. Ahora, resuelta estoy, y si hay algo de holgura, mucho mejor. No soy dueña de Locatel, ni del gimnasio que dicen por ahí. No soy, justamente yo, la que cierra los centros comerciales cuando va a comprar. Eso se sabrá algún día. Que lo descubra el detective José Ángel Ocanto. Ahora, si uno puede mejorar y vivir dignamente, ¿por qué no? A mí me da risa la incoherencia de todo lo que se dice ahora. Que estás buscando un mundo mejor, pero le estás quitando la paz a la mitad del mundo. ¿Cómo vas a buscar un mundo mejor si sólo estás pendiente del enfrentamiento, de la pelea, del odio? ¡No puede ser!
-¿Desde cuando no ve Rosinés a su padre?
-Ay, ¡desde hace mucho tiempo!
-Una última pregunta, Marisabel. Usted debe saberlo. ¿Hasta dónde llega la influencia de Fidel Castro en Hugo Chávez?
-Hasta donde yo no puedo imaginar, y, fíjate, yo tengo una gran imaginación. Mira, si esto gana, será una bombita de tiempo nada más. Ni los chavistas van a soportarlo. Muchos apoyan eso pensando en que ahora les dan algo. Y, ¿es que ustedes no piensan que llegará el momento en que ya no los necesiten, como tontos útiles, y los pongan a un lado? Piensen qué no les puede pasar si a la mujer que le salvó la vida le pasa esto. ¿Por qué no se pasean por eso? Pueden decir, es que si yo hablo bien del Presi y lo apoyo, me pongo en la buena. Pero, si mañana, por alguna razón, tienen que disentir. Algún día que tengan que decir, hasta aquí, van a sufrir las mismas consecuencias. Hoy quizás reciben una ayuda, un terreno, un carro, un apartamento. Y yo les pregunto, ¿dónde están los papeles de propiedad de ese carro o de esa casa? ¿Dónde dice que ustedes son los dueños? Eres pisatario, o depositario, pero dueño no eres.

Esta vez no podrán

No quisiera, por nada del mundo, estar en los zapatos de la señora Tibisay, este domingo dos de diciembre, a eso de las 8 de la noche.
"¡Ay qué terrible ocho de la noche!/ ¡Eran las ocho en todos los relojes!", pudiera exclamarse, parodiando a García Lorca.
Será, más o menos, la hora en que se producirá la cadena de radio y televisión del "Poder Electoral", para anunciar los resultados de la jornada referendaria.
El pueblo, se dirá una vez más, atendiendo el libreto, "ha dado muestras de su proverbial comportamiento cívico". "La Venezuela democrática expresó su voluntad, recogida en consulta transparente, la más verificada en el mundo, como le consta y han certificado los actores". "La participación ciudadana ha vencido los negros augurios que se pretendió lanzar contra la única manera pacífica de solventar los conflictos, en democracia", apuntará la dama, su sonrisita postiza, fijos los ojos en el teleprompter de la cámara. Con esa cursilería oficial de moda dirá que el fallo de la mayoría deberá ser acatado por "todas y todos". Quizá se agregue, en procura de una estocada mortal, que "esta ha sido una victoria de la paz, y de la convivencia, por encima de las incitaciones de quienes pregonan salidas o aventuras violentas y el desconocimiento de las instituciones". Bla, bla, bla.
Esta vez la rectora asumirá una pose que pretenderá ser más digna, más sobria. En una palabra, neutral, ajena. Nada de las carcajaditas y cuchicheos que se permitió con Cilia, cuando ante las cámaras destiló una dulzura empalagosa. Ni asomos siquiera del rostro sulfurado e irascible que se colgó al recibir a los estudiantes. Con su lacia cabellera volteada desde hace algunas semanas hacia el lado izquierdo, como el pescuezo del caballo en el Escudo, qué casualidad, la chillona e impersonal voz de doña Tiby tratará de convencer a los "ciudadanos y ciudadanas" de este país, de que nada de cuanto está en juego tiene relación alguna con sus pareceres o creencias. ¿Qué demonios tiene que ver el triunfo del Sí, o del No, con sus ideales y pasiones?
Claro, ella cuando recibió el cargo juró que seguiría los pasos y la obra de Jorge Rodríguez. Es un dato que, objetivamente, no se puede poner de lado así como así, habida cuenta de la posición que hoy ocupa su antecesor. No hay, en el entorno del mandamás, nadie más histérico, afectado y desequilibrado, que aquel quien, antes de saltar a la Vicepresidencia, tenía por encargo dar garantías de rectitud en las elecciones, y sólo las atiborró de un misterio engorroso, inauditable. En sus manos una elección pasó a ser sinónimo de ocultación, de hilos clandestinos, de Registro Electoral impenetrable, nocturno, de pasos sin huellas, de máquinas inculcadoras de miedo, de la sensación de estar siendo observados, de listas canallescas. ¿Era sincero el psiquiatra cuando hablaba de consultas electorales blindadas (¿blindadas para qué, blindadas para quién?), o finge ahora, al berrear y agitar, vestido de rojo rojito de pies a cabeza? ¿Hay alguna prueba de que sus babosas devociones hacia el líder del proceso surgieron de repente, fuera ya del CNE?
Poco han cambiado las cosas, la verdad sea dicha. Es muy corto el trecho que hay desde aquella célebre y exquisita frase del psiquiatra-rector, dirigida a Salas Feo: "Señor Pollo, hay que saber perder", hasta las que estrenó este miércoles en la noche la señora Tibisay, nuevamente irascible, con flema similar a la de Iris Varela, al hablar de las "campañitas de rumorcitos", desplegadas por "pequeños grupitos", insignificantes, pues, que exigen garantías, refiriéndose al voto bajo protesta del Comando Nacional de la Resistencia. Y, encima, cuando, a escasas horas de que lo pidiera, justamente, el psiquiatra, dio cuenta, como si se tratara de un trámite rutinario más, entre tantos, que estaba procediendo a abrirle una averiguación administrativa a la Conferencia Episcopal Venezolana, por opinar que la reforma es "moralmente inaceptable", sin formar parte los obispos de ningún bloque.
La única explicación válida es que el régimen tiene el propósito de enlodar al Consejo Nacional Electoral, y hundirlo, si cabe, en un descrédito aún mayor, con tal de alentar la escapatoria menos riesgosa de cara a una derrota inminente: la abstención. Doña Tiby no puede desconocer algo elemental en extremo: no es preciso formar parte de un bloque para fijar una posición. Lo sabe, como sabía perfectamente a quién beneficiaba al prohibir la difusión de encuestas, en el instante en que se alinearon todas. Y si lo ha olvidado, aún está a tiempo de recordar que ella no está en la posición que desempeña para calificar las exigencias de pulcritud, sino para garantizarlas, vengan de quien vengan, así se trate de un "grupito". La lectura del principio según el cual usted está llamada a ser imparcial no forma parte de un "rumorcito". Es el estremecimiento de un país harto ya de engaños y humillaciones. Es un mandato implícito en la condición de todo árbitro. Es su obligación. Para eso está allí, y punto.
Esta es la razón, misia, que me mueve a no querer estar un solo segundo en sus zapatos el domingo, y menos aún cuando "en todos los relojes" sean las ocho de la noche. La comprendo. Entiendo sus nervios, su inestable humor. La cosa se le puso difícil. No puedo anticiparle que, conforme usted ordena, habré de "reconocer" por anticipado sus cuentas, antes de escarbar en ellas. Antes de distinguir si la Venezuela que usted dibujará esa noche se parece o no a la que desfila por las calles de barrios y urbanizaciones, vestida de indignación, de hartazgo, y de una angustia capaz de vencer todo el repertorio de groseras intimidaciones que ha empleado con arrebato el régimen, cansado, ya, de lanzar bombas, de maldecir, de aborrecer, de sudar resentimientos, de lanzar escupitajos, de arrastrar cuerpos que vuelven a levantarse, aún amoratados, sacudiéndose con intacta dignidad sus heridas y sus ascos.
Hablando de sus cuentas, misia, acabo de comprobar, por ejemplo, que Rodrigo Granda Escobar, el mismísimo "canciller" de las FARC, ese "caballero" como alguien gustaría en llamarlo, posee la cédula de identidad venezolana número 22.942.118 y en la página web de su CNE, aparece inscrito en el Registro Electoral Permanente. Podría votar en el Ciclo Diversificado José Félix Ribas, en la urbanización Bolívar, de La Victoria, estado Aragua. Antes, ya era del dominio público que el REP aumentó en un prodigioso 40 por ciento entre el año 2004 y el 2006. Y cómo no alarmarse, señora, ante otro "rumorcito", el de los miles de zulianos que no solamente nacieron en un mismo día, fecha que en adelante pudiera ser declarada Día Nacional de la Fecundidad; además se pusieron de acuerdo, todos, para anotarse en el Registro Electoral, justo al cumplir los treinta años de edad. Asombroso, ¿no?
Ahora, lo más sorprendente de este cuento es que la nación ha decidido ir a votar. Es un grito que surgió espontáneo, libre, resuelto, como portador de un desatado viento de libertad, agitado por el virginal coraje de los estudiantes. No hay amenaza ni ensañamiento que valgan cuando todo un país se levanta así, a un mismo tiempo, con la mirada centrada en un solo objetivo. La incredulidad no habrá de inmovilizarnos. ¿Tratarán de hacer chanchullos? Es lo más probable, pero sólo si nos expresamos estaremos en condiciones de reclamar. Y lo haremos sin vacilaciones. Callar, ahora, sería un acto de capital insensatez que arrastrará a las venideras generaciones. Este domingo iremos en masa, en perfecta formación. Jóvenes y viejos. Hombres y mujeres. Sin complejos. Las dianas que escucharemos a las 5:00 a.m. tendrán un melancólico sonido. Anunciarán la capitulación del propulsor de la violencia. Quién podrá soportarlo, y reducirlo, extraviado como está en sus arrebatos, en sus histriónicos desmadres. El principio es que ni legal ni políticamente se produce daño a terceros al ejercer un derecho, y el sufragio es un derecho humano. En esta ocasión es un deber moral. Un asunto de patria. Por tanto, nadie que vote en contra de la infamia habrá convalidado ningún engaño, si hay trampa. Esta vez no podrán. El 2-D tendrá un día después. Cante usted, exactamente, doña Tiby, lo que reza el veredicto popular, a la vista de todos. No se atreva a falsear, a torcer. Respete. No pida al país que confíe a ciegas, es usted la que debe actuar sin parcialidad.
Ahora usted entiende mejor, misia, por qué este domingo por nada del mundo quisiera estar en sus zapatos.

El abogado-poeta Leonardo Pereira


Doctorado Honoris Causa
para un hacedor de lluvias



En lugar de llamar a misa, las campanas de la Capilla de El Calvario, en la Zona Colonial de Carora, parecían susurrar, bajo el efecto de secular resolana, que la ceremonia sería una en la cual la poesía, de la mano del derecho, estaba dispuesta a vestir el traje, y blandir los códigos, de la irreverencia.
En Carora todo es posible. Aquí lo insólito se vuelve rutina. Tierras yermas avientan los frutos más jugosos. Vacas inmersas en sed inmemorial, le arrebatan secretos al discreto camello que nunca ha visto. Por mucho que el cielo se tiña del gris más sombrío, jamás se sabrá si ha de llover o no. La ruda mano callosa que brega con el apero, acaricia sensitiva las letras de Kant, o las de Nietzsche. Entre esos cardos, en cualquier miserable recoveco de caminos borrosos y sin nombre, pueden surgir ahora mismo los perfiles de un hombre universal. Un Chío Zubillaga, un Ambrosio Oropeza, un Alirio Díaz.
Así, en esta iglesia sin sacerdote a la vista, Leonardo Pereira Meléndez, singular como todo caroreño que se precie, elevó solemne su oración particular, memorial, terrena. “Padre mío que estás en el cielo…”, saludó, entogado. Su propia feligresía escuchó con expectación devota al implorar: “Santificadas sean las mujeres que me amaron y dejaron mi cuerpo disperso”.
Nadie dijo amén. Nadie, tampoco, pidió la excomunión. Apenas un sordo murmullo puritano.
Es que era, justo, el día de la consagración del abogado y escritor.
“Ven a mi Reino, urdido de deseos, convierte mi tristeza en el arcoiris de Noé”, salmodiaba ahora, crédulo, elevado. La celeste luz de los vitrales le imprimía a sus preces un aura de santidad incierta. O de ruptura reflexiva con toda afectación heredada.
La Philo-Byzantine Magistrorum Academy and University, de Miami, Florida, se había trasladado a su ilustrada comarca, para concederle, medalla y pergamino mediante, el doctorado Honoris Causa en Jurisprudencia, “por su trayectoria como escritor, poeta y abogado penalista, que ha venido aportando a la doctrina sus investigaciones a través de órganos periodísticos nacionales como extranjeros”.
“No me es ajena la vida bizantina”, advirtió Pereira Meléndez en clase magistral. “De hecho, provengo de un pueblo mágico: San Cristóbal de Aregue. Más allá de Las Huertas, La Mesa, La Cruz Verde, El Tanquito, más acá de Chipororo, queda San Cristóbal de Aregue, donde tengo enterrado mi ombligo, porque ahí, en ese agraciado lugar nació mi madre, y nacieron mis abuelos y bisabuelos; comarca donde renace en cada casa, y en cada habitante, una palaciega soledad, sempiterna, llena de una infinidad próxima a la nostalgia”.
Egresado de la Universidad Santa María, el joven intelectual tiene en su haber postgrados y maestría en la especialidad de Derecho Penal, del mismo claustro; en Derecho Procesal Penal, por la Universidad Fermín Toro; en Literatura Latinoamericana, por el Instituto Inter-universitario Cecilio Zubillaga Perera; y Doctorado Honoris Causa en Derecho, por la University de San Alberto Magno, de California.
Su producción literaria es ya prolífica. Enjundiosa. Con más de doce títulos en su haber, instituciones culturales y jurídicas de nuestro país, y del exterior, se han sentido motivadas a reconocerle. Su poesía brilla en varias antologías y ha sido estudiada por Juandemaro Querales, Miguel Prado y Hedí Rafael Pérez. Este mismo mes tiene previsto presentar una nueva obra suya: Anotaciones de Derecho Procesal Penal, compilación de ensayos a ser prologada por el reconocido jurista cubano-venezolano Dr. Eric Lorenzo Pérez Sarmiento.
“Ya no soy el mismo”, recita ahora Leonardo. ¿O es una oración, un cántico, tal vez? Escuchemos: “Si bien no he dejado de soñar con un mundo mejor, ya no creo en el hombre. Quizás porque he andado estos últimos diecisiete años en medio de lobos. Me nombran y callo. No digo nada. No hablo nada. He dejado de construir casas de caracoles. Soy humano. Soy poeta. Un escritor de provincia. Un hacedor de lluvias. Eso soy y seré siempre”.
En esa nave de templo con cuernos en su fachada, descubiertos, eso sí, por Luis Beltrán Guerrero, y muy cerca de donde “entre pájaros, luciérnagas, lagartijas y cigarras del mes de mayo”, vio crecer Héctor Mujica el habla y el entendimiento, el poeta doctorado proseguía inexorable, un poco más allá de sus mostachos: “Hoy estoy agradecido. Aunque sé que siempre seré el secreto nunca develado, la ventana marchita, la piedra transparente. Sí, seré sólo eso, el que retorna sin glorias al pasado lleno de vidrios, sobre el caballo de la muerte”.
Miguel Prado analiza a Leonardo Pereira Meléndez como ensayista que transita hacia “un prodigioso rito de la palabra”, y, asimismo, advierte su proximidad a la crítica literaria, enriquecida por su febril bagaje de lecturas. Al detenerse en “los demonios interiores” de su lírica, es consecuente en destacar su “nivel técnico preponderante basado en la imagen”. Sugiere que “en el mapa de todo su quehacer literario esta figura se impone en forma metódica”, constante, azuzada.
Es, dice el literato, partiendo de su edad temprana, “un escritor integral en franco crecimiento”.
Por su parte, Juandemaro Querales, al adentrarse, severo, escrupuloso, en la tesitura escritural del poeta-penalista (“sólo en ella, en la dadivosa poesía, he sentido que el cosmos donde habito suele estar lejano y pequeño, como cuando la noche engendra la flor del tiempo”, se confiesa el autor), ausculta un hallazgo pleno de obviedad: la influencia que en las nuevas promociones de escritores debe haber ejercido “una región con tradición de buenos ensayistas y poetas”. Humanistas como Luis Beltrán Guerrero, Héctor Mujica y Guillermo Morón, dice, “son modelos para verse reflejados en los trazos de unas líneas ingenuas e impresionistas, y ganar después la madurez que da la formación”, el encuentro oculto con los lectores, el asiento de un estilo.
Buena misa sin clérigo, y copiosa en abluciones y confesiones profanas, y místicas, la que fuera oficiada ese sábado. Augusto a ratos, llano casi siempre, Pereira Meléndez convocó querubes y demonios, por igual, para su oficio de fe. “Porque además, soy religioso, y como todo poeta creo en Dios y en los ángeles, aunque los míos, mis ángeles, sí tienen sexo”. Ninguno de los fieles sabía exactamente qué debía responder en aquel punto. En Carora todo es posible. “Gracias Princesa de Byzancio por eternizar mi amor por la poesía, y mi pasión por el derecho”. Amén.
José Ángel Ocanto

"Soy la primera balsera venezolana"

Entrevista a la periodista Patricia Poleo, en Miami


De haberme quedado, todavía estaría en la cárcel

Voy a volver, voy a regresar, a defenderme. Yo suspendí mi vida hasta que pueda volver

Este juego ha sido muy sucio

Tarde o temprano, Isaías Rodríguez tendrá que responder por esto

Chávez es un proceso que teníamos que vivir los venezolanos



“Salí de Venezuela, por el estado Falcón, a bordo de una lancha que se estaba despedazando. Había mar de leva. Era el sábado 10 de diciembre de 2005. Fue una travesía turbulenta, de nueve horas, con olas de cinco metros. Sufrí mareos, deshidratación y varios desmayos. Tragué agua salada, vomité muchas veces. Fui advertida de que sería difícil, pero aún así decidí zarpar. Mi papá dice que no tengo la enzima que produce el miedo, que eso es una atrofia. Íbamos tres personas, incluyendo a un militar activo. Créeme que no hablo mucho de esto con mis padres. Cuando, al fin, llegamos a Curazao, eran ya las cinco de la tarde. Desde ese momento pasé a ser la primera balsera venezolana”.
Patricia Poleo habla, con calma pero sin zafarse de su pasión, siempre desvelada, mientras conduce su auto, por las calles de Miami, donde vive, con visa de turista. Vamos hacia el estudio de Telemiami, para la grabación de su programa “A punto” de esa noche. La ciudad afuera es una ancha y desierta faja de asfalto. Ella se aferra a su negativa de solicitar asilo, porque su ambición, insiste, es retornar. “Voy a volver, voy a regresar, a defenderme”.
El 4 de noviembre de 2004, jueves para más señas, le dictaron auto de detención. El Ministerio Público la sindicaba como “autora intelectual”, junto al empresario Nelson Mezerhane y el general (r) Eugenio Áñez Núñez, del crimen del fiscal Danilo Anderson. “Yo estaba en clases cuando me avisaron que había una orden de aprehensión en mi contra”.
Eso marcó su pase a la clandestinidad. Iba de un sitio a otro, en las maleteras de los vehículos. Su padre, el veterano periodista Rafael Poleo, director de El Nuevo País, y quien también sorbió las hieles del exilio bajo CAP, al que, siendo adeco, combatió, había exclamado: "No la quiero cautiva como Mandela, sino libre como Betancourt".
La policía la rastreaba como perros tras su ansiada presa. Las pesquisas abarcaban un amplio radio: Margarita, Anzoátegui, Vargas. La quinta Bucaral, su domicilio, en la urbanización La Floresta, de Caracas, había sido allanada y registrada desde las 9:30 de la mañana hasta la 1:00 de la tarde. La dejaron en tal desorden que parecía haber sido sacudida por un ciclón. “Revisaron 1.005 disquetes, con mis archivos”, precisa ella.
El fiscal Isaías Rodríguez entró en sospechas, porque, según él, la periodista había publicado informes “demasiado exactos” en relación al asesinato de Anderson. “Eran las actas de declaraciones aportadas incluso por una hermana de Danilo, Lourdes Anderson, quien habló de una red de extorsión integrada por los mismos fiscales que me acusan. Esas actas desaparecieron”, alega.
−Querían aterrorizarme, hacerme callar.
El hilo de la historia tiene otras vertientes. Uno de sus guardaespaldas murió baleado. Otro sobrevivió, de milagro, a cinco tiroteos en serie.
−De haberme quedado, todavía estaría en la cárcel −suspira, inmersa en los fogonazos de sus recuerdos.
Está enterada de todo cuanto pasa, día a día, en el país. Lo que declaró esta mañana Cilia Flores respecto a la reforma. Lo planteado apenas hace un rato por los estudiantes universitarios, en plan de recalentar la calle.
−¡Cómo me ha dolido la muerte del Cardenal Rosalio Castillo Lara! Vivía llamándonos, a quienes estamos en el exilio. A mí me dijo: “Tú no tienes derecho a claudicar”.
−Las autoridades venezolanas han sugerido que pedirán tu extradición.
−Ojalá. Así el gobierno tendrá que presentar las pruebas que dice tener. Y yo podré defenderme. Yo puedo probar que no estuve en Panamá ni en Miami en las fechas que según el testigo estrella del fiscal, Giovanny Vásquez, se planificó el crimen de Danilo Anderson. Yo me quiero defender. En cuanto me abran un huequito, me voy.
−¿Estás consciente de que mucha gente te critica por haber huido? Desde sus cómodas poltronas, lo consideran una cobardía.
−No me gusta responder eso. Hubo periodistas que me criticaron. Decían que mi actuación era política. Ahora ellos también están en la calle, luchando. Yo he dado bastantes demostraciones de mis luchas. A mí me persiguen por no haber bajado la cabeza. Teníamos información de primera mano según la cual el G2 cubano me estaba esperando en la Disip para someterme a quién sabe qué tipo de humillaciones. Por eso es que le echaron mano a esto. En libertad, he podido seguir luchando, haciendo denuncias. Mi papá me pregunta cómo es que desde aquí puedo manejar tanta información. Hay gente que viene aquí a hacerme confesiones. No tengo el estrés que tendría allá. Además, aquí tengo toda la impunidad.
−¿Qué tipo de vida llevas aquí? ¿Vives, realmente? ¿Puedes liberarte en algún momento de tu historia?
−Fíjate que jamás voy a una fiesta. Yo suspendí mi vida hasta que pueda volver. Esto le ha hecho mucho daño a mi familia, no tengo problemas en reconocerlo. Le ha hecho mucho daño a mi hija, Germania. Este juego ha sido muy sucio. Mi mamá es fuerte, y no me ha exteriorizado jamás su angustia.
−¿Qué papel le asignas a Hugo Chávez en tu infortunio?
−Yo tengo la convicción de que detrás de mi caso no está Chávez. Creo que él lo hubiese hecho mejor. Seguramente no habría sido tan chapucero como Isaías, quien, tarde o temprano, tendrá que responder por eso. Chávez quiere salir de él desde hace rato. Pero Isaías ha rogado que lo deje un poco más.
−¿Le guardas rencor, acaso lo has llegado a odiar?
−No. Yo creo que él no puede dormir. No está en paz. Es una persona atormentada. Sé que esto va a pasar. Creo en Dios y en la perfección de su tiempo. Después de esto quisiera que Isaías se sentara un día con mi hija, que hablara con ella, y que él oiga de los labios de ella las cosas por las que ha pasado todo este tiempo. He tratado de darle una vida grata a mi hija. Cumplo con mi deber de levantarla sin odios. Ella sí tenía resentimientos, y, aunque no ha sido fácil, se los he curado. Quiero que no olvide su país, su idioma, quiénes somos. Pero, sobre todo, que no odie.
−¿Cuántos años tiene ella ahora?
−Trece. La traje de once. Ella es modelo adolescente. Yo, como siempre trato de ver el vaso medio lleno, y no medio vacío, le he hecho ver las ventajas de su situación. Tiene a su mamá libre, y ella ha aprendido otro idioma. Yo nunca me imaginé que iba a estar fuera del país cuando mi hija desarrollara.

Exilio: Un tiempo para preservarse

−La palabra exilio debe tener, para quien lo ha vivido, un significado distinto, inaccesible para aquellos que no lo han padecido. ¿Puedes describirlo?
−Yo tengo del concepto del exilio uno ligado a la figura de Betancourt. Es tiempo para preservarse, para dar la lucha de otra forma, pero seguirla dando, al fin y al cabo. Yo no estoy aquí porque me da la gana. Le ruego a Dios, todos los días, que se acabe esto.
−¿Qué tipo de fin le ves, en este instante, al drama venezolano?
−Va a ser terrible. Yo no veo a Chávez muerto, pero sí lo veo preso, respondiendo por cada uno de los efectos de su actuación. Por las muertes, los presos políticos. Lo que más duele es que haya gente injustamente en las cárceles, y nadie se acuerde de ellos. Es como si no existieran.
−¿Qué valoración tienes de la actual oposición?
−Mira, yo creo sinceramente que Chávez es un proceso que teníamos que vivir. Nos hemos dado cuenta de que la democracia no formó verdaderos demócratas. Formó, sí, esa deformación que es Hugo Chávez.
−¿Crees que Chávez saldrá del poder por fuerza de los votos?
−No. ¡Nunca! Él se arriesga a ir a elecciones porque lo tiene todo controlado.
−¿Temes, como muchos, que el final de esta historia se verá teñido de sangre?
−Va a ser duro. Pero te diré una cosa que siempre me trae detractores. Sigo confiando en los militares. Ellos no van a permitir que esto se desborde.
−¿Qué papel quieres desempeñar, a tu regreso?
−El papel de periodista. Vamos a ser más importantes que nunca, a la hora de velar porque no se repitan los errores que nos llevaron a esto.
−¿Cuál líder opositor, de los actuales, te merece confianza?
−No sé. Creo que va a surgir un líder nuevo. En el que más confío es en Hermann Escarrá. Creo que él jamás ha colocado su interés particular por encima del interés colectivo. No creo ni en Manuel Rosales, ni en Julio Borges, ni en Teodoro Petkoff. Lo que hizo Rosales en diciembre es algo insólito. Que no cobrara sino que dejó eso así. Teodoro tiene un pacto con el gobierno. Hace poco declaró en Managua que Chávez todavía no es un dictador y que Rosales no es maduro. ¿Tenemos que esperar que Rosales madure y que Chávez termine de destruir al país? Borges, en una nación en la situación explosiva de Venezuela, se da el lujo de tener cuatro hijos. Es un acomodaticio, capaz de vender al país en cualquier momento, con tal de mantenerse él. ¿Tú te imaginas a Betancourt, en la época de Pérez Jiménez, teniendo cuatro muchachos? Yo he leído por allí que "el ruiseñor no anida en su jaula, para que la esclavitud no sea el destino de su cría".

La enseñanza del Cardenal

−La oposición venezolana está dividida. Unos llaman a votar en el referendo de diciembre. Otros predican la abstención. ¿Cuál es tu tesis?
−No hay que votar. Si acudes a la mesa de votación, legitimas el resultado. Ahora, el debate no puede ser el de votar o no votar.
−¿Entonces?
−¡Salir a la calle! Crear un estado de crisis tal, que no permita esas elecciones, que son absolutamente inconstitucionales. Debemos atender el llamado del Cardenal Castillo Lara, que no es otro que el de acogernos al artículo 350 de la Constitución vigente. Esa es la invalorable enseñanza que él nos dejó.

¿Qué cuántas veces me he quebrado?

−¿Qué es lo que más añoras del país?
−Mi casa, mi mamá, mi papá. Yo soy muy apegada a los dos. Cuando ellos están aquí y se van, me siento morir. Para mí el exilio no es rumba. Mi vida aquí se reduce a lo elemental.
−Proyectas una imagen de mujer dura, inflexible. ¿Te has quebrado alguna vez?
−Sí −dice con vivacidad, habla de sus debilidades con el mismo ímpetu que de sus fortalezas, y me mira, traspasándome, como preguntando con los ojos si acaso no he advertido sus pliegues de mujer, sus mortales y tangibles espantos−. Me he quebrado de impotencia. ¡De im-po-ten-cia! Al principio, cuando me llamaron asesina por televisión, estuve a punto de ir a la Fiscalía, a caerme a golpes. ¿No sabes a quién le pido todas las noches que me ayude a resolver esto? A Danilo. Yo estoy de segura de que donde él esté, tiene que estar muy molesto con lo que han hecho con su muerte.


Una cita con la fe en las alturas de Bogotá

El Santuario de Monserrate

Foto: JAO
En el año 1925, luego de ciertas reformas, el santuario cobró la forma que ostenta en la actualidad

Foto: JAO
Las muestras de fe entre los visitantes afloran por doquier

Foto: JAO
Así se ve el Cerro de Monserrate, desde La Candelaria. ¿Quién resiste este llamado?


A 3.210 metros sobre el nivel del mar, este altillo, junto con el de Guadalupe, un poco más empinado, tan cercanos ambos que parecieran ir en muda procesión, son considerados los cerros tutelares de la ciudad


Lo primero que supimos es que Monserrate significa “monte en forma de dientes”.
Desde abajo, la vista en verdad no es la de una cima afilada, ni mucho menos.
Casi siempre envuelta en imperturbables neblinas, observada desde las estrechas callezuelas de La Candelaria, en el corazón fundacional de Santafé de Bogotá, la invitación al ascenso es toda una provocación.
Por encima de los húmedos techos de tejas, se recortan imprecisos allá en las alturas los rasgos blanquecinos del Santuario de Monserrate.
A 3.210 metros sobre el nivel del mar, este altillo, junto con el de Guadalupe, un poco más empinado, tan cercanos ambos que parecieran ir en muda procesión, son considerados los cerros tutelares de la ciudad.
Desde el mediodía en que, bajo cerrado aguacero, adivináramos, a lo lejos, su mística presencia, sabíamos que iríamos hasta allá.
Al día siguiente nos dispusimos a esa grata aventura, que recomendamos ampliamente.
En el Paseo Bolívar, carrera 2 este, muy cerca de la Quinta de Bolívar, está la estación en la cual usted puede abordar, por 3.900 pesos los adultos, bien el teleférico o el funicular. ¿Cuál es la diferencia?
Mientras el teleférico, como el de Mérida, el más alto y largo del mundo, es un sistema de transporte que consiste en cabinas aéreas, colgadas de cables, el funicular se desplaza por tierra, sobre una vía de ferrocarril. Opera como un ascensor, de forma que al propio tiempo que un vagón sube el otro baja. El funicular de Monserrate, inaugurado en agosto de 1929, como para agregarle emoción al paseo, atraviesa un túnel.
El trayecto, por sobre frondosos bosques de eucalipto, a 3.2 metros por segundo y bajo un techo de cristal, es de apenas cuatro minutos. Un suspiro, se puede decir, y todo el sistema luce seguro, estable, cómodo, con un excelente mantenimiento.
Un detalle importante es que muchas personas, incluso familias, remontan el cerro a pie, por un sendero angosto y empedrado. Alguien nos dijo que tardan unos cuarenta minutos, a buen ritmo. Unos lo hacen por deporte, por lo placentero del recorrido. Otros, por razones que impone la devoción. Con el ropaje de esa ceremonia, el paseo se convierte en peregrinación. No falta quien, en el pago de una promesa, ha sido visto ganando la cima descalzo, o de rodillas. Ciertamente estos crueles métodos de expiación, hay que subrayarlo, la Iglesia católica no lo avala.
Cuando usted desciende del vagón, en la estación superior, debe tomar unas caminerías, por entre árboles imponentes, el perfume de pródigos jardines, el rumor de las fuentes, los inesperados retazos de niebla, la condición de mirador de cada punto soberbio de la ruta, y, lo más impresionante, la sucesión de monumentos traídos desde Florencia, Italia, hace más de medio siglo, en representación del Vía crucis. Las 14 estaciones padecidas por Cristo hasta morir en el madero de los tormentos, las va reviviendo el visitante, con fruición, en la medida en que asciende hasta el santuario, donde reposa la imagen del "Santo Cristo Caído a los azotes y clavado en la cruz", esculpida en 1656 por el maestro santafereño Pedro de Lugo y Albarracín.
Es difícil no sentir aquí los llamados de la devoción, no importa cuál fe se profese.

Insuperable mirador

Desde Monserrate se obtiene la mejor vista panorámica de Bogotá y sus alrededores. Con un clima favorable es posible observar desde aquí el Parque de Los Nevados, a más de 300 kilómetros de distancia

La imagen

Según la tradición, la imagen del Cristo Caído llegó hasta aquí por equivocación. Algo parecido ocurrió en Santa Rosa con la Divina Pastora

Los relatos

“Muchas mas historias crecen en torno al cerro.
Así, en un pequeño libro que se vende en el santuario y que contiene la historia del mismo, se asegura que en 1895 el equilibrista Harry Warner tendió un cable entre Guadalupe y Monserrate y lo cruzó a pie.
Relatos fantásticos abundan en la memoria de los cachacos y contribuyen a la magia que se despierta El Señor Caído de Monserrate.
Al santuario de Monserrate se llega por tres caminos: a pie, que recorren los devotos en pago de alguna promesa, por teleférico o por funicular”.

Los favores

“Ya desde los siglos pasados la venerada imagen del Señor Caído se bajaba a la ciudad cuando el verano era demasiado largo y su rigor estaba haciendo grandes daños o cuando llegaban terribles epidemias de viruela o tifus, entre otros males. La gente devota acompañaba piadosamente a la sagrada imagen y los favores tan deseados se conseguían prontamente”.
Tomado de Vida de Santos, del P. Eliécer Sálesman

Bogotá: El Valle de los Alcázares

Foto: JAO
La Zona Rosa está comprendida entre las calles 82 y 84 y las carreras 11 y 14. Es el lugar apropiado para quien busca diversión. Las discotecas, casinos, restaurantes de diversas nacionalidades y cafés al aire libre, constituyen un atractivo turístico especial

Foto: JAO
La Candelaria forma parte del Distrito Histórico, junto con Usaquén y Chapinero

Foto: JAO
La Torre Colpatria, en el sector de San Diego, y vista aquí desde el Cerro de Monserrate, es el edificio más alto de Colombia (196 metros). Tiene 50 pisos y fue construida en 1979. Allí tienen su sede diversos bancos y entidades financieras

El bogotano asume su existencia con hidalguía, solemnidad y esplendidez. Aquí, los ímpetus de un espíritu colectivo noble e industrioso construyen mañanas y anhelos de paz entre los repentinos estrépitos de las bombas, la sombra de los muertos y el brutal espanto de los mutilados

La tradición dice que cuando el Conquistador español llegó a la encumbrada sabana sobre la cual hoy se despliega Bogotá, en agosto de 1538, su maravilla ante tanta belleza y abundancia fue tal, que la llamaron Valle de los Alcázares.
Pensaban aquellos hombres que venían de cubrir una desastrosa travesía a lo largo del río Magdalena, en la edificación semejante al castillo que la influencia árabe siglos atrás había convertido en alcázar, tanto en Segovia, por ejemplo, como en Toledo, o en Madrid.
El encanto debió haber sido mayúsculo, sin duda. ¿Dónde podían ver un alcázar, que fue siempre residencia favorita de reyes, por entre aquellas tierras sobre las que ellos pronto erigirían apenas un remedo de caserío, con unas doce chozas improvisadas y los asomos ilusorios de una iglesia?
Basta recorrer La Candelaria, con su preservada memoria arquitectónica, e histórica, sus zaguanes, portones tallados, aleros y mansardas, para tener una idea, aproximada siempre, de la alucinación fundacional, escenificada en el descanso del Zipa, en lo que se conoce hoy como Chorro de Quevedo. (Zipa era el rey de los muiscas, un pueblo indígena, cultivador de maíz, papa y algodón, además de excelentes orfebres).
La Candelaria es fruto de la expansión del asiento primigenio. Fue el centro político de la ciudad durante la Colonia. Aquí tenían su sede la Real Audiencia y el Virreinato. Diezmado, el fundador, Gonzalo Jiménez de Quesada, que había partido de Santa Marta con unos 500 hombres para acabar aquí con 70, había querido denominar estos sus territorios como el Nuevo Reino de Granada. Fue una cédula real del emperador Carlos I la que en 1540 elevó a Santafé a la categoría de ciudad. El sabio Humboldt le pondría por luminoso rótulo el de Atenas de América.
Caminar el admirablemente conservado corazón histórico, flamear asombros sobre sus empedrados senderos, es comprender, al vuelo, el ancestral bagaje que tiene por herencia una sociedad capaz hoy de rellenar de vida y esperanza los resquicios que deja abierta, como punzante herida, la atrocidad de un conflicto armado de más de medio siglo, sin asomo alguno de solución duradera.
El bogotano asume su existencia con hidalguía, solemnidad y esplendidez. Así, entre las grises y álgidas brumas de una urbe en cuyos perímetros la palabra guerra apenas se menciona en voz alta, pero, allá en lo más insondable de cada conciencia es mortificación subyacente, los ímpetus de un espíritu colectivo noble e industrioso construyen mañanas y anhelos de paz entre los repentinos estrépitos de las bombas, la sombra de los muertos y el brutal espanto de los mutilados.
El lector sabe bien que cuando se viaja uno de los ejercicios inevitables es ir confrontando mentalmente las imágenes que vemos con las del país propio.
Admítase, entonces, esta confesión. Se siente envidia, de la sana, si es que existe, al ver la intensa y armónica vida que tienen, por ejemplo, las librerías, ricamente actualizadas, y los cafés al aire libre en un ambiente de ensueño, el Parque de la 93. O la reposada afluencia familiar en el Parque Metropolitano Simón Bolívar, con sus casi 400 hectáreas de verdor, lagunas, ciclovías, terraza mirador, concha acústica. O el sosegado desplazamiento de los transeúntes por calles pulcras, con aceras anchas y despejadas, sin la contaminación, visual e ideológica, de las vallas inmensas que en Venezuela nos atosigan, mientras, además, desaparecen espacios emblemáticos como el de los cafés de Sabana Grande, en Caracas. Y, como guinda que faltaba en un desbarajuste que nos envuelve y aprisiona, los ateneos de Venezuela, propulsores de cultura, sólo por recibir el respaldo de la empresa privada, reciben ahora el peso monstruoso de la acción aniquiladora de esos a quienes el escritor Adriano González León ha llamado, con justificada ira, “marginales del alma”.
Duele registrarlo, pero es una realidad que nos escuece.
Mientras tanto, bien por Bogotá y los bogotanos. Gracias, por ser como son.


Esa es Bogotá

Leímos que en el último año el Aeropuerto El Dorado ha aumentado en un 66% el número de vuelos nacionales e internacionales. 2.597 vuelos adicionales, sólo en los últimos 365 días.
En los años 2007 y 2008, Bogotá es Capital Mundial del Libro, una insignia que habla muy bien de esta culta ciudad.
Ciudad Salitre es una ciudadela planeada que sirve de sede a multinacionales. Abarca parques de tecnología, como Maloka, con 350 módulos interactivos y el Cine Domo. Su cine de formato gigante 8/70 tiene capacidad para 314 personas. Se presentan diez funciones diarias durante todo el año.
El Hard Rock Café de Bogotá posee seis salas de Cinemark.


Arte, cuero, artesanías

Las galerías de arte más exclusivas de Bogotá D.C. se ubican en el centro y norte de la ciudad, al igual que en Medellín, Cali y Bucaramanga.
Las manufacturas de cuero, de excelente calidad, se encuentran en los almacenes especializados de los centros comerciales. Igual ocurre con las artesanías: móviles, chivas, vírgenes, tapetes, ruanas, madera, pedrería, precolombinos.
Hay una infinita variedad de opciones.

Los nombres

La ciudad primero se llamó Bacatá. Luego, Nuestra Señora de la Esperanza. Después, Santa Fe. Más tarde, Bogotá y, por último, Santa Fe de Bogotá Distrito Capital, según la Constitución de 1991.

Zipaquirá

Si dispone de una mañana entera, dispóngase a visitar Zipaquirá. No se arrepentirá, se lo aseguro.
Queda a 49 kilómetros de Bogotá, siguiendo por la Autopista Norte y doblando hacia el Occidente en La Caro. Luego de pasar por Cajicá, pueblo famoso por sus tejidos de lana, llegará a nuestro destino.
Allí usted podrá admirar la Catedral de Sal, excavada en las entrañas de una mina, a 120 metros de profundidad.
Le garantizó que se quedará maravillado.

lunes 22 de octubre de 2007

Prólogo

Los 53 artículos de un cronista de la moral

William Amaro Gutiérrez



Prólogo escrito por el periodista José Ángel Ocanto, para el libro El poder de Dios a través de la Prensa, del educador William Amaro Gutiérrez



Provengo de una familia religiosa.
Si alguna inmodestia me permito, cuando cabe, es afirmar que el primer libro que leí, a los seis años, fue la Biblia.
Me estremecían las historias que allí se relataban. Las imágenes sagradas, las parábolas, los lugares referidos, aquellos nombres perdurables. Abraham llamé a uno de mis hijos. El de Sara lo lleva la última de mi descendencia. ¿Cómo contarles y convencerlos de que no exagero si les comento que en una imborrable ocasión pude mojar mis manos en el río Jordán, y que sentía como si estuviera faltándole los respetos a aquellas aguas venerables? Recuerdo que, aún sin saber nada del mundo, ni de las gentes, me introducía de pies y cabeza en ese libro inmenso, como quien se interna en un ánfora cargada de memorias eternas, de voces y misterios a los cuales asistía con indescriptible embeleso.
Esa es una, solo una, de las razones, que me acercan a la escritura de William Amaro Gutiérrez. Sus artículos los leo -no sé, ciertamente, desde cuando-, con interés y deleite. Siempre digo, y permítanme la ociosidad de repetirlo en este punto, que leer no es simplemente el acto de pasar la vista por una hoja de papel. Leer no es un rito mecánico. Se lee, de verdad, cuando sorber cada palabra, cada enunciado, cada giro, se convierte en un hallazgo, en una fruición. Se asiste, pues, a una ceremonia cargada de ofrendas y finezas espirituales. Leer es una fiesta, y William Amaro se ha vuelto todo un diestro en ese exigente arte de hacer de sus periódicas convocatorias, una romería íntima y seductora.
Los artículos del autor que hoy nos ocupa, que en El Impulso ya suman 53, llevan estampado el sello de una mirada devota. Sea que escriba sobre política, filosofía, salud, o sobre algún tema relacionado con la cotidianidad (la reflexión en torno al drama de los niños de la calle, pongamos por caso), en sus puntuales entregas habrá, sin falta, un hilo conductor impregnado de razonamiento cristiano. Es la óptica desde la cual describe y analiza los acontecimientos que desfilan, día a día, ante los ojos de un observador que se concibe obligado a ponderar y moralizar, sin asumir, eso sí, la pose estricta, ampulosa y exasperante del sermoneador.
No se trata, créanme, de un ejercicio fácil. Por lo contrario, este camino está plagado de una infinidad de obras y escritores malogrados. En opinión de los entendidos, la tentación moralizante suele abandonar, a quienes en ella incurren, en una especie de desierto carente de riqueza cromática. El testimonio se vuelve, entonces, un cuerpo rugoso, agrio, amarillento. Se reduce a un adefesio apenas bien intencionado. Es por ello que el crítico literario Charles Moeller sostenía, tajante, que ninguna “literatura edificante” llega a ser artísticamente buena.
William Amaro se vale de sus poderosos recursos para escapar indemne ante semejante trampa, que adivina tendida. La palabra, en sus manos, es una herramienta plena de formalidad y, a una misma vez, cargada de reverdecido garbo. Hay una admirable madurez en su distintivo estilo de narrar y exponer. En todo momento, se percibe en sus susurros, en esa cercanía cómplice que establece con el público, que en su caso debe ser legión, una intención de decir, de advertir, de aclarar. Cuando prorrumpe en grito, enseguida se reparará en la serena angustia de un alma comprometida con la suerte de sus semejantes, de todos los compañeros en esta barca en la que vamos transitando, y dando tumbos, quién sabe hacia dónde.
“Las convicciones no pueden ir en contra de los valores morales y espirituales”, recordamos haber leído hace algún tiempo en uno de sus artículos. Argumentaba que a nadie le asiste el derecho de usar la lógica propia, es decir, sus intereses, sus cálculos oportunistas, en la intención de “justificar convicciones que traen muerte”. Era una forma suya de condenar la tendencia a un pragmatismo que le asigna primacía al provecho particular, así se trate de hacer negocios por encima de la sangre derramada y de las tumbas, de quienes van cayendo, por aquí, por allá, en defensa de las libertades públicas. ¿No vemos repetirse, hasta el mismo hastío, una trágica secuencia de tales episodios, en estos tormentosos tiempos que nos ha tocado vivir, o padecer, mejor?
Una prosa limpia y bien tratada le transmite un creciente valor a las entregas literarias de William Amaro. De manera que a las densidades del contenido, usted deberá agregar los méritos de una estructura con brillantes acabados. Es la feliz conjunción del qué y del cómo. La profundidad y la exquisitez. Leche y miel, si quisiéramos decirlo en los términos bíblicos.
Este cronista, que moraliza sin estériles santurronerías, reúne ahora en este libro buena parte de sus inquietudes, proyectadas hacia una posteridad que deberá examinarle con justicia. Enfrentado cada semana al terrible desafío de la hoja en blanco (o de la pantalla de computadora vacía, si actualizamos las figuras), es dable advertir, a salvo, desde el cómodo plano del lector, que la suya es una batalla ganada. Desde aquí, colocados de pie, celebramos su iniciativa de compilar una idea que no deberá seguir dispersa. Leamos, pues. Aunque suene a rapto egoísta y eso desentone con su tono incorrupto de escribir, procedamos sin más dilación a darnos ese humano placer.
José Ángel Ocanto

jueves 11 de octubre de 2007

Bogotá, intensa y sobria

Foto: JAO
La ciudad ha sufrido en las últimas décadas una transformación admirable. La vista panorámica es desde el cerro de Monserrate

Foto: JAO
Las aldabas de las casas de La Candelaria hablan de un pasado cuyos ecos no dejan de sentirse nítidos en sus angostas callejuelas siempre húmedas

Foto: JAO
¿No le provoca disfrutar de este ambiente sin tener que alejarse de casa o sitio de trabajo? En el Parque Metropolitano Simón Bolívar pasamos toda una mañana, ajenos, dentro de la ciudad, a toda su tensión, sus ruidos y vapores

Foto: JAO
Bogotá es una urbe amable

Foto: JAO
Calle de La Candelaria, en donde nació Bogotá. Área exquisitamente recoleta, bohemia. Su trazado urbanístico fue elogiado por el célebre arquitecto, urbanista y pintor suizo-francés Le Corbusier

Foto: JAO
Botero, presente en el Parque Renacimiento, con su Hombre a Caballo


La cultura y buen talante del bogotano, del viejo y del joven, es una media constante que se palpa por doquiera. En el hotel, en el taxi, en el centro comercial, en el café, en la calle


Parodiando a Humboldt, quien dijo que el grado de civilización de un pueblo se mide por la forma en que trata a los animales, no es descabellado plantear que la calidad de vida de las ciudades de hoy, en estos tiempos de estrépito, es posible definirla por la extensión y cuido de sus parques.
Veamos. El Central Park de Nueva York abarca 341 hectáreas (4 kilómetros de largo y 800 metros de ancho). El Retiro, de Madrid, 120 hectáreas. El Hyde Park, de Londres, 140 hectáreas.
Con sus 380 hectáreas, el Parque Metropolitano Simón Bolívar le concede a Bogotá el rango de una metrópolis en donde la modernidad y sus inevitables dentelladas no han logrado borrar el lado amable de la vida en ciudad. Es una prueba palpable de que progreso y armonía no son excluyentes, como suele creerse. El avance no tiene que ser sinónimo de hostilidad, de agresión.
Aunque no cobran un solo peso para entrar, no hay excusa alguna para la indolencia en todo aquel ambiente verde y relajado. De hecho, el cuidado permanente es uno de los signos que saltan a la vista del visitante menos observador.
Allí pasamos toda una mañana, ajenos, dentro de la ciudad, a toda su tensión, sus ruidos y vapores. Vimos a familias enteras disponer tapetes sobre la grama, y hasta carpas, para disfrutar de las ociosidades de un domingo. La escena, se nos dijo, se repite cualquier día. Atendían a los pequeños, correteaban con las mascotas, jugaban fútbol, o bien hacían uso de las ciclovías, de las pistas de trote, oteaban la urbe desde la terraza-mirador, o pedaleaban sobre los botes en el lago, de once hectáreas.
Aunque jurídicamente este hermoso parque nació en 1979, para la celebración, cuatro años más tarde, de los 200 años del natalicio del Libertador, su historia se remonta a 1968, cuando el Papa Pablo VI celebró en este lugar una recordada misa campal. En 1986, Juan Pablo II lo escogió, también, para la celebración de un multitudinario acto litúrgico.
Aquí está la huella imperecedera que en Bogotá ha dejado la acción de alcaldes emprendedores, futuristas, como es el caso indiscutible de Jorge Gaitán Cortés y Virgilio Barco Vargas.
La ciudad ha sufrido en las últimas décadas los poderosos efectos de una transformación admirable, fundamental. Si usted la visitó hace diez años, le costará un mundo reconocerla.
Es fácil olvidar que se está en una urbe consideraba peligrosa, en guerra desde hace medio siglo con la insurgencia, cuando uno se desplaza por el centro histórico, el acogedor Parque de la 93, con sus anchas aceras bordeadas de cafés y restaurantes al aire libre, en la inquieta Zona Rosa, con sus discotecas y casinos, o en el Barrio La Macarena, pongamos por ejemplo.
La vigilancia militar y policial, eso sí, se siente, densa, invariable. Pero se trata de una presencia no invasiva. A objeto de probar el grado de urbanidad de estos funcionarios, los abordamos en más de una ocasión, preguntándoles cualquier ocurrencia. La respuesta que siempre obtuvimos fue respetuosa.
La cultura y buen talante del bogotano, del viejo y del joven, es una media constante que se palpa por doquiera. En el hotel, en el taxi, en el centro comercial, en el café, en la calle.
-Qué pena con usted –es una frase a flor de labios. Es su manera de mostrarle una educada disculpa, que puede brotar por la causa más insignificante, o imprecisa.
Los buenos modales también se manifiestan al conducir. El bogotano, por lo general, no se transforma en bestia cuando se coloca frente al volante. Viéndolos manejar, pudimos comprobar que ceder el paso no rebaja en importancia o jerarquía, a nadie.
Caminar, bajo un cielo con la debilidad de prorrumpir en lluvia no importa en qué momento, es inmensamente grato en las aceras amplias, ordenadas y pulcras de Bogotá.
¿Vendedores informales? Los vimos, en puestos señalizados, que no entorpecían al peatón.
¿Vallas con propaganda oficial? En este momento me percato de que no vi ninguna. Por ningún lado la foto del alcalde, ni la del Presidente. Un pendón de regular tamaño nos llamó la atención en las cercanías del Parque Renacimiento: hacía alusión a que Bogotá es Capital Mundial del Libro 2007 (imposible evitar un profundo suspiro, por la obligada comparación que hacíamos con la violencia que padecemos en los espacios de Barquisimeto).
En efecto, las librerías son un manantial inagotable, actual, memorioso, eterno. Hundirse, o dejarse arrastrar por los profundos llamados de esos templos de papel que son sus pródigas estanterías, es una de las delicias más grandes que usted puede saborear en esta esplendorosa sabana una vez bautizada como la Atenas suramericana.
Bogotá es, pues, una capital intensa, llamativa, sobria, ilustrada, afable.
Visitarla, o, mejor, vivirla, es un regalo.

¿A dónde ir?

En Bogotá, no deje de visitar el Museo de Arte Moderno, con sus 5.000 metros de colección de obras, tanto de arte moderno como contemporáneo. Allí puede ver usted creaciones de Alejandro Obregón, Enrique Grau y Manuel Hernández.
Está ubicado en la calle 24, frente al Museo de Oro, otro sitio obligado. Posee 50.000 piezas arqueológicas de oro y otros metales preciosos, pertenecientes a las distintas culturas del país: quimbaya, calima, tairona.
Tampoco deje fuera de su agenda el Teatro municipal Jorge Eliécer Gaitán, en la carrera 7. Es la sala más grande de la capital, con 1.750 sillas y amplios espacios del Art-deco.
Igualmente recomendamos el Teatro Cristóbal Colón, una joya del arte barroco declarada Monumento Nacional.
El Museo Nacional fue fundado en 1823 por Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander. Allí puede apreciar obras que sintetizan la historia de la ciudad.
Otros sitios: el Museo de Artes y Tradiciones Populares. El Museo Militar. La Casa de la Moneda. El Museo Botero.
Pero no deje de caminar por la Zona Rosa. Recorra, de punta a punta, a pie, La Candelaria, Patrimonio Nacional, con sus hermosas callejuelas, cada una con nombre propio.
Para un venezolano es imperdonable olvidar una visita a la plaza de Bolívar, en cuyo alrededor están la Catedral Primada, la Alcaldía, el Palacio de Justicia.
¿Centros comerciales?: Unicentro, en la calle 127 con carrera 15. Es el más grande y moderno del país. El Atlantis Plaza. El Andino, en la Zona Rosa, es espectacular. Muy cerca, El Retiro, mucho más sofisticado.

No olvide comer ajiaco

En Bogotá usted no puede dejar de comer el ajiaco santafereño. Exquisito. Insuperable.
Pruébelo, eso sí, temprano en la tarde. Es algo fuerte, al menos para estómagos no habituados.
Es una sopa hecha de en base a papa pastusa, pollo, mazorca y las indispensables guascas.
¿Qué es la guasca?, preguntará alguien. Se trata de una hierba colombiana que usa fresca o seca y molida. Las papas criollas son pequeñas, de piel amarilla.
La sopa la acompañan con aguacate, arroz, alcaparras y crema de leche.
Después de un ajiaco (460 calorías por porción), salga a caminar. Si es por el hermoso Parque de la 93, mejor aún.
Ahora, por nada del mundo usted se puede quedar sin degustar algún plato típico en Casa Vieja.

domingo 7 de octubre de 2007

La Quinta de Bolívar, en Bogotá

Foto: JAO
El comedor, que debió lucir majestuoso en aquella época y aún impresiona, fue mandado a construir por el vicepresidente Francisco de Paula Santander. “Colocado entre dos jardines y con grandes ventanas rasgadas, era elegante en forma de una elipse disimulada; tenía pintadas al fresco las cuatro estaciones y otras figuras alegóricas"

Foto: JAO
Este pozo de la huerta fue descubierto durante los trabajos de restauración. Allí se encontraron algunos fragmentos de lozas que correspondieron a la época en que la familia de Diego Uribe habitara la quinta, en las últimas décadas del siglo XIX

Foto: JAO
Exquisitos detalles de la decoración

Foto: JAO
Se cree que el Libertador hizo los planos del Mirador y baño de asiento. Una especie de jacuzzi, donde podía asearse hasta dos veces diarias con las frías aguas de la quebrada de San Bruno y del río San Francisco. Desde allí tenía una vista privilegiada de la ciudad. Charles Stuart Cochrane, un capitán de la Marina Inglesa, escribió tras visitar la Quinta en 1823: “(...) Ahora se construye sobre una loma una pequeña casa veraniega al estilo chino, con base en un plano dibujado por el mismo Libertador. Hay en el jardín un lugar para bañarse, del que mucha gente hace buen uso ya que esta comodidad falta en Bogotá (...)”

Foto: JAO
Este es el Salón de Manuelita. Ella llegó a la Quinta en 1828, cuando Bolívar se enfrentaba a las adversidades de la fracasada Convención de Ocaña. La presencia de la “amable loca” le imprimió a la quinta un ambiente festivo y resuelto, bien propio de su carácter. “Apenas basta una inmensa distancia. Te veo, aunque lejos de ti. Ven, ven, ven luego. Tuyo de alma”. Bolívar

Foto: JAO
Hasta 1820 la quinta perteneció a la familia Portocarrero. El 16 de junio de ese año fue regalada a Bolívar, por el gobierno neogranadino, en reconocimiento a sus servicios prestados a la causa de la Independencia. El Libertador la dejó a principios de 1830, el mismo año de su muerte. Desde entonces la casona tuvo diversos usos: colegio, curtiembre, fábrica de cerveza, casa de familia, razón por la cual sufrió muchas modificaciones

Foto: JAO
Foto: JAO

La cama del Libertador (alto 153 cm. Largo 190 cm. Ancho 130 cm.) Se estima que le fue obsequiada por un inglés de apellido Powell y que en ella descansaba la noche en que fue objeto del atentado septembrino, en el Palacio de San Carlos, entonces sede del gobierno. Muchas piezas ahora presentes en la Quinta estuvieron antes en ese Palacio

Esta vez vinimos a completar una visita que había quedado trunca en noviembre de 1998.
Ese año estaban concluyendo los minuciosos trabajos de restauración de la Quinta de Bolívar, avenida Jiménez con carrera 2ª este, en las cercanías de Monserrate, en Bogotá, y no se permitía el acceso del público.
Bastó, en aquella ocasión, que le dijéramos a uno de los guardianes de la reverenciada mansión que éramos venezolanos, para que abrieran de par en par el portón principal, y nos permitieran recorrer sus espacios. Entonces apenas pudimos fisgonear desde lejos el interior y tomar un par de fotografías.
Ahora era totalmente distinto. La quinta lucía hermosa, radiante, digna de recibir en sus preciosas estancias al hombre ilustre que una vez la habitó, al caraqueño y americano de tez morena, rostro entre alargado y ovalado, ojos negros, grandes, vivos y penetrantes, y quien no debió medir, según Ducoudray, más de cinco pies y cuatro pulgadas, algo así como un metro con sesenta centímetros.
Se sabe que Simón Bolívar, ¿de quién más podíamos estar hablando?, vivió en esta quinta exactamente 423 días, no consecutivos, como es de suponer en alguien que llevó una vida tan intensa como peregrina, tras su quijotesco sueño de liberar a la América, designio que, dijo, y probó, amaba más que a su propia gloria.
Fue, ésta, la casa que, en su vida adulta, el Libertador ocupó por un mayor tiempo. Esto, por supuesto, le confiere una relevancia especial al lugar. Además, es la última casona que sobrevive entre todas las que rodeaban a la colonial urbe, desde la época de la Independencia.
En 1800, don José Antonio Portocarrero, contador principal de la Renta de Tabaco de Santafé, compró por 120 pesos un predio en el sitio llamado La Toma de la Aduana, y sobre él levantó una quinta campestre. Cada detalle debió haberlo dispuesto con esmero y particular delicadeza, pues su objetivo no era otro que el de agasajar en ella al virrey Antonio Amar y Borbón, su amigo, en la fausta ocasión del cumpleaños de su esposa, la virreina Francisca Villanova.
Así que de casa concebida para honrar a quien gobernaría el Virreinato de Nueva Granada entre 1803 y 1810 y debió, por cierto, afrontar la caída del dominio español en el territorio bajo su mando, aquellos magníficos aposentos pasaron a acoger al genio llamado a romper las cadenas de la opresión de tres siglos.
De la mano de un joven guía y sus memorizados datos, fuimos recorriendo, con fruición, cada palmo de la quinta. A cada paso era imposible deshacerse de una presencia informe, acuciante, devota. Saber que Bolívar debió haber estado por allí, que caminó por esos pasillos lustrosos, quien sabe si apesadumbrado o jubiloso, y durmió en ese lecho, se bañó en esa especie de jacuzzi dispuesto en aquel insuperable mirador surtido por las frías corrientes de la quebrada de San Bruno y del río San Francisco. Aquí el imponente comedor, donde aún es posible percibir el sereno eco del ruido de las finas escudillas y de las risas deliberadamente apagadas para que sobresalga la fina pero imperioso voz del héroe. Y el Gran Salón, que guarda intacto los estallidos de júbilo por las victorias militares del dueño de casa. Y el Salón de Manuelita, romántico rincón. La despensa, la cocina, como lista para brindar las arepas de maíz que el señor prefiere al mejor pan. Y el cuarto, muy cercano a la habitación principal, que fuera del esclavo liberto José Palacios, fiel mayordomo que lo acompañó hasta su muerte en Santa Marta y presenció asimismo la repatriación a Caracas de los restos del alfarero de repúblicas, en 1842.
La Quinta de Bolívar es Monumento Nacional. Así fue decretada en 1975, justo un mes después de que el grupo guerrillero M-19 incursionara en ella y la violara, para extraer la espada empuñada por el Libertador. Una espada que si bien camina ahora mismo por América Latina, es para alertarnos que “no hay libertad legítima sino cuando ésta se dirige a honrar la humanidad y a perfeccionarle su suerte”.
Visitar la Quinta de Bolívar, es sin duda una experiencia obligante, y gratificante, para todo venezolano.


De Manuelita

“.... De que me vieron me agarraron y me preguntaron: “¿Dónde está Bolívar?”: les dije que en el Consejo, que fue lo primero que se me ocurrió; registraron la primera pieza con formalidad, pasando a la segunda y viendo la ventana abierta, exclamaban, “¡huyó, se ha salvado!”. Yo les decía: “No señores, no ha huido, está en el Consejo”; y “¿por qué está abierta la ventana?”, “Yo la acabo de abrir porque deseaba saber qué ruido había”. Unos me creían y otros se pasaron al otro cuarto, tocando la cama caliente y más se desconsolaron, por más que yo les decía que estaba acostada esperando que saliese del Consejo para darle un baño...”
Memoria de la conspiración escrita por Manuela Sáenz al general O’Leary en septiembre de 1850

Testimonio

“Estaba rodeada la casa de bellos jardines y de árboles corpulentos (de los cuales quedan hoy algunos, tales como un gran nogal y varios lozanos alcaparros, mortiños, cerezos, pinos, todos, sin duda, del tiempo de Bolívar) y a su sombra había, artificiosamente dispuestas, galerías cubiertas de enredaderas, cenadores y rutas caprichosas; bañada, por doquiera, por abundantes y puras aguas, en fuentes y surtidores de mármol”.
Escritor José Caicedo Rojas, quien sirvió de amanuense del Libertador durante su permanencia en la Quinta


Refugio después del atentado

La restauración integral de la casona se cumplió entre 1992 y 1998, hasta el punto de recuperar las características arquitectónicas que, probablemente, conociera el Libertador. Aquí se refugió Bolívar después del atentado del 25 de septiembre de 1828. También aquí fue firmada la negativa a conmutar la pena de muerte de los conjurados por ese mismo suceso

Dos ocasiones de gloria

En 1821 Bolívar ocupó la quinta por primera vez. Ese año disfrutó en ella dos ocasiones ligadas al apogeo de su gloria. Una fue en enero, antes de partir a la campaña definitiva de la Independencia de Venezuela. Luego, en octubre, antes de acometer la Campaña Libertadora del Sur. Un pariente suyo vivió en la casona durante su ausencia, dejándola en un deplorable estado. En agosto de 1826, tres meses antes de que Bolívar hiciera entrada a Bogotá de regreso del Perú, Santander le escribió: “Hice emplear muchos pesos en componer la Quinta que dejó Anacleto arruinada, y aunque no quedará de gran lujo, quedará de gusto y mejor que nunca”


domingo 30 de septiembre de 2007

Jaime Bayly entrevista al "messsmo"

Reelección continua, ¿como en Europa?

Cuando Evo Morales asumió el poder, en Bolivia, el domingo 22 de enero de 2006, una docena de gobernantes acudió a presenciar aquel acto potencialmente pintoresco.
El aimara de cabellera lacia y nariz aguileña que juraba ante el Congreso de La Paz era, en una nación poblada por un considerable 62 por ciento de indígenas, el primer representante de etnias largamente desheredadas, que llegaba a la Presidencia, en toda su historia, y ese detallazo sin duda le imprimía una solemne curiosidad casi mítica, y un fabuloso simbolismo de floración cultural, a la ceremonia.
"Jamás nos reconocieron como seres humanos siendo dueños absolutos de esta noble tierra", no dejaría de quejarse con explicable amargura el campesino cocalero, investido de mando en ese acto, y quien, sin embargo, como para matizar dramatismos, advertía que "tampoco estamos para seguir llorando, durante otros 500 años", en directa alusión a la colonización española.
A Evo lo oían, con indeterminada atención, Luiz Inácio Lula da Silva, presidente de Brasil; Néstor Kirchner, de Argentina; Ricardo Lagos, de Chile; Felipe de Borbón y Grecia, Príncipe de Asturias; Hugo Chávez, de Venezuela. Fidel Castro ya no estaba presentable y no acudió. La lista podía seguir, pongamos por caso, con el presidente de Eslovenia, Janez Drnovsek.
Ocurre que la boscosa Eslovenia ha sido escogida por estos días como una de las excusas de Chávez para justificar su candidatura a la perpetuidad. También allí existe la reelección presidencial continua, ha dicho. Como en Alemania, Francia, Italia, Portugal, Letonia, Grecia.
Es decir, argumenta el demagogo, si en todos esos países de la culta y vieja Europa un Presidente puede presentarse otra vez, y otra, para un nuevo período, es porque ese método es bueno, es acertado, y entonces no hay razón alguna para criticarlo a él si lo aplica aquí, cuando él es el Presidente. En diez países europeos, precisó, la reelección es ilimitada. Aparte, en esos mundos plenos de logros y avances tecnológicos impresionantes, hay seis monarquías hereditarias.
Dicho así, en blanco y negro, suena coherente. Embauca, marea a no pocos, y esa es precisamente la idea. Pero la mentira, ya se sabe, tiene alas cortas. Veamos.
Apenas unas horas después de ese luminoso hallazgo, Chávez accedió, en su espacio Aló, Presidente, a ser interrogado por los periodistas. Por supuesto, a los venezolanos se les aplicó aquel ácido del derecho de admisión. Sólo pudieron entrar al salón los corresponsales extranjeros. Otra noble costumbre europea, seguramente.
Entonces un reportero le aclaró, en un penoso español, que en las naciones que él cita existe un régimen parlamentario. Hay un parlamento fuerte, que no está pintado en la pared. Eso bastó. Chávez, no acostumbrado a esos menesteres de que lo contradigan, estalló en ira y dijo que Europa era "la reina del cinismo", sin aclarar por qué pretende, entonces, imitar sus libertinos vicios electorales, en lugar de evitarlos.
Lo que le pasó al presidente eslavo, Drnovsek, tras asistir a la toma de posesión de Evo Morales, puede graficarnos con cierta gracia la inmensa diferencia que existe entre ser Presidente de un país europeo, o mandamás de la naciente capital del socialismo del siglo XXI. (Reto al lector a que concluya esta anécdota sin esbozar una irritada sonrisa).
Con un ingreso per cápita superior al de Portugal y Grecia, Eslovenia posee importantes reservas de petróleo, carbón y zinc. 20 por ciento de las medicinas genéricas que circulan por el mundo se producen en las muy activas droguerías del país que preside, desde 2003, el señor Drnovsek. También, desde esa república de la Europa Central, exportan automóviles, aparatos ópticos, equipos deportivos.
No valió que Drnovsek se deshiciera explicándole a sus gobernados la importancia de haber viajado a Bolivia. La agencia eslovena de noticias STA repetía sus desesperados boletines, que buscaban hacer frente a las pesadas burlas, por ejemplo, de quienes querían saber si había masticado coca. El Presidente insistía en que debía entenderse que él había asistido a "un acontecimiento histórico". Muchos, agregaba, "conocieron al presidente de Eslovenia, país de cuya existencia antes ni habían oído".
La presión de la opinión pública prevaleció. Drnovsek tuvo que aceptar que a causa de varios viajes imprevistos, como el de Bolivia, había incurrido en gastos innecesarios, que ningún provecho práctico parecían asegurarle a la nación. Por ese motivo el Primer Ministro, que es el Jefe de gobierno, electo por el parlamento, no le autorizó otras giras que tenía pendiente hacer, esta vez a España, y a las Naciones Unidas. No dispondría, en castigo, de más recursos para su ociosa viajadera, durante la cual, seguramente, descuidaba asuntos nacionales de interés.
Y en lugar de desafiar, amenazar con rabiosa intemperancia y denunciar conspiraciones, en abusivas cadenas de radio y televisión, el pobre Drnovsek fue visto una mañana anunciándole al país que se disponía a desplazarse hasta España, por tierra.
Vamos a ver, ¿no tienen razón Evo, y Fidel, y Correa, y Ortega, y Kirchner, a la hora de preferir al buen caballo que ha probado ser Chávez? Mientras el Presidente de Eslovenia seguramente no podrá volver en lo que resta de su período, sólo para la asistencia a las fuerzas armadas bolivianas han salido desde aquí, de Venezuela, 30 millones de dólares, y ¿qué ha pasado? Militares venezolanos, que en estas tierras apenas construyen centrales azucareros transparentes (no por las buenas cuentas que rinden, sino porque nadie los ve), allá con admirable diligencia levantan cuarteles, trazan caminos, reproducen casas dignas, reparan y pintan escuelas, diseñan gasoductos. A Chávez se le ocurrió que industrializaran el gas con fondos de Venezuela. Puede estar tranquilo el hermano Evo porque le comprará toda la producción anual de coca, unas 4.000 toneladas de la hoja, con fines medicinales y para la preparación de infusiones. ¡Qué importa la ruina, ya sentenciada, de nuestros productores de café, en Sanare, pongamos por caso! Adicionalmente Venezuela cubrirá los costos de la instalación de dos plantas de procesamiento de coca, en los valles cordilleranos y en las zonas de los Yungas. La "inversión", Pdvsa mediante, anote Ramírez, ha sido estimada en un millón de dólares. Hasta se ha cuidado el detalle de donarles cuatro millones en moneda americana para dotar de patrullas a los cuerpos policiales. "Estamos dispuestos a ayudar a Bolivia a controlar los asaltos en las carreteras, por medio de unidades cívico-militares", anunció en su programa un Chávez inconmovible ante los saldos rojos rojitos del hampa, cual parte de guerra, cada trágico fin de semana, en su propia patria. Y, otra vez, diga usted, ¿qué ha pasado? Además, ¿qué podría esperarse que ocurra con todo ese oleaje de pestilentes corruptelas en que se ha zambullido la “familia real” de Barinas, con una grosera opulencia que a ninguna contraloría impresiona? ¿Usted ha visto que intente sobrevenir algo por causa de la escalofriante denuncia del padre José Palmar, “chavista, pero honrado”, como él mismo se apresura a aclarar, según la cual los barcos que transportan petróleo venezolano son usados por el narcotráfico?
Ya podrá entenderse, claramente, que no es lo mismo un Presidente reelecto por el CNE venezolano, con la camarada Tibisay Lucena al frente, que un mandatario, con similar opción, en la "cínica Europa".
Una personalidad tan avasalladora como la de Winston Churchill, un gigante político tras la II Guerra de Mundial, aunque volvió a ser electo Primer Ministro del Reino Unido en 1951, perdió las elecciones de 1945 precisamente porque los británicos estimaban que había desatendido sus demandas de mejoras sociales.
En Grecia el Primer Ministro tambalea en estos instantes por el escándalo de los incendios forestales. En Francia, nada menos que el otro argumento de Chávez para sus planes de perpetuidad, el Consejo Constitucional, encargado de verificar la constitucionalidad de cada una de las leyes, y entre cuyos miembros no pueden figurar fichas destacadas de los partidos políticos, es un órgano con facultad plena para anular total o parcialmente los resultados de un referendo. Ese Consejo, por ejemplo, acaba de desautorizar la petición gubernamental de colocar una pulsera electrónica a todos quienes hayan sido condenados a más de cinco años de cárcel por crímenes sexuales, y ahora estén libres. Se calcula que pudieran llegar a un total de 600 ex presidiarios en esas condiciones.
"El respeto de la Constitución no es un riesgo, sino un deber", ha planteado Pierre Mazeaud, el presidente del Consejo Constitucional, sin ser llamado "plasta" por eso.
Si de copiar se trata, ¿por qué no calcar aquí, al menos algunos de los rasgos de Francia, el Mejor País del Mundo para Vivir, según la revista Living, 2007, por su alta calidad de vida, su infraestructura, su tecnología y su estable economía? ¿Por qué no tomar nota de un sistema electoral que garantiza una segunda vuelta, en caso de una ventaja precaria en la primera? ¿Por qué no reproducir las condiciones que impone la ley gala para aspirar a la Presidencia?: poseer la nacionalidad francesa, haber cumplido los 23 años de edad, ser presentado por, al menos 500 ciudadanos, y ostentar "dignidad moral".
Francia es lo que es, aún cuando su Constitución actual, la de la Quinta República, data de 1958, aprobada vía referendo por el 80% de los votantes. Y en Alemania, otro de los países que Chávez tomó prestado para justificar su ambición de poder eterno, el sistema electoral está diseñado de tal forma que vuelve prácticamente imposible un gobierno monocolor. La norma impone la alianza de los partidos, fuerzas que se aseguran una posición clave, y determinante, en el aparato electoral. Nada de normas sorpresa a última hora. Nada de registros electorales misteriosos. ¿Cómo es posible que en Venezuela a estas alturas no se sepa cuántos votos sacaron, como suelen recitar, los mudos diputados y las mudas diputadas que, con sus recientes excepciones, levantan manos y a todo dicen amén, en la Asamblea Nacional? Perdone usted, pero ¿puede un diputado como el mayor Francisco Ameliach, sentirse representante de alguien, o de algo, luego de muestra tan lastimera de degradación, después de autoflagelarse frente a todos, incluyendo a su familia, a los pies del caudillo, y, lo que es peor, exhibiendo así un desprecio tan cruel por sí mismo y por la “institución” que integra?
Por todo esto, la reforma constitucional está montada sobre bases inmorales. El mandamás sabe que la única forma de endulzar el veneno de su ambición, era lanzando anzuelos como el de rebajar la jornada laboral. En casi todos los países que han ensayado esta fórmula la han tenido que revisar. La tendencia de la gente es a buscar un segundo trabajo, éste último casi siempre sin seguridad social, y todos acaban más ocupados y pobres que antes. ¿Qué hacer, entonces? Todo menos facilitar la infamia, adelantando atajos, trochas dudosas, como la de centrar la discusión en el abominable trapo rojo de si la democracia ha de ser acuchillada en bloque o por partes. Los estudiantes prometen sacudirnos de esta cobardona modorra. El doctor Hermann Escarrá, en nombre del Comando de la Resistencia, está llamando a "no cohonestar con un Golpe de Estado orgánico a la Constitución" e "impedir, con redes de protesta, la desaparición de la República".


Fujimori como espejo

Todo indica que no es hacia Eslovenia, Alemania, Francia, Italia o Portugal, donde debe apuntar Chávez. Su proyecto, desde un principio, si algún parangón tiene, es con el de Alberto Fujimori, en Perú.
Joaquim Ibarz describe que ambos, Chávez y Fujimori, "hacen redactar y aprobar constituciones que facilitan gobernar en forma autoritaria con apoyo militar. Uno tiene origen golpista y el otro dio un autogolpe; los dos acabaron con los partidos políticos tradicionales y sometieron a todas las instituciones del Estado, en especial al poder judicial, que pusieron a su servicio. Aunque prometieron acabar con la corrupción, ésta se institucionalizó al no existir ningún control. Si Fujimori estableció el régimen más corrupto en la historia del Perú, el propio Chávez dijo en la Asamblea Nacional: 'Estoy de la corrupción hasta la coronilla'".


"Si no hay comida cuando se tiene hambre, si no hay medicamentos cuando se está enfermo, si hay ignorancia y no se respetan los derechos elementales de las personas, la democracia es una cáscara vacía, aunque los ciudadanos voten y tengan Parlamento"
Nelson Mandela, Ushuaia, 1998

lunes 3 de septiembre de 2007

Larense, ¿estás ahí?

A la memoria de la doctora Mirla Quiñones y al Comité de Víctimas, dedico

Trataba, anoche, de recordar cuándo fue la última oportunidad en que los larenses reaccionaron ante una indeseada decisión oficial.
No se trata, aclaro de una vez, del rechazo que algún grupo produce, aisladamente, frente a una medida que considera lesiva, inconveniente.
Me refiero a una voz que se vuelve denso coro, a un malestar capaz de ser declarado, y gritado, hasta cobrar forma de agitación y hacer retroceder al poder. ¿Cuándo fue esa última vez que pudo registrarse la reprobación resuelta, en causa común abrazada por los más diversos sectores sociales?: pobres, clase media, ricos, jóvenes, viejos, hombres, mujeres. Escuálidos, rojitos. En Barquisimeto, Cabudare, Carora, Quíbor, El Tocuyo.
La respuesta, inequívoca, me llegó con el asombro que acompaña a un asalto, causándome además una gran desolación.
Fue cuando el gobernador anunció su propósito de firmar un decreto que prohibía el papel ahumado en los carros.
A ningún partido se le ocurrió reclamar esa bandera. Nadie asomó siquiera la posibilidad de convocar a una marcha hasta la gobernación o la defensoría del pueblo. Habían desaparecido ya, en absoluto silencio, los puestos dedicados a la instalación del apetecido plástico que, a precios de atraco, devuelve privacidad, y algo de seguridad, a quienes se desplazan por calles por donde no se puede decir que se transita, sino que se sale ileso. Usted va al centro de la ciudad alguna noche y, con suerte, al regresar a casa en lugar del caduco “ya llegué”, como se decía en tiempos de la cuarta república, puede informar con la solemnidad del caso a los suyos: salí ileso.
Pues bien, alguna mañana los vehículos, igual los nuevos como los que andan porque ven a los demás, comenzaron a exhibir en sus vidrios traseros la leyenda unánime: “NO a la prohibición del papel ahumado”. “¡Reacciona!”. “Dile NO al abuso. Papel o insurrección popular”. Algún chistoso, que nunca falta aún en medio de tragedias tan desconcertantes como esta, agregaría lapidario en su cuidado Volkswagen, para seguir la corriente de otras consignas: “Papel ahumado somos todos”.
El decreto fue engavetado. El Consejo Legislativo, que lo aguardaba con el compromiso de abrir un intenso debate en su línea de parlamentarismo de calle, lamentó no recibir la pieza inspiradora del estropeado tumulto. La Fiscalía preparaba su infaltable promesa de llegar hasta el mismísimo acto conclusivo. (Es decir, hasta el mismo punto de claridad y justicia que ha arrojado sobre los crímenes de Danilo Anderson y el padre Jorge Piñango). La autoridad, humillada, no soportó la incontrolada embestida de semejante indignación ciudadana. ¿Ustedes se imaginan la quijotesca escena de toda una población, fúrica, puesta de pie, en la valiente defensa de su innegociable derecho a ocultarse tras el papel ahumado de sus autos?
No es chiste. Enseriémonos. Ocurre que en el mes de agosto en Lara fallecieron 34 personas en forma violenta. Nos damos el vergonzoso lujo de poseer la cárcel con mayor criminalidad no del país, sino de Latinoamérica. Se acaba de registrar, en este estado, la primera muerte de un humano por rabia, en más de 25 años. Somos ahora mismo líderes en dengue hemorrágico, con 712 casos registrados. Se han vuelto nefasta rutina los accidentes de tránsito en los que se ven involucrados autobuses, verdaderas guillotinas colectivas. Y, diga usted, ¿qué autoridad se ha dado por enterada? El Teatro Juares, la principal sala de espectáculos culturales de la urbe, lleva más de cinco años cerrado, exhibiendo, eso sí, en su marmórea fachada tantas veces alterada, un inmenso cartel rojo con los rostros de quienes dicen gobernar. ¿No les parece un brutal contrasentido hacerle propaganda a la desidia, a la falta absoluta de identificación con la ciudad y sus valores? ¿Poner los colores de la revolución y los rostros de sus próceres, precisamente donde no hay sino ausencia total de una obra digna? La avenida 20 acusa los devastadores efectos de un bombardeo político y real: la ya inocultable rivalidad entre el gobernador y el alcalde, tan cerca y tan lejos a la vez. Una hostilidad que, como reza el slogan, “se siente”. Los trabajos del nuevo terminal de pasajeros, Simón Bolívar lo bautizaron, pareciera haber perdido con estrépito la misma batalla. El tramo ferroviario Barquisimeto-Puerto Cabello, que se le dio hace varios meses en contrato a una empresa china, ahora ha sido traspasado, con el retraso consiguiente, a otra empresa, casualmente cubana. Lara, según se ha anunciado oficialmente, ha sido escogida como modelo en el adoctrinamiento de los niños, con todo y su siniestro biberón. El Valle del Turbio afronta una severa amenaza. Aparte de la tala indiscriminada y las aguas negras que allí caen, ese pulmón está siendo convertido en nuestras narices, a esta misma hora, en un descomunal vertedero de escombros. ¿La Unexpo lleva cuánto tiempo tomada por una bien pertrechada camarilla afecta al oficialismo? La Juventud Revolucionaria en Marcha acaba de echar a punta de pistola a un grupo de maestras de la escuela de artes y oficios Bolivia Tovar. ¿A qué instancia pudieran acudir estas ciudadanas, y ser escuchadas al menos? Se cae por sí solo el peregrino argumento de que se trata de “espacios ociosos”, ¡en época de vacaciones! Como si usted notara mucha actividad en las oficinas públicas a lo largo del año, ahora cuando todavía se laboran ocho horas diarias.
Ninguno de esos casos, diversos y turbadores, ha motivado siquiera una leve pinta en alguna distraída acera de Barquisimeto. Ningún graffiti hace referencia a esas desgracias cotidianas, que, por puro pudor, debieran paralizarnos. Salga y fíjese usted que sólo están pintadas las frases que proclaman: “con Chávez todo, sin Chávez plomo”. Las noticias divulgadas por los medios de comunicación social se estrellan, día a día, ¡y qué decir de un fin de semana!, contra los gruesos muros de una indiferencia irritante, umbría, melancólica. Intolerable, asfixiante. ¿Qué es lo que nos pasa? ¿Qué nos ha desmembrado como cuerpo social? Todos, sin distingos, hemos pasado por encima de esas amargas realidades, sustrayéndonos, esquivándolas, como hacemos cuando en la calle al caminar advertimos con maquinal repulsa el excremento de algún perro. Más importante era conservar, aquella vez, el papel ahumado en los vehículos. Es triste anotarlo, eso sí fue capaz de enardecernos, ameritó asumir la colectiva molestia de rayar los vidrios de los carros. ¿Por qué, entonces, adoptamos esta cobarde rigidez de estatuas y guardamos cómplice silencio, por ejemplo, frente a esa tribulación que llevó a la muerte, hace poco, a la ex jueza del municipio Jiménez, Mirla Quiñones?
Debió sufrir la monstruosidad del crimen, en la avenida Libertador, de su hijo Jacobo, un muchacho de 15 años que se desempeñaba como guardabosques, lo cual por sí solo dice mucho de su virtuosa formación, de sus aficiones, de su temprana sensibilidad. Ella acusó a funcionarios policiales y pudo probar que muchas de las evidencias del proceso habían sido adulteradas, para ocultar los claros rastros de una muerte a sangre fría. Intercambio de disparos, alegaron los funcionarios. Había sido una vulgar ejecución, repitió la madre hasta perder la voz, y el aliento, y de un solo golpe toda esperanza en que saldría a relucir la verdad, en el curso de una investigación tachonada de un sin fin de torceduras y depravaciones. Antes, ya a ella la habían extrañado del Poder Judicial. Luego una ensoberbecida prefecta quiso mostrar a los suyos el trofeo no sólo de su detención, a todas luces arbitraria, sino también los golpes y moretones que le fueran infligidos, junto a no pocos insultos, antes de lanzarla a las fauces transgresoras de una patrulla, como si se tratara de una peligrosa delincuente con riesgo inminente de evasión. ¿Su falta? Defender, como abogada que era, a unas humildes familias que habían invadido un terreno y deseaban formar una cooperativa. ¿Y desde cuando eso es delito, bajo estos tiempos de revolución? Ah, pero cuando la Juventud Revolucionaria en Marcha toma a la fuerza la escuela de artes y oficios, el gobernador abre la boca para decir: “Todo debe compartirse”.
La frágil humanidad de la doctora Quiñones no estaba hecha para soportar semejante sarta de salvajadas. Un accidente cerebrovascular (ACV) le sobrevino, a sus 45 años, cuando eran las 8:30 de la mañana de un domingo, unos días después de su ingreso en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Central Antonio María Pineda. Así le procuró la Providencia el descanso, el alivio que en vida no volvería a tener jamás.
Un hermano suyo, de nombre Miguel Ángel Quiñones, dio cuenta en declaraciones al periodista Reinaldo Gómez de cómo hasta lo último la adversidad le pisaba los talones. La doctora, que residía en el sector Sabana Grande, en la vía que conduce a Duaca, sintió unos fuertes dolores de cabeza y alta presión arterial, por lo que acudió a la medicatura de Tamaca. Allí, según el relato del hombre, “los médicos cubanos lo que hicieron fue prescribirle algunos analgésicos. No tuvieron ni siquiera la precaución de mandarle a hacer ni el más mínimo examen”.
¿Conservaremos esta rigidez de estatuas frente a la intención, ya oficializada, de arrasar con los vestigios de democracia, vale decir, de libertad, que aún están en pie?
Larense, ¿estás ahí? ¿Sientes algo? Ponte las manos en las sienes. ¿Percibes ese viscoso borbollón que es lenguaje de la sangre? ¿Nada tienes que decir? ¿Crees, en verdad, que ser pacíficos es sinónimo de sumisos? No se trata, de ningún modo, de asumir la violencia, sino, como exponía Gandhi con desgarro de moralidad, “no cooperar con el mal”.
Está en marcha una reforma constitucional con absoluto desprecio de la opinión de los venezolanos. En tres meses deberá ser aprobada, con la señal de costumbre, en este caso la de la obediencia ciega. Rápido, y sin quitarle una coma, ordenó quien se coloca, en la historia venezolana, del lado de los únicos tres gobernantes que han manipulado la Constitución con ese mismo propósito de perpetuidad: José Tadeo Monagas, Juan Vicente Gómez y Marcos Pérez Jiménez. ¡Qué compañía, qué elenco! Fidel Castro, quien en nombre de todos los cubanos escogió a su hermano Raúl para sucederle, ya traslúcido, apestoso a los azufres memoriales, trocado como le tocaba hace rato en tardío fantasma, supo, mucho antes que nosotros, de cada uno de los 33 artículos que nos cambiarán a nuestro país, a su sistema político, a la división de su territorio, porque, entre los embelesos y suspiros de un peregrinar constante a su lecho de muerte, su pupilo supo tomar esmerada nota de los enunciados, acompañando cada apunte desvelado con la babosa exclamación de que “Fidel nunca morirá”. ¿Qué clase de soberanía es ésta, que nos han traído como un enlatado prehistórico?
Detrás del inmoral caramelito de rebajar a seis horas la jornada laboral (¿harán una fiesta por eso tantos desempleados, los millones de informales, todos los que no dependen de un patrón?), está la propuesta usurpadora de implantar el socialismo, la impúdica ambición de alargar el período presidencial a siete años, como en ningún otro país de Latinoamérica, y aprobar la reelección continua (automática, blindada, previsible, a los ojos del CNE de Tibisay Lucena, ahora, y de Jorge Rodríguez, antes). Sólo el amo saldrá ganando. En un país arruinado, moral y económicamente, porque ningún chorro petrolero podrá cubrir tal despilfarro, será el rey con potestad para decretar regiones militares a su antojo, y colocar, ahora sí legalmente, sin que ninguna institución haga contrapeso, todos los poderes bajo su bota. ¡Todos!
En cambio nosotros no seremos dueños ni de nuestras casas. Vaya usted a saber cómo quedan los términos de la propiedad en una “economía socialista”. El artículo 115 de la reforma elimina lo establecido en la Constitución de 1999, en cuanto al “goce, disfrute y disposición de los bienes”. Todo podrá ser expropiado, desconocido, redistribuido. El artículo 113 borra la garantía, que ahora nos ampara, de “libertad de trabajo, empresa, comercio e industria”. También se tacha la obligación que reconoce actualmente el Estado, aunque no lo cumple, de promover la iniciativa privada y garantizar la justa distribución de la riqueza.
Pero lo más grave es que esa confiscación toca también nuestras conciencias. Una noche nos acostaremos en democracia, y cuando despertemos habremos vendido el alma.
Larense, ¿estás ahí?

sábado 18 de agosto de 2007

Por la puerta del sol

De campanas a campanas… Autora: Amanda Victoria
EL IMPULSO 11/08/2007

Se dice que la época de la invención de las campanas se remonta a quince siglos antes de Cristo y que fueron utilizadas primero como adorno en la investidura de los sacerdotes hebreos. Los chinos dicen que los primeros misioneros que llegaron allí confirmaron que ellos poseían campanas de todos los tamaños desde el año 2.200 A.C.
En la época de los emperadores al son de campanas se anunciaba la apertura de los baños y también se contestaban los oráculos. Se divulgaba el paso de los criminales lanzándolas al viento cuando los llevaban al suplicio, también se utilizaron grandemente para anunciar los eclipses del sol.
No es posible decir la época exacta en que se empezaron a usar en los templos cristianos, sin embargo aseguran que fue San Paulino de Nola el primero que introdujo las campanas en el mundo cristiano, de allí nació la primera expresión de: nolanas las campanas.
Desde que los cristianos pudieron libremente reunirse emplearon distintas maneras para convocar a los devotos con trompetas, con matracas, tablas o láminas metálicas que golpeaban con un martillo y en algunas tan solo al canto del Aleluya. Casi todos estos medios han sido relegados al olvido y sustituidos por las campanas.
En Francia fueron creadas en el siglo VII (D.C.), en Oriente empezaron a usarse en el año 871, en Inglaterra en 960 y en 1002 en Suiza. En España no se adoptaron hasta el reinado de Alfonso el Casto. Por su parte la Edad Media mostró unas campanas muy reducidas. Ya para el siglo XVI las campanas empezaron a hacerse de grandes dimensiones como las de Toledo.
Las campanas son símbolo del predicador y su rudeza representa la inflexibilidad y el valor del encargado de enseñar el Antiguo y Nuevo Testamento. Anteriormente se consideraba que un sacerdote sin sabiduría era como campana sin badajo, porque no sonaba, no era convincente su mensaje ni lo oían. Hoy curiosamente también existen estos sacerdotes o pastores que instruyen, pero no forman.
En tiempo de Carlo Magno se bendecían las campanas, pero fue realmente en la época de Juan XXII cuando se consideraron de enorme importancia y las bendecían con solemnidad, cantando Salmos, implorando el auxilio de Dios y ensalzándole. Las lavaban con agua bendita, las ungían con el crisma, las perfumaban con incienso y mirra y se rezaban oraciones relativas al caso.
En época de inundaciones o incendio se siguen usando para demandar auxilio.
El uso social de las campanas, aparte del religioso es casi universal y bien antiguo. Se usa en algunas fábricas para llamar a sus obreros u operarios, señala las horas de descanso, igual sucede en algunos colegios. Los bomberos las utilizan para abrirse paso hacia la emergencia presentada. En algunas partes en los ferrocarriles se utilizan todavía como señal acústica para que los jefes de estación den la orden de partida de los trenes, también en las locomotoras antiguas las usan para anunciar la llegada o para prevenir, en el mar en ciertas boyas se las pone para que con su continuo repique avisen el peligro, en los barcos las llevan para hacer señales y también se las ha empleado en ciertas costas con el mismo fin.
El resto ha venido por añadidura. En lo personal me encantaría un día poder escuchar el sonido de la campana cilíndrica soñada para su catedral de la Sagrada Familia por genio de la arquitectura don Antonio Gaudí, que, buscando un estilo propio, convirtió su sueño en una obra como la más hermosa del mundo, inspirada totalmente en el amor a Dios, la naturaleza y el hombre.
El sol que despereza sus albores en diciembre parece que prolongara sus altares cuando en el sueño de los cielos se despierta con el propalar de las campanas la navidad, como si el mundo renaciera de nuevo para borrar huellas de pavor, de odio, de cansancios, necesidades espirituales y amarguras, escuchándolas con increíble emoción divina.
Hay las que suenan belicosas como las del boxeo, para que el hombre muestre (mientras otros gozan) su condición de bestia tratando de destruir a su contendor para erigirse triunfador.
Perdida entre tanto terror la calma, la delicia de la vida y desolada el alma, se elevó la razón (en este caos) de un hombre que creó su página "Campana en el desierto" , haciéndola sonar como nota de su lira colosal, logrando con su repique mostrar los trapos sucios de la realidad, los disfraces de la libertad y la anarquía. La multitud que no esperaba hallar una esfera luminosa encontró bálsamo a sus dolores en la página que la inteligencia y la pluma de oro de José Ángel Ocanto creó e hizo sonar con pulcritud en el momento oportuno, cuando las bases de la vida se rompieron enfermando gravemente; pluma que entendiendo los sufrimiento decidió que no se puede callar ni aguantar el oprobio sumergido en un rincón, lamentándose. Es el hombre cuya inteligencia vuela a inconcebible altura sobre el tema de la conversación, íntegro, de espíritu cooperador, sensible, humano y seguro, que busca rescatar los pedazos del roto estandarte de la vida, quemada por el sol de las pasiones y que llama con su "Campana en el desierto" a la reflexión de todos y al alma anochecida y pesimista a elaborar enormes alboradas de fe y de constancia en la lucha por la libertad, el más bello y precioso don que el cielo otorgara al espíritu y vida del hombre.

jueves 9 de agosto de 2007

Presidente, no me fusile

Entrevista al general (Ej.) Delfín Rafael Gómez Parra, preso por el caso Caaez

“Me han tomado como bandera en un caso emblemático de corrupción, para decirle al país: miren, aquí tenemos a un gran corrupto preso”

El miércoles 5 de enero de 2005, el general de Brigada (Ej.) Delfín Rafael Gómez Parra, decide dirigirle un oficio al presidente Hugo Chávez Frías.

Es un escrito breve, conciso, de apenas cuatro páginas y dos líneas.

Lo hace en términos lo más respetuoso que puede, pero aún así, y, sin ocultar la inmensa presión que siente, se cuida de no echar mano a frases rebuscadas. La palabra revolución, por ejemplo, no aparece por ningún lado. No hay en sus líneas una queja, aunque sintiera que el mundo se le venía encima, ni un halago oportunista hacia el comandante, pese a que, lo sabía bien, tenerlo de su lado habría significado su definitiva salvación, en momentos en que muchos en su entorno se concertaban para hundirlo, o triturarlo, quizá, en los trapiches de un central más llamado a moler corruptelas y pagos indebidos que caña de azúcar.

“Me dirijo a usted con la finalidad de informarle de ciertos acontecimientos sucedidos en la población de Sabaneta de Barinas, en la construcción del Central Azucarero Ezequiel Zamora”.

Así se dirige a Chávez. Con respeto, y distancia.

Eso de “ciertos acontecimientos” debió haber preparado al destinatario de la carta. Y una palabra, un nombre, Sabaneta, su tierra natal, donde su propio padre es el gobernador, cuántas prevenciones a flor de piel debieron haberle brotado al instante. Cuántos cabos atados, con un solo impulso.

Lo que seguía en la correspondencia estaba lejos, ciertamente, de ser una cuenta rutinaria por parte del primer comandante del 62 Regimiento de Ingenieros de Construcción y Mantenimiento General de Brigada Luciano Urdaneta, responsable, según convenio interinstitucional, de los trabajos del movimiento de tierras en las áreas destinadas a la ejecución del Complejo Agroindustrial Azucarero Ezequiel Zamora, Caaez.

El general Gómez Parra pasaba a enunciar de seguidas el motivo, su único y engorroso motivo.

Plantea, de entrada, que para la designación del mayor (Ej.) Orlando Herrera Sierralta como encargado de la construcción del ingenio azucarero, había sido tomada en cuenta su participación en obras realizadas por Fondur. La misión de Sierralta, advierte, era la de reunir un equipo de profesionales y coordinar todo lo relacionado con el proyecto, junto a la directiva del Caaez y los “asesores cubanos”.

Todo, aparentemente, marchaba sobre rieles. Las empresas contratadas ejecutaban los trabajos encomendados a satisfacción de las partes. El personal técnico del Regimiento las verificaba, en conjunto con el Caaez y el jefe de los asesores cubanos, Jesús Reyes. El mayor Herrera Sierralta solicitaba, semana a semana, los cheques respectivos.

Pero a pesar de que en julio de 2004 el encargado de la obra había informado que no existían deudas con las empresas contratadas, un mes después reportó compromisos pendientes por 400 millones de bolívares, sin relacionarlos, según el recuento que el general se apresuraba a poner en conocimiento del Presidente. Además, el citado oficial solicitaba un pago de nómina integrada por 70 personas, por un monto en consecuencia superior al mantenido hasta entonces. Al trasladarse al lugar el capitán Franklin Castillo, confirmó que en el sitio sólo había 11 trabajadores.

Ese fue un oportuno pitazo. El resultado de una auditoría ordenada de inmediato fue pavoroso, enteraba el general al mandatario. La comisión, compuesta por el jefe del Estado Mayor del Regimiento de Ingeniería, dos ingenieros y un contador, detectó el “cobro de porcentaje sobre el monto de la obra a las empresas contratadas”, la “contratación de una empresa perteneciente al grupo familiar”, y la cual “estaba trabajando sin autorización del Caaez”. Igualmente, firma de contratos sin autorización ni conocimiento del Comando, manejo de nóminas falsas, pago a una empresa por una obra realizada con personal y maquinaria del Regimiento de Ingenieros. Apropiación de equipos de oficina adquiridos para ser utilizados por el personal técnico, así como de la madera proveniente de la deforestación del terreno sobre el cual se levantaría el central.

La retahíla sigue:

“Utilización de recursos de la construcción del Central en otras obras, sin conocimiento ni autorización del Comando. (Remodelación de ambulatorio en la zona y acondicionamiento de la sede del Comando Maisanta)”.

El general Gómez Parra reforzaba sus argumentos, diciéndole al Presidente que tenía en su poder tres informes sobre “los hechos”, uno de ellos realizado por el ingeniero Gerardo Márquez, Gerente de Inversiones del Caaez. Otro, de fecha 3 de octubre de 2004, fue elaborado por los trabajadores de la empresa Viapeca, quienes se quejaban del incumplimiento en el pago de sus salarios.

“Muy respetuosamente solicito sea conducida una investigación técnica por un organismo competente de acuerdo a las leyes y reglamentos de la República”, dice en la parte final de su misiva, el alto oficial.

Irónicamente unidos

En el “área especial” de la cárcel de Los Llanos, en Guanare, donde está recluido el general, de vez en cuando se tropieza con el mayor Herrera Sierralta, quien una vez fue persona de su absoluta confianza. Es uno de los errores que el general admite abiertamente. Haber confiado demasiado. Ahora ambos están procesados por el mismo caso. Unidos y enemistados a la vez dentro de los complejos entretelones de un mismo escándalo. Para él apenas es un detalle dentro de la descomunal ironía del dilema por el cual atraviesa.

―¿Qué hace usted al verlo? ―no resistimos la curiosidad de preguntarle.

―Nada, es como si no lo viera.

―¿Fue el mayor Herrera Sierralta quien lo denunció a usted?

―El mayor Herrera Sierralta me acusó de que, según él, yo lo estaba persiguiendo, lo estaba hostigando. Nada más alejado de la verdad.

El general no puede declarar a la prensa en la cárcel. Lo tiene expresamente prohibido. La orden es clara. Nada de periodistas.

Por eso, sin la posibilidad de tomar nota, ni de grabar, la conversación se da por otras vías. “Yo acataré esa orden porque como militar la disciplina es algo que llevo por dentro. No pasaré de la raya”, dice.

Su narración prosigue así:

―Llevo dieciséis meses preso, sin haber sido imputado siquiera. Incluso, antes de que se dictara la orden de aprehensión, yo me presenté a la DIM y me entregué, a sabiendas de que soy inocente. Yo introduje la denuncia de los hechos, aún antes de que la Inspectoría General del Ejército me llamara, por las acusaciones del mayor Herrera Sierralta.

―¿Usted es acaso el nuevo chino de Recadi?

―Me han tomado como bandera en un caso emblemático de corrupción, para decirle al país: miren, aquí tenemos a un gran corrupto preso.

―¿Qué espera de la justicia?

―Eso mismo: ¡justicia! Aquí se ha violado una serie de leyes y reglamentos. Todos los jueces, doce o trece, se han inhibido, por miedo a contradecir la orden dada desde arriba. Me trajeron hasta acá desde Barinas, en un procedimiento arbitrario de la Disip, en horas de la noche, sin una notificación formal ni la presencia de mis abogados. Yo no voy a pedir una suite presidencial ni que me trasladen en una limusina. Pero no aceptaré irrespetos. Soy general y lo seré hasta que muera.

―¿Le respondió el Presidente la carta que usted le envió?

―No, ni tampoco el general Raúl Isaías Baduel una que le envié antes (20 de diciembre de 2004), en los mismos términos. Por cierto, nada de eso aparece en el expediente. Nada que me favorezca fue incluido. Yo le pido al Presidente que revoque la orden de fusilamiento que dio en mi contra públicamente en uno de sus programas. Él, que constantemente habla de magnicidio, le dijo al periodista Eleazar Díaz Rangel que si tuviera la potestad de fusilarme lo haría. Presidente, en mi proceso, los organismos no tomarán una decisión distinta a la suya. La orden es condenarme con o sin pruebas. En la experticia contable, un informe elaborado por unos expertos, no se manifiesta que en mi actuación haya habido dolo alguno. La Fiscalía, qué cosa, tampoco asienta esa conclusión a mi favor.

―¿Cuándo surgió su calvario?

―Cuando una empresa quiso cobrar unas obras que no había hecho, y yo no autoricé el pago de los cheques. Les coloqué el sello “anulado”. Todo el trámite venía firmado por los ingenieros inspectores, ¡por todo el mundo! Ahí comenzó el desastre. Nadie ha investigado a la directiva del Caaez, encabezada por el después ministro Antonio Albarrán. Todo el peso de la investigación recayó en mí. La directiva del Caaez escogía las empresas y el Caaez no autorizaba ni medio si antes no inspeccionaban y verificaban las obras. La Comisión de Contraloría de la Asamblea Nacional encontró responsabilidad política en Albarrán, en los cubanos y en mí. No sólo en mí. Yo pido a la justicia que averigüe bien, y que si me consiguen alguna prueba, que me quiten la cabeza. Pero que averigüen bien. Sólo eso.

―¿Lo llamaron a usted sus superiores para que pagara los cheques objetados?

―Me llevaron a la Comandancia General del Ejército. Me negué.



Confesión de la esposa, Tahianny Pisani de Gómez

Sólo buscan el silencio

Tahianny Pisani de Gómez es una mujer alta, delgada, re

suelta. Con un temple fiero que ella aclara es reciente, sólo de hace un tiempo para acá.

―Mire, en lo que me han convertido. Yo no era así ―dice, llevándose las manos al rostro, como si no se reconociera en la persona que ahora es, a la vuelta de unos años recorriendo cárceles, tribunales, oyendo acerca de intrigas, viéndolas de cara a cara, palpándolas, sufriéndolas, y constatando cada vez con menos asombro todas las vueltas que es posible darle a una verdad, a una evidencia, a lo irrefutable. Y comprobando, aunque parezca una redundancia, sin serlo, cuan bajo pueden llegar las bajezas.

La acababan de desnudar, obligándola además a colocarse en posición de cuclillas, en la revisión previa para el encuentro dominical con su esposo, el general Gómez Parra.

Por encima de su sollozo, de una vez coloca el valor al que se sabe obligada.

―Fíjese, no me revisaron el bolso. Yo pude haber entrado con un arma. Pero de manera grosera, bochornosa, humillante, me trataron como la mujer de un delincuente. La idea era humillarme. La funcionara exigió que me agachara porque según ella podía traer algo en mis partes.

―¿A qué atribuye la desgracia en que ha caído su esposo?

―Qué más emblemático para un gobierno, como aval de lucha contra la corrupción, que tener a un general preso. ¿Dónde está la gente del Caaez, que tenía injerencia directa sobre los fondos, que avalaba las obras y verificaba que estuviesen debidamente culminadas? Para poder generar anticipos a las empresas que ellos contrataban, debían autorizarlo ellos. ¿Dónde está Albarrán?, ¡cosa extraña! Una empresa de buenas a primeras aparece cobrando 1.300 millones de bolívares, como si hubiera hecho una obra de canalización y rectificación de Caño de Oso, cuando esos trabajos los había hecho ya mi esposo con personal y máquinas del Regimiento. Por eso mi esposo no autorizó el pago. La junta directiva del Caaez no ha sido investigada. A ver, ¿quién tendría que estar en el banquillo de los acusados?

―¿Podría contar qué pasó en el seno familiar, cuando el presidente Chávez sugirió que su esposo pudiera merecer el fusilamiento?

―Todos, como era domingo, estábamos en casa, sin planes para salir. Sin despertarnos de un todo, sobre mi cama veíamos la televisión: mi esposo, mis hijos y yo. Chávez estaba en la pantalla y todos escuchamos, juntos, perplejos, esa increíble barbaridad. “Si pudiera fusilarlo…” Eso generó un daño emocional grave en mis hijos. Desde entonces yo, que soy sicólogo clínico, no he logrado que el menor duerma solo, en su cama. Entonces tenía nueve años, y ahora once. Como tiene el mismo nombre de su padre, dice que teme que un día de estos lleguen buscándolo, para fusilarlo. Mi hija, que tiene ahora dieciséis años, salió corriendo a la calle en pijamas, sin saber qué hacer. ¿Eso no es un delito? ¿Cómo se llama eso, dígame usted? ¿No está penado por el Cedna? Yo no sabía cuál crisis atender primero, si la de un hijo, la del otro, la de mi esposo, la mía. ¡Qué drama, Dios!

―¿Usted era chavista?

―Cómo no. Yo creía que ese señor había sido elegido por la Providencia para hacer las cosas mejor, como todos los venezolanos lo habíamos deseado. Progreso, igualdad de oportunidades, mejor sistema de justicia. Hoy los órganos administradores de justicia en el país están arrodillados a los deseos del presidente Chávez. Su sola voluntad de fusilar a mi esposo fue una línea dictada. Que le corten la cabeza. Así en consecuencia han actuado. Pero, ni siquiera él está imputado ahora. Lleva dieciséis meses, no bajo privativa de libertad sino secuestrado. Una comisión de la Disip lo trasladó hasta Guanare a la fuerza, de noche, sin testigos. El propósito es silenciarlo, evitar a toda costa que algún día se sepa la verdad. Por eso es que digo que mi esposo corre peligro de muerte. Ahora, si están tan seguros de que él se robó 3.217 millones de bolívares, ¿por qué yo no tengo, también, una medida privativa de libertad? Ese dinero tendría que estar disfrutándolo yo. Yo soy cómplice de mi esposo en lo que salga. Sé que estoy luchando contra un monstruo, pero pido una medida privativa de libertad en mi contra, como cómplice. Vengan a ver dónde vivimos. Mi esposo no es un corrupto. Estamos en la misma casa desde hace once años, en Carrizal, estado Miranda. Ni siquiera la tengo terminada. Tuve que vender mi carro para pagar abogados.


¿De qué acusan al general?

El general Delfín Gómez Parra, aún activo, el mayor Orlando Alonso Herrera, el capitán Franklin Castillo y Juan Carlos Herrera, civil, están presos acusados de tres delitos: peculado doloso impropio, malversación genérica y concierto de funcionarios con contratistas.

Los fondos supuestamente desviados formaban parte de una partida de 3.500 millones de bolívares, aprobada en el año 2001 para la construcción de un complejo azucarero en Barinas.

El entonces ministro de Defensa, Orlando Maniglia, dijo que a los implicados les habían abierto "consejos de investigación" y que la averiguación castrense, concluida en junio de 2005, determinó que los oficiales incurrieron en "falta de supervisión y de control" de los fondos públicos. También los acusan de "contratación de familiares y emisión de cheques sin fondos".

La Asamblea Nacional acordó que en el caso hubo "desorden administrativo". En el expediente evaluado por la Comisión de Contraloría aparecen pagos autorizados por el 62 Regimiento a particulares, que, advirtieron los parlamentarios, jamás trabajaron en las obras del Caaez.

Un caso sería el de la empresa presidida por Jiray Vicente Gómez, que habría recibido un cheque por Bs. 84.629.567,67. Una constructora a la que nadie vio por allí, habría cobrado 342.624.870,64 bolívares.

Hay facturas que aparecen pagadas, pero las empresas a las que pertenecen los depósitos niegan haber recibido un céntimo.

Manuel Gómez Parra, un hermano del general, es señalado de haber cobrado sin trabajar. Pedro Carreño, diputado para la época, aseguró que del presupuesto del central extrajeron Bs. 45.144.500 para adquirir una camioneta marca Ford, modelo Fortaleza, color negro, placas 97V-GAT, a nombre de Manuel Gómez Parra, en el concesionario Auto Center de Socopó, estado Barinas.

sábado 30 de junio de 2007

“Si todo hubiese salido bien, yo hoy sería un héroe"

  • Entrevista a Pedro Carmona Estanga
  • En Venezuela es fácil hacer leña del árbol caído. El afán de autodestrucción es grande
  • El mío no es un exilio dorado
  • Me entristece el rumbo de los acontecimientos actuales
  • ¿Pedro el Breve? ¡De todas maneras iba a ser breve!
  • Es injusto hacer recaer en mí toda la responsabilidad en el fracaso de la idea de formar un gobierno de transición

Triunfad: seréis justificados
Balzac

El hombre que le regaló al país día y medio sin Hugo Chávez, ha pagado su proeza con cinco años de exilio, en Bogotá, y, además, con el peso de saber todo este tiempo que cuenta no sólo con el menosprecio del oficialismo, que lo ha satanizado, sino también con un helado y opresivo desdeño por parte de la oposición.
Aún porfía por permanecer fresca, su menuda imagen y su triunfal sonrisa en la televisión, rodeado de luces, del clamor de los aplausos y una atronadora profusión de exaltaciones, en el Salón Ayacucho del Palacio de Miraflores, aquella increíble jornada del 12 de abril de 2002, cuando muchos aún se restregaban frenéticamente los ojos amanecidos, dudosos de que se tratara de una visión real. Ni siquiera resultaba una prueba definitiva de aquel dramático vuelco en los acontecimientos el hecho de ver a un Chávez, desangelado y sin voluntad, dirigirse al interior del Fuerte Tiuna con el pesado y robótico andar de un tanque averiado.
Pedro Carmona Estanga, el mismo que le devolvió al país, por unos instantes, su nombre original, el de República de Venezuela, a secas, decretó la reorganización de los poderes públicos y que, tras levantarse de su asiento tomó con la mano derecha un papel y alzó la izquierda para juramentarse Presidente a sí mismo, llega ahora para la entrevista con el periodista a la habitación de nuestro hotel, solo y sin protocolos, en tierra que por más hospitalaria siempre será extraña, sin expectativas estelares ni más compañía que la de un paraguas puesto en la clemente tarea de resguardarle de las frías punzadas de una repentina ventisca nocturna.

Duelen las distorsiones

–¿Qué tipo de exilio es el suyo?
–No es un exilio dorado, verá. Todo exilio es por naturaleza duro. Supone cambios de vida muy profundos. Contrariamente a lo que mucha gente piensa, no soy un hombre de recursos económicos. Dirigí empresas, pero no tengo en verdad una posición holgada. Me ha tocado vivir con austeridad, con sobriedad, dedicar mi tiempo a una actividad distinta: la académica, que no es remunerativa pero sí enriquecedora intelectualmente, y un medio para convivir con la juventud de este país que me acoge, que es la mejor forma de conocer una nación. Así que trabajo más que de sol a sol.
–No le preguntaba por lo que significa un exilio en lo económico, sino desde el punto de vista espiritual, moral.
–En la medida en que uno es objeto de expresiones, de distorsiones, resulta doloroso, porque si algo puedo exhibir con orgullo en la vida es una trayectoria limpia, honesta. A veces detractores o adversarios, o quienes no me conocen, hacen ver como si uno fuese un ambicioso, en fin, alguien que un momento buscó una oportunidad de ejercicio de poder. De manera que en lo moral, y desde la distancia, no puedo negar que resultan dolorosas las distorsiones que puedan hacer algunos, pensando en aquello de que la historia la escriben los vencedores. Pero cuando se tiene esa trayectoria limpia de una vida, y la conciencia tranquila, los golpes morales fortalecen el espíritu.
–¿Ha dicho, doctor, que tiene la conciencia tranquila?
–Sí, es que todas esas adversidades desarrollan una fortaleza de espíritu, por sobrellevar tiempos difíciles. He tenido entereza, fortaleza de ánimo y mucha fe en Dios.
–Dígame, ¿duerme usted?
–Sí, sí, y muchas veces; dado mi intenso trabajo intelectual, lo necesito. Pero, desde luego, duermo con preocupaciones sobre la realidad de esa patria que me vio nacer, y donde están mis raíces profundas.
–¿Ningún recuerdo de sus actuaciones le altera, ninguno?
–Siempre hay oportunidades de reflexión sobre las circunstancias históricamente complejas que me tocó vivir, sin buscarlas, por cierto, pero que no eludí. Cuanto habría deseado, por supuesto, que hubiese sido otro el resultado de esa avalancha de acontecimientos no programados. Cuando no hay planes estructurados, los resultados no son previsibles tampoco.

El pesar de un hecho fallido

–La fiscalía ha solicitado su extradición. El TSJ lo declaró procedente en abril de este año. Lo acusan de rebelión, de usurpación de funciones.
–El único delito del cual se me acusa es el de rebelión.
–El delito de rebelión civil tiene una pena de entre 12 y 24 años de prisión.
–Según todos los tratadistas, y la jurisprudencia, la rebelión es el delito político por excelencia, y así fue ratificado en su momento, hace ya más de cinco años, por el país asilante.
–Para el Ministerio Público la usurpación de poder es un delito común, no político. Hay un acuerdo de extradición de 1911 entre Venezuela y Colombia, el cual establece que no se considerará delito político cuando se haya atentado contra la vida de un Jefe de Estado. Chávez dice que usted ordenó matarlo el 11-A, tras una llamada de Washington.
–Si en algún caso se han cumplido las estipulaciones del derecho internacional fue en el caso de mi asilo, es decir: asilo diplomático primero, calificación del asilo por el gobierno asilante, otorgamiento del salvoconducto por parte del gobierno de Venezuela, y materialización del asilo territorial en Colombia. En cuanto a la versión de que se tramó contra la vida de Chávez, eso es una monstruosa mentira.
–Cada 11 de abril, ¿qué piensa, qué siente?
–Cada aniversario es una fecha que en Venezuela lleva a la exaltación no del 11 sino del 13 de abril. Más allá del pesar que produce un hecho fallido en sus resultados, lo que más me entristece es ver el rumbo de los acontecimientos actuales. Yo no estoy en activismo político. Uno de los sacrificios que supone el exilio es abstenerse de ejercer una participación activa en política. Pero ello no implica que no siga con absoluta atención todos los hechos que día a día se suceden en el país, y respecto de los cuales tengo una visión legítimamente crítica.
–¿Se sabe odiado, negado, censurado?
–Es natural que haya sentimientos adversos en el gobierno. Pero la incomprensión en sectores (porque no son todos) de la oposición, en buena parte está basado en un análisis parcial, o distorsionado. Es fácil, por ejemplo, decir que el 11 de abril se dio a espaldas de la expresión de parte de la sociedad, cuando de lo que se trataba era de llamar de manera muy rápida al pueblo, depositario del poder constituyente originario, a una relegitimación de los poderes públicos. La primera era la elección parlamentaria, en 90 días, y, desde luego, la presidencial, que ha debido ocurrir en diciembre del 2002. Lo otro que es fácil en Venezuela es hacer leña del árbol caído, convertir a los héroes en villanos, como lo hemos visto en distintas etapas desde el 2002 hasta el día de hoy, sea con la Coordinadora Democrática, con la dirigencia política, con el candidato Rosales, con los autores de la huelga petrolera. El afán de autodestrucción es grande en el país.
–¿Se refiere a que ha visto de cerca la miseria humana?
–¡Huy!, de eso tengo un rollo. Es casi inherente a la condición humana, ver inconsistencias, miserias, oportunismos, pero eso no ha logrado amargarme.
–¿En serio?
–Así es. Una cosa es constatarlo, otra cosa es que lo aplaste a uno. Siempre he creído, como dicen las Sagradas Escrituras en el libro de Job, que basta que haya un justo entre cien seres humanos, para que valga la pena vivir.
–Cuando usted se juramentó había más de 300 personas en Miraflores.
–¿Un lleno, no? El ambiente estaba desbordado de gente que acudió. Nadie recibió una invitación especial.
–Y todos aplaudían de pie.
–Sí, así fue. Más allá de esos apoyos había que asegurar el más amplio respaldo nacional, en el propósito de enrumbar con mucha transparencia la institucionalidad del país.
–Fue una imagen dura ver festejar y abrazarse a gente poderosa, luego de tantas marchas y de tanta sangre popular derramada. Hoy ninguno de aquellos que lo adulaban quiere saber nada de usted.
–Algunos atribuyen a Pedro Carmona la responsabilidad de todos los hechos, de todas las fallas u omisiones de aquel momento. Yo no evado mi cuota de responsabilidad, pero enrostrar en una circunstancia histórica tan compleja, todo, a una sola persona, cuando hubo centenares de actores, civiles y militares, es algo injusto.
–En un momento no se sabía quién mandaba a quién, o quién era el rehén de quién. Algunos observadores han opinado que el general Efraín Vásquez Velazco fue decisivo tanto para la salida de Chávez como para su regreso.
–Tenía una posición clave y demostró falta de determinación. Fue objeto de muchas presiones y exhibió inconsistencias que, desde luego, tuvieron repercusión en el desenlace, en el regreso de Chávez al poder. Ciertamente, en el mundo castrense, que era crucial en aquel momento, hubo numerosísimas inconsistencias, omisiones o errores, y otro tanto en el mundo civil. Es lo que habrá que ver, algún día, de una manera mucho más objetiva.
–¿Acaso alcanzará a ver esa rectificación, en tiempos de perpetuidad?
–Es un hecho al que aspiro como ser humano. El día que pueda, sin el silencio que algunos medios me han impuesto, recomponer, debatir y aclarar muchas infamias. Con la frente en alto ratificaría ante el país que soy un hombre de bien, que no soy un ambicioso. Mi objetivo es limpiar mis actuaciones y mi nombre. Le pido a Dios que viva no sólo para retornar sino para lograr con todo esmero ese propósito.
–¿Es verdad que Isaac Pérez Recao, su antiguo empleador en Venoco, lo movía a usted como a un muñeco, que fue él quien anotaba a los nuevos ministros en su computadora?
–Esa leyenda está plagada de malévolas fantasías.
–Usted ha sido convertido en una especie de símbolo de lo que no puede ser, de lo prohibido. Su rostro es una de las mejores banderas del gobierno, para descalificar a la oposición, por golpista.
–En los reveses políticos, o históricos, muchos se sienten impulsados a lavarse las manos, a buscar al chivo expiatorio, a alegar: yo no participé, no estuve de acuerdo. Eso es profundamente injusto. Si las cosas hubiesen salido bien, yo estaría en un pedestal actualmente.
–¿Le habrían erigido estatuas?
–Sería un héroe. Mi reflexión sería por las persecuciones que esto generó, por las purgas, los procesos que se han abierto, las imputaciones que ha hecho el gobierno. Por eso comprendo que haya gente que se ha replegado. Ahora, ¿cómo hacer recaer toda la responsabilidad en una sola persona? Jamás se pretendió instaurar un régimen de facto, una dictadura, sino una transición de sólo meses (ni siquiera un año), para que fuese el pueblo el que en elecciones limpias, definiera el futuro del país, y muy en especial, en cuanto a la elección de poderes que ya tenían en ese momento un alto grado de ilegitimidad. El país fue testigo de las expresiones de alegría, de euforia, en fin, y todo fácilmente se convierte hoy en censura. La verdad surgirá algún día, porque el tiempo es el mejor juez.
–Mientras tanto usted no es sino Pedro el Breve.
–Fue un intento de formar un gobierno provisional. De todas maneras iba a ser breve, aunque hubiera tenido éxito, porque nunca habría excedido, ¡nunca!, de diciembre de 2002, para cumplir todo el proceso. El país no llegó a saber que el 13 de abril anuncié a la OEA, por intermedio del secretario general, que la provisionalidad invocaría la Carta Democrática Interamericana, para involucrar a ese organismo internacional como garante del pleno restablecimiento del orden institucional. También se olvida que el propósito era proponer cuatro enmiendas constitucionales: 1. Acortar el período presidencial a cuatro años, con una sola reelección. 2. Retorno de los militares a sus cuarteles y el reconocimiento del carácter no deliberante de las Fuerzas Armadas. 3. Doble vuelta electoral, para asegurar la legitimidad necesaria del Presidente. 4. La formalización del restablecimiento del nombre de Venezuela.
–¿Qué pasó, a su juicio qué fue lo que falló?
–Si pudiera hacer un balance, yo atribuiría el fracaso a tres hechos. Uno, la inexistencia de un plan preconcebido. Había una crisis política profunda, pero no un plan de sustitución del gobierno de Hugo Chávez. Segundo, el error atribuible al mundo castrense, de impedir la salida de Chávez a Cuba, como estuvo dispuesto esa madrugada, por considerar que debía permanecer en el país para ser juzgado. Ese fue un error capital. Tercero, las incomprensiones respecto al alcance del decreto, a pesar de las rectificaciones. Además, hubo falta del sentido de unidad en el estamento militar, especialmente en el Ejército.
–Esa juramentación suya, al estilo Napoleón, no fue una plausible pieza democrática.
–Sí, eso quizá tuvo un efecto de imagen. Si hubiese existido una posibilidad real de que el parlamento le diera legalidad a la formación del gobierno provisional, ese habría sido un camino, pero ello no pasó de conjeturas. Jamás se concretó la hipótesis de un cambio en la correlación de fuerzas de la Asamblea Nacional, como se ha dicho.
–En Miraflores, ni siquiera el Regimiento de la Guardia de Honor fue reemplazado. El ministerio de la Defensa recayó en un vicealmirante, un militar sin mando real. Los partidos dicen que usted rehusó concertar con ellos, que hasta los dejó esperando para reunirse, y que por tanto careció de verdadero piso político.
–No eludí, hubo hechos. Yo tuve comunicación telefónica con actores que no me dieron seguridad. Hubo respuestas ambiguas. Yo no busqué, a mí me llamaron a formar un gobierno provisional. Yo no me aparecí voluntariamente. Como digo en mi libro (Mi testimonio ante la historia, editorial Actum), a Ramírez Pérez lo designé ministro por las discrepancias en el Ejército. Luego lo iba a sustituir el general Navarro Chacón.
–Los políticos dicen que con la excusa de ir a bañarse usted abandonó una reunión con ellos y que poco después lo vieron por la televisión llegando a Fuerte Tiuna. ¿Es cierto eso?
–Estaba reunido con toda esa dirigencia política en Venevisión, en las instalaciones del canal de Gustavo Cisneros. A la medianoche salí y me dirigí al hotel Four Seasons, a asearme, a tener comunicación con mis colegas de Fedecámaras. Al llegar al lobby del hotel recibí una llamada, pidiéndome que me trasladara a Fuerte Tiuna para una reunión. Había más que rumores, versiones insistentes en cuanto a la renuncia del Presidente. De manera que no es que salí escondido, a hurtadillas. Esa es una de las mentiras lamentables.
–¿Qué dice de las espectaculares vueltas que ha dado la vida de Cisneros? Carlos Andrés Pérez, que habló al país el 4-F desde Venevisión, en sus Memorias Proscritas señala: “Cisneros es gran estafador político”. (Pág. 415)
–Carás, me pone un tema difícil. Frente a ese tema no puedo sino de manera sincera deplorar las actuaciones de Cisneros y de su organización, y en especial el hecho del cierre de RCTV, sin que haya merecido un gesto de solidaridad de su parte.
–¿Es verdad que José Vicente Rangel estaba en la jugada? El era el ministro de la Defensa y tardó en pronunciarse. Fue de los últimos en incorporarse a Miraflores, la noche del 13, al retorno de Chávez. Llamó para decir que iría cuando su vida no corriera peligro.
–No puedo decir responsablemente que él hubiera tenido acercamiento o participación en los eventos de abril, pero algunos analistas han dicho que sus expresiones evidencian que estaba aguardando ver cuál era el futuro de la consolidación o no de la provisionalidad. Hay quienes advierten que tuvo posturas ambiguas, o de espera, a ver qué podía pasar.
José Ángel Ocanto


Le tendí a Chávez puentes de oro

–¿Qué siente usted por Hugo Chávez?
–Dios mío, no me busque la lengua. Yo lo que debo recordar es que nadie en Venezuela le ha tendido al presidente Chávez los puentes de oro que yo le tendí desde la presidencia de Fedecámaras, y que lamentablemente no supo valorar. Lo acompañé en algunas visitas al exterior. Yo dialogué con el Presidente, tuve conversaciones con él exhortándolo a que, más allá de las diferencias, teníamos el deber de buscar puntos de entendimiento. Durante cien días dialogué con el Gabinete Económico. Falló quizá la visión del estadista, en aras de la visión del revolucionario.
–¿Es Chávez un hombre bruto?
–Chávez no es un hombre limitado. Es un hombre sagaz, que absorbe conocimientos como una esponja.
–Ser una esponja no es precisamente sinónimo de solvencia intelectual.
–Obviamente. Es un hombre intuitivo. Es un comunicador nato.
–Añora, como Pérez Bonalde, la vuelta a la patria. (“¡En marcha, en marcha, postillón, agita el látigo inclemente!”)
–Qué más puedo desear que retornar el día en que haya las condiciones, consciente de que el país requiere de un gran proceso de reconciliación, de cicatrizar fracturas profundas que hasta ahora persisten.
–¿Qué se puede esperar de las marchas que eventualmente se realizan en Venezuela?
–Como expresión de disidencia, de angustia, es un recurso necesario, pero no suficiente.
JAO

"Los pronunciamientos públicos de Rafael Poleo y de Petkoff antes de conocerse el Decreto, denotan prejuicio, ignoro si porque se deseaba otra cosa o porque yo era hasta entonces el presidente de Fedecámaras, pese a que no lo busqué. El hecho es que no se otorgó al nuevo gobierno el beneficio de la duda al menos por unas horas, hasta que se configurara el equipo y se viera de manera objetiva su orientación".
Pedro Carmona Estanga
“Mi testimonio ante la historia”
(Pág. 196)

¿Celebrar, protestar?

Esta semana podría resultar especialmente intensa.
Ojalá. Lo peor que puede pasar en este país es que no pase nada. Es decir, que la piel se nos vuelva dura y la sensibilidad se pierda. Que se adormezca por completo la capacidad de asombro. Que empecemos a pensar que es posible, o quizá conveniente, transigir, mirar hacia los lados, dedicarnos a silbar creyendo que así espantamos el peligro. Que optemos por convivir con la tragedia, y, la pupila dilatada al máximo, nos acostumbremos a mirar en la oscuridad, a perder, o conceder, día a día, un nuevo palmo de libertad. Que pasemos a ser un país de resignados. O que, sea cual sea la razón, o la sinrazón, nos declaremos inconscientes de que nos deslizamos precipitadamente por los declives de un fatal tobogán.

¿Bomba en la Copa?

Este martes, 26 de junio, se abrirá el telón de la Copa América, evento que, según la imprudente advertencia del ministro del Interior, Pedro Carreño, pudiera ser objeto de tres tipos de sabotajes, incluyendo nada menos que la "acción terrorista con bomba o con francotirador". ¡Como para apresurarse a comprar un boleto en primera fila!
Afortunadamente el ruido de una alarma tan grave, como quiera que procede de un militar y alto funcionario ligado precisamente al ámbito policial, resultó amortiguado en seco a causa de la precaria credibilidad de quien, hace unos cinco años, en su papel de parlamentario, gritó ante el mundo la memorable ridiculez según la cual DirecTv espía a sus suscriptores mediante el uso de un decodificador bidireccional. Desde mucho antes, pero en especial a partir de ese preciso día y hora, disculpe señor ministro, cuesta mucho tomarlo a usted en serio.
Con la misma desfachatez se atrevió a asegurar que Vladimiro Montesinos, aquel siniestro personaje peruano caído en desgracia tras un escalofriante cúmulo de tropelías, ¡estaba muerto! Hasta acusó a las autoridades de Lima de encubrir el espinoso asunto y ofreció presentarles "los documentos" probatorios de su otra estrafalaria versión. Apenas unos días después se comprobaron las sospechas asomadas en la prensa, la de allá y la de acá. Mientras Carreño, con mañas de prestidigitador, se esforzaba en burdas engañifas que sólo buscaban desviar la atención, y torcer la investigación, Montesinos había permanecido oculto, a todo lujo, en varios lugares de Venezuela. No tuvo inconveniente, incluso, para que lo sometieran a los consentidores esmeros de una cirugía estética, en una clínica caraqueña. Los organismos de seguridad, ¿por orden de quién?, habían cuidado de proteger celosamente al "doc".

Carreño sin manual

Un día después de la apertura del costoso e improvisado pan y circo futbolístico, este miércoles 27 será la fecha consagrada, desde el año 1965, a la celebración de los periodistas. En Miraflores, además de los discursos negadores de los mortíferos tropiezos que sufre ahora la libertad de expresión, habrá premios y hasta una abundante provisión de condecoraciones para el gremio tildado varias veces de "inmoral" por el mismo ministro Carreño, falto ciertamente del célebre manual de urbanidad que su apellido lleva a recordar.
"¡Y hasta tienen el tupé (el atrevimiento, pues) de marchar!", se queja él.

Un mes sin RCTV

Y el jueves 28, para rematar, se cumple el primer mes del cierre de Radio Caracas Televisión. Cierre, claro, ¿qué otra cosa fue? ¿O propagaremos también esa pérfida necedad según la cual aquí no hay presos políticos sino políticos presos, o la barrabasada que, detrás de los guardaespaldas, sueltan quienes aseguran que en el país no se registran crímenes sino ajustes de cuentas?
Acomodarle a RCTV el burocrático e impropio título de "fin de la concesión" no deja de ser más que un sumiso, o adulante, recurso semántico que, por más que se le fuerce, jamás podrá ocultar, y menos aún justificar, el brutal arsenal de arbitrariedad e ilegalidades echado a rodar, desde el instante en que la voz que pretende ser la única, e inapelable, en oportunista olvido de su pasado reciente condenó al canal, vea usted, ¡por golpista!

Entre Garzón y Ortega

Como preámbulo de esta semana que promete agites y más de un trastorno público, la visita del juez Baltasar Garzón sometió a prueba el estrecho y pantanoso margen de tolerancia que suele evidenciar el oficialismo. Llamado "mercenario", "acróbata" y hasta "payaso", el célebre juez español no se inmiscuyó en nuestros asuntos más que el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega. Garzón, sin citar a nadie en particular, esbozó principios tan inobjetables como que "una democracia sin valores tiende a convertirse en un totalitarismo", y, a renglón seguido, que "quien más poder tiene debe ser el más controlado". ¿Dónde está el exceso, el delito, en esta opinión? Esa misma idea está contenida en diversos tratados. ¿Por qué la rabia del TSJ, por qué poner el grito al cielo si alguien dice que los jueces no pueden ser "lacayos" o "serviles"? Si no lo son, señorías, ¡entonces demuéstrenlo! Oportunidades les sobrarán. ¿Qué esperan?
Y si lo de Garzón implica una valoración personal, o subjetiva, pues entérense de que no se trata, en lo más mínimo, de una impresión en solitario. A principio de este mismo mes, una declaración conjunta de los Colegios de Abogados de Venezuela, rechazó "la presión oficialista ejercida sobre el Poder Judicial". Aludían al discurso del Presidente el 24 de marzo de este año, en el Teatro Teresa Carreño, "cuando afirmó sin ambages ni comedimientos que constituía una traición al pueblo, una traición a la revolución, el dictar decisiones judiciales que neutralizaran actos del Gobierno, si estas se hacían de espaldas al líder de la revolución".
¿Qué explica el hecho de que el TSJ monte en cólera si alguien, desde afuera, les recuerda que un juez no puede ser servil, pero calla si el dueño del poder les advierte casi al mismo tiempo que dictar leyes que lo contraríen, o enojen, lo interpretaría como una traición? Traición, por cierto, que, ya se sabe, se paga con deshonra y destitución.
Por tanto, Garzón restregó conceptos válidos en cualquier democracia.
En cambio Ortega dijo que nuestra juventud, ahora en la calle, está obligada a identificarse con el proyecto del amo con chequera generosa. Los llamó "manipulados" y portadores de "un mensaje de odio".

¿Masoquistas?

Celebrar, en estas condiciones, el Día del Periodista, sería una patética muestra de masoquismo. Una torpeza.
La viciada atmósfera del país no está como para dedicarnos a festejos huecos, intrascendentes, y menos aún para repetir solícitos brindis con el verdugo.
Justo por estos días ha salido a relucir que la reforma constitucional analizada en cenáculos contempla la eliminación del secreto profesional como garantía en la labor de los periodistas.
El CNP del estado Táchira nos ha recordado que el artículo 5 de la ley que, por ahora, nos ampara, le adjudica al gremio el carácter de "custodio y defensor" del derecho inalienable del público a estar informado.
El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa, SNTP, y la Asociación Civil Expresión Libre, al convocar a una marcha nacional, han contabilizado unas 800 agresiones a medios y periodistas durante los últimos ocho años. El cuadro se vuelve aún más sombrío si se le añade el constante cierre de las oficinas de prensa, la amenaza de acabar con el Colegio Nacional de Periodistas, las acciones judiciales incoadas contra más de 30 reporteros, la aparición de la figura de la autocensura, la oficialización del delito de opinión, y el hecho de que la prensa pase a ser una especie de objetivo político y judicial del gobierno. Y, encima, la pretensión, proclamada a los cuatro vientos, de instaurar una hegemonía comunicacional.
Una buena ocasión para refrescar un mandato del Código de Ética del Periodista Venezolano. Artículo 40: "El periodista tiene el deber de combatir sin tregua a todo régimen que adultere o viole los principios de la democracia, la libertad, la igualdad, la justicia".
¿Celebrar? ¡Otro día!


Cada vez más aislados

¿Cómo no entender, el proceso aislacionista que vive Venezuela? No es casual que el gobierno socialista de Zapatero en España, tan zángano hasta ahora, haya marcado prudente distancia. Chile nos ha sustituido en la CAN, al propio tiempo que el ingreso de nuestro país a Mercosur está en un crítico veremos. El sobresalto sobre las negociaciones de la Organización Mundial de Comercio, en Alemania, con la presencia de Brasil en condición de potencia, motivó a las autoridades venezolanas a elaborar un apresurado comunicado, junto a, ¿saben quiénes?: Bolivia y Cuba. ¡Debe haber temblado la Unión Europea en pleno!
El panorama adquiere matices impensados, interesantes.

domingo 17 de junio de 2007

¿Podemos "celebrar" el Día del Periodista?

José Ángel Ocanto habla a los estudiantes larenses,
frente a la sede del diario EL IMPULSO. “Ustedes son
la bandera, la llama que faltaba”, les dijo

"Celebrar, en las actuales circunstancias, el Día del Periodista, en Venezuela, sería el peor absurdo que pudiera cometerse", en opinión del ex secretario general del Colegio Nacional de Periodistas, seccional Lara, José Ángel Ocanto.
El comunicador señaló que el gremio en varias entidades del país se ha pronunciado en ese sentido, y Lara, apuntó, no debería ser una bochornosa excepción.
-El CNP del estado Táchira ha producido un lúcido y valiente comunicado, en el cual recomendó a todos sus afiliados no concursar por este año en ninguno de los premios de periodismo auspiciados por ningún ente público o gubernamental, como una señal manifiesta de protesta y desagrado a las posturas oficiales frente a la libertad de expresión y el papel de los periodistas.
-Sería una incalificable humillación recibir un premio, o aceptar el halago, o brindar junto a quienes el resto del año nos han perseguido, sometiéndonos al desprecio y a un hostigamiento incesante, en busca de acallar el ejercicio del periodismo plural, crítico y de investigación.
JAO aduce que en todo caso lo que cabría, a propósito del Día del Periodista, este 27 de junio, sería realizar foros, debates, o amplias jornadas de reflexión, "lejos, muy lejos de los simulados banquetes y del cínico bullicio de la música y el festín montado por el gobierno".
-Sería más provechoso y edificante discutir, ahora, sobre los sombríos peligros que se ciernen en torno a las libertades públicas, y acerca de las fórmulas que nos permitan salvar los espacios aún inviolados en la misión de informar y proyectar las realidades, al margen de la verdad oficial y del pensamiento único. Ya no se trata de las amenazas genéricas de un gobierno militarista, trasgresor e incívico, sino de hechos concretos ya materializados en el cierre de RCTV y en el enfilar de sus baterías hacia Globovisión y contra toda manifestación de disenso, como está ocurriendo ahora mismo con la protesta admirablemente no violenta de los estudiantes universitarios, acusados de fascistas.
"Por todo esto y más, celebrar premios alargados por el régimen o acudir a sus burlescos saraos, equivaldría a una imperdonable degradación, dicho esto más allá del merecimiento que pudiera caberle a los periodistas escogidos para la distinción", concluyó.



La primera noche ellos se acercan
y cogen una flor de nuestro jardín,
y no decimos nada.
La segunda noche ya no se esconden
pisan las flores, matan nuestro perro
y no decimos nada.
Hasta que un día el más frágil de ellos
entra sólo en nuestra casa,
nos roba la luna,
y conociendo nuestro miedo
nos arranca la voz de la garganta.
Y porque no dijimos nada
ya no podemos decir nada

Vladimir Maiakovski.
Poeta ruso, 1893-1930

sábado 2 de junio de 2007

La lección de los estudiantes
















La política cambió. El país cambió, de un día para otro.
El mensaje conmovedor de los artistas de RCTV, la noche del cierre sobre todo, caló hondo en el sentimiento del pueblo.
De repente, la gente descubrió que esas figuras idealizadas eran seres de carne y hueso, capaces de sufrir las mismas presiones y torturas que el resto de los mortales. Son como uno.
Verlos llorar de impotencia era una escena más cruda que la más atrevida de las novelas por ellos protagonizadas.
En ese instante, la figura del militar que desgobierna, se erigió más torpe, insensible, prepotente, desplantes que chocan contra la cultura social de una nación poblada por almas mayoritariamente sencillas, nobles, abiertas, solidarias. Se produjo un quiebre, una profunda ruptura. Un verdadero sismo emocional.
Al error garrafal del cierre de Radio Caracas Televisión, siguió el imperdonable despropósito del trato que el gobierno le dio al asunto, ya escapado de sus manos. Desconocer la realidad planteada no era lo más aconsejable, lo más inteligente.
El amo del poder se sobreestimó una vez más y salió con las tablas en la cabeza. ¡Qué pena, comandante!
Los tiros del profundo malestar, de la rabia que se apoderaba incluso de quienes no eran televidentes asiduos del canal clausurado, habían reventado por donde menos se esperaba.
Unos muchachos ajenos a toda militancia política, a toda sospecha de ser movidos por los hijos de las viejas estructuras partidistas, tan dispersas, distraídas y disminuidas, llenaban las calles del país de una algarabía rebelde que había estado adormedida por largos años. Nadie sabía qué se había hecho ese ímpetu, silente en aún en las horas más cruciales.
La espontaneidad había sido la clave de esa respuesta. Su homogeneidad, su frescura, su pureza.
El gobierno perdía en forma estruendosa la batalla de opinión pública, dentro de nuestras fronteras, y fuera también. Pase lo que pase, la derrota ha dejado ya un balance deplorable para el inapelable jefe que hasta hace unos minutos asumía las poses de quien dicta las pautas de la política continental.
Pero no sólo el gobierno lucía sorprendido. La propuesta de un referendo sobre el caso RCTV, por parte del líder opositor Manuel Rosales, demuestra que tampoco entre los partidos había un diagnóstico acertado. Los venezolanos ni siquiera tomaron en cuenta esa sugerencia. No la procesaron. La miraron con una olímpica displicencia, y con toda razón. Puntos en contra para Rosales.
En el ánimo de quienes disienten del oficialismo ha prendido el propósito de no ir más detrás de los trapos rojos que le son asomados desde Miraflores. Es hora de imponer una agenda, adueñarse de un discurso propio, tomar la iniciativa.
Pero es que, ¿cómo proponer un referendo a estas alturas? ¿Acaso es viable desmovilizar esa protesta, tan hermosa como inspiradora, y hacer un alto, justamente ahora, sólo para que el CNE, una vez más, nos indique el camino y nos conduzca a otro holocausto?
Ahora, es cierto que esto que está pasando requiere constancia, coherencia y mucha entereza.
Las gráficas que acompañan a este comentario corresponden a la actividad cumplida por los estudiantes en el Monumento al Sol, obra de Carlos Cruz Diez, en Barquisimeto, estado Lara.
El gobernador del estado acaba de tildar de "protesticas" esas hermosas demostraciones de fe y esperanza de nuestros muchachos.Un arranque más de despotismo. De desprecio por la opinión distinta. ¿Qué otra cosa se podía esperar?
Nuestra palabra de profunda admiración hacia los estudiantes. Eran la chispa que faltaba. Esta vez han sido ellos quienes dieron la lección. Una lección que es preciso evaluar a cabalidad, para aprenderla en toda su honda trascendencia.

lunes 14 de mayo de 2007

El símbolo de la pantalla apagada

“Si es cierto que corre sangre por nuestras venas, afrontaremos pruebas vitales, graves. Servirán para medir el grado de sanidad social de la Venezuela de esta hora”

Considero una tímida estupidez la cuña de televisión que, a escasas horas del cierre de RCTV, presenta a una mujer de humilde apariencia, dirigiéndose al amo del poder en términos llorosos, implorantes casi: “Señor Presidente, usted nos abrió los ojos…”, “señor Presidente, usted es un hombre que da…”, ponen a decir a la señora, en frase que mejor calzaría en los serviles y delicados labios del ministro Willian Lara. Tan cursilón, turbio, quebradizo y refinadito él.
¿Cabe esa tierna formalidad frente a semejante abuso, y, además, frente a todas las arbitrariedades y riesgos en cadena que ahora presenciamos y padecemos? “Señor Presidente, yo rechazo su mordaza y me rebelo ante su abominable pretensión de acallarnos e imponer el pensamiento único”, habría sonado más genuino, sincero y ajustado a una coyuntura ciertamente dramática, concluyente, en la cual no resultan admisibles las vacilaciones, los aderezos engomados, ni las medias tintas.
Lo peor del caso es que el citado mensaje suplicante no es fruto de una desorientación aislada. Es obra de un reflejo fatalmente enraizado en el subconsciente colectivo. Estamos aquí sentados, con las piernas cruzadas, aguardando la materialización de un extravagante milagro: que Hugo Chávez entienda lo que no entenderá jamás, y que, una noche de estas, por fin, para nuestra más inmanejable sorpresa, se arrepienta y se disponga a rectificar. Que de pronto se vuelva un apasionado demócrata, un converso al estilo de Pablo de Tarso, un paladín de la legalidad y un colosal ejemplo de tolerancia y humildad. Que sus volcánicas obsesiones y ruinosos delirios cedan paso a una oculta personalidad plena de respeto, buenas intenciones y pulcritudes ciudadanas.
¿Alguien, en su sano juicio, lo cree posible? Soñar no cuesta nada, es cierto, pero esta pesadilla ya está demasiado larga y se ha elevado en exceso el monto de sus desgracias, materiales y espirituales, en el seno de una nación partida en dos toletes enemistados por causa de la cizaña fanática y del copioso veneno oficialista. El patético cuadro que nos rodea, plagado de tiempo perdido, desolación, esperanzas malogradas, corrupción insolente, inversión de valores y muertes, clama a los cielos por no alargar ingenuidades ni reposos miserables, en nombre de una colegiala compostura que es respondida con insultos, perversidad y plomo del grueso, desde la oscurecida e impúdica fuerza militar gobernante.
A estas alturas de los nueve años de una inmoralidad impropiamente llamada revolución, con sus depravados motores, buena parte del liderazgo del país (partidos, gremios, universidades, empresarios) luce distraído, soporífero, soso. La hora de las definiciones llegó hace rato, y tronó con estrépito, pero el cinismo oficial sigue recibiendo por respuesta las vagas muestras de las desvariadas impotencias que de tanto en tanto, en horario de oficina y descontando los días feriados, brotan de una oposición errática, espasmódica, inconsistente, poseída por el miedo de ser mayoría alguna vez, y que va por allí, arrastrando con torpeza un insuperable complejo de culpa.
Si el Tribunal Supremo de Justicia no le saca las patas del barro al gobierno, conforme podría sugerir la sala situacional de Miraflores, el cierre de RCTV este 28 de mayo, justamente el Día de Lara, producirá el parto forzado de un poderoso símbolo en la lucha por las libertades públicas, capaz de insertarse en los estratos de la percepción y la memoria del venezolano común. Habrá surgido una nueva bandera, con ribetes definitorios. ¿Acaso no insistía Aristóteles en que no se piensa sin imágenes? Cualquier aprendiz de los símbolos sabe que su principal fuerza radica en que hacen innecesaria la explicación. Los símbolos quedan lacrados con facilidad en algún lugar de la razón, al alcance de toda comprensión humana.
La pantalla apagada de la planta televisiva con mayor penetración y arraigo cultural será un emblema que en poco tiempo el recuerdo elevará, hasta sublimizarlo, borrándole toda aspereza. Cada vez que la realidad y las angustias populares no aparezcan fielmente reflejadas en la señal de los canales sometidos, o plegados, y cuando el entretenimiento habitual de las familias haga sentir la severidad de su vacío, la evocación de la tribuna despojada sacará a relucir el atropello de quien ha hecho uso de la fuerza desmedida, injustificada, inconsulta. Entonces el símbolo adquirirá la secreta fuerza de lo prohibido, la irresistible atracción que se graba en todo lo que es perseguido o proscrito. ¿Le conviene al régimen engendrar semejante mártir, vinculado nada menos que a la sacrosanta libertad de expresión?
Si la gente tiene en el primer lugar de las preferencias precisamente a RCTV, en señal abierta, y a Globovisión, por cable, canales privados ambos adversos al gobierno, es dable deducir que pocos se fían de la prédica oficial. O, al menos, que a una inmensa mayoría de habitantes de esta nación, las peroratas insolentes del mandamás y sus incondicionales no les hacen más amable la existencia. Queda claro que si se tiene la oportunidad de escoger, y sintiéndose los ciudadanos fuera del alcance de la coacción directa del régimen, en sus hogares, la cabida del discurso oficial se reduce en forma comprensible para todos, pero alarmante e insoportable para quien pretende ser visto y acatado ajuro. Anote, señor: el público sólo está presente y aplaude cuando pasan lista.
Encima, el malestar y la frustración sin posibilidades de ser drenados socialmente darán origen a una presión de consecuencias insospechadas. Esta vez el poder se habrá metido con los venezolanos más queridos y admirados: los artistas, esos seres idealizados y acogidos en cada vivienda, no importa su condición, y con quienes millones de hombres y mujeres están habituados a reír y llorar, a sentir y soñar, día a día, como extensión afectiva y cercana de sus particulares aventuras y aflicciones.
Un dios rencoroso habrá expulsado del paraíso a aquellas figuras modélicas, fascinantes, en quienes ven proyectados sus dramas y anhelos cotidianos más intensos, en insondable complicidad. Tal conquista, así lograda, degenerará en una tragedia para el régimen, porque será una victoria insostenible, desastrosa, con inmensas bajas en el bando de las libertades públicas, y de los derechos humanos, por supuesto, pero también entre las columnas y los lujosos pertrechos del poderoso, que tanto temor habrá de revelar ese día sin gloria ante el fuego cruzado de la opinión distinta y el debate abierto de las ideas, ¡de todas las ideas!
El amo exhibirá la indispuesta debilidad de quien, impedido ya de razonar y de convencer, habiéndose creído el dueño de la palabra, y de la verdad absoluta, a falta de argumentos nobles y presentables ha optado por aplastar, con crueldad y grosera ventaja.
“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos”, coloca Cervantes en boca del Quijote. “Por la libertad, así como por la honra, se puede aventurar la vida y por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres”, agregaría luminoso, desde el lomo de su jumento, el caballero de la triste figura.
Sin duda la colectividad venezolana revelaría la más lastimosa de las cualidades, si deja pasar en silencio y con resignada inmovilidad este salvajismo a punto de ser perpetrado. Si es cierto que corre sangre por nuestras venas, afrontaremos pruebas vitales, graves. Servirán para medir el grado de sanidad social de la Venezuela de esta hora. Al optar cada quien por su posición, nadie puede llamarse a engaños porque las señales han sido colocadas con toda claridad. Los terrenos de la deshonra y del abordaje delator y alevoso son presididos por la ignominiosa Venevisión de Gustavo Cisneros. Un viejo y prestigiado líder del gremio de periodistas, Eleazar Díaz Rangel, decidió sepultar a cambio de privilegios todo un historial de representación y luchas reivindicativas, al soltar esta bestialidad: “No se trata de revocar una licencia o concesión, sino simplemente de no renovarla”.
Piensan que un resentimiento mal disimulado les da licencia para arrasarlo todo, ahora, con la valentía que proporciona desplazarse en manada, dentro de esta improvisada selva. No importa quien caiga, ni los valores que se derrumben, si la tardía venganza pactada se consuma. Son los extraviados coletazos de una ideología que repite los crímenes y los mismos desvaríos obsesivos de Stalin, Mao, Pol Pot. Un morbo que se alimenta de una romántica y pintoresca impunidad cuando al calor del realismo mágico de estos pueblos caribes se propaga con mano zurda y bajo el pretexto de la lucha contra el imperio y el capitalismo. Desde la culta Europa, unos ilustres cagatintas bien pagados aplauden y ríen de los absurdos que nunca serían admitidos allá. Ningún obstáculo moral, ninguna luz de progreso y entendimiento, pueden anteponerse a ese fin. Por tanto, todo quien se atraviese en el camino es un traidor y debe ser aniquilado. El Ché Guevara, cuya efigie es colocada sin pudor alguno en las calles junto a la de Bolívar, proclamó que el guerrillero debe ser “una fría e implacable máquina de matar”.
Salvador Allende declaró que “la objetividad no debería existir en el periodismo”, puesto que “el deber supremo del periodista de izquierdas no es servir a la verdad, sino a la revolución”.
Y una aliada de esta nefasta correría revolucionaria, Hebe de Bofani, integrante de las Madres de la Plaza de Mayo, en Argentina, confesó que cuando se produjo el atentado del 11 de septiembre en Nueva York y Washington, por haberse dado en territorio estadounidense, ella sintió alegría. “No voy a ser hipócrita, no me dolió para nada”, dijo.
No somos testigos, pues, de una catástrofe inconexa, separada de un tronco madre. Pensar que el cierre de RCTV es un mero capricho, o un accidente más, comporta el error más peligroso que podemos cometer como sociedad. El fuego de esta tragedia nos quemará caras y conciencias.
Tendríamos que ser clausurados como remedo de país, y como falseada copia de ciudadanos, si no reaccionamos ante los pasmos y urgencias de conducta tan vomitiva.

sábado 12 de mayo de 2007





Eres el visitante número:



Carora abandonada

La bella y culta ciudad de Carora está siendo sometida a un abandono nunca visto.El actual alcalde no se ocupa de los asuntos de la ciudad.Quien lo dude, observe estas fotografías.

C is for Café Rico A M is in Animation P A_IMG_1977 nn A E N E L D E S_letters Pewter Letter i E R T O


¡Recomienda mi blog a tus amigos!
Powered by miarroba.com

jueves 10 de mayo de 2007

Oda a los nombres de Venezuela



Pablo Neruda

Los llanos requemados de febrero,
ardiente es Venezuela
y el camino divide
su extensa llamarada,
la luz fecundadora
despojó el poderío
de la sombra,
cruzó por el camino,
mientras crece
el planeta a cada lado,
desde Barquisimeto hasta Acarigua.
Como un martillo
el Sol pega en las ramas,
clava clavos celestes
a la tierra,
y como un gallo
encrespa su plumaje
sobre las tejas verdes de Barinas,
sobre los párpados de Suruguapo.

Tus nombres, Venezuela,
los ritos enterrados,
el agua, la batalla,
el sombrío enlace
de jaguar y cordilleras,
los plumajes
de las desconocidas aves
condecoradas
por la selva,
la palabra apenas entreabierta
como de pluma o de polen,
o los duros nombres
de lanza o de piedra:
Aparuren, Guasipati,
Canaima, Casiquiare,
Mavaca, o más lejos, Maroa,
donde los ríos bajo las tinieblas
combaten como espadas,
arrastran tu existencia,
madera, espacio, sangre,
hacia la espuma férrea del Atlántico.

Nombres de Venezuela
fragantes y seguros
corriendo como el agua
sobre la tierra seca,
iluminando el resto
de la tierra
como el araguaney
cuando levanta
su pabellón de besos amarillos.

Ocumare, eres ojo, espuma y perla,
Tocuyo, hijo de harina,
Siquisique, resbalas
como un jabón mojado y oloroso
y, si escogiera,
el Sol nacería en el nombre
de Carora,
el agua nacería en Cabudare,
la noche dormiría en Sabaneta,
en Chiguare, en Guay, en Urucure,
en Coro, en Bucaray,
en Moroturo. En todas
las regiones de Venezuela
desgranadas
no recogí sino
este tesoro:
las semillas ardientes
de esos nombres,
que sembraré en la tierra mía,
lejos.

"Chávez es un paranoico"

Cardenal S.D.B., Rosalio José Castillo Lara:

  • Juan Pablo II me llamaba siempre cariñosamente “el hombre del derecho”
  • En las discusiones sobre el Código de Derecho Canónico, muchas veces tuve que contradecir al Papa. “Después le pedía perdón”
  • Actualmente en Venezuela no hay democracia, y no podemos quedarnos dormidos. Estamos en una pendiente y vamos cayendo hacia un sistema completamente dictatorial
  • A veces me equivoco y llamo “señor” a Chávez. Yo lo nombro individuo, porque no merece ser llamado señor

Ha presenciado la proclamación de cuatro Papas: Juan XXIII (1959-1963), Pablo VI (1963-1978), Juan Pablo I (1978), quien reinó apenas 33 días, murió de un infarto y se le llamó el Papa de la sonrisa; y, por último, Juan Pablo II (1978)
Es el cuarto Cardenal que ha tenido Venezuela (los tres anteriores han muerto: José Humberto Quintero, José Alí Lebrún e Ignacio Velasco), y uno de los 174 nombrados por el actual Pontífice, quien depositó sobre sus hombros responsabilidades y distinciones abrumadoras.
Penetrante, efusivo en el trato y riguroso en sus abordajes –no esquiva jamás una confrontación, sea de asuntos de fe o atribuibles a las mortales obstinaciones–, vivaz hasta el asombro. Así nos recibe en su casa de San Casimiro de Güiripa, un extraviado poblado fundado por el Obispo Mariano Martí, al sur del estado Aragua.
Rosalio José Castillo Lara. Como Cardenal (del latín cardo, quicio, "bisagra de las puertas antiguas"), es Prelado elector y consejero del Romano Pontífice. Es decir, de Wojtyla, como suele llamar al “peregrino”.
–Yo llegué a Roma, digamos así, establemente, a comienzos de 1957. Estaba como profesor en la Facultad de Derecho Canónico de la Universidad Salesiana, que primero estaba en Turín. Permanecí hasta 1965 como profesor, cargo que requería mucha dedicación al trabajo científico. Luego me vine a Venezuela como superior de los salesianos, pero estuve sólo año y medio, porque me llevaron a formar parte del Consejo General de los Salesianos. Yo era el encargado de visitar las casas salesianas en el cono sur, o sea: Perú, Chile, Bolivia, Uruguay, Paraguay y Argentina. A los tres años me nombraron encargado de la pastoral juvenil en todo el mundo. En 1973 el Papa me hizo Obispo coadjutor de Trujillo. Yo le confieso que mi deseo, siempre, era regresar a Venezuela.
–¿Por qué, Eminencia?
–Yo me sentía, un poco, como desterrado, no por el gobierno pero sí por las circunstancias; puesto que yo salí de Venezuela en 1940, con 18 años, para ir a Colombia, a estudiar como salesiano y hacer el noviciado. Desde 1940 hasta noviembre de 1997, cuando regresé, yo no estuve en Venezuela sino escasamente unos seis años, en períodos diversos que nunca totalizaron dos años seguidos. Sin embargo, al Papa nunca se le puede decir que no. Me nombraron para Trujillo, tomé posesión en 1973 y en enero de 1975 me llamaron a la Nunciatura para decirme que el Papa Pablo VI me llevaba a Roma, para encargarme de la secretaría ejecutiva de la Comisión Pontificia para la reforma del Código de Derecho Canónico.
–¡Le asignaron un compromiso extremadamente delicado!
–Reformar el Código era una tarea gigantesca. Fíjese usted: la reforma del Código fue anunciada, junto con el Concilio Vaticano, por el Papa Juan XXIII, en 1959. Se hizo primero el Concilio Vaticano II y después, en 1965, comenzó ese trabajo, el cual era muy complejo, porque no era simplemente, como pueden hacer aquí, que uno o dos preparan un esquema, no. Allá había una comisión como de 20 ó 30 cardenales, que era la última instancia. Después estaba el presidente de la Comisión Pontificia, que era un Cardenal; el secretario, que era un Obispo. Había otros sacerdotes y técnicos, que formaban el personal de la Comisión. Pero luego, el trabajo principal se hacía con los consultores, más de un centenar de profesores de distintas universidades eclesiásticas del mundo. Las insinuaciones y observaciones para el Código venían de todos los Obispos del orbe, quienes fueron consultados cinco veces. ¡Todo en latín!
–Stickler escribió que el nuevo Código no era una mera actualización del anterior Código de 1917, sino que planteaba una honda "renovación de la disciplina". ¿Qué rasgo resaltaría usted?
–En primer lugar, la gran claridad, la actualización, lo más completa, con el Concilio Vaticano II, y luego, el sentido muy cercano, pastoral. Yo dirigía los debates y hacía las redacciones. Estaba en contacto personal con los mejores canonistas, profesores de derecho canónico de todo el mundo. Yo estuve trabajando en eso ocho años, ¡de lleno! El Código se promulgó el 25 de enero de 1983, justo a los 25 años del anuncio del Papa acerca de la reforma. No hay ninguna otra legislación en el mundo que se haya hecho con tanto cuidado. Por eso yo me río de las legislaciones que se preparan aquí.

“El hombre del derecho”

–Esa labor suya con el Código de Derecho Canónico le granjeó una inmensa confianza por parte de Juan Pablo II.
–El Papa Juan Pablo II me llamaba siempre cariñosamente “el hombre del derecho”. Al Papa se le presentó un esquema del Código que se llamó el esquema novísimo, el ultimísimo. Junto con un grupo de seis expertos, él lo examinó todo, con la presencia mía. El Papa le dedicaba a eso hasta tres horas. Llegábamos a las 12:30, estaba ya el Papa, y trabajábamos hasta la 1:30 ó 2:00. Después se seguía trabajando en el comedor. Comíamos, y se seguía con el trabajo hasta las 3:00. A mí me tocaba todo el peso, porque tenía que responder las objeciones de los seis expertos, y… bueno, hasta tenía que contradecir al Papa en muchas cosas.
–¡Contradecir al Papa! ¿No lo sentía como un atrevimiento suyo?
–Sí. Recuerdo que llegué a decirle, respecto a algún asunto: “Eso es absurdo, no se puede hacer”. –¿Sí? ¿Qué respondía el Papa?
–El decía: “Bueno, si es absurdo no lo haremos”.
–Cardenal, ¡resulta que un Papa se equivoca!
–En cosas que no son de fe se equivoca, muchas veces. Ahora, cuando terminó todo, que ya estaba el Código aprobado, yo sentí el deber de ofrecerle excusas al Papa, por las veces que lo había contradicho. Le pedí perdón porque en el ardor de las discusiones le contradije muchas veces. El me dijo: “No, a mí me gusta que sea así porque eso es lo que me ayuda. Yo no necesito gente que me diga sí a todo, sino gente que me diga la verdad”. ¡Eso habría que aplicárselo al señor de Miraflores!

“Se Castillo Vuole”

–A estas alturas usted había acumulado un poder impresionante en la Santa Sede.
–Después de eso yo presidí por cinco años la comisión para la interpretación de las leyes. En 1988 el Papa me nombró presidente de la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica, que era la administración de los bienes de la Santa Sede.
–También estuvo al frente de la Banca del Vaticano.
–Sí, fui por un tiempo presidente de la comisión de cinco Cardenales que supervigilaba lo de la Banca Vaticana. Nos tocaba administrar los bienes de la Santa Sede.
–En 1990 usted pasa a ser el presidente de la Comisión Pontificia para el Estado de la Ciudad del Vaticano. En otras palabras, el Gobernador del Vaticano.
–En diciembre de 1989, al día siguiente de la visita de Mijaíl Gorbachov, el Papa me mandó a llamar. Cuando él tiene que dar una noticia, la da en el almuerzo. Quería que yo le aceptara… ¡también!, o sea, además de la Administración, lo que sería el cargo de gobernador o presidente del Estado Vaticano. Pues, ¿yo qué le iba a decir? Le dije que como salesiano eso para mí era una orden.
–Hay una anécdota que habla del enorme poder que usted tenía. Resulta que los romanos llegaron a decir que la sigla SCV (“Santa Città del Vaticano”) en las placas de los carros, lo que en verdad quería decir era: “Se Castillo Vuole” (si Castillo quiere). ¿Es cierto eso?
–La sigla SCV significa Stato Città del Vaticano. Ahora, esa expresión se la acuñaron unos 40 años antes a un Cardenal que tenía ese cargo y era muy poderoso. Su apellido también comenzaba por la letra “c”. Cuando yo llegué, como por coincidencia me llamaba Castillo, y realmente tenía poder, lo decían por broma: “Se Castillo vuole”.
–Usted decide renunciar a todo eso al cumplir los 75 años, para dar cumplimiento a lo dispuesto en el Código de Derecho Canónico, que usted mismo había redactado. El Papa le escribió una carta personal en la cual le hizo un reconocimiento cargado de frases muy laudatorias, que reflejan una alta estima, un gran respeto hacia usted. Dice que acepta su renuncia “no obstante el vivo aprecio por el trabajo que desarrolla con gran dedicación y competencia”.
–Ciertamente. A mí me admiró mucho. Una de las características del Papa, y no sólo conmigo sino con todos –y también Pablo VI–, es el gran respeto a la persona, a cualquier persona que se le acercase a él. Juan Pablo II, por ejemplo, cuando uno le hacía alguna deferencia…
–¿…cómo la de besarle la mano, por ejemplo?
–Besar la mano es una costumbre allá para todos los Obispos. Pero cualquier otra deferencia, él la aceptaba como pidiendo disculpas por tener que aceptarla. Permítame volver a lo de la carta del Papa. Además de esa que usted menciona, él escribió otra, porque en Roma los periodistas no entendían cómo una persona que tenía tanto poder, se marchaba. ¿Por qué?, se preguntaban. Entonces comenzaron a inventar…
–Hubo muchas especulaciones. Hasta se dudó del carácter voluntario de su renuncia.
–En Roma, en Francia, comenzaron a inventar las razones más… tontas. Por ejemplo, uno dijo: es que tuvo un choque con el Secretario de Estado, y como los dos tienen un carácter fuerte, Castillo se fue. Una revista francesa, fíjese usted, dijo que era que yo había tenido un tremendo desfalco económico, porque las inversiones que teníamos en los Estados Unidos habían caído. Otros dijeron más cosas. El Papa, al ver eso, escribió una carta, cosa que no ha hecho con ninguno, explicando.

Una señal muy mala

–Seguramente nunca lo imaginó, pero ahora le toca enfrentar una misión quizás más dura, en Venezuela. Es usted, en estos momentos, el único Cardenal del país, justo cuando la iglesia Católica pasa a ser una de las instituciones más ferozmente atacadas por el gobierno actual.
–Sí, sí.
–Usted vio personalmente cómo las ofensas al Cardenal Ignacio Velasco no cesaron ni siquiera durante sus funerales.
–Sí, sí. Mire, yo regresé a Venezuela con mucho entusiasmo, porque quería darle a Venezuela, y a éste terruño, los últimos años de mi vida. Y me tocó esta situación tan triste. Yo considero que la situación actual es gravísima. Lamentablemente, diera la impresión de que la gente, pasado el fervor del referendo, se ha olvidado de esto, y cerrado ya el capítulo piensan que no hay nada qué hacer y entonces sólo tratan de sobrevivir. Es una señal muy mala cuando la gente pierde el espíritu de lucha, que es tan necesario.
–La fe está ahora en bancarrota.
–Ciertamente. Mire, ¿por qué me parece tan grave esto? Porque aquí no se trata simplemente de que haya un populista, de que sea un dictador, un gobernante autoritario. No, no se trata solamente de eso. No se trata sólo de que la corrupción ha aumentado muchísimo, han robado muchísimo. Para mí lo más grave es que Venezuela está en una pendiente, y va cayendo paulatina pero muy seguramente hacia un sistema completamente dictatorial, colectivista, como el que tiene Fidel Castro en Cuba. Es la libertad lo que está en peligro. La libertad es uno de los bienes más sagrados e importantes de la persona humana. Este gobierno ha querido siempre cubrirse con un manto de democracia, pero ese es un manto falso.
–¿Es una fachada?
–Una fachada completamente hipócrita. Porque aquí no hay democracia. Ellos, con ese atropello de la Asamblea Nacional, llegan a hacer… ¡leyes! Por ejemplo la Ley Orgánica del Tribunal Supremo. Aunque exista la ley, eso desde el punto de vista democrático es letra muerta. Esa ley nació espuria. Lo que ha hecho es con el único objetivo de asegurarse del control absoluto del Poder Judicial. Ahora, si nosotros nos dormimos y no reaccionamos como se debería, llegaremos entonces al momento en que no hay vuelta atrás. Entonces habrá que irse de Venezuela o resignarse, como los cubanos.
–¿Dijo usted dijo en un sermón, aquí en Güiripa, que era preciso “aplastar al psicópata que tenemos por Presidente”?
–¡Nunca lo dije! En la Radio Nacional aseguraron que yo lo afirmé en el día de María Auxiliadora. Eso es completamente falso. Yo nunca, en un sermón, he nombrado a Chávez. ¡Nunca! Lo que hago es pedir que recen por Venezuela, por que se recupere la paz, cese la violencia, por que no haya odio. Fíjese que este señor, desde el principio… Este, señor, quiero decir Chávez. A veces me equivoco y digo señor. Yo normalmente lo nombro individuo, porque no merece ser llamado señor. Este individuo ha sembrado el odio, que es lo peor que puede hacer el Presidente de una república.
–Normalmente un Presidente ejerce un magisterio.
–Pero su magisterio es el del odio, en el sentido de que él ha enfrentado a unos contra otros. Eso es absurdo. Yo digo que cese el odio, pero nunca lo he nombrado, ni lo nombraré, porque no quiero profanar la cátedra sagrada con esas cosas.
–Desde el punto de vista de la Iglesia, de la fe y del propio derecho que usted ejerce, ¿cómo califica los esporádicos arrepentimientos de Chávez?
–Yo definí a Chávez… no es que lo definí. Observándolo, escuchándolo, dije: Chávez es un paranoico. Una persona que concibe un propósito, lo tiene muy claro y lo persigue con mucha astucia y perseverancia, ¿no? Pero que pierde el sentido de la realidad.
–Trastoca imágenes, ideas, interpretaciones históricas.
–Él pierde el sentido de la realidad, completamente.
–¿Puede arrepentirse quien no está consciente de sus errores?
–Cuando él pide perdón es un acto de hipocresía. Hace eso como algo que considera necesario, en ese momento, para captar voluntades. Chávez es lo que le conviene en el momento. Si está con Muammar Gadafy, exclama: ¡Alá es grande!, estamos en la misma barca. Si está con un musulmán, también él es musulmán, el más grande adorador de Mahoma. Si está con un protestante, él también es ferviente protestante evangélico. Por eso, en principio, no creo ninguna de las cosas que dice Chávez en la línea de un arrepentimiento. ¡En absoluto hay que creer en eso!
–¿Ese tipo de arrepentimiento no tiene perdón de Dios?
–Es que no hay ningún arrepentimiento. ¡Eso no es arrepentimiento! ¿Qué va a perdonar Dios una cosa que no existe? Yo le pido que se convierta, pero antes él debería adquirir la salud mental para hacerlo.
–“La tiranía es un gobierno despótico, arbitrario”. ¿Esa frase sí la reconoce usted como suya?
–Sí, sí, ésa sí. Porque, ¿qué es lo que hay? Aquí el único que manda en todas las cosas es Chávez. Se ha pretendido imponer con la fuerza, el engaño y la mentira, un proyecto político anacrónico y absurdo que ha cosechado sólo ruinas, destrucción y esclavitud.

Al gobierno hay que desconocerlo

–Usted ha llamado al país a no resignarse. Aquí la vía pacífica del voto está liquidada. No hay instancia a la cual apelar ante ninguna injusticia o ilegalidad. ¿Qué camino nos queda: acaso la rebelión?
–No, no. Yo no quiero invitar a ninguna cosa en concreto. Primero, porque no tengo la capacidad de hacerlo. No sé ni siquiera cuál sería. Pero la Constitución en su artículo 350 dice que el pueblo venezolano “desconocerá”. Desconocer a un gobierno es no tenerlo como gobierno. Entonces, en lo que se pueda, desobedecerlo, no hacerle caso. No habrá prisiones suficientes para cinco millones de venezolanos.
–¿Podríamos llegar, incluso, a desobedecer las leyes?
–¡Claro!
–¿Cuáles?
–No las leyes de tránsito, por supuesto. Eso sería ridículo.
–Todo lo que conlleve injusticia, despotismo.
–¡Todo el mundo! Ese desconocimiento se debe manifestar además en protestas legítimas.
–La reforma del Código Penal, en discusión, penalizará las protestas. Quien suene una cacerola irá preso.
–Si 500.000 personas se mueven para hacer una protesta, una cacerola, ¿dígame usted cómo los van a castigar?
–Pero descabezan a los dirigentes. Fíjese lo que ha pasado con los ex trabajadores petroleros, con la gente de Súmate, con el general Usón.
–No hay cárcel para todos. Lo importante es que el pueblo tenga conciencia de que este gobierno hizo trampa, hubo el fraude, que no es un fraude supuesto. Ese es un gigantesco fraude real, ¡que se hizo! Se adulteró el Registro Electoral, y no lo han depurado a menos de 20 días de las elecciones regionales.
–Usted declaró que la abstención electoral no era viable.
–Creo que no se debe ir a votar si no hay garantías.
–Mucho cuidado, Cardenal, porque Jorge Rodríguez ha amenazado con cárcel a todo quien hable de fraude sin pruebas.
–Esa es una estupidez de él. Esas son jactancias de ese señor. Lo que me duele es que en esto haya habido tanta complicidad. Mire, hay gente que ha echado por el suelo y llenado de estiércol su apellido y su trayectoria. Gente como Iván Rincón, y el otro también, el Lucas. ¡Y Carrasquero! ¿Cómo puede presentarse esa gente ante la historia? Han adulterado el derecho en la forma más monstruosa para complacer la voluntad del príncipe. Comenzando por el período presidencial, que se lo alargaron. Esa es una marramuncia. No tiene justificación jurídica. ¡Chávez debió haber terminado ya!
–Cardenal, muchos creyentes se preguntan si es que Dios nos ha abandonado.
–Es importante que me haya hecho esa pregunta. Yo he pensado, y digo, que Dios ha querido darnos una lección a todos. Una lección que debemos aprender. Un país tan rico, con tantas posibilidades, en lo que ha caído. El venezolano era –no digo que lo sea hoy, porque no estoy tan seguro–, pero el venezolano era persona generosa, honrada, abierta, amistosa, antes de que llegara ese señor. Esas dotes enormes que Dios nos dio, no las supimos aprovechar. ¡Se creó un tremendo egoísmo en las clases pudientes, que las encerró en sí mismas! No es que Dios nos ha olvidado. Es que no ha llegado su hora.
–¿Qué quiso decir usted cuando declaró que la patria no se defiende sólo con los labios?
–Es que como lo dice el refrán: a Dios rogando y con el mazo dando. No se está llamando a una rebelión armada, sino a quitar de un puesto a quien no quiere dejarlo. Debemos pedirle a Dios, pero también debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para defender la libertad, la democracia. Aquí están en peligro las libertades.
–No sólo libertad para pensar y opinar, sino también para decidir.
–Sí, sí. Ciertamente.
–Si no podemos decidir, Chávez se eternizará en el poder.
–Sí, si, sí. Eso es lo más grave.

Dios mío, ¡qué metida de pata!

–Chávez propuso que a monseñor Baltasar Porras, presidente de la Conferencia Episcopal; Roberto Lückert, arzobispo de Coro; y usted, los sometieran a un exorcismo, porque el diablo se les había metido bajo la sotana.
–Mire, cuando él dijo en noviembre o diciembre del ’99, que los tres estábamos endemoniados, me preguntaron si me sentía ofendido. Yo respondí que no, porque las cosas se toman según de quien viene; y yo estoy convencido de que ese señor no está sano de la mente. A eso le aplico un axioma filosófico que dice: ninguno da lo que no tiene. Y si éste distribuye el demonio, saque usted la conclusión, ¿no?
–El Cardenal Velasco tuvo, por cierto, una participación muy activa en los sucesos del 11 de abril, que sacaron momentáneamente a Chávez del poder. Si usted hubiese estado en su lugar, ¿cree que habría procedido igual?
–Primero, yo nunca iba a asumir ese rol. No me correspondía.
–Pero si a usted le hubiera tocado…
–Ah, una cosa es si me hubiera tocado. Yo no podría decir qué habría hecho. Una cosa que no habría hecho nunca era firmar el decreto. Esa era una cosa absurda. Yo estaba aquí cuando me llamaron para que viera la televisión. Cuando oí el texto del decreto me llevé las manos a la cabeza y dije: ¡Dios mío, qué metida de pata! ¡Qué barbaridad, ese señor lo ha echado a perder todo! ¡Esa es una brutalidad!, dije. Él lo único que tenía que hacer era anunciarle al país: Nos hemos visto en la necesidad de asumir el poder porque el Presidente renunció, llamar a la calma, a la paz, y todas las demás disposiciones se daban poco a poco, conforme se dieran las circunstancias. ¡Eso era todo!
–Lo irónico del caso es que Chávez ha hecho lo mismo que Carmona Estanga, pero con otros métodos. Liquidó el TSJ, las Fuerzas Armadas, la Asamblea, la Fiscalía, los partidos… Y aún peor: persigue a la Iglesia, amordaza a los medios.
–Sí, sí, claro. Lo ha hecho con sus compinches, con la complicidad de sus camarillas. Por eso digo yo que esto es una tiranía. Aquí hay una dictadura, un gobierno completamente despótico que depende de una sola persona.
–Cardenal, ¿cómo queda toda esta dura prédica suya, frente al Sacramento de la Redención, mediante el cual el Vaticano ordena a los sacerdotes de todas las jerarquías abstenerse de participar en política?
–Veo que está usted muy documentado. Mire, el sacerdote como tal, es decir, la Iglesia, no debe meterse en la política directa. En ocasiones lo ha hecho, pero no debe. Ahora, la Iglesia no puede desentenderse de la nación. Está obliga a denunciar las violaciones de normas fundamentales, de los asuntos de la moral, de los derechos humanos. Cuando yo hablo, hablo con toda la seguridad de que estoy haciendo una obra de Iglesia. Denunciar la injusticia y la pérdida de la libertad, no es cuestión de política. Es un asunto de humanidad, y la Iglesia, experta en humanidad, debe defender estos valores esenciales para el hombre.
José Ángel Ocanto



Una compasión mal entendida

–Cardenal, está muy adelantado en el país el proyecto para despenalizar el aborto y la eutanasia.
–Mire, esas dos cosas son sumamente graves. Las quieren introducir siguiendo la línea de naciones o parlamentos supuestamente más adelantados donde no tienen absolutamente en cuenta la fe. Un diputado no puede aducir al aprobarlo que prescinde de su fe religiosa, no. En ese momento está apostatando de su fe. La fe es algo que llevamos y no podemos prescindir de ella.
–La tesis es la de que hay casos en los que el aborto se justifica.
–Con el aborto se comete un asesinato, es decir, se autoriza un asesinato. Esa misma gente es la que se rasga las vestiduras, cuando van a discutir la pena de muerte y a ejecutar a un bandido que tiene quince homicidios encima. Esos son los que con la conciencia aparentemente muy tranquila, van a autorizar que se asesine a millares o millones de gentes. Es un asesinato porque se trata de una persona humana.
–El magistrado ponente alega que la vida cerebral del feto comienza a las doce semanas y que compararlo antes de ese período con un ser humano, es como comparar una semilla con un árbol.
–Eso es falso. No hay vida cerebral, bueno, ¡pero hay vida! Es como decir también que como la mayoría de edad es a los 18 años, quien tiene menos edad no es hombre con todos los derechos de los demás, y podemos liquidarlo. Bueno, no está formado el cerebro, no están formados los miembros, pero está allí todo el germen para que eso se forme. Ya hay la vida en sí, porque si no hay vida se daría el aborto natural. Si es a los tres meses cuando hay vida cerebral, ¿va a decirme usted que faltando un día para los tres meses es válido hacer el aborto, y un día después no? Para mí esas son estupideces.
–¿Y en los casos de personas que, desahuciadas por la ciencia, consientan morir?
–Eso es poner en la mano de una persona la vida de otra. Nadie tiene derecho a matar. La vida pertenece a Dios. Si se aprueba la eutanasia es abrir una brecha muy honda en el derecho a la vida. Eso es darles la guillotina a unos familiares que podrían estar pensando más en la herencia.
–¿No se inscriben estas medidas en la ideología del régimen? ¿No es colocar al país, a toda la sociedad, a pensar y obrar como piensan quienes mandan?
–Eso lo hacen en nombre de la libertad, traicionando la libertad. Es una libertad mal entendida, o quizás, una compasión mal entendida. Entonces dicen que la mujer que ha sido violada tiene derecho a librarse de este estorbo que lleva en el vientre. Pero ese estorbo es vida suya. Es vida humana, y no puede eliminarla así.
JAO


¿La última elección?

–¿Estamos pisando la raya amarilla de lo que el país aguanta?
–Yo creo que sí.
–¿No es criminal la indiferencia en estos momentos?
–La única cosa que podría excusar es la ignorancia. Usted toca un tema importante, que es profundo. Lamentablemente en Venezuela las adhesiones políticas no se hacen con la cabeza. Yo diría que, más bien, con los pies, a veces con algún otro órgano, y muchas veces con el corazón.
–¿Hasta dónde cree usted que podemos llegar?
–Yo creo que nosotros estamos llegando ya al llegadero.
–Y el país, ¿hasta dónde debe llegar para defender las libertades?
–Hay medidas para eso.
–¿Incluye acaso la violencia?
–La violencia aquí sería sumamente cruenta. Mucha sangre sería inútilmente derramada. Yo quisiera, eso sí, hacerle un llamado a todas las personas que están apoyando a este gobierno. Que, serenamente, poniéndose la mano en el corazón y haciendo abstracción de los males que pudieran haber recibido de otros, piensen en el juicio de Dios, que un día les va a pedir cuenta de esto. Piensen por qué lo apoyan. Si es justo apoyar a un régimen que suprime todas las libertades. Si es honesto apoyar a un régimen que ha aumentado la corrupción hasta límites inconcebibles. Si es honesto, delante de Dios, apoyar a un régimen que ha aumentado el hambre, tremendamente; que ha cerrado los ojos ante la delincuencia, la inseguridad, todo. Un régimen que no permitirá en el futuro ninguna otra manifestación de elecciones, porque ésta sería la última. O quizás sólo la del 2006, enteramente fraudulenta. No permitan que todos estos peligros se escondan detrás de un barniz de falsedad. Ya he dicho que quizás no ha llegado el momento de Dios, pero es hora de pedirle a Dios, y no una oración simplemente de labios, sino pedirle con toda el alma, y tratar de ponernos en las manos de Dios en este momento dilemático; hacer lo que a Él le agrada, pedirle que tenga misericordia y compasión por Venezuela, que está al borde de un abismo, y hay quien está dispuesto, ya, a dar la orden de un paso al frente.
–Cardenal, ¿el Papa está enterado del drama venezolano?
–Completamente. Yo mismo lo he enterado.
JAO


Hoja de vida

Rosalio José Castillo Lara nació el 4 de septiembre de 1922, en San Casimiro, diócesis de Maracay. Es hijo de Rosalio Castillo y Guillermina Lara de Castillo (quien era hermana del Dr. Pedro José Lara Peña). Es sobrino de Lucas Guillermo Castillo, arzobispo de Caracas. Uno de sus hermanos, José Antonio, vive en Barquisimeto.
Entró en la Sociedad Salesiana de San Juan Bosco, Bogotá, Colombia. Estudió en las casas de estudio salesianas, en Colombia. También en el Ateneo de Salesiano, en Turín, donde obtuvo el doctorado en derecho canónico. Finalmente, estudió en la Universidad de Bonn, Alemania
Se ordenó sacerdote el 4 de septiembre de 1949, en Caracas.
Consagrado el 24 de mayo de 1973, en Caracas, por el cardenal José Humberto Quintero.
Secretario de la Pontificia Comisión para la Revisión del Código de Derecho Canónico, el 12 de febrero de 1975.
Promovido a arzobispo, el 26 de mayo de 1982.
Creado cardenal diácono, el 25 de mayo de 1985; recibió la birreta roja y la diaconía de Nostra Signora de Coromoto en S. Giovanni Dio, el 25 de mayo de 1985.
Presidente de la Pontificia Comisión para la Interpretación Auténtica del Código de Derecho Canónico, el 27 de mayo de 1985.
Presidente de Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica, el 6 de diciembre de 1989.
Presidente de la Pontificia Comisión para el Estado de la Ciudad del Vaticano, el 31 de octubre de 1990.
Renunció a la presidencia de la Administración, el 24 de junio de 1995. Optó por el orden de los cardenales presbíteros y su diaconía fue elevada, pro hac vice, a título el 29 de enero de 1996.
Con permiso del papa, pasó a residir a Venezuela, en 1997

"Esta revolución hay que pararla"

Padre Pedro Freites Romero:

  • Es el momento de reaccionar. Aquí tiene que pasar algo
  • No he sido, ni soy, ni nunca seré bien visto por este gobierno
  • Debemos salvar la democracia y no hay que tener miedo. ¡Es preciso alzar la voz!

Benevolencia no quiere decir
tolerancia de lo ruin,
o conformidad con lo inepto,
sino voluntad de bien


Antonio Machado


(Al Dr. Joel Rodríguez Ramos,
imagen señera
de la probidad, dedico).

Su imagen transmite una bondad entusiasta, estremecida. Su palabra brota fácil, gotea y se escurre por los caminos de sus juicios, sin diques a la vista, por más que se la alargue. Posee el don impenetrable pero fácilmente perceptible del carisma. Y hay en sus gestos una vehemencia traslúcida que pese a lanzar chispazos de cuando en cuando, nunca habrá de desembocar en la cólera, en las nieblas de la ofuscación. Así, del gesto más enérgico y fibroso que guarda en su archivo o granero de emociones, en un pestañear logra abrir paso sin percance a las lumbres de una sonrisa ancha y amable que es tibia llamarada de agudeza.
El Rev. P. Pedro Freites Romero está en Caracas. Vino de Roma por breve tiempo, para atender asuntos de orden familiar. Pero la densa agenda de sus afanes, celestes o del corriente, no sabe de las pausas mundanas.
–Usted es uno de los blancos de la ira del régimen. En una ocasión fanáticos hasta le desgarraron la sotana en la plaza Bolívar.
–Una de las cosas por las que uno tiene que darle gracias a Dios es la fuerza que podemos sentir y que nos viene dada por su misma promesa. Es precisamente en medio de las dificultades, de las tormentas, cuando esa presencia de Dios se manifiesta para poder ejercer y cumplir nuestra misión. He sido sometido a muchos ataques, amenazas, ofensas y agresiones, pero eso es parte del proyecto revolucionario.
–¿Qué ha sentido usted?
–Sentimos pena ajena. Nos da tristeza. Lo que queremos es mantener firme nuestra misión.
–Durante el referendo le impidieron ejercer el papel de observador.
–Quien no se pone de rodillas ante el régimen, y no dice lo que ellos quieran, entonces no es bien visto. En mi caso no he sido, ni soy, ni nunca seré bien visto. La palabra de Dios no está encadenada y la dimensión, la esencia del hombre, es su libertad. La idea de acabar con esa libertad no es algo improvisado. Precisamente se está discutiendo en estos días la Ley de Contenidos. Aquí se está corriendo un gran riesgo, un gran peligro.
–¿Qué fue lo que usted pudo observar en el referendo?
–Yo tengo la convicción de que aquí hubo un gigantesco fraude. Lo que se hace con estas elecciones regionales es revalidar a un CNE que ha quedado muy mal parado. Pareciera que la intención es desmoronar y destruir todas las instituciones para reorganizar el proyecto político de un régimen con una clara tendencia hegemónica, dictatorial, totalitaria. Tenemos que salvar la democracia y no hay que tener miedo. Es preciso alzar la voz.

Corrupción espantosa

–Usted ha dicho no sólo verdades filosóficas, conceptuales. También ha asumido posturas prácticas. Usted llegó a afirmar públicamente poco antes del revocatorio: “Lo vamos a ganar”.
–Es que yo estoy convencido de que al pueblo venezolano se le conculcaron o se le secuestraron sus derechos, se le pisoteó su dignidad. Le robaron sus votos. Por eso yo cuestiono a este régimen y sé bien los riesgos que eso implica. Hay un terrorismo de Estado desatado a través de las instancias judiciales. La idea de ellos es concentrar el mayor poder durante el mayor tiempo posible. Estamos frente a una inmoralidad política que traspasa todos los niveles históricos. ¡La corrupción es espantosa! No hay Estado de derecho. La economía la están destrozando. Todas las revoluciones son especialistas en incrementar y distribuir la mayor pobreza posible, para ellos tener a los pobres como instrumentos de poder, y ponerlos allí a esperar migajas de lo que merecen recibir con dignidad.
–Le confieso, padre, que si eso hace la revolución, tampoco la oposición ha sido santa.
–El pueblo ha sido engañado, y lamentablemente ha faltado una oportuna conducción política, una coherencia en el discurso opositor. Ha habido negociaciones. Por eso hoy tenemos lo que tenemos. Aquí está en peligro la paz de los venezolanos, y por lo tanto yo comparto, cien por ciento, las declaraciones de Su Eminencia el Cardenal Rosalio Castillo Lara, dadas a este prestigioso diario, en cuanto a la necesidad de desconocer a este gobierno. No se puede obedecer leyes amañadas y fundamentadas en la injusticia. Así no se puede construir un país.
–Aquí se habló de un colosal fraude en el revocatorio, pero hoy mismo se irá a unas elecciones regionales en las mismas condiciones.
–Se debió hacer un esfuerzo mayor para impedir la realización de estas elecciones regionales. No están dadas las condiciones técnicas y de transparencia. No están claras las reglas del juego. Yo le digo a la gente: Te van a engañar otra vez. Abre los ojos. No seas ingenuo. No hipoteques tu dignidad. Es el momento. Levántate y reacciona. Fuimos al revocatorio como ovejas en medio de manadas de lobos. Factores de la oposición llegaron a negociaciones en la inocencia, porque creen que están jugando democráticamente. Éste no es un juego democrático. Tienen que abrir los ojos. Usted no está frente a un demócrata. ¡Usted está frente a un déspota! Cada día que pase será más difícil. Todavía estamos a tiempo.
–Lo que a gritos el oficialismo anuncia es que la revolución llegó para quedarse. Este lunes, dicen, el mapa nacional amanecerá teñido de rojo.
–Yo espero que no sea de otro rojo.
–¿Habla de sangre que pudiera ser derramada?
–No es lo que queremos, no es lo que se desea. El horizonte que se le plantea al pueblo venezolano es bastante incierto. No podemos perder tiempo en la tarea de recuperar la democracia, hacer una reingeniería, restablecer el orden, aplicar la Constitución y las leyes. Aquí sólo van presos los que han levantado su voz contra el régimen. Hay una ingobernabilidad profunda. ¿Cuándo puede gobernar un Presidente que le dedica tantas horas a hablar, para amenazar, atropellar? Hay que decir: No le tengas más miedo a Chávez. Él habla tantas pistoladas. Es un teatrero. Hay que parársele de frente.
–¿No ha recibido usted también su ración de censura? Cuando usted, como subsecretario de la Conferencia Episcopal, dijo meses atrás algunas de estas cosas, debió abandonar el país.
–Mira, eh, yo no puedo hablar por toda la Iglesia. Esto sí quisiera subrayarlo. Son opiniones personales de Pedro Freites, sacerdote venezolano, quien quiere compartir las angustias, los desvelos y las tristezas de los venezolanos. En la Iglesia hay una posición institucional, debe estar abierta y escuchar al chavista, al no chavista, a todos. Nuestro compromiso es especialmente por la defensa de los más débiles, a quienes se les manipula y engaña. Este es un régimen tramposo, cargado de mentiras. Mentiras tras mentiras. ¡Es una montaña de mentiras!
–¿Qué sugiere?
–Ahí está el artículo 350 de la Constitución. Creo que esta es una lucha por la cual vale la pena gastarse y desgastarse.

Ofrendaré mi vida

–¿Hasta dónde habrá de llegarse en la desobediencia civil?
–Hasta que se escuche la voz del pueblo, y se restablezca y se respete la Constitución. Tenemos que vencer los miedos.
–Pero, ¿qué es lo que debemos hacer?
–Bueno, primero, la gente tiene que organizarse para participar en una democracia viva, en una democracia libre. Debemos ir fortaleciendo los liderazgos comunitarios.
–Ahí está la principal falla. Luce claro que el liderazgo no ha estado a la altura.
–No hay liderazgo. Tenemos que crear los perfiles de los nuevos liderazgos y de los sistemas de organización y reconstrucción del país. En eso estamos trabajando. Yo anhelo profundamente estar en mi país, y ofrendar mi vida por dar un aporte, por decir que he hecho algo por salvar lo que nos toca, la libertad. La otra fase la tienen que cumplir las instancias a las que les compete restablecer el orden, la legalidad, la seguridad de Estado.
–¿Se refiere a la Fuerza Armada?
–Yo confío profundamente en que tarde o temprano la Fuerza Armada Nacional tendrá que restablecer o recuperar su misión esencial, cual es la de garantizar el cumplimiento de la Constitución, y el resguardo de la soberanía y la paz. No podemos permitir que se instaure este reino de odios, de divisiones, de ofensas, de atropellos, de destrucción de la patria. Yo no puedo callar frente a eso, aunque quisiera. Los venezolanos deben alzar su voz.
–¿Alzar la voz lo remediará todo, padre? ¿Solamente con andar por ahí, gritando en las calles?
–Ya el pueblo venezolano ha dado inmensas demostraciones de que quiere la paz, la democracia. El pueblo se siente abandonado, replegado, traicionado. ¡Hemos dejado al pueblo solo!
–En el país sobra quien diga lo que debe hacerse. Lo que falta es quién lo haga.
–Aunque no parezca, hay muchas iniciativas privadas, individuales o colectivas, que se están organizando para dar soluciones a la crisis.
–Lo que se observa es que Chávez sigue adelante, cada vez profundiza su proyecto, y día a día gana más terreno.
–El poder lo obnubila. No le permite abrirse a otros horizontes de comprensión. Eso provoca un desorden psíquico que lleva al desequilibrio, al desastre. Yo no creo que el Presidente esté más fortalecido. ¡Lo que está es más desacreditado!
–Es un Presidente obnubilado que sin embargo neutraliza a todos sus opositores. Ha sabido mover los hilos, y los negocios, para poner a Europa y a los Estados Unidos a bendecir su perpetuación en el poder.
–Yo no creo eso. Yo me muevo en Europa y allá lo que hay es una gran preocupación por saber qué nos ha pasado a los venezolanos. Chávez tiene la posibilidad de encadenar al país y de comprar conciencias y de arrodillar a mucha gente y dividir y quebrar instituciones que se creían pilares en una democracia. Eso da la sensación o crea un impacto psicológico de fortaleza.

El cáncer de las revoluciones

–El jesuita y sociólogo Mikel de Viana urgió a “salir” de un gobierno que convierte a los ciudadanos en lacayos.
–¡Lo comparto! Mikel de Viana es un sacerdote amigo. No es un irresponsable, y tiene razón. Nosotros no podemos seguir aceptando que nos manejen como peones o lacayos, que pisoteen nuestra dignidad. Es el momento de reaccionar.
–De Viana concluye que las revoluciones no se van por la vía electoral.
–Ninguna dictadura se va por la vía electoral. El cáncer de todas las revoluciones es la concentración del poder, la conculcación de la libertad y de los derechos ciudadanos. Entonces, no es por la vía democrática... Es allí donde le toca actuar a las instituciones correspondientes. No es que los esté llamando…
–Ay, padre, a los militares los execran, los mandan a sus casas, o los atiborran de prebendas y privilegios.
–No creo que sean tan ciegos, que sean miopes. No creo que todos sean bandidos y estén podridos. Creo profundamente en la reserva moral, creo que aún hay un sector muy fuerte dentro del campo institucional de nuestra Fuerza Armada, comprometido en ser custodios de la soberanía, garantes de la libertad, de la justicia. Que algunos hayan sido vulnerables y sean ultramillonarios hoy… Porque esta es gente nueva con hambre vieja. Estos están raspando la olla. Vemos nuevos ricos de la manera más escandalosa, más ofensiva. ¡Esto es un bochorno!
–Hay, también, una historia de claudicaciones. Están cediendo empresarios, medios. Monseñor Baltasar Porras, uno de los líderes de la Iglesia más enconadamente perseguidos y vilipendiados, acaba de acceder a un encuentro con José Vicente Rangel, quien salió de allí diciendo que habían quedado limadas las asperezas.
–Todos sabemos la inmensa capacidad de mentir del Vicepresidente.
–Monseñor Porras hizo enseguida un sorpresivo llamado a votar en las elecciones regionales.
–Monseñor Porras, como presidente de la Conferencia Episcopal, ha hecho una invitación institucional a votar. Pero para ello pedimos transparencia y que se respete el juego democrático. Conozco el pensamiento y la posición de monseñor Baltasar Porras. Lo hemos conversado. El suyo fue un comunicado sencillo, que nosotros acogemos y respetamos. El gobierno lo ha querido utilizar a su favor.
–Abundan por allí sacerdotes predicando la revolución. En Barquisimeto hay un cura que le lleva serenatas a Chávez.
–Ellos tienen que dar cuenta a Dios y a su propia conciencia. No es mi papel el de juzgarlos.
–En un mensaje desde Roma, usted dijo el 6 de septiembre de este año: “La fe no es cruzar los brazos ni esperar que todo venga de lo alto”. También advirtió que “el demonio es un espíritu muy inteligente”.
–La injusticia se disfraza de justicia. Es una constante en todo proyecto totalitario. Hitler era un espíritu demoníaco, destructivo. Milosevic desarrolló en Bosnia-Herzegovina una política de limpieza étnica. Aquí se pretende acabar con los que no están con el régimen. La fe no es cruzarse de brazos, sino una búsqueda constante de la justicia. No es que Dios nos ha abandonado, sino que nos permite que aprendamos de estas lecciones para que no volvamos a dejarnos engañar por espíritus inmundos, sucios, que no tienen límites para comprar conciencias. Su ídolo es el estiércol del dinero.
–¡Qué comparaciones hace usted! Hitler, Milosevic…
–Aquí ha habido delitos muy graves que aún están esperando una respuesta. Se está pisoteando la dignidad y la soberanía nacional. ¿Hasta cuándo vamos a dejar que nos invadan? Aquí tenemos un ejército de ocupación, lleno de cubanos. Tenemos las FARC, el ELN, el FBL. Son movimientos subversivos que van contra la Constitución. Entonces, ¿no va a pasar nada? ¡Aquí tiene que pasar algo! Tarde o temprano.

Nada de ambigüedades

–Por fin, ¿qué es ese “algo” del que usted habla en este sermón?
–Mira, éste no es un sermón. Es una reflexión en voz alta. Al hacer estas afirmaciones no me mueve ningún interés personalista, materialista. Mi único gran interés es la felicidad de la mayoría de los venezolanos. Y si por la felicidad y la paz de los venezolanos yo tengo que sacrificar muchas cosas, incluso mi propia vida, estoy dispuesto a hacerlo. En este momento no podemos andar con ambigüedades. Nosotros tenemos que ser testigos de la verdad, y la verdad implica alzar la voz proféticamente y denunciar todas las estructuras de poder, de pecado, de corrupción. Este es un régimen inmensamente corrupto.
–Mientras usted habla, Chávez sigue allí. Hoy tendrá más poder que ayer.
–Tiene que haber un sacudón en la conciencia de los venezolanos. Esta revolución hay que frenarla, hay que pararla.
–¿Cómo, padre?
–Sería una imprudencia decirlo en estos momentos.
–Pero, ¿usted sabe cómo?
–Yo sí estoy convencido del cómo. El cuándo no lo sé, pero si uno tiene cáncer, u otra enfermedad, uno debe buscar la medicina. Aquí estamos enfermos, estamos padeciendo muchísimo, y otros están gozando de nuestro sufrimiento, de nuestro dolor. El nivel de maldad de ellos no tiene límites.
–La propaganda del régimen los expone a ustedes como Obispos al servicio de la burguesía. Dice que ustedes se han olvidado de los pobres.
–Mira, ese es un discurso panfletero. Ellos hablan de los pobres y cada vez hacen más pobres a los pobres. Es una forma de descalificar, de destruir moralmente, intimidar, arrinconar, vejar. Te aseguro que no faltará mañana quien me mandará a quitar la sotana o me inventará cualquier calumnia. No podemos silenciarnos ni apagar la luz de nuestras conciencias. Hay que encenderlas. Y mantenerlas encendidas. Por eso le digo a los venezolanos: ¡Estén vigilantes! ¡No se duerman!
–Chávez exclamó en México en mayo de este año: “¡Qué falta le hace a Venezuela un monseñor Arnulfo Romero, aquel San Romero de América!”
–Al hablar de monseñor Romero no olvidemos cuál régimen estaba gobernando en El Salvador cuando él es asesinado y de dónde vienen las órdenes para liquidar a un santo hombre que estaba al servicio de los pobres. Nosotros creemos que hay un camino para la paz, que es el camino del perdón y de la reconciliación. Pero no puede haber reconciliación si no hay penitencia, si no hay arrepentimiento. La reconciliación es una situación a la cual se llega cuando hay una conversión profunda. Cuando uno reconoce su pecado, su culpa, y endereza.
–¿Entonces no se puede poner la otra mejilla, padre?
–No, no, no. No podemos ser tan pendejos, tampoco. Ese papel de bolsas ya no lo podemos seguir haciendo. Si no lo que vamos a hacer es reforzar la conducta del malvado, del pecador. Hoy me pegan a mí, mañana al otro. Aquí no se trata de poner la otra mejilla. Es un asunto de dignidad. Se trata de poner la vida para defenderla. Es que, ¿para dónde vamos, cuando la vida no vale nada?

José Ángel Ocanto


Hoja de vida

El Rev. P. Pedro Freites Romero nació en Maturín el 12 de abril de 1958
Fue subsecretario general de la Conferencia Episcopal Venezolana, por un breve período, pues fue llamado a Roma.
Es rector del Colegio Venezolano de Roma.
Ejerció la dirección de la Radio Vaticana para América Latina y el Caribe.
Consultor, nombrado por el Papa, del Pontificio Consejo de las Comunicaciones Sociales del Vaticano.
Fue director del Departamento de Comunicación Social y de Prensa del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM).
Con posgrado en México, en comunicación.
Master en comunicación social, en la Pontificia Universidad Haveriana de Bogotá.
Egresado de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, con especialización en teología y comunicación.
Varios años de profesor de posgrado en varias universidades de América Latina: Chile, Universidad Autónoma Popular de Puebla, México. Universidad Haveriana de Bogotá.
Abrió y dirigió el posgrado de la Universidad del Valle de Unisinos, Porto Alegre, Brasil.
Director de prensa de la IV Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Santo Domingo, en 1992, durante la celebración de los 500 años de la evangelización

Sinatra, Strangers in the night

Paul Anka y Frank Sinatra, My Way

Frank Sinatra, My Way

miércoles 2 de mayo de 2007

Miren esto

Me encontré con este video de youtube y me impactó.
He querido compartirlo con ustedes.
Se trata del Gran Cañón del Colorado (Grand Canyon Skywalk, en inglés), en Arizona, Estados Unidos.
Una blogger ha explicado que es una idea que surgió para animar el decaído turismo.
Allí han construido una pasarela mirador con forma de "U", o de herradura. El diseño pertenece a MRJ Architects.
He leído que líderes indígenas y hasta un ex astronauta dieron sus primeros pasos el 28 de marzo de este mismo año, 2007, sobre una lámina de vidrio colocada a 1.200 metros sobre el Gran Cañón del Colorado.
El pasillo de cristal está a 1,2 kilómetros sobre el nivel del río Colorado. Estar allí debe ser como posarse, en el aire, en aquella inmensidad. La estructura, dicen, es capaz de resistir terremotos y vientos huracanados, cosa que, por supuesto, tomamos por cierta, sin aceptar comprobarlo. ¿Se imaginan el vértigo?
Pero, para qué contarles más. Vean el video. Es realmente impresionante:

viernes 27 de abril de 2007

La vida según Quino











Vagando por la red, me he tropezado con esta breve nota, atribuida al célebre humorista Quino, el creador de Mafalda. Se ha desmentido que realmente él haya sido el autor de estas líneas. Lo mismo ha ocurrido con otros textos, que manos ocultas han puesto a firmar a Borges, García Márquez. De todas formas quise compartirlo con ustedes, pues me pareció algo genial. A ver, ¿qué opina?

La vida según Quino

… Pienso que la forma en que la vida fluye está mal. Debería ser al revés: Uno debería morir primero para salir de eso de una vez.

Luego, vivir en un asilo de ancianos hasta que te saquen cuando ya no eres tan viejo para estar ahí.

Entonces empiezas a trabajar, trabajar por cuarenta años hasta que eres lo suficientemente joven para disfrutar de tu jubilación.

Luego fiestas, parrandas, alcohol. Diversión, amantes, novios, novias, todo, hasta que estés listo para entrar a la secundaria…

Después pasas a la primaria y eres un niño que se la pasa jugando sin responsabilidades de ningún tipo…

Luego pasas a ser un bebé, y vas de nuevo al vientre materno, y ahí pasas los mejores y últimos 9 meses de tu vida flotando en un líquido tibio, hasta que tu vida se apaga en un tremendo orgasmo…

¡Eso sí es vida!

Resolución de la SIP

Sociedad Interamericana de Prensa, SIP

Resolución de la Reunión de Medio Año

Cartagena de Indias, Colombia

16 al 19 de marzo del 2007

CONSIDERANDO

que el gobierno venezolano ha estructurado una normativa destinada a conculcar la Libertad de Expresión y de Información, derechos consagrados en los artículos 57 y 58 de la Constitución

CONSIDERANDO

que la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos de la Organización de los Estados Americanos se pronunció en fecha 9 de marzo del 2007 afirmando que se observa en Venezuela “un deterioro paulatino del Estado de Derecho”

CONSIDERANDO

que es doctrina y compromiso esencial de la Sociedad Interamericana de Prensa, consagrado en los principios que le dieron origen y en la Declaración de Chapultepec, la defensa del derecho universal a la libertad de expresión e información

CONSIDERANDO

que la Sociedad Interamericana de Prensa suscribió conjuntamente con la Asociación Internacional de Radiodifusión el día 8 de agosto de 1973 el “Acuerdo de Caracas”, donde se reafirmaron los valores y principios inherentes a los derechos humanos asumidos en documento previo, suscrito por ambas sociedades el 23 de marzo de 1952 en Panamá

CONSIDERANDO

que tales acuerdos doctrinarios proclaman la “convicción de que el progreso material y el bienestar espiritual sólo se puede alcanzar en una atmósfera de libertad y respeto a la persona humana” y asimismo reafirman “su categórico repudio a todas la formas de dictadura, una dictadura que cualquiera sea su forma es la negación de los derechos fundamentales del hombre y de la comunidad”

CONSIDERANDO

que el presidente de la República, teniente coronel Hugo Chávez, ha anunciado el cierre del canal Radio Caracas Televisión, la primera televisora del país

CONSIDERANDO

que ha continuado la persecución judicial contra periodistas, como es el caso de Marianela Salazar, Napoleón Bravo, Freddy Machado, José Ángel Ocanto y que en la actualidad la periodista Patricia Poleo permanece en el exilio señalada por el Fiscal General de la República por supuesta autoría intelectual en el asesinato de un Fiscal del Ministerio Público

CONSIDERANDO

que el régimen del Presidente Chávez está aplicando sanciones pecuniarias a medios de comunicación independientes, tal como ha ocurrido con las multas aplicadas al diario Tal Cual, su Editor Teodoro Petkoff, y el columnista Laureano Márquez, por 200 millones de bolívares y que igualmente fue multado el canal Radio Caracas Televisión con la cantidad de 1.500 millones de bolívares

CONSIDERANDO

que el gobierno de Venezuela hace uso de la asignación publicitaria oficial para control político, premiando con grandes pautas a los numerosos medios creados por el régimen y los que se le subordinan, mientras promueve el acoso económico contra los que no se doblegan

CONSIDERANDO

que la Asamblea Nacional de Venezuela ha delegado en el presidente Chávez amplios poderes para legislar por Decreto, lo que implica un mayor peligro para el orden jurídico y para la democracia

CONSIDERANDO

que el esquema de reformas legales, decisiones y medidas que viene aplicando en Venezuela el gobierno del presidente Chávez para el control de la sociedad son propias de regímenes dictatoriales

CONSIDERANDO

que el Principio 4 de la Declaración de Chapultepec establece que “el asesinato, el terrorismo, el secuestro, las presiones, la intimidación, la prisión injusta de los periodistas, la destrucción material de los medios de comunicación, la violencia de cualquier tipo y la impunidad de los agresores, coartan severamente la libertad de expresión y de prensa. Estos actos deben ser investigados con prontitud y sancionados con severidad”

CONSIDERANDO

que el Principio 6 de la Declaración de Chapultepec establece que “los medios de comunicación y los periodistas no deben ser objeto de discriminaciones o favores en razón de lo que escriban o digan”

CONSIDERANDO

que el Principio 10 de la Declaración de Chapultepec establece que “ningún medio de comunicación o periodista debe ser sancionado por difundir la verdad o formular críticas o denuncias contra el poder público”

LA REUNIÓN DE MEDIO AÑO DE LA SIP RESUELVE

denunciar ante la comunidad internacional las violaciones a la libertad de expresión con características dictatoriales que está asumiendo el régimen del teniente coronel Hugo Chávez en Venezuela contra la Libertad de Expresión

repudiar la decisión que, sin ninguna justificación legal y por razones políticas, ha anunciado reiteradamente el presidente Chávez y su gobierno de cerrar al primer canal del país, Radio Caracas Televisión, y la amenaza de expropiar sus instalaciones

condenar la reiterada persecución judicial contra periodistas, entre ellos Patricia Poleo, Napoleón Bravo, Marianela Salazar, José Ocanto, Freddy Machado y Marianela Agreda, entre otros

rechazar la utilización para control que el régimen de Chávez hace de la asignación de publicidad oficial, favoreciendo a los medios del gobierno y promoviendo la autocensura, así como las multas al diario Tal Cual, su editor y columnista Laureano Márquez.

domingo 22 de abril de 2007

RCTV, el cierre como tragedia

El presidium. Interviene María Antonieta Zapata, Súmate-Lara

José Angel Ocanto al pronunciar su discurso

Palabras
de José Ángel Ocanto
en acto en apoyo a RCVT
Domingo, 22 de abril de 2007
Colegio Nacional de Periodistas, seccional Lara.

Si definitivamente el lunes 28 de mayo, Día de Lara, por cierto, el régimen cumple su amago de cortar de un manotazo las transmisiones de Radio Caracas Televisión, el poder se habrá anotado un triunfo con vestigios y agitación de tragedia, que, como es factible percibirlo ya, dejará en la boca del autócrata un amargo y persistente sabor a derrota.
Tragedia para el régimen, sí, porque será una victoria insostenible, desastrosa, con inmensas bajas en el bando de las libertades públicas, y de los derechos humanos, por supuesto, pero también entre las columnas y los lujosos pertrechos del poderoso, que tanto temor habrá de revelar ese día sin gloria ante el fuego cruzado de la opinión distinta y el debate abierto de las ideas, ¡de todas las ideas!
Tal conquista, así dada, no será más que la grosera demostración de fuerza del que somete; apenas podrá asentarse en lo formal como un acto administrativo sin apelación posible por parte de quien mantiene secuestradas todas las instancias jurisdiccionales, y, veamos en este instante, ¿cómo festejar eso?
¿Cómo soltar el alegre redoble de los tambores cuando el héroe queda retratado, otra vez, en su oculta pose de espanto, en su torpe inadaptación a la crítica y al disenso propios de la vida en democracia, en su autocrática e irremediable incapacidad para aceptar manifestaciones distintas a la adulación provocada y al aplauso comprado?
Cerrar un medio de comunicación social proyectará ante el mundo, y en la conciencia de cada venezolano (75% condena el sanguinario zarpazo), un sombrío e incivil laurel de intolerancia en la frente del jefe del partido único, discutido en lo interno, justamente en estos días, como para agregar inoportunas desgracias, por aliados a quienes, ¿qué otra cosa pudiera hacer él?, ya ha dirigido su gruesa y sabida ración de amenazas e insultos televisados. “Democracia protagónica y participativa”. ¿Dónde leímos eso? ¿No se han apresurado a borrar el desvarío de esa premisa, los autores de cinismo tan monumental?
Y será una derrota el apagón de RCTV, decíamos al principio, puesto que a partir del 28 de mayo, fecha que la revolución lanza para la simbología histórica e histérica, al igual que la de torcerle el cuello al distraído caballo del Escudo, justo desde ese día ya no podrán admitirse los eufemismos, las meras ambigüedades, los juegos de palabras como aquel según el cual en el país no hay presos políticos sino políticos presos. ¡Argumento bastardo, depravado, por donde quiera que se le mire!
El 28 de mayo el poder confesará que no bastaron las cadenas con la imagen que repiten todas las pantallas y con la voz que corean todas las radios, a cualquier hora, por causa de cualquier pretexto, o sin pretexto, que al régimen no le hace falta. ¿Acaso no lo llamó “Dios todopoderoso” un ramplón gobernador vecino?
El 28 de mayo dejará expresa constancia de que no bastó todo el invasivo, abusivo y contaminante pregón de las vallas, ¿cuánto cuestan?, que plagan las autopistas, avenidas, calles, oficinas públicas, y hasta las escuelas y los apartados cementerios de la nación.
No fue suficiente la enorme red de medios oficialistas, que ya sobrepasan las 20 televisoras, incluyendo cuatro con cobertura nacional e internacional, dotadas de 45 repetidoras; y 145 estaciones de radio (sólo Radio Nacional de Venezuela dispone de 11 repetidoras en AM y 32 en FM), con su abanico de abundantes comunitarias, entre comillas, de radio y televisión; junto a 72 periódicos en igual categoría: la de una especie de uniforme franquicia doctrinaria; y, encima, los innumerables sitios web del gobierno o a su servicio, fenómeno que corre paralelo al adormecimiento mediante burundanga revolucionaria de la televisión por cable, cuyas frecuencias están siendo reducidas, todo lo cual, en suma, concreta la “hegemonía comunicacional” pregonada por el presidente de Telesur, Andrés Izarra.
¿Contamos también en ese inabarcable sistema propagandístico las plantas televisoras que ayer nada más figuraban entre los 4 jinetes del Apocalipsis, y que hoy, palabras presidenciales por delante, han dado muestras de querer adaptarse, trasmitiendo el silencio, el ocultamiento, plegándose a la autocensura, y mirando hacia otro lado de esta tribulación colectiva que asumen ajena, con la servicial desaparición escalonada de sus espacios de opinión y de los noticieros a lo largo de todo el día? Patética muestra del formato de farsa y desinformación que el gobierno pretende imponer.
No bastó, al fin de cuentas, tan descomunal, militarizado y aparatoso engranaje. Al motor le siguen faltando tuercas y potencias, como que ahora no le sirve ya la mejor Constitución del mundo, la más avanzada. Le agrega usted el Canal Metropolitano de Televisión (CMT), comprado por 60 millardos de bolívares, y anota también ahí mismo la “toma” de la “estratégica” Cantv, y nada de eso fue suficiente. 200 mil millones de bolívares gastados solamente en el año 2006 para sostener esa plataforma de propaganda oficial, no bastaron.
Hacía falta más. Nueve años después, será preciso acallar, romper el gran espejo que devuelve la imagen y las voces indeseadas, en razón de plurales. Lo harán esta vez a plena luz del día, ya sin pasamontañas. La cámara en su último momento los captará en su asalto para las memorias de la infamia.
“Así que vayan apagando los equipos”, gritó el déspota, enfundado en su uniforme de combate.
No es casual que la emprenda contra la señal televisiva con mayor tradición, arraigo y penetración en Venezuela.
Por “golpistas”, rechina él.
¿Por “golpistas”, dice usted? ¿Habla de intentonas y de sedición usted, precisamente usted? ¡Qué desfachatez! Por ahora, y por siempre, la verdad se empeña en desmentirlo, así chille en su trono usurpado. Usted encasqueta boinas, pero no programa los cerebros. El poder circunstancial le concede a usted la facultad de borrar episodios, pero no volteará la historia, ni la reescribirá. Su trastornada manía de infundir temor es percibida por la intuición popular, como la evidencia más irrebatible de la desconfianza que esconde. De tanto sembrar odio, olvidó la ternura de regar el cariño que tantos depositaron a sus pies. Por último, usted podrá apagar la pantalla, pero en sus zurdas manos no tendrá el control.
Ahora, y después del 28 de mayo, si usted no rectifica, quedará corroborada aquella cauta expresión de Antonio Machado, el sevillano de exquisita prosa, según la cual la verdad es lo que es, y sigue siendo verdad aunque se piense al revés.
Gracias.

viernes 6 de abril de 2007

Escalpelo y armiño en política

En los momentos más delicados y expectantes para el periódico, la palabra del doctor Juan Manuel Carmona a sus inmediatos colaboradores llegaba en directo.
No habría forma de que bastaran las decenas de llamadas telefónicas diarias que hacía, a distintos departamentos, desde su oficina en Caracas. O desde su casa. O a través del celular, donde estuviera. Igual desde el exterior. Un lunes cualquiera, un martes de Carnaval, no importaba. Su pasión por la noticia y por el curso que, en caliente, iban adoptando los acontecimientos, no decaía. Jamás.
Era como una sonda ávida de captar el más mínimo movimiento de sucesos aún incógnitos para la gran mayoría, o de polémicas apenas incubadas en los círculos más impensados.
A veces, es decir, muchas veces, daba vergüenza confesarle ignorancia absoluta respecto a algún evento del cual él ya exploraba animado varias versiones.
¿Leyó tal artículo?, preguntaba. ¿Supo la última? ¿No ha visto lo que dice El Tiempo de Bogotá, o El Clarín, de Buenos Aires? ¡Caracha! Que se lo pongan en el sistema. ¿Cómo vamos a abrir mañana la primera página? ¿Qué tal las fotos? Y, ¿qué ha pensado para la mancheta?
Sus juicios eran llanos, inequívocos.
-¡Le quedó fantasmagórico! –solía celebrar, con risa cómplice, cuando una agudeza irreverente dejaba en claro la insobornable posición del diario.
Y cuando una nota, o apenas un título, se prestaba a interpretaciones interesadas o alguna inexactitud, ambigüedad o desliz se interponía entre sus principios y el armónico conjunto de la obra que debería reflejar el papel, tampoco dejaba por allí dudas sueltas.
Ese súbito y pastoso silencio de cada mañana, de cada tarde, sería, por cierto, a su muerte, la más sombría y confusa señal de que en adelante tendríamos que sobrellevar su entera e improvisa ausencia.
Es que de cara a coyunturas colmadas de riesgos y alarmas, nada más había que observarlo. Menudo. Riguroso. Austero. Sereno. Irreductible. Ya lo demás al instante se sabía, como se sabe en redondo lo que siempre se ha sospechado.
Vertical como un obelisco, de una dignidad que intimidaba, aunque su tez era del moreno terroso que suele dejar indeleble la ancestral Carora, su aura proyectaba el blanco que según Melvilla es "símbolo de fuerzas y purezas divinas".
Frente a los desplantes del régimen, las amenazas de cierre, los nubarrones judiciales, o la sorpresiva mordaza particular que una vez llegó con los arrogantes precintos del Seniat, él solía trasladarse a Barquisimeto, por avión o por tierra, y convocar a reunión. Sin urgencias, sin ahogos.
Camino a su despacho, más de una vez nos sorprendimos tratando de adivinar si esa sería la temida mañana en que el doctor Carmona procedería a recomendar no un repliegue, y mucho menos una rendición, pero, quizás, sí, suavizar el tono de la crítica. Bajar un tanto los decibeles de la reprobación. La supervivencia de una empresa de cien años estaba en juego, cavilábamos.
Pero era precisamente eso lo que a él lo afirmaba, aferrándolo. ¿Cómo echar por la borda un prestigio tan caramente labrado, cómo desfigurar el venerable postulado de los abuelos fundadores?
Luego del saludo, a todos con educada deferencia, una breve descripción del escenario planteado servía de magro preámbulo al motivo principal de su angustia: “No podemos bajar la guardia”, remachaba. “Cuidado. ¡Que los lectores perciban nuestra invariable posición! Tenemos que mantenernos firmes, ¿oyeron?”. En su boca, la enseña fundamental, en algún momento, pasó a ser: “Primero cerrados que arrodillados”.

La advertencia postrera

El lunes dos de enero de 2006 la primera página de EL IMPULSO recogió el último Editorial calzado con la firma del doctor Carmona.
La fecha no se prestaba sino para dejar tallado un intento por transmitir optimismo frente al futuro mediato del país, dada su confianza en las reservas morales. Concluía invitando a los larenses para el místico reencuentro, durante la cercana procesión de la Divina Pastora.
Esa misma edición contenía una amplia entrevista en la cual el director se anticipaba, de una vez, a los comicios presidenciales planteados para el tres de diciembre de 2006, y cuyo corolario fue la legitimación de Hugo Chávez junto a las graciosas bendiciones derramadas desde los bandos opositores sobre el CNE.
“Es una aberración estar hablando de candidaturas presidenciales frente al fraude que representaron las pasadas elecciones”, dijo, certero y premonitorio.
Poco tiempo antes, en noviembre de 2005, durante un foro realizado en el auditorio del Colegio de Abogados, de esta ciudad, para analizar la pertinencia de participar en las elecciones parlamentarias, lo oímos advertir por todo el cañón y ante un público en parte adverso:
“¡Es ridículo ir a votar! Las cartas están echadas y la trampa montada”.
Propuso la decorosa herramienta de la masiva abstención, a objeto de no hacerle comparsa al régimen ni juego a un árbitro descaradamente parcializado.
“¡Ni amarrado iré a votar!”, tronó esa noche. “Mis principios los seguiré manteniendo, porque no los vendo ni los hipoteco a nadie”.
Los presentes, aún quienes no compartían a rajatabla su criterio, se maravillaban de su inconmovible entereza.
¿Había sido duro? ¡Qué va! Eso no era nada comparado con la ocasión en que, invitado por la directiva en pleno del CNE como representante del Bloque de Prensa Venezolano, llamó “monigote”, en su cara, al siquiatra Jorge Rodríguez, entonces flamante presidente de ese organismo.
Para él, la Coordinadora Democrática había acabado siendo un atajo de negociantes. Así lo hacía saber a todo quien deseara escucharlo.
En su Editorial del 15 de marzo de 2004 se dirigió así, dentro un plano intimista, a su legión de lectores:
“No claudicaremos para librarnos de cobarde complicidad. Insistiremos al cansancio, y por ello solicitamos su comprensión, hasta quizá su perdón, para continuar en idéntica tónica”.
Y llamó en esa oportunidad a la desobediencia civil, la cual, a su juicio, debería comenzar por la desobediencia tributaria.
En una entrevista concedida a El Carabobeño el 29 de marzo del mismo año, el periodista le preguntó:
-¿El gobernador Luís Reyes Reyes, es amigo suyo?
Su acerada respuesta fue:
-Mejor no me lo nombre.
-¿Qué pasará con EL IMPULSO? –quiso saber además el reportero.
“Seguirá adelante, a menos que nos encadenen o nos metan presos, como a mi padre”.
(En efecto, el abogado Juan Carmona, su progenitor, a cuya memoria había erigido un inmaculado altar íntimo, siendo a la sazón el Jefe de Redacción del periódico, en el año 1933, fue a dar con sus huesos a La Rotunda, la tenebrosa cárcel gomecista. Allí permaneció tres meses, a causa de un Editorial que hiriera la bellaca epidermis del régimen).
Un hombre plantado en actitud intransigente frente a los desvaríos gubernamentales de quien él se empeñaba en llamar “el susodicho”, porque, como él mismo escribiera, había “jurado y perjurado no mentar nombres de actuales mandamases y menos de sus execrables andanzas”. Cronista puntilloso de un ejercicio de “cinismo aberrante y brutal”. Registrador de una feria de “jaquetonerías desvergonzadas”, obra máxima de aquel que desde la cima del poder exhibe un lenguaje dominguero “exquisitamente acoplado a los bajos fondos”.
Esa es la imagen que dejaría grabada en la conciencia de la actual generación de lectores de sus Editoriales de cada lunes, el doctor Juan Manuel Carmona. Pero, ¿acaso su dedo acusador sólo señaló los extravíos presentes? ¿Calló, encubridor, durante los “podridos” 40 años anteriores?

Primero fue Juan Callejas

Ya a fines de 1950 se había acercado, ceremonioso, a una máquina de escribir. Firmó entonces con el seudónimo Juan Callejas.
“Tomé el nombre de Juan y para más lo situé en la calle”.
Más prolífico, como Luís del Campo sobrepasaría las trescientas columnas, tituladas “Desde esta capital”, a partir del primer gobierno de Carlos Andrés Pérez. Para ser más precisos, corría entonces el mes de mayo de 1974. No escogió un día fijo. En ocasiones, se despachaba hasta dos entregas en una semana. En otras, se permitía un paréntesis, corto ahora, más largo después.
“Por el periodismo sentí una inclinación innata”, explicaría alguna vez.
Lo de hacerse médico, confió, pudo ser un acto de rebeldía, en un entorno familiar signado por abogados.
“Fui jubilado, muy a mi pesar (después de 26 años como docente universitario en el hospital Vargas). Nunca ejercí la medicina privada, salvo contadas ocasiones, porque no se puede cobrar por la salud de los demás. Para mí era muy difícil dirigirme a un enfermo para cobrarle”.
Otra confesión que lo retrata de cuerpo entero:
“En esto de escribir confluyen necesariamente estados anímicos, es consecuencia de emociones negativas o positivas, de esperanzas o desesperanzas, del deseo de plasmar algo, con la soledad por compañía y el teclado como cincel”.
La censura a los iniciales delirios de la Gran Venezuela, de CAP, no tuvo la más mínima dilación. Luís del Campo fue puntual. Como lo había sido a la hora de anteponer que Rómulo Betancourt no era santo de su devoción.
De las medidas económicas emprendidas no se podían esperar sino “desajustes profundos”, escribió.
El 27 de julio de 1977, reprochó el miedo evidenciado por empresarios ante una reprimenda presidencial en el seno de la Asamblea de Fedecámaras. Las amenazas de restricciones a la actividad financiera fueron “aplaudidas con vítores, miedo ancestral, miedo proverbial, miedo que tal vez resulte culposo a la postre”.
¿Han variado en algo las cosas al cabo de todos estos infecundos años?
Asimismo vapuleó la confianza que se compraba fuera del país, con préstamos, créditos a largo plazo, en feroz contraste con las carencias y el desconcierto que privaba en el ámbito nacional.
Otra vez, ¿han cambiado las cosas? ¿No está claro que los males de ahora tienen sus raíces hundidas en vicios crónicamente acumulados, en obscenidades inveteradas?
“Se gastan enormes fortunas y esfuerzos en crear una imagen externa y quizá distante de la realidad, y ella se logra a expensas de la inestabilidad y crítica interna, que seguramente amerita mayor dedicación”, sentenció Luís del Campo, el 13 de agosto de 1977
“Vivimos, sí, en un permanente torneo verborreico preñado de superficialidad”.
En octubre de 1977, ante denuncias de corrupción en la UCV, fulminó:
“La libertad, sólo para denunciar sin eco, no es útil”.
En noviembre de ese año se quejó amargamente a consecuencia de que el “estrecho y bello” valle que era Caracas, pugnaba por volverse “afeado, contaminado”. Esto le sirvió de excusa para exhortar a que se planificara debidamente el crecimiento de Barquisimeto, sin “sacrificar al poeta, al cantor y al músico que viven en el alma de cada larense”.
La frase lapidaria del senador Gonzalo Barrios según la cual “en Venezuela los funcionarios roban porque no tienen razones para no robar”, despertó en el articulista intensas reflexiones, sobre todo por el terreno de indiferencia en que había caído. “Deja atónitos contemplar inermes el descalabro moral del país”.
8 de junio de 1978. “Nuestra vida es ligera. Todo pasa con prontitud, se pierde en la bruma ambiental contaminada”.
8 de julio de 1978. “A veces provoca abstenerse definitivamente o por lo menos una larga temporada del comentario político. Por necesidad de cambiar o por obstinación tal vez…”

El candidato a diputado

El 21 de noviembre de 1978, el doctor Carmona concede entrevista a este diario para anunciar que era candidato a diputado al Congreso Nacional, por Lara, como independiente. Figuraba en el puesto número cuatro en las planchas de COPEI. Tenía 49 años.
“No soy político, ni lo seré”, aclararía. “Nunca he sido militante de partido alguno, ni siquiera allegado”.
Y su advertencia la elevaría frontal:
“Si la conducta que pudiera tener COPEI en un momento determinado no concuerda con mi forma de pensar, ni con mi conciencia, no la seguiré ni tengo por qué hacerlo. No hubo ningún trueque, el cual jamás habría aceptado”.
En abril de 1979, tras un receso de cuatro meses, retorna al teclado con este inocultable estado de ánimo:
“Las ilusiones deslumbran y ciegan. Reaparece y se agiganta la soberbia. Vanidad de vanidades. Reiterada flaqueza que persigue inexorable a quienes ocupan transitoriamente las alturas. La esperanza continuará trunca”.
Condena la impunidad, la corrupción, la desidia, la simulación en los mandos oficiales.
Al día de parada obligatoria le dedicó un comentario acerbo. El 8 de abril de 1979 pide rectificar. “No nos gustan los resultados del primer año de gobierno. No hay sitio donde no se escuche la censura colectiva sin audiencia. Sordo quien no quiera oír. Placer suicida aceptar únicamente la expresión laudatoria”.
Desaprueba la “manía viajera” del presidente Luís Herrera, por encima de la amistad y la afinidad manifiesta entre ambos. “No son tiempos para distraer las horas que vuelan mientras permanecen insolubles los grandes y graves problemas nacionales”.
Los saldos, apunta, “quedarán en rojo para siempre”.
El 14 de mayo de 1980, en medio del escándalo por el Sierra Nevada, Luís del Campo se declara alarmado ante la pretensión de establecer la responsabilidad política y moral de Pérez, salvándolo de la administrativa. “Es imposible concebir la responsabilidad moral sin la otra”, aduce.
21 de octubre de 1981. “La soberbia, grave pecado gubernamental vernáculo, persiste atávicamente. Más que usted, respetado lector, somos nosotros quienes lamentamos volver otra vez en tónica idéntica”.
En lo sucesivo, no hay concesión. La misma postura erguida, ajena a todo arreglo clandestino. En marzo de 1985, bajo Jaime Lusinchi, acusa la creación de un Consejo Nacional de Comunicaciones, dentro del VII Plan de la Nación, para regular y controlar la línea informativa de los medios.
15 de marzo de 1985. “Cuesta escribir hoy en día. Tanto como leer. Repeticiones. Hastío. Cansona demagogia”.
5 de junio de 1985. “Lamentarse en silencio. No queda más alternativa. Nada qué hacer. No se encuentran aliados”.
31 de julio de 1985: “Se ha perdido hasta la elegancia del silencio”.
18 de septiembre de 1985: “Nos tratan como amnésicos. O como irremediables desmemoriados”.
6 de junio de 1990: “A ese extremo llegamos. Enrevesadamente extraviados. Insulsos como promesa política. Yendo y viniendo sin rumbo. Asesinando el tiempo. La culpa se reparte, se evapora”.
13 de junio de 1990: “Aciago derrotero transitamos. Porque esa es la tragedia. No es vivir fuera, soñando con volver. Es desapegarnos, y despreciarnos”.
21 de noviembre de 1990: “El país es un gallinero. Se ensucia por turnos”.
16 de enero de 1991: “Regreso del exterior. Se respira aire enrarecido. Es una angustia colectiva. Un desasosiego palpable. Porque al fondo llegamos. Sin dudas, sin eufemismo alguno”.
3 de julio de 1991: “Pero tenemos que continuar. Sin rumbo, seguramente, ni derrotero cierto. Sin confiar en nada. Tampoco en casi nadie”.
José Ángel Ocanto


Nada nuevo bajo el Sol

A raíz de los Convenios Cambiarios suscritos en 1989, bajo CAP II, sólo a EL IMPULSO, entre todos los periódicos del país, no le fue reconocida la carta de crédito para la importación del papel. Aunque en su momento el Presidente lo calificó como un “hecho fortuito”, ordenó darle rango de problema de Estado al asunto, pues, según planteó, el cierre de un periódico de semejante trayectoria debería ser anotado como un “fracaso” de su gobierno.
La historia se repetiría, con Caldera II. El 18 de julio de 1996, el Editorial tuvo por título: “Ensañamiento contra EL IMPULSO”. Mientras a la generalidad de los medios impresos les había sido autorizado el otorgamiento de divisas para el pago de su deuda externa, Miraflores discriminaba obstinadamente sólo a este diario.
En noviembre de 1996, Caldera en la VII Cumbre Iberoamericana afirmó que si bien la libertad de opinión figuraba entre los derechos más importantes protegidos por la Constitución, “la libertad de información es distinta”.
Y lanzó la peregrina tesis de la “información veraz”.
El mismísimo Fidel Castro, presente en el cónclave, firmó la Declaración.
¿Qué editorializó el doctor Carmona?:
“Las opiniones nunca pueden desligarse ni tenerse como diferentes a la información. Ésta última se nutre y tiene con frecuencia su origen en las primeras”.
El 24 de febrero de 1997, nuevamente la voz del doctor Juan Manuel Carmona se alzó escrupulosa. Teodoro Petkoff, ministro de Cordiplan, después editor, había deslizado una sugerencia trágica. Según él, la prensa y la opinión eran perfectamente manejables, a través de la conveniente distribución de la torta publicitaria oficial. “Así de fácil”.
De nuevo el juicio severo del editorialista: “El converso desbordado por el poder no puede resistir la crítica, ni que alguno discuta sus nuevas verdades”.
JAO


Los por qué

¿Por qué decimos que el doctor Juan Manuel Carmona fue escalpelo y armiño en la política?
Lo de escalpelo es obvio, tratándose de un cirujano.
Cierta vez él comentó:
“Debo reconocer que tengo habilidad manual. Tengo bien templado el espíritu y poseo cierto grado de agresividad, condiciones indispensables para ejercer esta disciplina”.
Su palabra, su pasión, su censura moral, eran cuchillo de hoja fina y puntiaguda que, desde los planos de su indiscutida autoridad, en las azarosas faenas de la crítica era capaz de ir haciendo cortes minuciosos con cada expresión, con cada razonamiento. Con cada explosión de inclemencia.
Había mucho de asepsia en la revelación de sus criterios.
¿Y por qué armiño?
Hace muchos años leí embelesado sobre ciertas propiedades de este pequeño mamífero de piel muy suave y delicada, la cual es parda en verano y se torna blanquísima en invierno.
Cuenta la tradición que cuando Bruto desembarcó en Francia, halló sobre su escudo un armiño. Este hecho lo interpretaría como un claro presagio de futuras victorias. Las tierras conquistadas por él las llamaron Brutania en su honor. Bretaña más tarde.
Leí también que el armiño aprecia tanto la pulcritud de su blanca piel, que a los cazadores se les hace fácil capturarlo rodeándolo de lodo.
El armiño prefiere la muerte antes que cubrirse de suciedad.
JAO


Ideario de un gladiador

“No creemos estar en condiciones de continuar dando ejemplos de civilidad y tolerancia a un adversario carente de tales dotes, ni siquiera de mínima decencia”

“Después de un arduo y paciente batallar, quedará vencida la más horrible cuan nefasta pesadilla padecida en cien años”

“La política oficial es sólo concebida como la radicalización del poder, sustentándolo con violencia amenazante y actuaciones contra quien o quienes se le opongan”

“Confían a pie juntillas que al enchufarle boina roja a la masa, le borran para siempre sus antiguos pensares, quedando el mandado hecho”

“Desde nuestra tribuna seguiremos aferrados a principios impresos familiar, educativa y religiosamente, fieles a ideales que no a intereses lacerantes”

“EL IMPULSO ha mantenido tradicional distancia con los mandantes, o según el caso los ha enfrentado con honestidad”

“No somos oposicionistas por definición. Tenemos convicciones firmes”

“Los medios están obligados a enfrentar la situación actual. De lo contrario se haría un periodismo pasivo, suicida”

“No teman, seguiremos adelante”

“Todo tiene un momento.
Sus consecuencias igualmente.
Una sonrisa puede romper un hielo.
Una lágrima apagar un infierno.
Una palabra desatar una tempestad.
Qué interesante es saber vivir.
Y cuán difícil”.

jueves 5 de abril de 2007

Tres maestros del periodismo

Cita en Cartagena

¿Tiene la prensa escrita escapatoria frente a la invasión de la televisión
y la poderosa influencia de internet? ¿Se cumplirá la profecía que habla
de la desaparición de los periódicos? Tres maestros de la profesión: Tomás Eloy Martínez, Jon Lee Anderson y José Salgar, desplegaron sus puntos de vista
en la Reunión de Medio Año de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP),
en Cartagena de Indias

Dos tragedias.
Orlando Sierra, el subdirector y columnista del diario La Patria, de Manizales, en el departamento de Caldas, Colombia, fue asesinado por un sicario el miércoles 30 de enero de 2002, cuando conversaba con una hija suya frente a las instalaciones del periódico.
Tres disparos le ocasionaron la muerte cerebral. Durante 48 horas se mantuvo en coma.
Sierra había sido un periodista temible. De ese tipo de gente que si conoce los espasmos del miedo, sabe arreglarse para ocultarlo muy bien. Su pluma despedía rayos que sin tregua posible hostigaban a una clase política corrupta.

El Espectador, fundado en Medellín el 22 de marzo de 1887, debió ser vendido 110 años después, en 1997, por la familia Cano, a un consorcio cervecero, el Grupo Santo Domingo, liderado por el dueño de Bavaria, empresa ahora fusionada con la surafricana SAB Miller: el industrial barranquillero Julio Mario Santo Domingo (según la revista Forbes el hombre más rico de Colombia. Su fortuna es calculada en unos 4.500 millones de dólares).
La transacción no impidió que El Espectador dejara de ser diario, para convertirse, en el año 2001, en una publicación semanal.
Antes, sufrió las embestidas de un boicot por parte de sectores económicos señalados en las páginas del periódico por sus “manejos dudosos”, la censura de gobiernos conservadores, los criminales recados de los capos de la narcoguerrilla, el fuego de un incendio provocado, el cierre por orden de la dictadura de Rojas Pinilla, y hasta las inquisidoras obcecaciones de la Iglesia. En 1888 el entonces obispo de Medellín proclamó a los cuatro vientos que leer El Espectador era "pecado mortal".
El 17 de septiembre de 1986, sicarios dieron muerte al director, Guillermo Cano, dentro de su automóvil.

No se trata de golpes de la fatalidad, ni tampoco de una mala estrella. Es una tragedia presentida, que casi pudiera decirse se elige. Entre la opción de combatir o pasar agachados, se escoge la aconsejada por el decoro. Se trata de la deliberada promesa de no convivir con la impudicia, sin escatimar riesgos, ni costos. Es el mismo compromiso que, ¿quién no lo entiende ahora?, tanto angustió hasta el fin de sus días al doctor Juan Manuel Carmona. El legado está allí, intacto. Su obra, y sus ideas, reflejadas sin tachaduras en estas páginas no claudicadas, han alargado más allá de sus desvelos el aliento de una dignidad que él, a conciencia, adoptó como norma de vida.
José Ángel Ocanto


Tomás Eloy Martínez

Volver a los orígenes

“Los libros y la prensa sobrevivirán, aunque de un modo diferente.
Van a venderse menos, pero llegarán a un público más calificado
y siempre tendrán un mayor efecto de persuasión”

“La crónica surge como una herramienta de denuncia del poder totalitario”, alude en el panel el escritor Tomás Eloy Martínez, miembro del consejo rector de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, creada hace doce años por Gabriel García Márquez.
Nacido en Tucumán, Argentina (1934), es el autor, entre otras obras, de: Sagrado, Lugar común la muerte, La novela de Perón (quizá la más conocida), Santa Evita y El vuelo de la reina, premio Alfaguara de novela 2002.
En su experto criterio, la crónica es una de las piezas claves para la salvación de la actual prensa escrita, sometida como está a los embates de la instantaneidad que plantean la era digital y la “invasión” de la TV.
“Nos pasamos la vida buscando cosas que ya hemos encontrado”, advierte el intelectual, quien viviera exilado en Venezuela entre los años 1975 y 1983. Editor del Papel Literario de El Nacional, primero, fue después fundador de El Diario de Caracas.
Es preciso, entonces, volver a los orígenes del periodismo, y América Latina posee una rica tradición narrativa desde mediados del siglo XVI.
Allí están, advierte, Las crónicas de Indias, que echaron las bases del periodismo y de la literatura en esta parte del mundo.
“En la crónica el periodista se enuncia o desenmascara como persona, y dice su verdad”. La verdad, subraya, no es más que “un bien inasible que cambia según quien la vea”. Pero el narrador, apunta, “importa sólo como testigo de los hechos”.
Varios nombres gloriosos brotan en la enumeración de los ejemplos válidos: José Martí, Rubén Darío. Y Charles Dickens, quien se adentró en colegios privados ingleses para denunciar memorablemente las atrocidades sufridas por niños internos entre las paredes de esos centros de enseñanza.
El periodismo narrativo es costoso, advierte. “Requiere de los mejores escritores, de los mejores pensadores, de excelentes comunicadores. No todo periodista es capaz de narrar. Narrar no es floripondio, retórica. La belleza de un texto es su eficacia y buen periodismo es, ante todo, riesgo”.
Y se detiene en los predios de la palabra como fuente, para señalar con fruición: “El lenguaje eficaz siempre es bello y puede permanecer en todas las épocas”.
¿Qué ha pasado? ¿Dónde está el pecado capital de la prensa que conocemos?
Se ha perdido fuerza narrativa, dice. Las agencias internacionales de noticias han impuesto el método de la célebre “pirámide invertida”, estructura que constriñe al periodista a responder en el primer párrafo las “5 wh”, por sus iniciales en inglés: qué (what), quién (who), cuándo (when), dónde (where), por qué (why).
“Las agencias de noticias olvidaron el relato. Impusieron un lenguaje telegráfico. El periodismo perdió mucho de su gracia, de su valor”.


"La necrofilia argentina es tan vieja como el ser nacional. Comienza ya cuando Ulrico Schmidl, el primero de los cronistas de Indias que llegan hasta el Río de La Plata, narra cómo Don Pedro de Mendoza pretendía curarse de la sífilis que padecía aplicándose en sus llagas la sangre de los hombres que él mismo había ordenado ahorcar”.
Tomás Eloy Martínez (entrevista).


Jon Lee Anderson

En vías de extinción

“Mis primeras crónicas eran una verborrea. Uno afina el texto
con mucha lectura, con oído”

El andariego californiano Jon Lee Anderson es un notable cronista de The New Yorker, la revista semanal fundada en 1925 por Harold Ross y que privilegia el relato. La principal fortaleza de esta publicación es, sin lugar a dudas, su acreditado elenco de escritores.
Anderson, este aventurero ansioso de contar, se ha especializado en la realización de perfiles biográficos. Fidel Castro, Gabriel García Márquez, Augusto Pinochet, Saddam Hussein y Hugo Chávez, figuran entre sus elegidos. También el Ché Guevara, quien, según argumenta el periodista, “no fue ni héroe ni diablo”.
Su pasión por la noticia en desarrollo le ha llevado a los fragores de más de una docena de conflictos en distintos escenarios: Sahara Occidental, Gaza, El Salvador, Afganistán, Birmania, la sitiada Bagdad.
“Va por el mundo sin grabadora ni cuaderno de notas, dispuesto a escuchar y a preguntar mucho”, escribió Fernando García Mongay acerca de él.
Sus gestos desaliñados parecieran adaptarse a la dureza, o callosidad, de los ambientes escogidos para sus narraciones.
“El periodismo narrativo es la salvación de la prensa escrita”, coincide con Tomás Eloy Martínez. “Los jóvenes de hoy no leen, ni ven noticieros. Los atraen más aquellos sitios de internet que les ofrecen noticias rápidas y lo complementan con los videos. Eso les aporta la sensación de estar suficientemente informados”.
Y entre un público poblado fundamentalmente de editores, y reporteros, Anderson no tiene inconveniente en reiterar la amarga y recurrente predicción:
“La prensa está en vías de extinción, si no encuentra la forma de salvarse. La vuelta a sus orígenes es esencial”.
El reto, dice, es “romper la barrera del gran público”. Esto supone, según agrega, “ir siempre más allá, insistir en las grandes crónicas, en las historias bien contadas”.
Una puntualización: “El periodismo digital todavía no es placentero. Por eso se recurre a los diarios y revistas”.
Anderson recuerda que en la guerra de Crimea (1854-1856), el primer conflicto armado cubierto por los corresponsales, las noticias aventadas por teletipos llegaban a sus receptores con semanas y hasta meses de retraso.
“Hoy en día cualquiera puede ver las noticias, con un poder instantáneo, en su teléfono móvil. El reto esta ahí. El valor del periodismo narrativo es obvio”.


“Anderson tal vez sea el mejor cronista de guerra de su generación (...) Leer las crónicas de Anderson significa mezclarse entre la gente que vive la guerra de manera cotidiana, significa entender ese mundo que está siendo alterado para siempre, que está dejando de existir”
Martín Pérez, diario Página/12


José Salgar

Torcer el cuello al cisne

“La invitación es dar un salto por encima de los prejuicios del periodismo que queda atrás, pero sin abandonar sus grandes valores y enseñanzas”

Cuando Gabriel García Márquez se inició a los 26 años como reportero de El Espectador, en Cartagena, se topó con la muralla de José Salgar.
Durante 18 meses, Salgar fue su editor. Le tocó corregir sus primeras cuartillas.
Entrevistado por Marta Ruiz, así ha relatado su trayectoria el propio “mono Salgar”, como suelen nombrarlo sin faltarle a los respetos, a los muchos que, enteros, este hombre merece:
“Mi primer trabajo fue como ayudante de linotipo en los talleres donde se imprimía El Espectador, en 1933 cuando apenas tenía 13 años. De ahí partió todo porque entré a la mejor escuela de periodismo, empezando por los linotipistas que eran unos sabios. Entré a un fogón de periodismo, al sitio donde se escribían las cosas y se escribían bien. Seis meses después fui nombrado ayudante de redacción. Era el que contestaba el teléfono y tomaba notas. Poco después ya era redactor, en un aprendizaje intenso y rápido que duró 10 años, al cabo de los cuales fui nombrado jefe de redacción, a los 23 años. Todo esto lo hice sin haber terminado el bachillerato, sin títulos académicos. El título que he tenido toda la vida me lo ha dado la experiencia en el periódico”.
Sentimos un íntimo regocijo al saludarle y estrechar su mano, que tantas noticias, buenas y malas, habrá manoseado. Él nos miró al través del brillo turquesa de sus ojos, al tiempo que recreaba una sonrisa leve pero traviesa. Quizá la misma que esbozó al enterarse del ardoroso pregón con el cual Eduardo Zalamea abrumaba a sus colegas en la BBC de Londres: “Estamos haciendo el mejor periódico del mundo”.
En el libro de memorias Vivir para contarla, García Márquez menciona a José Salgar un total de veintiuna veces, todas en las últimas setenta páginas.
"Cuando Gabo llegó a El Espectador, era un joven costeño. Ya tenía cierta aureola literaria, pero venía con la intención de meterle literatura al periodismo”, rememora el maestro.
Por eso le soltó al vuelo a “uno de los dieciséis hijos del telegrafista de Aracataca”, aquella implacable frase. Debía “torcerle el cuello al cisne”, imagen tomada de un soneto del mexicano Enrique González Martínez. Era preciso que se batiera en mortal duelo con las duras y apremiantes realidades cotidianas. Es decir, para ponerlo en palabras del propio autor de Cien años de soledad, Salgar no le perdonaría que se desperdiciara “en malabarismos líricos, en un país donde hacían falta tantos reporteros de choque”.
De los 120 años de El Espectador, José Salgar le dedicó 60 de su vida. Hoy, a los 85 años de edad, sigue siendo el consejero de un medio que, atormentado por una insalvable cadena de adversidades, incluyendo el crimen alevoso de su director Guillermo Cano, quizá no sea la sombra de lo que una vez fue; ahora es un semanario que sueña con volver a bañarse de luz con cada amanecer.
“En el resto del mundo, y aún entre nosotros mismos, comienzan a abrirse amplias posibilidades para que ésta sea una profesión más especializada, más diversificada, más responsable. Están perfilándose a diario las transformaciones en todos los medios de comunicación. En los diarios impresos lo importante ya no es la noticia del momento sino la originalidad y profundidad de sus desarrollos. El público saturado de voces e imágenes busca el reposo de una lectura ágil y de beneficio para una vida mejor en los diferentes estratos y edades”, advierte Salgar.
“La palabra impresa”, le oímos decir, “ahora se vuelve viejísima a los cinco minutos”.
En la profundidad de la narración y en la efectividad y belleza del lenguaje, parece percibir la herramienta mágica, la tabla de salvación.
“Es un mundo de reinvención, pero que no puede dejar que se arrasen valores eternos en esta profesión, como son la ética, la moral, el humanismo y la misión de educación y cultura”.


“Me parece que Salgar me puso el ojo como reportero, mientras los otros me lo habían puesto para el cine, los comentarios editoriales y los asuntos culturales, porque siempre había sido señalado como cuentista. Pero mi sueño era ser reportero desde los primeros pasos en la costa, y sabía que Salgar era el mejor maestro, pero me cerraba las puertas quizás con la esperanza de que yo las tumbara para entrar a la fuerza”.
Gabriel García Márquez, Vivir para contarla

Ordene, comandante, ordene




Venezuela es ahora un feo teatro del absurdo.
Día a día nos bombardean los mensajes y las situaciones más descabelladas, en tal dosis que ya ni estrés nos causan.
No hay conmoción alguna. Paulatinamente nos estamos acostumbrando, comenzamos a creer que podríamos convivir con el desastre y ésa, ahora, es una de nuestras principales tragedias. O, al menos, la señal de que algún mal tejido se está formando y volviendo oscuro dentro de nuestro cuerpo social.
Porque cuando se pierde la capacidad de asombro, cuando presenciamos hechos monstruosos y apenas nos encogemos de hombros, eso lo que significa es que poco queda del pudor en nuestros espíritus. Algo de la condición humana nos ha abandonado, ojalá en forma pasajera. Estamos dejando de ser humildes, ingenuos, inocentes. ¡Qué tristeza da eso, ciertamente!
Por ese camino cada día nos volvemos más fatalistas e insensibles. Nos debatimos en torno a la terca idea de que es poco cuanto podemos hacer para librarnos de nuestros males. Así, nos tornamos impotentes. El ansia de luchar hasta vencer se esteriliza. Con la autoestima por los suelos vamos por allí, creyendo que estamos parados frente a lo inevitable.
¿Podríamos llegar a admirar, todos, a quien nos secuestra, conforme al célebre Síndrome de Estocolmo, que evoca el caso del robo a un banco en Suecia, hecho en el cual las víctimas defendieron a sus captores, aún días después de que acabara el drama del secuestro? ¿Seremos de ese tipo de prisioneros que ayuda a sus verdugos a lograr su propósito y hasta a huir de la policía?
¿Acaso estamos dispuestos a cometer semejante acto de insensibilidad, y ver que el país acaba de hundirse en un tremedal de insensateces oficiales, de insolente irrespeto a la vida, de monstruosa corrupción, de mentiras, cinismos y vicios, sin hacer lo que deba hacerse, tan sólo porque quizá no valga de nada?
Una buena y muy querida amiga se enfrentó, hace poco, a una visión que aún la sacude.
Celebré, en primer término, que su perturbación revelara que aún conserva intactos sus reflejos ciudadanos. Dentro de mí, un hálito de orgullo brotó como una suave y dulce exhalación. Ella sigue siendo sensible, solidaria. Es persona.
Cuenta que el sábado 16 de septiembre, de este año, iba en su vehículo por la avenida Vargas, de Barquisimeto. Eran como las 12:00 del mediodía.
Pensaba en algún compromiso rutinario que la llevaba hasta el centro de la ciudad, cuando de repente se enfrentó a una imagen que se salía del marco de la común.
Más allá de la silueta de los transeúntes habituales y de las fachadas de las casas y negocios, y del ronronear de los autos de ocasión, sobre la acera Oeste de la transitada arteria, justo en el cruce con la avenida Venezuela, caminaba un funcionario de la Guardia Nacional.
“Era un sargento”, me advierte, sólo para remachar los detalles de su historia.
El uniformado se desplazaba junto a una niña, ¿su hija, acaso?, de unos ocho o nueve años, con traje camuflado, botas y boina roja que a ratos se quitaba, por los efectos del calor, a esa hora sofocante.
“¿Qué es lo que la niña lleva en sus manos?”, mi amiga no podía creerlo.
¡Era una ametralladora!
Septiembre está muy lejos del Carnaval, rememoraba la mujer, impactada.
“No era de juguete. Pesaba lo que imagino debe pesar esa arma. Y aún siendo de juguete, no deja de ser algo reprochable”, me decía aún antes de enviarme las fotografías por el correo electrónico.
“Yo los seguí más de media hora. En algún momento el hombre estuvo a punto de descubrir que les tomaba fotos, aún cuando manipulaba el volante. Hubieses visto la cara de aquel hombre. Era la de la prepotencia personificada. Sus miradas despedían arrogancia, superioridad. Impunidad. Incluso, él pasaba de una acera a la del otro lado de la avenida, y entraba a negocios sin comprar nada. Quería que todo el mundo presenciara su hazaña”.
¿Qué lejos está esa grotesca escena del sentido que tienen los grafitis pintados en las paredes de la ciudad, sobre todo en lugares cercanos a instituciones educativas y deportivas?: “Estudio, trabajo y fusil”, dicen. Es la diabólica consigna de la Unión de Jóvenes Comunistas de Cuba.
Ocurre que los niños de la “isla de la felicidad” comienzan a leer, en el primer grado, con un libro que en su página 56 enseña que la “F” es una letra con la cual se escribe el nombre Felito y también la palabra fusil.
“Felito afila el mocha (machete corto). Pone el fusil al lado del machete”, recitan los escolares, con el texto “¡A leer!” en sus manos.
Y no se trata solamente de consignas para la evocación poética ni de simples cánticos.
Rolando Alfonso Borges, director del Departamento Ideológico del Comité Central del Partido Comunista Cubano, no se guardó las apariencias cuando proclamó esta perla:
“La primera línea del trabajo político-ideológico con los niños es la escuela, y los primeros soldados son los maestros y el resto del personal educativo. Tenemos que poner nuestros corazones en el trabajo político-ideológico y debemos hacerlo en forma sistemática, en la que cada sección del sistema educativo tenga sus responsabilidades concretas".
¿Alguna diferencia con lo que está restregándonos en la cara ese excelso maestro que es Aristóbulo Istúriz?: “Sí estamos adoctrinando a los niños, ¿y qué?”, preguntará él, provocador y zumbón.
También aquí, como lo hizo Fidel en Cuba hace décadas, se está declarando a Venezuela “territorio libre de analfabetismo”. Arreglando las estadísticas, claro.
Quizá la ONU y la UNICEF lo confirmen, pero, ¿de qué sirve enseñar a leer si únicamente se permite la basura doctrinaria que elimina la conciencia crítica y hace del nuevo hombre un esclavo en serie, un ser incapaz de valorar la libertad, la vida, siendo en cambio adiestrado para que actúe con sumisión perruna frente al dueño de todos los fusiles? “Felito pone el fusil al lado del machete”. El siguiente paso es: “¡Ordene, comandante, ordene!”
Ese “nuevo republicano” del cual habla la revolución, no busca, conforme a la acuciante angustia de Simón Rodríguez, formar al republicano que, lograda ya la Independencia, necesitaba la naciente república, tan llena de los riesgos que entraña todo sistema de libertades. No. Lo que aquí, en el fondo, se quiere, es arrebatarle a los padres, bajo toda una gama de subterfugios, o engaños, la patria potestad de sus hijos. El Estado sustituirá entonces a la familia y les inculcará a los escolares sus propios valores y principios. Es decir, sus dogmas y reglas. Todo en el entendido de que el gobierno actual seguirá siendo gobierno “hasta el día de la mamá de Tarzán”.
Fidel Castro Ruz, cuya muerte no deseamos pero esperamos, definió el primero de mayo de 1960, en discurso pronunciado en la Plaza de la Revolución, lo que él entiende por democracia. De más está decir que ese mismo criterio aplica para quienes de este lado le veneran con enfermizo recogimiento. Decía el ahora moribundo, y repetirán pronto por aquí, si lo permitimos: “¡Democracia es ésta que les entrega un fusil a los campesinos, y les entrega un fusil a los obreros, y les entrega un fusil a los estudiantes, y les entrega un fusil a las mujeres, y les entrega un fusil a los negros, y les entrega un fusil a los pobres y le entrega un fusil a cuanto ciudadano esté dispuesto a defender una causa justa!”
Ahora, ¿qué es lo “justo” para el gobierno? Yo voy por las calles y percibo que la gente no es como este gobierno.
La gente común me parece sencilla, noble, y el gobierno es complejo, enmarañado, oscuro.
La gente con la cual me encuentro por todas partes tiene sentido del humor, es altruista, solidaria, y el gobierno sólo sabe rabiar, y amenazar.
La gente aquí trabaja duro. El gobierno sólo fantasea y dilapida.
El venezolano suele ser franco, abierto, y el gobierno es retorcido, molesto.
La gente aplaude con generosa profusión el talento de los escogidos. El gobierno ve en el brillo de la genialidad una repulsiva depravación individualista.
Incluso los más pobres procuran estar bien presentados, lucir dignos, y el gobierno exalta los instintos más miserables.
En una reciente graduación de médicos en la UCLA, por varios minutos me dediqué a observar, extasiado, los rostros de aquellos nuevos profesionales, y gocé escuchando la risa y el agradable bullicio de quien festeja el triunfo, la superación, personal y familiar, la coronación de una ansiada meta. En muchos de ellos se advertía con facilidad la extracción profundamente humilde. Aquel acto tan tradicional, y tan nuevo cada vez, de lanzar el birrete por los aires, ay, qué tierna agitación.
No pude evitar pensar que ese trozo de país allí presente marchaba en sentido contrario al credo y las ambiciones totalitarias de un régimen sin más héroes que el amo.
Ya el Colegio Jefferson, de Caracas, ha alzado su voz para protestar el recibo de dos videos que de acuerdo a las expresas instrucciones que han sido giradas deberán ser proyectados obligatoriamente en los colegios públicos y privados de todo el país.
Allí, en palabras de Istúriz y de una señora que ni siquiera tiene la decencia de identificarse, se dice que todo el sistema de educación que se conoce en el país debe ser desechado, demolido, por excluyente, individualista, oligarca. Nada del pasado merece rescatarse. La memoria histórica debe ser borrada, arrancada de raíz, so pena de ser declarados traidores a la patria. Lo que se ha aprendido en los textos que aún se aceptan es la vergüenza absoluta. La lista de próceres será corregida y actualizada. Nuevos días de fiesta nacional serán incorporados, el 4-F el primero de ellos. Los maestros serán comisarios. Brigadistas los estudiantes. Los nuevos himnos tendrán loas al Benefactor. La principal tarea será memorizar sus teorías, aplaudir sus desplantes. Uh, ah. Por más indisciplinado o desaplicado que sea, ningún alumno podrá ser reprendido ni aplazado. No habrá prueba de aptitud para el ingreso. La Sociedad de Padres y Representantes queda sin efecto. El director de la escuela no tendrá ninguna atribución. Democracia será palabreja prohibida. Pluralidad, eso jamás volverá a oírse, ni a practicarse. Hasta se condena en esos videos a los “Cuadros de Honor”, que en las carteleras de los institutos educativos tanto emocionan y estimulan la contracción al estudio, el esfuerzo, la disciplina, la excelencia. ¿Honor? ¡Basura!
Página 56 del libro ¡A leer!: “Felito pone el fusil al lado del machete”. ¡Ordene, comandante, ordene!

La risa de Alí Lmrabet

Una cosa no es justa por el hecho de ser ley.
Debe ser ley porque es justa
Montesquieu

Cuando un tribunal condenó hace unas semanas al periodista marroquí Alí Lmrabet a cuatro años de cárcel, su respuesta fue un demoledor artículo en su mejor estilo –el humor satírico–, al cual puso por título: Morir de risa.
En Marruecos la intolerancia oficial, ejercitada a punta de bestiales represiones, tiene una gran excusa: no es, por mucho, un país democrático.
La Constitución de 1970 comienza advirtiendo un anacronismo difícil de entender, un verdadero revoltijo legal. Según el texto, Marruecos es una “monarquía constitucional, democrática y social”.
Pero el Rey Mohammed VI no se mortifica en lo más mínimo por aclarar la naturaleza y alcance de su reciente gobierno (tiene apenas cuatro años en el trono). Él sólo sabe y le basta saber que es un Rey, y que como tal tendrá mando hasta el mismo día de su muerte. Ni un día antes. Hasta entonces, su figura de monarca será jurídica y políticamente inviolable. Sus decisiones no podrán ser apeladas ni cuestionadas por nadie. El hecho mismo de que sean decisiones suyas, a los ojos de todos las hacen justas, sublimes.
Su primer escollo en el arte de dominar los sentimientos y la conciencia de la gente, lo tuvo al coronarse, tras ocurrir la muerte de su padre, Hassan II.
Los saharauis, un pueblo colonizado y oprimido a sangre y fuego por las fuerzas que el Rey tutela, se negaban rotundamente a llorar el fallecimiento del personaje a quien tenían por principal causante de todos sus males y penurias.Mohammed VI se encargó. Ordenó y cuidó celosamente que sus milicias repartieran con particular e implacable saña, copiosos motivos para el dolor, la rabia y la aflicción colectiva, mediante una pasmosa escalada de terror, desapariciones y muertes, cuyas terribles heridas aún no terminan de cicatrizar.
Luego surge la irritación causada por un incómodo periodista, Alí Lmrabet.
Sus publicaciones irreverentes y capciosas –apoyadas en caricaturas– son sistemáticamente censuradas, recogidas y clausuradas por el reino, una y otra vez, sin producir escarmiento. Vuelven a aparecer, con nuevo cabezal y un mayor tiraje, y con sus páginas cargadas de un humor aún más ácido, aún más punzante y audaz. Como si cupiera mayor atrevimiento.
Y Mohammed VI, quien se presentó ante sus súbditos como un Rey “moderno”, y prometió acabar con la corrupción y desarrollar las libertades democráticas, vio colmada su frágil paciencia cuando las revistas satíricas de Lmrabet (Demain Magazine, un semanario en francés, y Doumane, su versión en árabe) imitaron los desvaríos de cierta prensa golpista: uno de sus trabajos lo tituló “El último Rey”, como si presagiara el fin de una era.
En otras páginas se reseñaba la venta de uno de los palacios reales, en Sjirat, a un grupo hotelero internacional, lo cual era meter sus ajenas y feas narices en los lacrados negocios del Rey. Además, allí quedaban expuestas las debilidades corruptas de militares y jefes policiales.
Dicen que Su Majestad, como era de preverse, sintió en su sangre azul los mismos hervores que sufre otro trastornado monarca constitucional cuando su descarriada mayoría parlamentaria hace aguas. “Y ¿para qué es la partida secreta?” O cuando algún peligroso y desalmado terrorista se atreve a hablar de referendo. ¡Infamia! O cuando la señal radiotelevisada de sus cadenas, originada por el propio canal del Estado, presenta alguna falla técnica, como si no fueran, desde siempre, abundantes y naturales las fallas, disparates y penosos descalabros en los dominios de su reino todo.
Muhammed VI tampoco lo soportó. Apegado a la Constitución, estalló en legítima cólera democrática y social. Quiso darles a los medios fascistas una lección de fineza en sus palaciegos modales, al recomendar al público que enrollara y se metiera las revistas de Lmrabet por ciertas partes íntimas. Y, como colofón de su bíblico arrebato, en el acto acusó al apocalíptico periodista de “ultraje al Rey” y de “poner en peligro la estabilidad del Estado”.
El Rey, pues, es el Estado, “su prolongación misma”. Rey y Estado, árbol de dos raíces, forman una sola e indivisible unidad. ¿Cómo es que se llama el otro alucinado monarca agobiado por esa misma confusión?
“¡Mi honor! –tronaría Muhammed VI al proferir sus maldiciones–. ¡Injuria!
Bastó que aquel ofendido semidiós rabiara así. El tribunal, insospechablemente autónomo en sus fallos, encontró culpable al reo, a ese humorista engendro de todos los morbos y perdiciones imaginadas.
El fiscal del Rey pidió la pena máxima. “Lo que ha hecho Lmrabet es de una extrema gravedad”, declaró, cual obsecuente Defensor del Pueblo cualquiera.
Abogados, periodistas y gente del pueblo, tomaron el recinto tribunalicio. En resuelta protesta sin precedentes, condenaron aquel “simulacro de juicio”, al grito de: “¡Libertad de expresión!”
En semejante trance, Lmrabet, sin instancia creíble a la cual apelar –¡otra coincidencia!–, rápido comprendió que sólo era dueño de su propia y desolada desgracia: se declaró en huelga de hambre.
Postrado en la cama de un hospital que sirve de sitio de reclusión para enfermos presos, en Rabat, la capital, durante siete semanas su estómago no recibió más que agua con azúcar y sueros, casi siempre contra su voluntad, hasta llegar a un estado tal de debilidad que apenas tuvo fuerzas para garabatear el artículo que acaba de publicar Le Monde.
“Me río para mis adentros; perdón, me río bajo las sábanas”, apuntó.
Pero ¿de qué es lo que se ríe este pobre periodista moribundo, casi solo en su causa, abandonado a su suerte y preso por orden del Rey en la cama de un hospital? Se ríe de un mal chiste, de una ironía que rebasó su propia imaginación, de una tremenda y absurda paradoja en la cual se ha visto envuelto y que va en camino de convertirlo, ahora mismo, en nuevo y muy original mártir de la libertad de expresión.
Lmrabet reúne escasas energías para reírse del poder, reírse de sí mismo también, y de los cargos judiciales que le formulan:
“Como si unas cuantas caricaturas y unos cuantos artículos humorísticos impresos en dos publicaciones satíricas que salen adelante gracias a la devoción de cuatro gatos, tuvieran la capacidad de socavar este régimen que reina sobre la vida y las almas de los marroquíes desde hace tres siglos y medio”, escribió.
Lo que quizá no sabe Alí Lmrabet con exactitud, es que mientras él en su mortal debilidad se queja con voz leve de un “mal invisible” el cual impide que su cuerpo le obedezca, los ojos de un mundo globalizado e instantáneo penetran las paredes de su hospital-prisión y registran cada segundo su insólito y descarnado heroísmo.
Definitivamente no está solo en su drama aquel hombre exhausto que se niega a apelar la condenatoria decisión judicial y apenas ha podido balbucear la decisión personal de no desistir, “hasta las últimas consecuencias”.
Así, no se cansa de excitar a sus atribulados colegas:
“No os dejéis intimidar”.
De lo único que Lmrabet se reconoce culpable es de haber hecho humor y sátira en “una sociedad que está harta de llorar sobre su desgracia”.
En tanto, una impresionante campaña librada por decenas de fundaciones y organizaciones dedicadas a la defensa de los derechos humanos –entre los cuales la libertad de expresión ocupa un sitial fundamental–, ha puesto de relieve las horrendas lacras y monstruosidades de un régimen tiránico que desafía el paso de los tiempos y se aferra a los más primitivos y crueles métodos destinados a aplastar todo indicio de disidencia social.
“Las autoridades –dijo en serio el humorista– deben comprender que hay periodistas dispuestos a ir a la cárcel para defender la libertad de expresión”.
Diarios en diversos puntos del planeta, incluyendo a los más influyentes, emplean ríos de tinta para denunciar la desventura de un periodista cuyas dos modestas publicaciones semanales, juntas, no llegan a los 50.000 ejemplares, en el seno de una nación terriblemente desigual, en donde 37,4% de los hombres y 62,8% de las mujeres son analfabetas.
Varios líderes europeos están intercediendo, ahora, a favor del periodista.
El parlamento estadounidense y el francés se movilizan. También el Rey de España, y decenas de ministros de Justicia de todo el orbe.
Por estos días, ya, la estabilidad del reino de Muhammed VI se ha resentido.
Mulay Hicham, a quien llaman El Príncipe Rojo, primo carnal del Rey, ha minado la férrea unidad de la familia real, al solicitar una entrevista de una hora, a solas, con el prisionero.
El Príncipe le pidió que desistiera de su huelga de hambre, y Lmrabet accedió, “a cambio de nada y sin condiciones”.
Para ayer, lunes 30 de junio, se aguardaba con vivo interés la concesión de una posible gracia real.
Con motivo de la Fiesta del Trono, Muhammed VI tenía una singular ocasión para tragarse su orgullo, e indultar al procesado.
Es probable que en estos mismos instantes, Lmrabet esté recobrando su libertad.
Quizá ahora mismo está descendiendo, trabajosamente, aferrado a la silla de ruedas, del piso en que discurrieran sus desfallecimientos físicos en el hospital Avicena, de Rabat.
A la hora en que ponemos término a la redacción de esta nota –4:55 del amanecer del domingo–, era imposible saberlo.
Pero, aún preso y débil (ha perdido 22 kilos en un mes), la sátira de Lmrabet lo hará libre de acosar y disminuir al opresor.
La irrevocable fuerza de su humor ha hecho trastabillar el sólido trono de un Rey, a quien Lmrabet le pide calma, bajo la promesa suya de “no fundar el Partido de la Risa y el Progreso”.
Sus dos revistas humorísticas de escasa circulación, que “salen adelante” por la “vocación de cuatro gatos”, están a punto de vencer a una monarquía de tres siglos y medio de tradición.
Suficiente para que Lmrabet siga riendo.
Es de jurar que, no importa, reirá aún postrado en la cama del hospital, reducido en la humedad de un calabozo, o debajo de la lápida de su tumba. No importa.
Y de seguro que si algún día oye hablar del desánimo que vence y paraliza en esta hora a tantos venezolanos, el sátiro Lmrabet no podrá contener su carcajada más sonora.
–Un Rey se sintió amenazado por el humor de mi pobre revista. ¿Cómo es que en una democracia todos los medios, junto a una sociedad harta, no van a poder meter en cintura a un Presidente ilegitimado? –se burlará.
Lmrabet, un poco más reflexivo, tendrá otras preguntas:
¿Cuántos habrían sacrificado una sola de sus tristes noches por ganar la inmensa luz de todas las mañanas?
¿Cuántos activistas ciertos tuvo la libertad, y cuántos la verdad?
¿Cuántos pensaron primero en su comodidad que en sus hijos?
¿Cuántos se sintieron derrotados al primer guantazo?
¿Cuántos modificaron en algo sus vidas, hasta cambiar la historia toda?
¿Cuántos estaban dispuestos a ir serenos hasta las últimas consecuencias?
¿Cuántos hicieron un esfuerzo capaz siquiera de nublarles la vista por un instante, o de adormecerles un solo dedo?
¿Cuántos se declararon listos y a tiempo para renunciar al silencio cómplice?
¿Cuántos planearon permanecer agazapados hasta el último momento?
¿Cuántos condenaron sin hacer?
¿Cuántos midieron sus dividendos de usura?
¿Cuántos abandonaron dignamente sus personales blanduras, sus molicies y apetencias, en aras de recobrar la libertad de todos?
¿Cuántos, ah?

Más sobre drogas y “poesía”

En la granja, había una fiesta de muchachos.
Eran unos 20. El más joven tendría doce años. El mayor, diecisiete, cuando mucho, calcula mi amigo.
Nadie cumplía años, no celebraban una graduación, no le daban una bienvenida a ninguno ni despedían a nadie; pero eso no era lo único extraño allí. Ahora, varias semanas después, se pudiera afirmar que era lo de menos.
El ánimo resuelto o fieramente desinhibido de cada uno diría que el motivo que los reunía era la intención de pasarla bien, lejos del bullicio de la ciudad, de la mirada auscultadora de la sociedad, de la posible o casi segura reprensión de los padres, los primeros, ciertamente, en desconocer dónde estaban, ni qué hacían a esa hora, no tan avanzada, es verdad. Porque la tarde del sábado apenas se estaba tiñendo de noche en esos instantes.
Tipos desconocidos, casi sin rostro, y quienes escasamente les dirigieron la palabra a lo largo de todo el trayecto, los habían recogido en varias camionetas vans. Como principal sitio de encuentro fueron señalados los centros comerciales. Era en esos concurridos e inocentes lugares donde sus respectivas familias supondrían a aquella bandada de adolescentes. En caso de que presintieran que algo malo pudiera pasarles, o si acaso tuvieran alguna urgencia que comunicarles, allí y no a otro sitio los irían a buscar.
Mi amigo –de unos 30 y tantos años– llegó con cajas de chupetas de sabores surtidos, y botellas de agua mineral. Por instantes él se preguntó confundido si había anotado acertadamente el encargo comercial que le hiciera el organizador de la fiesta.
Sintió que hacía el ridículo, peor aún si se toma en cuenta que había tenido la ocurrencia de invitar a su novia. Entonces a ambos los asaltó la sensación que da el estar e